Música y folclor
El Hombre bambú: “Yo construyo mis propios instrumentos”
En su gira por América Latina, Bambou Man llegó a Valledupar de manera repentina. Fue un viaje tan fugaz que ni siquiera tuvo tiempo de ver el río Guatapurí, aunque sí de disfrutar de una noche mágica en la Alianza Francesa.
Los que lo vieron en persona, lo reconocen: fue un concierto totalmente distinto. Algo que no tiene comparación. Los ritmos indios, caribeños, y de jazz se entrelazaron con las melodías de su bambú-saxofón o de su bambú-fluta. Con él, casi todo es bambú, salvo la guitarra Fender (muy parecida a la de Jimmy Hendrix).
Decidimos abordarlo justo después de su concierto para entenderlo un poco. Es obvio que no íbamos a dejar que un visitante tan insólito –y con un concepto tan personal–, se fuera sin decir de dónde viene o, por lo menos, para qué vino (aunque es evidente que una de sus metas era compartir su música).
Así pues, terminamos cenando en un restaurante de la novena donde predominan los sabores mediterráneos. Él rompió con su dieta vegetariana y pidió pollo con una ensalada exótica. Frente al equipo de la Alianza Francesa y de PanoramaCultural.com.co, Laurent Phénis –así es cómo se llama el Hombre Bambú en la vida de cada día– se mostró muy satisfecho de haber vivido algo nuevo.
Un día antes, el hombre se encontraba todavía en Perú impartiendo unos talleres con las Alianzas Francesas locales. “Es maravilloso enseñar la música a los niños”, nos comenta sonriente. De entrada, nos llama la atención sus ojos claros y expresivos. Le preguntamos por su recorrido musical y nos contesta con la mayor prolijidad (dialogar en una mesa siempre es más fácil).
Nació en las afueras de Paris, en la ciudad de Aubertvilliers, donde se inició a la música alternativa y rockera. En sus primeros experimentos incorporó la percusión y se atrevió a tocar incluso en la calle.
Con poco más de 20 años, ya compartía escenario con grupos muy reconocidos en Francia -como Noir Désir- y, sin embargo, la vida agitada de los escenarios y la superficialidad del mundo que lo rodeaba no le hacía sentir feliz. “Algo me faltaba –argumenta moviendo las manos–, algo inexplicable, algo místico”:
Laurent Phénis albergaba en su interior un profundo deseo espiritual. Sentía que debía vivir la música de otro modo Por ese motivo, resolvió radicarse en la isla de Martinica (en el Caribe francés), de donde es su padre, y arrendar una casa en el campo.
Ese retiro voluntario en la selva tropical le permitió experimentar nuevas sonoridades y nuevos ritmos. Empezó incluso a adaptar sus instrumentos y, entre una anécdota y otra, Bambúman nos revela lo que ya sospechábamos: “Yo construyo mis propios instrumentos. Los hago todos con bambú”.
Es tan hábil a la hora de elaborarlos que, antes de viajar a América Latina, dedicó una semana entera para crear una gama más pequeña y ligera que pudiera entrar en sus maletas. “Me requirió mucho tiempo pero no tenía elección: era hacer estos instrumentos rápidamente o no tocar nada…”, explica con una sonrisa irónica.
Antes de despedirnos, le mencionamos la presencia de las cuatro etnias indígenas de la Sierra Nevada y su fuerte arraigo cultural. Enseguida, su expresión facial se anima. Sus ojos se iluminan y efusivamente nos dice: “¡Me encantaría hacer algo con ellos!”.
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