Música y folclor

Personajes míticos del folclor vallenato

Johari Gautier Carmona

21/02/2014 - 09:41

 

Foto: Los viajes del tiempoCada año la ciudad de Valledupar palpita al son de los acordeones en un evento que recoge la magia de todo un folclor. En los últimos días de abril se condensan los ardores de una tierra adscrita a la música y el lirismo, con una efusión que redefine los límites de la pasión.

A menudo comparada con la insigne ciudad extraída de la obra literaria del premio nobel de literatura colombiano, Valledupar respira música por todos los poros y se enorgullece de ser una representación viva de un realismo mágico.

En este entramado de realidades opuestas, los cuentos callejeros terminan teniendo más importancia que las fuentes informativas locales y, en algunos casos, se convierten en leyendas que trascienden la vida cotidiana.

Cada noticia trae su contra noticia en un juego sutil de equilibrios que florece y se alimenta con el tiempo. Y en ese horizonte difuso, vestido de un atuendo maravilloso, la música se acapara de todo, de los pequeños momentos y de las grandes festividades, acompasando las vivencias y los mejores recuerdos. De hecho, las leyendas que nacen dentro del folclor vallenato son las que se mantienen con una vaga sensación de atemporalidad.

Miren a Francisco el Hombre, ese juglar convertido en semi-dios de la música vallenata –el mismo que Gabo y el compositor Rafael Escalona conocieron en sus encuentros pre-festivaleros–: su nombre sigue tan presente en el lenguaje colectivo como en las costumbres musicales. Se le evoca con frecuencia y, cuando uno pregunta por su fecha de nacimiento o fallecimiento, la respuesta es un encogimiento de hombros, como si todos esos detalles fueran superfluos ya que el inmenso Francisco sigue presente entre nosotros.

De Francisco, la leyenda dice mucho y poco a la vez. Fue un músico extraordinario que venció –en medio de uno de sus cuantiosos viajes– al diablo con una audaz interpretación del credo al revés. Un hombre que supo deslumbrar al oponente con unas notas excelsas. Sin embargo, poco más se sabe. Muchos conocedores y estudiosos de la historia de Valledupar y la costa Caribe, consideran que Francisco sólo fue un hábil acordeonero, un hombre andariego y tradicional, que supo regar un cuento (quizás acompañándolo de un licor de lo más persuasivo).

La magia de este cuento está en su simbolismo: el virtuosismo de un músico y su capacidad para sobreponerse a los peores obstáculos. Con Francisco nace el sueño de un músico capaz de todo hasta de vencer al diablo. ¿Qué mejor historia para dar vida a un folclor y un evento que bebe de él?

Pero más allá de la figura engrandecida de Francisco el Hombre, existen otros mitos en el folclor vallenato que describen las osadías y desventuras de unos músicos ambiciosos (y a veces temerarios).

El columnista Arnoldo Mestre Arzuaga publicó algunos ejemplos que proceden de la tradición oral en el periódico PanoramaCultural.com.co dentro de su columna “La narrativa de Nondo”. En ellos puede apreciarse la variedad y pluralidad étnica de la costa Caribe, el brío de otros músicos admirables, pero también el uso de la magia por unos protagonistas “interesados” que ven en ella un simple recurso para imponerse a un contrincante convertido en enemigo despreciable.

El acordeonero Andrés Montufar es el ejemplo contrario a Francisco el hombre: el del músico batido por el diablo. Oriundo de Pueblo Nuevo de Valencia de Jesús (aunque algunos consideran que nació en Rincón de Oro), Montufar era un acordeonero de gran talante, improvisador consumado, que dejaba en sus notas el sello de un sentimiento puro.

Su visita al pueblo de Los Venados marcó un giro trágico en su existencia. Sin prestar atención a quienes estaban en la audiencia, el acordeonero interrumpió la “colita” (o fiesta) para expresar su despecho y desprestigiar de paso el honor de las mujeres presentes. “En el mundo pasan cosas/ Que con mis ojos las veo/ Las mujeres de los venados/ Se hacen el bien con el deo”, expresó.

La señora Dolores Escalona, una mujer que repartía brebajes mágicos como si de cartas se tratara, se encargó de interrumpir el concierto con una preparación que precipitó el fin de sus días. Desde entonces, se dice que Andrés Montufar fue vencido por un diablo en forma de mujer al mostrarse altanero con las damas de Los Venados”.

El caso de Quin Vásquez es levemente distinto. Este acordeonero nacido en Valencia de Jesús, mensajero y hechicero en su tiempo libre, se hacía acompañar por un cajero desconocido que nunca dio información de sí mismo. La presencia de este hombre misterioso garantizaba a Quin un compás imparable de magnífica resonancia y, sin embargo, el hombre tenía un punto débil: esquivaba la luz y los crucifijos en los escenarios por temor a perder el ritmo. De ahí que muchos lo relacionaran con el diablo.

Juntos se impusieron en numerosos duelos e hicieron estremecer a otros músicos que presumían exageradamente. Así es cómo Quin Vásquez, un acordeonero que conocía sus limitaciones, materializó el dicho: “Si no puedes con tu enemigo, únete a él”.

Muchas leyendas pueblan el rico mundo de la música vallenata, pero pocas ponen tanto énfasis en el esfuerzo del músico y su cercanía con el mundo del diablo y de los ángeles.

Este espejismo celestial no es una leve coincidencia. En el Valle de Upar, y en ese denso laberinto folclórico que lo compone, Dios también comparte el protagonismo con el diablo. Él es justamente el que se encarga de que todos los caminos lleven al Vallenato (antes de Roma).

 

Johari Gautier Carmona

Para PanoramaCultural.com.co

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