Música y folclor
Aventureros y músicos atraídos por la Tierra del Acordeón
Carolina Ramírez Calvo, tiene 8 años; Jhon Soto tiene 21 y Giomar Leonel Daza 36. Los tres son de regiones distintas: San Jacinto, Bolivar; Sopó, Cundinamarca y Valledupar, Cesar.
A pesar de su diferencia de edades y procedencia, comparten una pasión: el acordeón.
Carolina, sentada con el acordeón apoyado en las piernas, comentó entusiasmada que inició tocando la caja y la guacharaca a escondidas. “Tomaba el acordeón de mi tío y me ponía a practicar hasta que un día me descubrió. Pensé que me iba a regañar pero lo que hizo fue enseñarme a tocar”, relató.
A un lado se encontraba su madre, Lina Calvo. Manifestó que la niña estaba en Valledupar aprendiendo a tocar el acordeón gracias a una beca que obtuvo. La mujer aseguró que pronto se trasladaría a esta zona del país con un único propósito… que la pequeña Carolina, ganadora de diferentes Festivales de música de acordeón, aprendiera a tocar este instrumento. “Será reina del Festival de la Leyenda Vallenata en la categoría infantil. Participará por tercer año consecutivo y esta vez ganará”, aseguró.
A pocos metros de la nota musical de esta niña de cabellos claros y ojos negros, se encontraba Jhon Soto, quien, desde hace una semana, llegó a la capital del Cesar. Terminó sus estudios de secundaria, inició la carrera de ingeniería de alimentos y decidió hacer un alto en el camino para aprender ‘el vallenato de raíz’.
“El vallenato puro no se ve en mi tierra, solo por acá”, indicó. ¿Por qué te cautivó la música de acordeón? Le preguntamos. “Me enamoré del vallenato hasta el punto de hacerme abandonar todo por conocerlo de manera auténtica”, respondió.
Este joven asegura que nunca se presentaría a un concurso del Festival de la Leyenda Vallenata. “No le tengo susto, pero sí respeto a los que nacieron escuchando las notas de un acordeón”, comentó sonreído.
En una de las aulas de clases estaba Giomar Leonel Daza. Su maestro lo acompañaba. “Los niños tienen la habilidad de recordar y la habilidad en los dedos, los adultos tenemos el amor y el deseo de aprender”, manifestó luego de preguntarle la edad.
Aseguró que por muchos años, durante cortos periodos de tiempo, ha tomado clases. “Sin embargo, ahora que tengo los recursos he estado aprendiendo de manera continua. Para mí, esto es una universidad”, puntualizó. Lleva seis meses de estudios.
Uno de los maestros de estos estudiantes del acordeón es Oscar Negrete, considerado en los años 70 como el niño prodigio del acordeón quien recordó a uno de sus alumnos, un hombre oriundo de la ciudad de Cali, tenía 70 años. “Decidió invertir parte de su pensión y de su tiempo en aprender a tocar el acordeón. Estuvo con nosotros tres meses y aprendió a interpretar tres canciones”.
Estos estudiantes del acordeón reciben clases en la academia del maestro Andrés ‘El Turco’ Gil. En Valledupar también está la escuela de música vallenata del maestro Rafael Escalona, entre otras que empiezan a tomar fuerza en la capital mundial del vallenato.
De diferentes regiones del país, jóvenes y mayores llegan a la capital del Cesar con un solo fin: aprender a interpretar la auténtica música de acordeón.
PanoramaCultural.com.co
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