Música y folclor

Los asaltos del Carnaval Popular de Barranquilla

José Bejarano Pérez

06/03/2014 - 13:30

 

Verbena del carnaval / Foto: El HeraldoLos asaltos consistían en la invasión alborozada y espontanea que los integrantes de un baile de Carnaval cercano hacían a las verbenas de las candidatas, o de la reina del barrio y viceversa, ocasión que aprovechaban algunos para colarse sin pagar la entrada.

Todos se confundían en un desorden colectivo y folclórico. Los Bailes de Carnaval apoyaban a las candidatas de sus barrios, pero eran diferentes a las verbenas de éstas.

Como queda dicho, las primeras reinas de barrios fueron elegidas mediante votación popular, cada candidata vendía entre sus vecinos de barrio unos bonos y la que más bonos vendiera era la ganadora. Esa práctica fue reemplazada por un jurado, al tener en cuenta los esfuerzos que cada niña hacía con lluvia o sol.

Los barrios que más candidatas inscribían al “Reinado Popular” fueron entre otros: San José, Simón Bolívar, Las Nieves, Recreo, Los Andes, La Unión, y fueron así mismo los barrios con mayor número de bailes de carnaval. En el “Carnaval Popular” se confundían ricos y pobres, y cada reina de barrio desfilaba en una carroza, en forma exclusiva, para el regocijo de sus barriadas.

En 1968, en el reinado de Rocío García Bossa, La Junta del Carnaval improvisó la fusión de varios barrios para el “Reinado Popular”, dado al crecimiento de la ciudad, y el número de carrozas empezaba a resultar insuficiente para  las reinas de barrios. En aquella ocasión, las candidatas de un barrio debieron competir con las de otros barrios, en razón de los núcleos formados, y las reinas fueron elegidas por núcleos, y no por barrio, lo que dejó un frío desaliento colectivo, cada barrio aspiraba tener su propia reina. El invento no tuvo éxito, el descontento del pueblo fue patético  y al siguiente año se tuvo que continuar con el procedimiento original, es decir, una reina por barrio, pero, en cada carroza desfilaban más de cinco reinas de barrios. Empezaba a deteriorarse el “Carnaval Popular”, el pueblo ya no apreciaba la graciosidad de la reina de su barrio desfilando en una carroza, arrojando serpentinas, confetis y besos, como la Reina Central; al frente de cada carroza un letrero registraba los nombres de los barrios cuyas representantes transportaba.

Hay que distinguir los “Bailes de Carnaval”  de los “Bailes Populares” y de las “verbenas de las candidatas de los barrios”

La diferencia entre un Baile de Carnaval y un Baile Popular, no sería ninguna, sin embargo, radicaba, en que el primero era sin ánimo de lucro, se organizaba entre amigos, allegados y vecinos de un barrio o de una cuadra, entre estos tenemos: “Vente Como Quieras”, “Bailando te lo diré”, “Espérame entre palmeras”, “Polvorín en San José”, “Los Macheteros”, “Prendan el Mechón”, “La Puya Loca, “A Pleno Sol”, etc. De estos bailes, algunos desaparecieron por ciertas exigencias que les fueron imponiendo para funcionar, como el de que cada Baile de Carnaval estaba obligado a inscribir una candidata al “Reinado Popular”.

La medida buscaba la inscripción masiva de candidatas populares, ya que había mermado la aspiración, porque empezaron a requerirle una comparsa a cada candidata, y no todas estaban en condiciones de cumplir con tal restricción. Otros, se transformaron en Bailes Populares como: “La Puya Loca”, “Los Macheteros”, “La Lancha”, “La Torta”, “El Bambú”, A Pleno Sol, entre otros, y fueron desapareciendo por la llegada de las casetas, como: “El Toro Senta’o”, “La Mata e’ Caña”, “La Tremenda”, “La Piragua”, “La Saporrita” y “El Tanganazo”, por ejemplo.

Las verbenas de las candidatas no tenían más nombre que el de la anfitriona, y los habitantes de los barrios populares tenían donde mover el esqueleto en sus propios sectores, ya sea, en los Bailes Populares, los Bailes de Carnaval o la verbena de la reina del barrio. Algunos teatros durante los carnavales se convertían en salones de bailes, por lo que el “Carnaval Popular” no era solo desfile, y el pueblo era el principal participante con su grasura y placer. Otros salones populares fueron Mi Kiosquito, en el barrio El Valle; El Campincito, entre San Felipe y Nueva granada y El Platanal, en el Recreo, en los que Rufo Garrido y Aníbal Velásquez hacían bailar hasta a “los muertos”.

El “Reinado Popular” fue declinando, la inscripción de candidatas populares no se asemeja a la de los años 50, 60, 70, y principios del 80 inclusive, que llenaban de alegría a los barrios de la ciudad., era le época en que “Los pobres teníamos Reinas”.

Para complacencia del pueblo se inventaron entonces el concurso de “Reina de Reinas”, eligiendo entre las reinas de barrios una Reina Popular que acompañara a la Reina Central. La Reina de Reinas desfila en su propia carroza en compañía de sus princesas. Esta práctica aún sigue vigente.

En las primeras horas del sábado de carnaval las calles de los barrios populares se llenaban de gozo con la algarabía de los muchachos detrás de los encapuchados, y los “negros nativos” y hombres disfrazados de mujeres embarazadas atajaban a los transeúntes, procurando unas monedas. La gente antes del mediodía salía en bandada para la “Batalla de Flores”, y regresaban con la noche para luego confundirse con el regocijo de la verbena de su reina; en las tiendas de esquinas los hombres festejaban con licor y se divertían con las ingeniosidades de los disfraces que se les arrimaban.

Danzas, comedias, comparsas, disfraces y cumbiambas recorrían las calles de las barriadas exhibiendo su coreografía tropical ante el populacho; llegaban a cualquier esquina, recitaban sus versos y danzaban al compás de su música característica, y  los integrantes entregaban cualquier atuendo a los espectadores, que al final devolvían acompañado de algún dinero.

El martes de carnaval, se hizo costumbre arrojarse agua entre los vecinos, y el llanto por la muerte de “Joselito Carnaval” se escuchaba por doquiera que transitaba el sepelio en medio del jolgorio general. Hasta la última noche de carnaval la vecindad en derroche de alegría acompañaba a la reina de su barrio.

Esta costumbre carnavalera predominaba en casi la totalidad de los barrios de Barranquilla y mucha gente se aprendía las coplas de las danzas, y el pueblo conocía la idiosincrasia de las danzas, comedias y comparsas, al verlas actuar, y no solo divisarlas desfilando en forma por demás desordenada. En mi memoria aún guardo aquellos versos que me aprendí de la Danza del Gallinazo, El Paloteo, La Danza de los Pájaros, desde que salía con los muchachos de mi cuadra detrás de cada espectáculo que vagaba por las calles.

El pueblo raso se divertía noche y día en los bailes populares que a lo largo y ancho del Paseo Bolívar instalaban las empresas de licores y refrescos, animados  con orquestas, cumbias y papayeras.

Reflexión

Con la venia de los organizadores me permito exponer la siguiente reflexión: Esperar que se retorne a la elección de reinas por cada barrio y que desfilen en carrozas exclusivas como en épocas pasadas, es un imposible, por el crecimiento de la ciudad que tiene más de 180 barrios, por lo que parece acertada la distribución por localidades para le escogencia de la Reina de Reinas.

La ingeniosa idea de nuestra actual Soberana, de sacar el carnaval a la calle, es otro imposible, a menos que se reestructure el cronograma de actividades carnestoléndicas, que mantiene a danzas, comparsas, cumbiambas y disfraces en constantes desfiles durante los cuatro días  de jolgorio. El Carnaval Popular era el carnaval del pueblo, porque las calles se vestían de colorido y entusiasmo con el retumbar de los tambores y el sainete de danzas, comparsas, comedias, cumbiambas y disfraces, estos ingredientes sazonaban nuestro carnaval callejero que lo hacía diferente y único, ante carnavales como el de Río de Janeiro y Uruguay, por ejemplo.

Ojalá que nuestra linda Soberana logre que retornen los Bailes de Carnaval, sin tanta exigencia, solo que se organicen entre vecinos, amigos y familiares y sin ánimo de lucro.

 

José Bejarano Pérez

bejaranoperez@gmail.com

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