Música y folclor

Andrés “El Turco” Gil y la escuela de los Niños vallenatos

Johari Gautier Carmona

23/04/2012 - 10:45

 

Andrés Ell Turco Gil en su oficina Su academia musical es una de las más famosas del mundo y, sin embargo, siempre tiene las puertas abiertas. Al igual que ella, su fundador, Andrés “El Turco” Gil, es un hombre increíblemente humano, sencillo y cercano.

En sus oficinas me recibió un día de abril, un día cualquiera, de esos que parecen que va a llover pero que no se atreve. Los alumnos estaban diseminados por las distintas salas de la escuela, en el patio, la entrada y hasta la mismísima oficina del director. El ruido del acordeón, las carcajadas, los comentarios diversos lo invadían todo.

El Turco Gil me recibió con esa serenidad que genera simpatía. Una sonrisa sin sonrisa y un apretón de mano que inspiran confianza. La grabadora ya encendida, el hombre me narró su historia por el inicio, es decir por donde empezamos todos.

Nació en Villanueva (La Guajira), tierra de artistas. Su padre era músico y, por efecto del destino, él acabó entrando en ese mundo sin realmente darse cuenta. A los siete años ya tocaba la trompeta, luego estudió el saxofón y el clarinete.

Me cuenta que a su casa llegaba todo tipo de personajes: famosos y menos famosos. Intuyo que su hogar era abierto como esta escuela de renombre. Un día, después de una parranda, Andrés “El Turco” descubre un acordeón abandonado u olvidado en ese entorno en constante movimiento. Lo estudia con esmero, lo analiza hasta que se percata de algunas limitaciones que lo frustran: el instrumento sólo cubre 7 notas y no permite recrear todos los sonidos.

El cambio se produce un poco después, en el año 1966. “Nos llegó un acordeón completo y me entusiasmé”, explica El turco Gil. A partir de entonces, empieza un ciclo de interpretaciones y composiciones sin precedentes.

En 1967, hace su primera grabación y expone un estilo muy vanguardista. “Muchos no entendían lo que hacía –explica El Turco y añade–: Gustavo Gutiérrez dijo que me había adelantado 30 años en la historia del vallenato”.

El ruido fue extendiéndose al igual que la popularidad de El turco. Padres y madres del barrio empezaron a mandarle sus hijos para que los formara y él respondía siempre con ese apego que lo caracteriza.

Poco a poco, Andrés El Turco fue ganando una fama de formador hasta que, sin darse cuenta, la Academia de Música Vallenata ya estaba constituida. “Yo no he buscado esto –afirma Andrés–: ¡Me lo trajo Dios!”.

Mientras descubría y consolidaba talentos, los Niños Vallenatos del Turco Gil fueron ganando fama. Ahora son reconocidos a nivel mundial y entre sus giras pueden destacarse, entre otras, la del festival internacional en Panamá en 1999, la primera salida a los Estados Unidos en 1999, la presentación en el Centro cultural Rómulo Gallegos de Venezuela en el año 2000, las actuaciones en el Palacio Imperial de Tokio (2003), los conciertos en Rusia (2010) y la reciente actuación en la Cumbre de las Américas (2012).

Los niños del vallenato se han convertido en un fenómeno mundial y, no obstante, El Turco reconoce que no le gusta viajar. “No aguanto un mes estar fuera de mi país”, me explica. Su amor por la tierra y su escuela es descomunal.

En general, los resultados obtenidos por la academia son deslumbrantes. Pocas personas pueden presumir de que el 90% de sus alumnos ganen concursos musicales importantes y El Turco, que bien podría hacerlo, no lo hace.

Como consecuencia de todo esto, aquí vienen personas de todo el país y del mundo entero con el fin de manejar el acordeón a la perfección. En su oficina, El Turco me enseña la fotografía de un belga que vino para estudiar unos meses y se quedó tres años. Otro francés, canadiense y un mexicano querían aprender el acordeón y acabaron en esta misma escuela. Todos aparecen fotografiados con El Turco y él habla de ellos con el cariño de un padre. “Ellos me quieren a mí y yo a ellos”.

Cuando le pregunto por un momento especialmente bonito, EL Turco me responde que no sabría decirme. “Cada día que paso aquí es maravilloso”, me comenta. Unos segundos después me enseña un libro que le mandó el ex-presidente de Estados Unidos y en el que aparecen unas palabras dedicadas a su persona. Evidentemente, el presidente de Estados Unidos reconoció en él un hombre de gran corazón y en los muros de la academia no faltan las fotos de Clinton en compañía de los Niños vallenatos.

Antes de finalizar mi entrevista, me atrevo a preguntar al maestro un pronóstico para el concurso vallenato en categoría profesional, pero él prefiere abstenerse. Todo es posible, me explica. “La música es como el deporte –añade–: No sólo basta el talento, también hay que jugar bien el día del partido”.

0 Comentarios


Escriba aquí su comentario Autorizo el tratamiento de mis datos según el siguiente Aviso de Privacidad.

Le puede interesar

De nuevo Drexler

De nuevo Drexler

En estos últimos días apareció en el radar de muchos, espero que para todos estos como una grata sorpresa, Jorge Drexler, un artesan...

El Festival Vallenato y el concurso de la “Casa festivalera”

El Festival Vallenato y el concurso de la “Casa festivalera”

Hace seis años nació el concurso de ‘La Casa Festivalera’, una iniciativa de la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata que...

“El Pop es un género que está ligado a la sociedad de consumo”

“El Pop es un género que está ligado a la sociedad de consumo”

El concierto de Emiliano Cuervo Miranda en Valledupar cae en ese tipo de mezclas novedosas que desconciertan a primera vista. Un recorr...

Isaac Carrillo y la historia de algunas de sus más reconocidas composiciones

Isaac Carrillo y la historia de algunas de sus más reconocidas composiciones

Corría el año de 1965, cuando un grupo de estudiantes provenientes del sur de la Guajira, específicamente de la población de San Ju...

Snorri, un islandés enamorado del mundo vallenato

Snorri, un islandés enamorado del mundo vallenato

  El sueño del corazón del islandés Snorri Eldjárn Hauksson no se equivocó, cuando a kilómetros de distancia de su natal Dalv...

Lo más leído

¿Existe una filosofía de las culturas prehispánicas?

Antonio Acevedo Linares | Pensamiento

Los colores de la bandera de Colombia

Alberto Cajal | Patrimonio

Remembranzas de un auténtico juglar: Calixto Ochoa

Alejandro Gutiérrez De Piñeres y Grimaldi | Música y folclor

Decadencia de un caudillo

Diógenes Armando Pino Ávila | Opinión

El arroz con leche: una tradición en Latinoamérica

Jennifer Maldonado | Gastronomía

Las Pilanderas, entre lo paródico y el travestismo

Álvaro Rojano Osorio | Artes escénicas

Síguenos

facebook twitter youtube

Enlaces recomendados