Música y folclor

Diáspora y génesis afrocaribeñas: crisoles musicales

Jairo Tapia Tietjen

05/11/2014 - 06:10

 

Instrumentos musicales / Obra de: Sánchez y Juan

En nuestra América, la música se conforma dentro de un proceso complejo de sincretización entre medios urbanos y rurales, condicionado por expresiones cada vez más diferenciadas en la música popular tradicional. Muchos aportes son conducidos hacia el tronco común, desde amplios o limitados cauces en tan vasto proceso de sincretización musical que, a veces, solo se detecta por inferencia.

Orfeo descubre el secreto de la lira -Terciando hacia génesis europeas-. No marca en ella, como Apolo, el ritmo dorado del paso de danza, sino la melodía, el éxtasis, la onda serpeante que le conduce hacia sus profundidades en lugar del sonido cortado que impulsa el cuerpo al movimiento. Música de la vida interior en lugar de música de danza. En el Caribe el paisaje es música y en la danza se funde la figura de la mujer con nuestra tierra, pareciendo su génesis.

Es la  danza, como diría E. Chávez en su obra “Chambú”, la que crea e interpreta la vida. En su imagen se hace creación, cabiendo el universo en la curva melódica de las manos que danzan. Ingresar al reino de la  música afrocaribeña requiere pasiones para poder valorar y  poder alcanzar el derecho fenomenológico que precisa un acento en un sistema de elección para la múltiple paradoja que representa la canción popular, definida como la expresión dinámica de los sentimientos en sus diversas variantes genéricas.

Es en este acervo universal de constante intercambio entre culturas donde el hombre se identifica y encuentra sensibilidades que hace suya, constituye su voz y emblema, es su patrimonio y su propia historia.

Trova y trovador no despiertan en nuestra memoria iguales recuerdos que para el “troubadour provenzal” -sin confundirlo con los nómadas juglares-, sino que evocan aquellas serenatas con guitarras, con intérpretes de cantos que intentan “poetizar con conciencia creante e imaginante”, tal como sugiere G. Bachelard.  

El poder de imaginación del hombre lo conduce a la experiencia original y poética de la música la cual permite que nuestros artistas puedan expresarse y convertirse en legatorios de las grandes culturas constitutivas dentro del marco telúrico e histórico de gran vitalidad y permanencia. A ello se acerca el Nobel colombiano en 1951: 

“Cuando Pérez Prado descubrió la manera de ensartar todos los ruidos urbanos en un hilo de saxofón, se dio un golpe de Estado contra la soberanía de todos los ritmos conocidos…”.

Diversos factores conforman la capacidad del canto. Desde la popular Mariana de procedencia católica europea, hasta pulidas expresiones del arte de la canción, -desde la península ibérica, hasta las pampas gauchas-, la cual no se nutre de timbres instrumentales, sino de ciertos giros propios de la ejecución, donde prima la guitarra, patrimonio hispánico, desde su veta árabe-andaluza, establece el patrón armónico, mientras marca el ritmo central, con su clásica combinación de tónica dominante y subdominante, que facilitan modelos melódicos para el giro cantado.

La cuerda pulsada impuso sus modelos melódicos, gradualmente junto a instrumentos de viento y con la propia percusión al lado del güiro, de herencia amerindia. Especialmente en la música isleña, donde cumple dos funciones en su estructura rítmica, siguiendo un patrón básico, el cual establece un contrapunteo con la guitarra. Otros momentos claves es el aporte del repiqueteo a la textura polirrítmica que ilustra la cadencia andaluza de la guitarra.

Dentro del grupo instrumental también hace su aporte el plano tímbrico de la voz cantada, de raíces africanas que en su raigambre encuentra su fortaleza y su identificación como principio constructivo en toda la música caribeña. Similares principios acústicos se repiten para perfilar y definir la música americana del ámbito caribeño-antillano, los cuales permiten particulares cursos de evolución que hoy encontramos en muy extensos campos de expresión de nuestra originaria musicalidad.

 

Jairo Tapia Tietjen 

jtt.stspiritu2@outlook.com

 

Sobre el autor

Jairo Tapia Tietjen

Jairo Tapia Tietjen

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Codazzi, Cesar (1950). Bachiller Colegio Nacional A. Codazzi, 1970. Licenciado en Filología Española e Idiomas, UPTC, Tunja, 1976; Docente en Colegio Nacional Loperena, 1977-2012. Catedrático Literatura e Idiomas, UPC, Valledupar, 1977-2013. Director Revista 'Integración', Aprocoda-Codazzi, 1983-2014; columnista: Diario del Caribe, Barranquilla, El Tiempo, Bogotá, El Universal, Cartagena, El Pilón, Vanguardia Valledupar: 1968-2012. Tel: 095 5736623, Clle. 6C N° 19B 119, Los Músicos, Valledupar- Cesar.

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