Música y folclor

El Rey Vallenato que trajo el alumbrado a su pueblo

Johari Gautier Carmona

09/12/2014 - 07:15

 

Camilo Namen y Nafer Duran

Sentado en el sofá de mimbre de la Casa de la Cultura de Valledupar, Camilo Namen recibe uno a uno los elogios de conocedores de la música vallenata. La lista es grande y, por eso, el compositor se mantiene impasible, la mano derecha sosteniendo su rostro en una pose reflexiva.   

A un lado, el periodista Juan Rincón Vanegas y del otro, Julio Cesar Oñate. Ambos enumeran los aportes de quien cogió las riendas en dos ocasiones de la alcaldía de Chimichagua (Cesar).  

Camilo Namen sabe de grandes proyectos y superaciones. Él fue el hombre que se armó de paciencia para reunir el dinero y financiar el alumbrado de Chimichagua –y varios otros corregimientos–, explica su paisano Juan Rincón Vanegas con un aire agradecido.

El esfuerzo del ex-alcalde por encauzar el pueblo chimichaguero hacia la senda del progreso resultó decisivo, muchos siguen aclamando su gestión, y, sin embargo, es posible que Camilo Namen sea tal vez más recordado por su faceta artística que sus habilidades gestoras.

Rey del Festival Vallenato en 1973 con la canción “Recordando mi niñez”, el chimichaguero sabe imponerse en el mundo de la música de la misma forma –o quizás mejor– que  en las cuestiones administrativas (y sin la ayuda de un secretario general tan entregado y puntilloso como Juan Rincón Vanegas).

De su mano salieron composiciones tan brillantes como “Recuerdos de mi pueblo”, nutridas por el amor y la nostalgia de una tierra a la que se siente íntimamente atado. Chimichagua es un principio y un fin. Un pequeño universo fértil que el artista supo aprovechar. “La inspiración nació de esa generosidad, de esas bondades de mis paisanos, y por ese cariño que siempre me han brindado”, manifiesta el compositor antes de entonar la canción que identifica ahora a todo un pueblo.

“Recuerdos de mi pueblo” nació poco después de la muerte del padre de Camilo. En esa canción se entrelazan la admiración de un hijo hacia su padre con el profundo sentimiento de pertenencia al municipio. La voz del homenajeado tiembla al recordar momentos emocionantes. “Yo llevé el canto [al pueblo) y lo llevé en nombre de mi papá”, explica con la garganta trémula el compositor.

Con su padre, Camilo Namen mantuvo una relación muy cercana. Tan cercana como la de una amistad irremplazable. “Yo quise a mi papá… pero demasiado. Yo lo adoraba –comenta el Rey Vallenato–.  ¡Nosotros éramos muy amigos!”

La muerte separó a los dos hombres de manera inesperada. Camilo sintió un dolor punzante, tardó mucho tiempo en recuperarse, pero la música –esa música en la cual no dejaría de volcar sus mayores sentimientos– le ayudó a digerir esa amargura. Así fue como nació su tema insigne: Mi gran amigo.   

“Mi papá tuvo un accidente y con 54 años se murió –expresó el compositor–. Yo cuando lo vi en el cajón, pensaba que eso era imposible. Yo lo amaba mucho, mucho. Entonces, me tocó hacer ese canto al lado de mi hermano Ismael Namen, quien fue mi compañero en esos momentos difíciles. Y entonces, empecé a cantarle: Tan bueno, tan noble que era mi padre y la muerte infame me lo arrebató…”.

Ya bien avanzada la noche, el compositor de Chimichagua recibe la medalla de honor de la Alcaldía de Valledupar. En su honra está el hecho de haber sido un líder cívico en su pueblo y un líder del sentimiento en el mayor festival de música vallenata.

La satisfacción es enorme,  el compositor agradece el gesto, y, sin embargo, desde el punto en que me encuentro, en esa esquina oscura donde el sonido de un parlante llega con nitidez, brilla -por encima de todo- ese momento imborrable en el que el Rey Vallenato Nafer Duran le dedica una canción a su amigo Camilo. En ese preciso instante, la amistad de dos grandes Reyes se esparce por el Valle con un ritmo de merengue.

 

Johari Gautier Carmona

 

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