Música y folclor

Salsa e Identidad Latinoamericana

Antonio Ureña García

08/08/2018 - 08:25

 

Salsa e Identidad Latinoamericana
Grandes representantes de la Fania All Stars / Foto: archivo PanoramaCultural.com.co

 

La presencia de lo latino en la música difundida por los medios masivos, tanto fuera como dentro de la región, es enorme.

Si tomamos como ejemplo los premios Grammy -que se definen popularmente como los “Oscars de la música” y donde, como en ellos, priman los valores comerciales sobre los artísticos- veremos que existen dos versiones de los mismos: la primera versión para la música en inglés y la segunda, denominada los Grammy Latinos, que transmiten una imagen falseada que opaca la auténtica realidad de Latinoamérica, presentándola en principio como un todo unitario cuando una de las características más notables de la región es su diversidad. Con este proceder intentan crearnos una imagen que podría sintetizarse en la siguiente frase de George Yudice (El Recurso de la Cultura): “Miami es la capital de América Latina”.

Desde fuera de la región pareciera que toda la producción de música latinoamericana y en especial caribeña, se resume en una sola palabra o en un solo concepto: en un primer momento  la Salsa; más recientemente el Latin Music, que no son otra cosa que la hibridación producida por la industria discográfica entre el Pop Industrial -denominaremos así a la música pop difundida por los medios masivos- y las músicas locales bailables, en especial las de origen  afroamericano. Se considera un único objeto musical, cuando la variedad de ritmos y formas es enorme, siendo la Salsa -por ejemplo- una creación artificial que parece homogeneizar todos los sonidos del subcontinente; sin embargo, en sus orígenes esta música tenía intenciones bien diferentes.

La Salsa no nace en el Caribe; nace en Nueva York a finales de los 60 de la mano de unos jóvenes inmigrantes que –en palabras de Quintero Rivera (Salsa, identidad y globalización)– buscan mantener vivas sus señas de identidad con una música que entrelazaba lo nuevo y lo ancestral frente a la creciente homogeneización de la música comercial derivada del pop y el rock. Recordemos que el Rock en sus orígenes fue una música contestataria como así lo fue la Salsa, aceptando ambas el calificativo de “rebeldías sonoras”, frente a un concepto de progreso y desarrollo que iba dejando excluidos por el camino. Ambas músicas suponen una huida en el tiempo y en el espacio, donde pasado, presente y futuro se entremezclan.

En ambas músicas, la presencia del sustrato africano o afroamericano es evidente. Mientras que en el rock, la utilización de la tecnología para la producción sonora o la reproducción nos orienta hacia el futuro, los pasajes sonoros caribeños de la salsa nos hablan igualmente de la huida del paisaje urbano y la vuelta a los orígenes para convertirse en un proyecto social identitario que supone el alejamiento de la alienación propia de la vida del emigrante en un ambiente urbano “desarrollado”, caracterizado por el hacinamiento, la explotación laboral y un etcétera demasiado largo.

Una de las características que relacionarían el rock con la salsa sería el diálogo tenso (asistémico) entre melodía, armonía y ritmo, así como el carácter de improvisación que nos hablaría de la existencia de un antepasado común: la música africana y el jazz. Pero existe una diferencia fundamental: mientras que el rock está relacionado con la métrica propia de la música occidental (el 3/4 y el 4/4), la salsa demuestra su esencia caribeña al utilizar metros mucho más complejos; por ejemplo, el 6/6.

Una de las críticas que con frecuencia se hace a la Salsa como reflejo de la música del Caribe es su artificialidad, ya que rítmicamente sería una especie de yuxtaposición de los ritmos fundamentales de esta zona (merengue, cumbia, guaguancó, son,…) que se entrelazan, se superponen o se suceden, pero conservando su identidad propia; lo cual sería como una especie de metáfora de la identidad latinoamericana y caribeña en especial. Así entendida, la salsa es un ejemplo de hibridación, entendiendo en este caso como un proceso sociocultural en el que estructuras que existían en forma separada, se combinan para generar nuevas estructuras, y prácticas. 

Esta hibridación en si misma se opondría a los procesos de homogeneización o simple reconocimiento pluralidad de culturas.  Otro tema bien diferente es la utilización que de la Salsa ha hecho el mercado, donde la hibridación en sustituida por hegemonía. Mientras que en las interpretaciones originales los diversos ritmos e influencias permanecían reconocibles, en el producto mercantil, no es posible encontrar estas diferencias. Todo suena igual. Esto es homogeneización y no hibridación.

En resumen, frente al imperio de lo latino como valor comercial, se trataría de bucear en los orígenes de una música nacida con intenciones reivindicativas e identitarias, las cuales es preciso conocer para no dejarse llevar por los únicos aspectos que se destacan de los productos que se venden en el mundo como testimonios de la música latina: exotismo, sensualidad, ritmo y comercialidad. Si en Latinoamérica se están desarrollando procesos posneoliberales que buscan devolver el lugar hurtado a la mayoría de la población por obra y gracia de la hegemonía de los mercados, es interesante “vender” una imagen de la región más preocupada por el baile y la sensualidad que por el cambio social. Por el contrario, consideramos que la salsa puede ser un instrumento para reflexionar sobre las situaciones económicas, sociales y políticas que se están viviendo hoy en Latinoamérica y en el Caribe; ya que -como dice el especialista en la materia citado en líneas anteriores- Quintero Rivera: La salsa ha sido uno de los movimientos socioculturales más importantes para demostrarle al país, al Caribe y al mundo el valor de la heterogeneidad y las diferencias. Ante los muy poderosos y variados procesos homogeneizantes de la globalización, ha demostrado la fuerza de maneras distintas de expresar y sentir territorialidades y tiempos.

Frente al carácter homogeneizador de la salsa entendida desde la perspectiva del mercado global, el desarrollo de la llamada world music: un movimiento musical surgido en la década de los 80, que si bien derivó en un proceso por el cual las diferentes culturas terminaron idealizadas a través de una mirada romántica del “otro” -Tercer Mundo, música latina, percusión , etc.-, logró poner de moda y con ello valorar un hacer musical con un fuerte sabor étnico hasta el momento ignorado por lo comercial. Todo ello nos dio la posibilidad de acceder en su momento mediante soportes grabados –parte de este material es hoy accesible en red– al ingente patrimonio musical de la región con grandes diferencias e infinita variedad de matices, que ayudarán a cambiar la imagen identitaria que se quiere transmitir a través de una música: la salsa y el Latin Music como visiones estereotipadas del universo sonoro de un subcontinente tan diverso.

Estos dos últimos géneros, que a juicio de Carlos Stasi (‘World Music’ e Percussão: Primitivismo Revisitado?) suponen formas estereotipadas de contacto con la alteridad, no son otra cosa que la puesta en marcha de procesos de comercialización y blanqueamiento de géneros afroamericanos, transformados en “sonidos latinos” para asumir un papel hegemónico en un juego a tres bandas de lo local, lo nacional –o continental- y lo global.

Así vista, la Salsa sería un ejemplo de Glocalización; es decir la creación de un producto global con tintes territoriales para ser vendido en el espacio local tanto como producto comercial y a la vez como vehículo para la transmisión de valores: los valores de la globalización y el pensamiento único.

 

Dr. Antonio Ureña García

 

Sobre el autor

Antonio Ureña García

Antonio Ureña García

Contrapunteo cultural

Antonio Ureña García (Madrid, España). Doctor (PHD) en Filosofía y Ciencias de la Educación; Licenciado en Historia y Profesor de Música. Como Investigador en Ciencias Sociales es especialista en Latinoamérica, región donde ha realizado diversos trabajos de investigación así como actividades de Cooperación para el Desarrollo, siendo distinguido por este motivo con la Orden General José Antonio Páez en su Primera Categoría (Venezuela). En su columna “Contrapunteo Cultural” persigue hacer una reflexión sobre la cultura y la sociedad latinoamericanas desde una perspectiva antropológica.

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