Música y folclor

Rumor de cumbias

Jairo Tapia Tietjen

27/03/2015 - 06:40

 

Baile tradicional de la Cumbia / Foto: El Heraldo

Tal vez convenga escribir para la memoria de las presentes y venideras generaciones sobre  la Cumbia y el formidable cantor de quien Colombia celebra su centenario. Agrego parodiando a Cicerón: in música laude egregius, José Benito Barros Palomino (El Banco, Magdalena, 1915 -Santa Marta, 2007), de prosapia portuguesa y saleroso en sus composiciones cantadoras de las tristezas del amor, lejanías y vuelta paulatina en sus cumbias a la propia tierra.

Pues siendo de origen modesto compone a la esencia popular con entonación rural. Más importante en la poesía que las ideas es el acento, lo cual sería extraño para muchos adolescentes responder cuál es la importancia de ser el fundador del Festival de la Cumbia en su pueblo natal, o hacer referencia sobre  las ecuménicas canciones  de José Barros como: La Piragua, El vaquero, Las pilanderas,  El guere guere, o El gallo tuerto, o cuál trascendencia tuvo Charlie Figueroa, al interpretarle Carnaval, Busco tu recuerdo o No pises mi camino; logrando emplear un lenguaje pleno de  espontaneidad popular que lo ha convertido en uno de los pocos autores con acogida desde la Patagonia hasta el océano Glacial Ártico.

Complaciendo a tantos lectores de esta saga y a los acuciosos y profundos  investigadores regionales de nuestra música,  nos referimos a los apuntes y conceptos de la Historia de la música en Colombia, de  J. Perdomo Escobar,  Bogotá, 1963, La música folklórica colombiana, U.N., Bogotá,  1973, Compendio  general del  folklore colombiano , de mi exprofesor y amigo en la UPTC, J. Ocampo López, así como Música  y músicos de Latinoamérica, de O. Mayer-Serra, México, 1947, para que aprecien con mayor erudición lo que acá nos atrevemos a esbozar.

La Cumbia es y será la forma musical más trascendente de la Costa atlántica colombiana, la que desde el siglo XVI con sus indígenas autóctonos cunas, kogis, arhuacos y caribes, abrazan las expresiones culturales y musicales de los pobladores hispánicos y africanos. Sus referentes directos lo encontramos en el lumbalú y el bullerengue, el primero de carácter ritual y el segundo de matiz profano, con sonoridades  y pasos danzarios indígenas, además del aporte peninsular, que ya muestra su impronta desde:

Si yo fuera  tambó,

mi negra,

sonara solo pa’ ti,

pa’ ti   maraca  y tambó,

pa’ ti, mi negra,  pa’ ti …

El vocablo  kumb  en África occidental significa ruido. En Guinea un baile llamado “kumbé” después se radica en América. Es el apócope del género cumbiamba, por su antecedente palenquera, que se difunde por toda la zona costera atlántica y del mar Pacífico, semejantes por sus movimientos de pies y caderas, el baile en el ruedo de compás binario de huella indígena, y las fogatas nocturnas en la playa o plazas pueblerinas en grandes épocas festivas.

Al comienzo fue solo instrumental, de carácter ritual y en ceremonias de velación con melodía de factor hispano y luego cantada; de estructura responsorial con la alternancia de coro y solista. Con mucha plasticidad y gran colorido, a cielo abierto, denominada: Danza de persecución  y rechazo, de agresión y esquivamiento, de provocación y seducción.

En algunos conjuntos predomina como instrumento melódico la caña de millo, abierta en sus dos extremos, con cuatro orificios para los dedos, y una lengüeta cerca de un extremo, cortada del propio tubo, donde son generados los sonidos a través del ejecutante, muy parecido al masi de los indios guajiros. Le acompaña cierto tipo de maraca, en forma de tubo, el guache de bambú o de hojalata y relleno de semillas secas, y completado con tres percusiones: el bombo con dos membranas en los extremos, tocada por dos palillos que golpean sobre los cueros y su cilindro de madera; el tambor llamador, con una membrana tensada por cuñas de madera, y el tambor mayor, más grande pero fabricación parecida, sostenido entre las piernas, el cual se percute con ambas manos.

La Gaita es otro conjunto autóctono con una flauta similar al kuisi de los kogi, hecha de dos tubos largos de la planta del cardón, llamadas gaita hembra y gaita macho. En un extremo hay cera de abejas moldeada y carbón vegetal a la que se le inserta una pluma de pavo. La gaita hembra tiene cinco orificios, con ella se ejecuta la melodía con ambas manos. La gaita macho con dos orificios, uno cerrado con cera, se toca con una mano, mientras la otra agita el guacho o maraca, acompañándolos el bombo, tambor llamador y tambor mayor. Son rasgos característicos del mestizaje triétnico indoafrohispánico, con base en la copla octosílaba hispánica y rima asonante en los versos segundo y cuarto, comentada por el coro de manera antifonal en verso libre extendido por el litoral Caribe, como en la Cumbia folklórica:

Anda de  villa en villa  /   la barqueta en libertá

pa´ asegurarla en la orilla   /   hay que tenela clavá.    -  Coro: Clávala, compa,  clávala…

La mujé  que sea  coqueta  /   no se la dejes al viento,

lo mismo que una barqueta  /  domínale  sus intentos.    - Coro: Clávala, compa, clávala…

En este largo proceso histórico, la Cumbia  ha sido de origen campestre y popular. Nació de los sectores más humildes que vivían en poblaciones limpias y organizadas y no en ranchos de cartón y latonería que dejan los sucesivos desplazamientos y el espejismo de la industrialización.

Su temática se ha basado en crónicas realistas de sus habitantes, donde junto al mar, en las noches caliginosas tuvieron un marco adecuado de expresión. La vestimenta típica es: la mujer usa falda ancha y larga, blanca o de colores muy vivos, blusas escotadas y mangas cortas. Su difusión aumenta desde los años cuarenta con nuevos formatos orquestales, armonías y timbres con evolución notable, como cuando escuchamos Se va el Caimán, o La maestranza, recordando a  sus principales creadores, entre los que se encuentran: Pacho Galán, Jelo Córdova, Lucho Bermúdez, Ramón Ropaín, Totó la Momposina, Los Corraleros de Majagual, Toño Fernández y los Gaiteros de San Jacinto, Wilson Choperena, Tobías Plicet, entre tantos, y las entusiastas y nuevas contribuciones de Checo Acosta y Juan Carlos Coronel. 

 

Jairo Tapia Tietjen

jtt.stspiritu2@outlook.com

Sobre el autor

Jairo Tapia Tietjen

Jairo Tapia Tietjen

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Codazzi, Cesar (1950). Bachiller Colegio Nacional A. Codazzi, 1970. Licenciado en Filología Española e Idiomas, UPTC, Tunja, 1976; Docente en Colegio Nacional Loperena, 1977-2012. Catedrático Literatura e Idiomas, UPC, Valledupar, 1977-2013. Director Revista 'Integración', Aprocoda-Codazzi, 1983-2014; columnista: Diario del Caribe, Barranquilla, El Tiempo, Bogotá, El Universal, Cartagena, El Pilón, Vanguardia Valledupar: 1968-2012. Tel: 095 5736623, Clle. 6C N° 19B 119, Los Músicos, Valledupar- Cesar.

1 Comentarios


jairo tapia tietjen 27-03-2015 08:05 AM

El texto: La música folklórica colmbiana , es del profesor e investigador insigne del folklore: maestro Guillermo Abadía Morales; ¡Bon Sort!!

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