Música y folclor

El fique, entre añoranzas y la pervivencia de una fiesta

María Ruth Mosquera

14/07/2015 - 05:35

 

“A mí me tocaba hilar a diario como media libra de fique, hacer un plato y una mochila, porque las hacía grandes”.

Era el tiempo de los campos de fique silvestres en La Junta, que alimentaron el paisaje visual con el que crecieron varias generaciones en ese corregimiento de San Juan del Cesar, en el sur de La Guajira. Marciano Martínez pertenecía a una familia humilde, con una madre cabeza de hogar, Dolores Martínez Carrillo, erudita en el arte de tejer mochilas de fique, que trabajaba duro lavando ropa ajena para dar el sustento a sus hijos; ellos también aportaban al hogar, desde sus posibilidades.

La hilandería y el tejido era común labor en todas las casas del pueblo y Marciano no fue la excepción, con el valor agregado de hacer mochilas distintas, más grandes, denotando en sus diseños la inspiración que más tarde expresó con versos y melodías. “Mientras las mochilas que hacían otros costaban 1.20 y 2.50, una hecha por mí costaba cinco pesos porque eran de un tejido muy bonito, muy profesional”, relata.

La emancipación en los mercados de las mochilas, chinchorros, hicos, carteras, alfombras y otros elementos elaborados por los artesanos de La Junta, teniendo como materia prima el fique o maguey, hablaba de la esencia y del arte de este pueblo, uno de los diez corregimientos de San Juan del Cesar, situado entre La Peña y Patillal, sobre un valle que besa las estribaciones de la Sierra Nevada, donde nació Marciano.

Fue, entonces, el fique o maguey un elemento determinante en su ser y su quehacer. Por eso le fue tan grato encontrarse un día con la noticia de un festival dedicado a esa fibra natural biodegradable, rentable y ambientalmente sostenible, que en palabras de este compositor significó la esencia de toda una historia, “el sustento de muchas familias, el estudio de muchos profesionales”.

La iniciativa fue del arquitecto Gustavo Gutiérrez Maestre, inspirado en un episodio de tejido de una mochila, hace más de cuatro décadas, cuando se dio el primer festival del Fique, que convocó a los artesanos, con sus mochilas, chinchorros, cabuyas, hamacas y demás, debajo de un árbol de trupillo que estaba frente a la iglesia. Han pasado ya 45 años.

Marciano Martínez “El Festival del Fique en La Junta es una puerta que se abrió hace muchos años para que el pueblo tuviera reconocimiento. Un festival que comenzó ahí paralelo con el de la Leyenda Vallenata; eran los únicos que existían en esa época. Por medio de él se fue conociendo más la cultura, el fique, que era el principal; había un reinado casi departamental, venían de Riohacha, Barrancas, Fonseca; San Juan, Tenerife, Codazzi, San Diego, El Molino. Era un festival que tuvo mucho renombre y se dieron a conocer muchas figuras de nuestra música vallenata; por ejemplo Juancho Rois, el único festival que se ganó fue el de La Junta; allá ganó Diomedes Díaz, Edilberto daza…”, cuenta el orgulloso hijo de La Junta, que sigue viviendo en su pueblo, del que salió en un par de ocasiones hacia Riohacha y Valledupar, para conjurar la pobre infancia que tuvo, pero al que regresó para quedarse y vivir tranquilo, feliz, regando su poesía por el mundo y últimamente como actor natural de cine y televisión. 

Este fin de semana, el Festival tendrá lugar otra vez en La Junta. Ya no hay tantos cultivos de fique, amén de las transformaciones que han sufrido los campos. “Ahora hay un proyecto de sembrar 400 hectáreas”. El reinado también ha decaído y los concursos no se escapan de estar permeados por prácticas poco sanas que ensombrecen la idoneidad de los festivales. “Esos reinados han venido decayendo en muchas partes, ya la gente no le da importancia. Yo hice el festival dos veces y no hice reinado, a veces iban las colas de los desfiles por Curazao y la gente iba llegando ya a La Peña, unas filas bonitas con carrozas elaboradas de fique. Ahora no. Se hacen los reinados y pocas carrozas, seis siete carros y no tiene sentido invertir en algo a lo que la gente no le da importancia”, precisa y añade que también los concursos “han venido bajando de calidad. Yo creo que hasta el propio Festival de la Leyenda Vallenata en canción inédita han venido bajando; se dan muchas cosas que desagradan a los compositores de renombre, reconocidos nacional e internacionalmente; se fabrican muchas canciones para festival, se dan unas componendas”.

Incentivar a los concursantes y no solo al rey en acordeón, mejorar las premiaciones, cualificar a los jurados y hacer un trabajo juicioso de planificación que permita garantizar los recursos del certamen son algunas posibles soluciones que plantea Martínez, como ruta para sanear los festivales,  sobretodo en un pueblo como La Junta, que es ahora destino turístico de miles de personas que llegan desde los más lejanos lugares del planeta a conocer la plaza principal, la ventana marroncita, el camino a Carrizal y otros sitios inmortalizados por Diomedes Díaz, ‘El Cacique de La Junta’, en cuya memoria se hará el certamen este año.

Este viernes, Marciano Martínez subirá a la tarima, acompañado de Rafael Sierra y su agrupación Los Hijos del Viento, para dar apertura al festival. Actuará también en una noche de compositores, con sus colegas y paisanos sanjuaneros Jacinto Leonardi Vega, Franklin Moya y Luis Egurrola. No habrá reinado, ni concurso de piqueria, ni acordeón aficionado, ni ciclismo, ni atletismo; sí habrá canción inèdita, con una exaltación especial a la inspiración más sentida en honor a Diomedes Díaz; habrá un conversatorio con personajes determinantes en la vida del homenajeado, como Luis Alfredo Sierra, Leandrito, Gustavo Gutiérrez Maestre y Jaime Araújo Cuello; exaltarán a los amigos que siempre estuvieron ahí, en las buenas y en las malas, con ‘El Cacique’ y el fique será el protagonista, con las muestras de hilandería, extracción y tejido, así como una exposición artesanal regional.

Muchos visitantes esperan este año, aunque seguramente todos en el pueblo sentirán nostalgia por ser la primera celebración desde que ‘El Cacique’ no está. Y así lo dirán sus hijos Rafael Santo y Martín Elías, Elver y el resto de la familia Díaz, y también Orlando Liñán, quien lo personifica en televisión. Y ahí estará Marciano, ‘El más humilde’ como él se llama; ‘Sinfo’ como lo llaman sus allegados, apócope Sinforiano, nombre con el que lo iban a bautizar.

 

María Ruth Mosquera

@sherowiya

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