Música y folclor

El mambo

Jairo Tapia Tietjen

27/08/2015 - 07:40

 

Perez Prado,

La música recurre a la literatura y viceversa, como cuando se trata de intensificar los significados esenciales del lenguaje del  verso conque ambas realizan la construcción de la sintaxis en cada fragmento o estrofa. Se buscan el lirismo y el ritmo, como un fin integral que será determinado por la creatividad y genio del compositor y sus intérpretes.

El acierto rítmico alcanzado tiene como base indispensable la estructura externa que se alcanza a través de la sonoridad y, muchas veces, va asociada con los versos, o significado de las palabras para su perfecto desarrollo.

Podría hablarse, como Goethe, de una epopeya subjetiva en la que el compositor y sus intérpretes piden permiso para representar el mundo y los sentimientos  a su manera. Por ello, la fórmula para alcanzar  la buena música es organizando o escuchando a un buen director, a buenos músicos y a una excelente orquestación, para que todo salga a pedir de boca. Mas la dificultad está en lograrlo.

Muchos luchan por alcanzarlo, hasta sin instrumentos, como decía el pianista y compositor Chucho Valdés; de allí la importancia de promover y respaldar oficialmente y por iniciativa privada la realización de festivales y conciertos musicales diversos y periódicos para alcanzar la meta de dar testimonio y alcanzar expresiones musicales perdurables.

Muchos creadores se valen del sueño como un aliado de la fantasía, que al decir de Freud, el ser recrea sus misterios y sensibilidad en sus experiencias cotidianas, como  pares del músico y del poeta, a quienes brindamos alta estima por sus interesantes testimonios en sus creaciones artísticas.

El Mambo, derivación y estructura

M. Shelter y Leonardo Acosta relacionan el Mambo con una actualización” o “reinterpretación” de los pilares musicales cubanos que se extendió hasta los años 50: el son o guateque y sus variantes, el changüí, el sucu-sucu, el son urbano, el son montuno, la guaracha-son y el son pregón; así mismo, el danzón con la contradanza, la danza, la habanera, el danzonete, el mambo y la guaracha, y la autóctona Rumba y sus variantes, el yambú, la columbia y el guaguancó.

Registramos que el danzón estrenado por Miguel Faílde en 1879, y los aportes de José Urfé, en 1910, resulta de un proceso gradual de “criollización” de formas musicales europeas con su notación occidental, diferentes a las demás que devienen de la tradición oral.

El danzón Mambo es interpretado por Orestes López, con la orquesta de Antonio Arcaño, para convertirse en el boom modernizador de la música popular cubana. El mambo proviene de sucesivos injertos de patrones rítmicos tomados del Son y también del Danzón, siendo típica su moderna fusión con fuertes resonancias y rasgos de la rumba y el danzón, la guajira y el jazz, permeando así mismo el bolero, el danzón, el songo, el chachachá y el jazz, concluyéndose que el son y la rumba  son dos caras de la misma moneda que han permeado el danzón, el mambo, el songo, el chachachá, la salsa y  el jazz, para llegar hasta la popular Timba o rumba bailable de los 90, con otras mezclas magníficas logradas con la cumbia, la bomba y la plena, el merengue y el joropo.

La Timba cubana o fiesta callejera bailable es la nueva expresión de una juventud que se acerca e identifica con los fervores y pasiones de los barrios populares, sus luchas sociales, y los más visitados sitios turísticos que desean encontrarse con las orquestas populares representadas por los Dan Den, el Médico de la Salsa, la Charanga Habanera, Van Van, Son 14, Paulito y su Élite, NG La Banda, y tantos más que impresionan con sus fieros metales, sus patrones rítmicos derivados de la rumba y la música yoruba de la santería, con el rap y excelentes solistas.

Básicamente los danzones mambeados se resaltan con los violines en pizzicato, el bajo ejecuta un “tumbao” sonero, la percusión subraya los tiempos fuertes del compás, agregando la tumbadora y el piano que acentúa la síncopa, a los que se agrega una estremecedora flauta con trompetas con  sus improvisaciones de los solistas de jazz y de son.

Más adelante, Arsenio Rodríguez introduce elementos contrapuntísticos en los montunos de son, llamados “diablo”. Mas su estructuración definitiva se le debe a Dámaso Pérez Prado quien conforma todo un universo sonoro y sincopado, con  preeminencia de los saxofones, las trompetas llevan la melodía, acompañados por tumbadoras, bongoes y el bajo. Con gran influencia del jazz y del swing, con el ritmo de métrica cuatro por cuatro, y una superposición de planos sonoros, de mucha riqueza y colorido. Los tempos se muestran lentos en el “caen”, y más dinámicos y rápidos en el “batiri”. Su coreografía puede ser solo o en pareja, con movimientos sincronizados y diestros.

La estela musical de Pérez Prado, con la voz de Orlando “Cascarita” Guerra, se destaca desde los 50 en México, con Mambo N° 5, Qué rico el mambo, El ruletero, Mambo N° 8, La Chula linda, Politécnico, etc. Más adelante, incorpora el órgano el “Cerezo rosa y Patricia”, y se acerca al rock y el “Dengue” como un ritmo nuevo.

Rápidamente fue adoptado por otros creadores e intérpretes como Bebo valdés, Benny Moré y Silvestre Méndez: “Rareza del siglo, Locas por el mambo, México lindo y el bolero-mambo con Julio Gutiérrez, “Un poquito de tu amor”, Bobby Collazo, “La última noche”, y Humberto Jauma, “Estás como mango”.

 

Jairo Tapia Tietjen

 

Sobre el autor

Jairo Tapia Tietjen

Jairo Tapia Tietjen

WikiLetras

Codazzi, Cesar (1950). Bachiller Colegio Nacional A. Codazzi, 1970. Licenciado en Filología Española e Idiomas, UPTC, Tunja, 1976; Docente en Colegio Nacional Loperena, 1977-2012. Catedrático Literatura e Idiomas, UPC, Valledupar, 1977-2013. Director Revista 'Integración', Aprocoda-Codazzi, 1983-2014; columnista: Diario del Caribe, Barranquilla, El Tiempo, Bogotá, El Universal, Cartagena, El Pilón, Vanguardia Valledupar: 1968-2012. Tel: 095 5736623, Clle. 6C N° 19B 119, Los Músicos, Valledupar- Cesar.

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