Música y folclor

El folklore vallenato

Jairo Tapia Tietjen

26/11/2015 - 03:00

 

Calixto Ochoa (abajo), Jairo Tapia (izquierda) y Alfonso Hamburger (derecha)Los estudios pioneros de los hitos representativos del folklore colombiano, maestros  G. Abadía Morales, M. Gómez Vergara, Ciro Quiroz O., y Javier Ocampo López, y sus ilustres continuadores Tomás D. Gutiérrez H., Rito Llerena V., Ma. Eugenia Londoño, Julio Oñate Martínez, y Consuelo  Araújo, entre otros,  han realizado fecundos aportes investigativos para esclarecer las raíces profundas en la génesis de la música vallenata en ambientes populares con múltiples riquezas expresivas.

Se trata de un esfuerzo repetidamente valorado por preocuparse en divulgar la cultura autóctona del Caribe musical y lírico,  en la  historia de la poesía cantada, cumpliendo el objeto de la historia como es la realización de todo lo que es del orden de la necesidad práctica, dentro de los apartados que distinguen la filosofía de la historia en la expresión natural del arte y la cultura moderna,  completando el ciclo de su evolución orgánica donde nada es inmóvil y  todo se transforma en armónica evolución.

El marco territorial del folklore vallenato tradicional pertenece a la antigua nación Chimila, comprendida entre el río Magdalena, el Sur de la Guajira con los ríos Cesar y Ranchería, la Serranía de Perijá que nos separa de Venezuela, y al Norte, la imponente Sierra Nevada de Santa Marta, con su ciudad sagrada de Nabusimake, de los koguis. Todo centrado en su vida económica, política y social en la ciudad de los Santos Reyes de Valledupar, fundada un 6 de enero de 1550 por Hernando de Santana y Juan de Castellanos.

Más adelante el gobernador Narváez y la Torre, de la provincia de Santa Marta y Riohacha, en 1878, informaba que “se extendía cien leguas en el mar Caribe, desde el saco de Maracaybo hasta el río Magdalena, llegando a la jurisdicción del Valle de la Nueva Valencia de Jesús y Chiriguaná, y en el Sur la ciudad de Ocaña, y lamento encontrar estas tierras en una miseria espantosa, sin agricultura y sin comercio, la más pobre del reyno”.

La antiguamente llamada Valle - Dupar, en homenaje al valeroso cacique indígena que defendía sus territorios, hasta ser sometido por el conquistador,  el cual presenció el arrasamiento brutal de sus habitantes aborígenes ante la avaricia extranjera y su afiebrada búsqueda del oro  y perlas como corolario de su bélica  invasión de conquista, de una tierra que le brindaba todo con un humanismo que jamás habrían merecido.

Seguimos el hilo conductor del folklore vallenato  en acompañamiento clásico a través del  laberinto de los hechos histórico-musicales, sus múltiples transformaciones que agitan su género, en una escala épica con la indispensable imagen telúrica  con la presencia de insoslayables destinos individuales, que a la vez se limita por las dimensiones de su existencia y experiencia, espejo de su espíritu y su creación artística, confirmando la afirmación hegeliana de que lo verdadero es el todo.

La vida es concebida en las comunidades autóctonas, por su aislación natural que la hacen  perseverar  en apropiarse y resguardar en el corazón de su realidad, una auténtica y concreta existencia espiritual, requisito sine qua non para imponer su propio carácter y pensamiento formador de un sistema que  expone su filosofía musical que remonta lo sensible en función de su totalidad armónica en su natural constitución en el territorio del Valle de Upar con una raza universal triétnica que ha conformado su expresión folklórica, lenguaje y herencia musical  simbolizando  a una cultura depositaria de una tradición centenaria de la trova, con los elementos prodigiosos naturales, aspectos mítico propios en sus leyendas, cantos y danzas.

Esta expresión musical surge de la necesidad de manifestar los pesares y alegrías de una comarca aislada, pero autóctona; pueblo sencillo que ve florecer tanto un romance medieval como una expresión mestiza desde el centro de las extensas Sabanas de El Paso, con inmensos latifundios otorgados por la Corona española, poblados de vaqueros, cumbiamberos, brujos y hechiceros, músicos y acordeonistas que devienen en inspirados juglares y trovadores de crónicas apasionadas, triviales o trascendentes, con la filosofía de la vida humilde en el campo, y cantos como el  merengue que compone Francisco el Hombre a su mujer Teresa:

A Chilla la quiero mucho / Pero a Teresa la quiero má

Porque Tere es  /  la  que sabe sí  / paso  necesidá”.

A él se le atribuye la melodía que se convirtió en himno de la alegría y parrandas en la provincias de Padilla y Valledupar:

“Me gusta el amor amor / El amor que me divierte

Cuando estoy en la parranda  / no me acuerdo de la  muerte”.

Cuenta la historia que al término de la Guerra de los Mil días aparecen en los sitios de jolgorios y festividades, hombres que ejecutan el acordeón en subgéneros bautizados como “colitas, danza de la Pava, el Pilón y la Piquería”.

Allí se configura el aire musical vallenato con influencia española, con reminiscencias del negro y el ambiente del indio. Es un folklore de ambiente de parranda, embriagante y persuasivo, descriptivo e intuitivo, irradiado por la influencia de los campamentos pesqueros primitivos que invadían las costas marítimas, y orillas de los ríos y sus inmediaciones.

        

Jairo Tapia Tietjen

jtt.stspiritu2@hotmail.es

Sobre el autor

Jairo Tapia Tietjen

Jairo Tapia Tietjen

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Codazzi, Cesar (1950). Bachiller Colegio Nacional A. Codazzi, 1970. Licenciado en Filología Española e Idiomas, UPTC, Tunja, 1976; Docente en Colegio Nacional Loperena, 1977-2012. Catedrático Literatura e Idiomas, UPC, Valledupar, 1977-2013. Director Revista 'Integración', Aprocoda-Codazzi, 1983-2014; columnista: Diario del Caribe, Barranquilla, El Tiempo, Bogotá, El Universal, Cartagena, El Pilón, Vanguardia Valledupar: 1968-2012. Tel: 095 5736623, Clle. 6C N° 19B 119, Los Músicos, Valledupar- Cesar.

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