Música y folclor

La esencia de la composición vallenata

José Atuesta Mindiola

12/01/2016 - 08:40

 

La Dinastía López (de La Paz, Cesar)

La narrativa costumbrista era la característica predominante en los cantos de los juglares,  pero la calidad poética de la canción vallenata se enaltece con el  surgimiento de la figura del compositor. A finales de la década de 1940 empiezan a conocerse los nombres de Tobías Enrique Pumarejo y Rafael Escalona,  gracias a las grabaciones del cienaguero  Guillermo Buitrago, la primera estrella de la música popular de Colombia.  A pesar de que Buitrago no le dio  el verdadero aire vallenato a estas canciones, se abrió una franja musical que superó en popularidad a los cantos que había grabado Abel Antonio Villa, ‘el padre del acordeón’.

Con Pumarejo y Escalona se refrenda la narrativa del cancionero vallenato, y se suma un elemento enriquecedor: la poesía con sus matices heredados del romancero español, renovado en el lenguaje popular de la comarca.  Y ahí, cercano a Escalona aparece el filósofo del canto, Leandro Díaz, físicamente invidente pero poéticamente luminoso,  quien inspirado en la racionalidad de sus ideas, dijo: “yo sólo canto, después que logro pensar”.

Los compositores utilizan imágenes y metáforas para matizar sus versos. Agustín Fernández Del Valle, afirma: “La metáfora expresa de modo intransferible e irrepetible lo que el poeta quiere decir”. Esta afirmación se comprueba al leer  los versos de ‘La Casa en el aire’, de Rafael Escalona,  que según la Asociación Musical de la Nación fue elegida en 1999, la segunda canción más escuchada en el siglo XX en Colombia. La primera fue el vals ‘El camino de la vida’ del antioqueño Héctor Ochoa Cárdenas.    

               **

Te voy a hacer una casa en aire

solamente para que vivas tú,

Después le pongo un letrero bien  grande 

con nubes blancas que diga Ada Luz.

….

Las canciones de Tobías Enrique, Rafael Escalona y Leandro Díaz se convierten en el faro de las primeras andanzas de Gustavo  Gutiérrez por el cancionero vallenato en los años de 1960; ya en sus genes traía los compases melódicos de valses y otros ritmos europeos y latinoamericanos que tocaban sus abuelos (Evaristo Gutiérrez y Genoveva Araujo) y su padre, también de nombre Evaristo, que  tocaba piano y violín.  Además, favorece su vena musical, su temprana afición por la poesía: antes sus ojos y para deleite de su espíritu, pasaron paginas inolvidables de los poetas españoles  Gustavo Adolfo Bécquer, Antonio Machado y Federico García Lorca.

Gustavo es el precursor del romanticismo en el canto vallenato. Sus versos asonantes, con ritmo interior, sencillez trasparente y de fina hondura poética. Sus versos por sí sólo son musicales, y lo demuestra cuando los declama. En palabras de Marina Quintero: “Gustavo Gutiérrez en el ámbito de la composición vallenata, marca una diferencia con la tradición narrativa –costumbrista, por cuanto la temática que introduce, el particular manejo del verso y la configuración innovadora de la estrofa orientan la expresión musical por la camino de la  lírica”.  Para Gustavo lo poético es universo que se deshace en espíritu humano y penetra en el corazón, más allá de la sangre, del sudor y de las lágrimas. Él sabe que  “cada palabra posee, en virtud de su altura y su color  acústico, un determinado halo afectivo” como lo apunta Johannes Pfeiffer.

Y esa tarde, tarde de  mi recuerdo

Dijiste  con ternura te entrego el corazón,

Más allá de la sombra y de la luz estoy

Del rocío que se volvió canción,

Más allá siempre estará mi amor.

Gustavo Gutiérrez, primer ganador del Concurso de Canción Inédita del Festival Vallenato (1969), es el maestro referente de  la generación de compositores románticos; pero el Festival Vallenato es el  escenario que promueve el surgimiento de nuevos compositores y  a los consagrados los motiva para que  sigan produciendo canciones.

Cabe anotar, que en armonía con los compositores también aparece nuevos conjuntos, donde el cantante es el protagonista y  estrella del grupo, los primeros  en aparecer son Los Hermanos López con Jorge Oñate, y le siguen Los Hermano Zuleta Díaz (Poncho y Emiliano),  El Binomio de Oro (Israel Romero y Rafael Orozco),  surge el fenómeno de las multitudes,  el cantautor Diomedes Díaz, y  muy cercano llegan los cantantes Beto  Zabaleta e  Iván Villazón.   Hoy son muchos los conjuntos exitosos de música vallenata y también numerosos los compositores.

Para nadie es un secreto que el vallenato es la música popular representativa de Colombia. Cada día tiene más seguidores,   se pasea por las plazas, por los grandes salones, se escucha en todas las emisoras y hay por televisión un ‘canal vallenato’.  A pesar de que su  faceta narrativa rural se ha perdido, porque hoy el compositor es citadino, y la inspiración nacida en el asombro de la contemplación de la naturaleza, ya no existe. No obstante de estas realidades,  todavía se escuchan  buenas canciones y con el ingrediente que son bailables y cautivan a la juventud. Basta ver una presentación de Jorgito Celedón, Silvestre Dangond, Peter Manjarrés, Martin Elías Díaz y  Churo Díaz.  

Aunque también es cierto, que  a veces unos grupos graban  canciones que carecen de sello poético, que rayan en lo ridículo y son estridentes al oído. (Pero no está de más  aclarar,   que todo lo que se graba con acordeón no es música vallenata). Le recomendamos a las agrupaciones jóvenes que tengan un verdadero director musical  para seleccionar las canciones y elevar el nivel de las grabaciones, y a los nuevos compositores que   aprendan de los maestros, que lean poseía, escuchen buena música  y no se afanen por la cantidad sino por la calidad. 

Es hora de que existan ‘Escuelas de Compositores’. De esta propuesta deben abanderarse las Escuelas de ‘Talento Rafael Escalona’ de la Fundación Festival de la Leyenda  Vallenata y la de ‘Los Niños Vallenatos’ del Turco Gil: que eduquen niños con aptitudes poéticas para que surja una  generación de compositores  del silgo XXI que  salvaguarden la esencia del canto vallenato.  

 

José Atuesta Mindiola

Sobre el autor

José Atuesta Mindiola

José Atuesta Mindiola

El tinajero

José Atuesta Mindiola (Mariangola, Cesar). Poeta y profesor de biología. Ganó en el año 2003 el Premio Nacional Casa de Poesía Silva y es autor de libros como “Dulce arena del musengue” (1991), “Estación de los cuerpos” (1996), “Décimas Vallenatas” (2006), “La décima es como el río” (2008) y “Sonetos Vallenatos” (2011).

Su columna “El Tinajero” aborda los capítulos más variados de la actualidad y la cultura del Cesar.

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