Música y folclor

El Biguine de Martinica

Jairo Tapia Tietjen

09/03/2016 - 05:20

 

Bailarinas de biguine con el vestido tradicional de las Antillas francesas (Madras)

Debido a constantes debates en torno a los nuevos aportes generacionales en nuestro folklore regional, me permito recuperar algunas apreciaciones al respecto.

A todos nos debería ayudar algunos conocimientos desaprendidos sobre la música: los valores del pasado, arte, música, historia, literatura, son parte de nuestra  identidad y patrimonio cultural, lo cual debemos conocer, disfrutar y defender.

Conocer antes de juzgar; muchos teóricos se estrellan contra los valores y estilos que genera el arte en cada generación, la cual interpreta el contexto histórico en función de sus intereses, los cuales siempre están presentes y nuevamente sometidos a criterios más actuales y con razones más abiertas que en el pasado.

Hasta Natura cambia sus atributos por el cambio que los humanos hacen con sus relaciones, lo cual le ocurre siempre al folklore, tanto por razones comunes y singulares, como por poco convincentes razones humanas. Lo evidente es que siempre se cuenta con importantes  intereses personales o comerciales para favorecer tal evolución, transformación o progreso de lo autóctono y folklórico hacia lo actual, no siempre innovador, ante el estupor de los puristas que disgustados ven todo cambio o evolución con hostilidad.

Génesis del Biguine martiniqueño

Pierre Labat describe en su obra Viajes a las islas de América, París, 1722, lo que observó en Martinica donde se danzaba al ritmo de los tambores, y menciona  la calenda, la chica, la espectacularidad de la "laggia", enfrentamiento pugilístico entre dos bailadores al impulso de los tambores, así como “el bamboula”, como los antecedentes directos del Biguine.

Labat nos cuenta la gran cantidad de africanos esclavos traídos de Angola, Senegal, Guinea y el Congo para el cultivo y procesamiento de la caña de azúcar, plátano y otros frutos menores.

Los cantos y bailes de Martinica, emparentados con su vecina Guadalupe, muestran una fusión de culturas de raíz africana y francesa, elementos fundamentales  en la preservación de sus raíces culturales.  Su nombre deriva del francés  “embéguine” (infatuar, ponerse el capillo, movimientos y gestos desordenados).

La capital Saint-Pierre fue el centro germinador de este género musical caribeño, la cual se expande hacia otras islas de dominio francés. El antillano toma la fiesta colectiva del carnaval para volcar su fecunda imaginación creadora, donde siempre estará presente la sátira, el mensaje  burlón y los sucesos de la vida cotidiana.

El poeta, dramaturgo y político Aimé Césaire ( 1913-2008 ), defensor de las raíces africanas, su dignidad y justicia, y a quien se le atribuye la palabra "negritude", muy admirado en lengua no francesa por su reflexión sobre el destino de  esos "Millones de  hombres  a los que se les ha enculcado sabiamente  el miedo, el complejo de inferioridad, el postramiento, la desesperanza", nos dice :

"Aguacero / buen músico / al pie de un árbol desnudo / en medio de las armonías perdidas / al alcance de nuestras memorias.

.............. Para mis danzas   /  mis danzas de negro malo /  la danza rompe-argolla  /  la danza suelta-prisión 

La danza es  bello y bueno y legitimo ser negro. / Para mí /  mis danzas y que salte el sol.

Estructura y coreografía

Tuvo un salto de los grupos folklóricos donde encontrábamos el acompañamiento inicial de dos tambores, uno grave y otro agudo la danza y el tambor de origen africano; más tarde se integra con un acordeón, los tambores y chachá, especie de sonajero; el canto del solista  expone el tema en forma de coplas, en lengua créole, luego pasa a contrapunteo de solista y coro, con un  refrán   con que concluye el asunto.

El ritmo y la melodía provenientes de Francia se integra al cuerpo de   esta expresión musical antigua, con resonancias poéticas y alusiones propias de estas islas, -hasta convertirse por influencias externas-, en orquesta tipo jazz band, donde se comienza tocando con piano, violín, tambores, contrabajo, clarinete, flauta  y trombón.

Actualmente predominan grupos pequeños con clarinete e instrumentos electrónicos, donde hay muchas innovaciones, tanto en los giros melódicos como en las concepciones armónicas, a la que se integra la gracia y chispa antillana en sus cantos.

En su forma coreográfica  se destacan dos columnas de participantes en hileras, rodeados en círculo por espectadores que los animan con palmadas, mientras se mueven cadenciosamente. Las parejas hacen movimientos convulsivos, y mientras  alzan los brazos, se encuentran con sus músculos, para separarse de inmediato, saltan, dan vuelta, retroceden al compás, mientras  el golpe del tambor les previene que deben volver a juntarse con gestos lascivos, y entrelazándose con los brazos. Hacen contorsiones y hacen movimientos dinámicos con sus cuerpos, semejantes con los toques y bailes de la tumba francesa y la méringue haitiana.

 

Jairo Tapia Tietjen

jtt.stspiritu2@outlook.com

Sobre el autor

Jairo Tapia Tietjen

Jairo Tapia Tietjen

WikiLetras

Codazzi, Cesar (1950). Bachiller Colegio Nacional A. Codazzi, 1970. Licenciado en Filología Española e Idiomas, UPTC, Tunja, 1976; Docente en Colegio Nacional Loperena, 1977-2012. Catedrático Literatura e Idiomas, UPC, Valledupar, 1977-2013. Director Revista 'Integración', Aprocoda-Codazzi, 1983-2014; columnista: Diario del Caribe, Barranquilla, El Tiempo, Bogotá, El Universal, Cartagena, El Pilón, Vanguardia Valledupar: 1968-2012. Tel: 095 5736623, Clle. 6C N° 19B 119, Los Músicos, Valledupar- Cesar.

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