Música y folclor

Rosa Emilia, la guardiana de la tradición tamborera en El Paso

Samny Sarabia

24/03/2016 - 07:30

 

Rosa Emilia Hernández

Custodiar algo no es tarea fácil, menos cuando se trata de salvaguardar una tradición cultural tan basta como la de los cantos de tamboras, tradicionales de la población africana instalada a la orilla del río Magdalena desde cinco siglos atrás. Esa fue la tarea que se encomendó Rosa Emilia Hernández Ospino, una pasera que lleva décadas narrando su cotidianidad a través de la música.

Rosa Emilia nació para cantar. Dotada de una voz única que no necesita amplificaciones para llenar cualquier escenario donde se le ponga. Una voz entrenada naturalmente al lado de los más grandes cantaores que ha parido El Paso en el departamento del Cesar, Juana Díaz, Catalina Peinado, Antonia Silva, Enrique Campo y Emelina Maldonado, a ellos considera sus maestras, de quienes aprendió todo lo que sabe y con quienes tiene un gran compromiso de transmitir y  multiplicar todo ese conocimiento ancestral.

Gracias a la herencia recogida de estos personajes, la tradición tamborera sobrevive al tiempo y a los nuevos ritmos musicales que cada vez llegan con más fuerza a esta población de descendencia afro. Labor que le han otorgado merecidos reconocimientos a nivel nacional pero este año se le hace uno especial, será la homenajeada de la edición XXVIII del Festival Pedazo de Acordeón  que se celebrará del 22 al 25 de abril, en su pueblo.

Era muy usual en El Paso que, dentro de las familias tamboreras, existieran acordeoneros. En esta tierra la tambora y el vallenato están estrechamente ligados, tanto que se sostiene la tesis que la tambora es la madre del vallenato. De hecho, cantos como ‘La candela viva’, ‘Mi compadre se cayó’, ‘Dime por quien lloras’ que hoy se conocen como vallenatos, inicialmente fueron tambores. De ahí se desprende el aporte valioso que Rosa ha configurado no solo para la música de tambora sino para el folclor del Cesar y por ende, para el de la región.

Desde la creación de El Paso, la tambora ha subsistido a los avatares del tiempo.  En esa zona estaban ubicadas las grandes haciendas que abastecían de carne y leche a la colonia, por esa razón llegan los negros a ella, por eso afortunadamente se heredó la tradición tamborera.

En la década de los 70s, cuando se realizaban las ruedas de tamboras en El Paso, que eran usuales todas las noches para las fiestas patronales de San Marcos y para el Corpus Christi y los negros salían a bailar, la pequeña Rosa se le escapaba a la mamá e iba a sumergirse en ese mundo que hasta el día de hoy la envuelve.

Atraída por el sonido de los cueros y por las voces que despertaron en ella un amor por el arte de orar cantando, pasó muchas noches.  Los juglares de la tambora siempre se la llevaban para sus festejos, quizás reconocieron en ella las cualidades que les aseguraba la protección para su más preciado tesoro.

En el año 1990 la tambora raizal no sonaba como antes, ya que mucho de sus integrantes habían fallecido y otros se encontraban enfermos producto de su vejez. Se aproximaban las fiestas del santo patrono del pueblo, y es cuando la señora Elisa Borraz, preocupada por la situación, toma la iniciativa de conformar un grupo de jóvenes que perpetuaran la tradición más importante del pueblo y que con sus cantos alegraran las fiestas.

Así nacen los Tambores de San Marcos que toman su nombre como acción de gracias hacia su patrono y desde entonces, se mantiene vigente mostrando en diferentes escenarios la grandeza del folclor y las tradiciones de la tierra de Alejo Durán.

Desde que Fernando Arias, director del Grupo Folclórico de Tambores San Marcos, le propuso a Rosa Emilia que cantara no ha parado de hacerlo, representando a su pueblo en todos los festivales de tradición tamborera que existen en el territorio nacional.

La tercera hija de la unión entre Nicasio Palermo Hernández y Faustina Ospino Campo nació el 30 de agosto de 1961. Estudió la primaria en la Escuela Urbana Mixta Santa Rosa de Lima del Paso, Cesar. Hizo parte de su bachillerato en la Institución Educativa Nacionalizada de ese mismo municipio y luego partió a Santa Marta a continuar sus estudios secundarios en el Liceo Celedón.

Es así como Rosa, mujer de naturaleza alegre es la persona que ha custodiado los cantos, la que ha guardado celosamente la tradición que se le confió.  Es compositora, directora y la voz líder del Grupo Folclórico de Tambores San Marcos, una de sus obras más conocidas por los tamboreros de la Riviera del Río Magdalena es ‘Rosa María’ que habla de ella. 

Ha sido ganadora del título a ‘Mejor voz’ en distintos festivales entre los que se destacan Tamalameque y Chimichagua, Cesar; así como en los del Hatillo y Barranco de Loba en Bolívar. En los años frente al grupo ha cumplido a cabalidad su cometido. En el 2014 acompañaron a Carlos Vives en su labor como primer embajador de inclusión de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional, USAID.

Este año participaron en ‘La Noche del Río’, invitados por el Parque Cultural del Caribe, en este escenario mostraron la tradición de la tambora pasera. El evento es un homenaje que, desde Barranquilla y en el marco de las celebraciones del Carnaval, se hace a las ricas manifestaciones culturales, en especial música y danza, de los pueblos que habitan las riberas y el área de influencia del río Magdalena, desde la depresión Momposina hasta su desembocadura.

Posiblemente el mayor logro que ha tenido Rosa en su labor es despertar en varios jóvenes paseros el interés por la conservación de estas tradiciones. Lo logró con su único hijo, Cesar. Él al igual que su madre también lo recogió del entorno cuando en su casa el grupo ensayaba noche a noche.

Como ella, inició bailando y luego decidió cantar. Desde hace dos años es el director del Grupo Tambores de San Marcos, segunda generación. También compone tambora, ya he ganado varios festivales: San Martín de Loba, Río viejo (Bolívar) en el peñón.

Cesar no esconde el orgullo que le produce la lucha de Rosa Emilia, esa que le ha permitido mantener viva la tradición de esta música y sus tradiciones a pesar de las adversidades y  ha tomado ejemplo, el joven ha buscado los mecanismos para ayudar a su madre y que las nuevas generaciones se enamoren del ‘cuento’ de la tambora y no se extinga.

A través de un trabajo realizado en la casa de la cultura de El Paso, creó semilleros en parejas de baile dentro del cual ha involucrado a la familia con el objetivo de transferir la tarea de custodia de la tambora de generación en generación. Por medio del Concejo Municipal logró que se proclamara la tambora como Patrimonio Cultural Inmaterial de El Paso para poder por ley, desarrollar proyectos de salvaguardia de la tradición tamborera.

En él ha recaído la labor de demostrar que en su pueblo no es solamente vallenato, que mucho antes de tocarse un acordeón se tocó la tambora y que aún se conservan esos cantos ancestrales.

 

Samny Sarabia 

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