Música y folclor

El Paseaíto y el Pasebol: ¿parientes perdidos del Vallenato?

Abel Antonio Medina

15/07/2016 - 06:55

 

Calixto Ocho, creador del paseaito

Comienzo estas reflexiones reconociendo, de antemano, que la tesis que presento me puede costar el aprecio y ganar animadversión de algunos investigadores, melómanos y músicos, tanto del género vallenato como de las músicas arraigadas en las sabanas de Córdoba, Sucre y Bolívar. Me declaro, entonces, en riesgo de recibir dardos desde dos trincheras opuestas. 

Lo digo por el siguiente antecedente. Durante el Encuentro de Investigadores de Música Vallenata del año 2015, en casa de su organizador Jaime Maestre Aponte en Valledupar, ya casi de madrugada; entre algunos de los asistentes estaba Chane Meza y uno de sus hermanos, músico también. Al sonar un paseaito, creo que “Los Sabanales”, se me dio por expresar que para el público en general del país, si se les pregunta qué tipo de música era esa canción, estaría seguro que dirían que un vallenato. Indignados y con iracunda molestia, Chane y su hermano, recogieron sus instrumentos y salieron raudos de la fiesta. “Ha acabado usted con la parranda”, me reclamó mi compadre y colega Poncho Camargo quien también disfrutaba de la, hasta entonces, agradable velada. 

En medio de su enojo, y con cara de pocos amigos, Chane solo alcanzó a rectificar que eso era un paseíto -cosa que yo sé de sobra- que si acaso era que también los vallenatos nos queríamos “robar” ese formato, que, según él, “le pertenece es a la música sabanera”. Chane Meza es músico profesional y de los buenos, conoce las galimatías de la música, la produce y la enseña. Me hubiera gustado que en vez de cerrar groseramente su acordeón y salir sin despedirse, me hubiera explicado desde sus referentes y sus conocimientos porqué el paseíto es una forma exclusiva y original  de la música sabanera y sin ninguna ligazón con el género vallenato y su comarca germinal del antiguo Magdalena Grande. 

También me podría explicar por qué la gran mayoría de consumidores identifican como vallenato canciones que hacen parte de este formato musical. Sigo retando a Chane y a cualquiera, que haga una encuesta simple con una muestra aplicada en cualquier pueblo o ciudad colombiana, incluyendo claro, a Sincelejo o Montería, y que pregunte al ciudadano de a pie, a qué género musical pertenecen canciones como “Los Sabanales”, “Todo es para ti”, “Playas marinas”, “Divino rostro”, “Mi color moreno” entre otras. El resultado va a ser el mismo. Igual pasaría con paseboles como “Ojos verdes”,  “Paraíso”,  “Capullito de rosa”, “Ay, Elena”, “Capullito de rosa”, “Tus amores”,   “Manantial del alma” interpretados por Alfredo Gutiérrez,  que son apropiados como vallenatos desde las representaciones sociales del público que sigue y consume la música de acordeón del Caribe colombiano.  

Podrían decir que el público consumidor de música es ignorante, que la culpa es de los locutores y programadores de música que no hacen la distinción a la hora de anunciar el género al que pertenecen las canciones. En realidad, hay razones que van mucho más allá de la ignorancia; el populacho tiene unas lógicas de apropiación, referenciación y de catalogación que obedece a claves, solo entendibles,  desde la cultura y prismas menos reduccionistas y esencialistas de la identidad.

Como este tema hace parte de lo que se llama geoestética que incluye tópicos como músicas en contacto, la “aceptación del otro”, de la desterritorialización de lo “diferente”,  colonización simbólica de los imaginarios culturales y “retórica de la integración; eso nos obliga también a trazar, para efectos de estas líneas, tres zonas diferenciadas en el Caribe colombiano. Por una parte, el territorio antes denominado  Magdalena Grande (hoy Magdalena- Cesar y Guajira) donde nació la música vallenata y otras expresiones como la cumbia y al jalaito. Por otra parte, la zona sabanera correspondiente al Bolívar Grande (Bolívar, Córdoba y Sucre) en la que han nacido manifestaciones sonoras como el porro, la gaita, sinuanito, fanderengue (mezcla de fandango y merengue vallenato). La tercera zona, el actual departamento de Atlántico, que no pertenece ni a la una ni a la otra y donde nacieron formatos como el pasebol y el merecumbé y donde más confluyen las músicas de las tres regiones sin tantas exclusiones.  

Ahora bien, volviendo al tema: ¿Por qué se ha creado en el imaginario de algunos que lo que se conoce como paseaito y pasebol son  unas formas originales y exclusivas de lo que algunos llaman “música sabanera”? Creo que esto se atribuye a posturas egoístas, regionalistas y esencialistas tanto de los actores musicales de la región  Magdalena- Cesar- La Guajira como de la sabanera. Los primeros porque siempre han defendido que el vallenato solo es lo que llama el musicólogo Roger Bermúdez “las formas festivaleras” (paseo- son merengue- puya). Con ese canon creado por los organizadores del Festival de la Leyenda Vallenata, se le ha cerrado la puerta a la creatividad y por lo tanto a nuevas formas contemporáneas valoradas como espurias. 

Los segundos asumen como un producto sabanero genuino y portador de identidad algunas formas musicales entre las que se encuentran el paseaito y el pasebol. De allí que  algunos gestores se sienten ofendidos cuando se dice que este repertorio (que no es muy amplio) es presentado como vallenato. 

Ambas posturas, por demás anacrónicas, pretenden imponerle a la música vallenata una norma inaplicable a todas las músicas del mundo: pretender que las expresiones sonoras toda la vida van a mantener las mismas formas y que son estáticas, ahistóricas y cerradas en su ciclo. Al respecto Jorge  Nieves Oviedo postula el nomadismo de la música  del Caribe colombiano ya que estos géneros “en tanto producto de múltiples mediaciones e hibridaciones, en sentido estricto, nunca están terminados de inventar. Cualquiera de sus géneros musicales hace parte de una semiosis en proceso […] Un género musical popular no es una estructura significante cerrada e inamovible” (2006).

Los puristas del lado vallenato, desde una lectura y postura inspirada en el romanticismo decimonónico y su defensa del folklore como esencia inalterable de una identidad monolítica, rechazan toda forma que no sea las que pre-establecieron en el Festival de la Leyenda Vallenata y por ello paseaito, pasebol, o ese híbrido de paseo y chandé que grababan Los Betos con canciones de Beto Murgas (“Siga la trilla”, “Ilustrada”, “La carioca”, “Canarios de mi alma”) o lo propuesto por Ciro Quiróz como quinto ritmo como es la tambora, son descalificados como formas  foráneas y no auténticas.   

A los puristas vallenatos, hay que recordarles que hay consenso en que el paseo nació del son, y eso no lo separa del vallenato y nunca lo han rechazado. Es muy probable que a su vez, la puya haya derivado del merengue que también es de compás terciario. ¿Por qué entonces, las nuevas formas que han nacido del paseo no han recibido el “aval” legitimador del establishment? 

Todos los géneros musicales experimentan la ampliación de su repertorio cuando sus formas “paren” otras, la mayoría, mediante procesos de hibridación con otras expresiones sonoras. Del reggae original,  surgió el ragga, el ska, el reguetón para solo dar un ejemplo. No es lógico pensar que la única música estéril es la vallenata o que todo lo que pueda parir es un espurio que no pertenece al género.

No he perdido el hilo al tema que le sugerí a Chane Meza, y hoy más que nunca estoy convencido de lo siguiente: el paseíto y el pasebol hacen parte de lo que llaman “música sabanera” pero también de la vallenata. Mis argumentos los presento a continuación, equivocados o hasta maniqueos o no, espero sean la cuota inicial de un debate necesario que ojalá se viva sin pasiones ni sesgos regionalistas.

Hay que reconocer que entre finales de los 60´s hasta los 80´s, el paseaito y el pasebol tenían mayor acogida en los intérpretes de la región sabanera. Esto pasaba más en la producción que en el consumo, porque igual acogida que en la Sabana  tuvieron estas canciones en el público del resto del Caribe colombiano. Lo anterior tiene su explicación porque fue el periodo, algo corto, durante el cual el corset impuesto por el Festival de la Leyenda Vallenata sujetó con mayor arraigo a los intérpretes vallenatos, No encontramos formas distintas al paseo, son, puya y merengue en grabaciones de Jorge Oñate, Hermanos Zuleta, Binomio de Oro, Beto Zabaleta  o Diomedes Díaz en ese periodo para hablar de los grupos hegemónicos del vallenato. 

A mediados de los 80´s, si analizamos la discografía, se zafaron del corset y, desde entonces, las cuatro formas tradicionales conviven con otras, entre las que se encuentran el paseaito, el pasebol, la cumbia, la tambora, la guaracha, el cumbión y hasta el porro. Para dar un ejemplo, Poncho Zuleta no ha grabado ni un solo son y una sola puya (en una producción, como invitado por Lucy Vidal, “Me peino con la lengua”), pero sí ha grabado recientemente los paseboles “Amor a la ligera”, “Imelda”, “Sal y agua” y el  paseíto “La espumita”.

No sé si  la razón para reducir el paseaito al ámbito sabanero y desligarlo de lo vallenato, obedece solo a que su creador, Calixto Ochoa, ya vivía en Sincelejo cuando creó este festivo formato híbrido. Ante esto hay que resaltar que Calixto nació en Valencia, a pocos kilómetros de Valledupar, que es rey vallenato y uno de los más conspicuos cantautores de este género.

Hilemos más delgado sobre el asunto. Según nos cuenta Julio Oñate Martínez en el artículo “Una genialidad de Calixto Ochoa”, el jalaíto surgió a finales de los 50´s “siendo engendrado en Santa Marta por su creador, Carlos Martelo (El Piñón, Magdalena), hizo erupción en Barranquilla desde la disquera Tropical de esta ciudad”. Martínez Oñate describe así, cómo se cocinó este coctel musical: la percusión toma algunos golpes en la tumbadora característicos de ciertos porros orquestados pero con un andante más acelerado. Del tradicional paseo vallenato se antepuso la acentuación y cadencia mientras que la guacharaca se friccionaba en la forma ortodoxa de un paseo alegre y movido. Respecto al bajo acústico, “este se pulsaba al igual que los merengues dominicanos de Viloria o en algunas cumbias orquestadas en una función solamente de acompañante”. Agrega que hacia 1965, fue Alfredo Gutiérrez quien, influenciado por las orquestas y combos de Venezuela, modifica la forma de friccionar la guacharaca, adoptando el estilo del güiro de estos grupos. 

Según esto, el rótulo “sabanero” del  paseíto, podría ser por los aportes del porro y de Alfredo Gutiérrez que son insoslayables. Como género híbrido deriva, en parte, del jalaito y del paseo, ambas formas nacidas en la comarca del antiguo Magdalena Grande. Por ello, es tan cierto  el sustrato sabanero como vallenato en esa forma.

Por su parte, el pasebol, género híbrido entre el paseo vallenato y el bolero (también llamado por algunos como “bolero guapachoso”), nace en Barranquilla; su creador fue José “Cheíto” Velásquez (hermano y cantante de Aníbal Velásquez) quien grabó a inicios de los 60´s “Esperanza” en el sello Eva, la primera canción en ese formato de fusión. 

Vayamos a la voz autorizada de Alfredo Gutiérrez, quien entrevistado por su biógrafo Fausto Pérez Villareal para su obra “Aníbal Velásquez: El mago del acordeón” (2012: 72), explica y aclara: “El padre del pasebol es José Velásquez. Creo con absoluta humildad y sin falsa  molestia, que Rubén Darío Salcedo con sus letras y yo con mi interpretación fuimos los más notables intérpretes, sin desconocer la paternidad de José Velásquez en la creación de ese género".        

Por otra parte, vayamos a los intérpretes. Si se argumenta que el paseíto y el pasebol son solo sabaneros porque algunos de sus grandes intérpretes como Gilberto Torres, Alfredo Gutiérrez o Aniceto Molina son nacidos en la Sabana, no es menos cierto que otros como Calixto e Ismael Rudas son cesarenses. 

Hoy en día son formas que se mantienen vigentes porque músicos vallenatos como Diomedes Díaz, El Binomio de Oro, Iván Villazón los interpretan y graban, más incluso, que los intérpretes de la Sabana. Silvestre Dangond ha puesto a sonar paseaitos como “Listo Calixto”, “El hit” de Calixto Ochoa  y “Novia ingrata” de Julio de la Ossa para dar el ejemplo más reciente. La supervivencia de estas dos formas está más en manos de los intérpretes del género vallenato que de los del llamado "música sabanera" pues ya prácticamente nadie en esa zona compone paseboles ni paseaitos. Sin embargo, algunas canciones de la nueva ola bien se ajustan a este formato ("La patineta loca", "El coleto" entre otras). 

A esta altura de la sustentación, tendría que plantear que en mi modesta opinión, tanto el paseaito como el pasebol no son géneros musicales sino formas del subgénero vallenato, el que hace parte del macrogénero llamado y “música de acordeón del Caribe Colombiano”. Y no son géneros autónomos sino formas (o ritmos como se suelen llamar) porque no hay un solo grupo musical que se dedique exclusivamente a interpretar, grabar y difundir paseaíto y pasebol.

A esto se suma que el componente organológico de base de estas formas es el de la música vallenata: acordeón, caja y  guacharaca. Si  fueran géneros musicales tendrían su propia organología, intérpretes exclusivos, escuelas, festivales y diferentes perfomances y lógicas de difusión. Al menos eso es lo que la musicología define como características de los géneros musicales. 

Los egoísmos y fundamentalismos de lado y lado crean unos sesgos desde los cuales se vetan influjos y diálogos musicales entre una región y otra. Los puristas vallenatos se niegan a aceptar lo vallenato de expresiones como el pasebol y el pasebol, a estos sumo el fanderengue, creación de los sabaneros Miguel  Durán, padre e hijo, y que tiene ejemplos exitosos  como “La camisa rayá” y “El trago gorriao”. Como que si  la llamada “hostia sagrada” de las cuatro formas tradicionales se desacralizara  con el reconocimiento de nuevas formas, así que muchos la ven como una influencia foránea y perniciosa para una supuesta “pureza” que nunca ha existido ni en ésta ni en ninguna de las músicas del mundo. 

Por su parte, los sabaneros se niegan a reconocer que estas formas son  su gran aporte, aunque no el único, a la música que hoy es el principal referente sonoro del país. A muchos no les gusta que se le llame vallenato a la música que crean e interpretan, siendo vallenata y no otro género. Si nunca han producido vallenato si se entendería el disgusto, no se les llama "vallenatos" por nacer en el Valle de Upar sino por el género que interpretan.  “Eso es música sabanera” repiten y repiten desconociendo que tales formas han sido paridas desde el vallenato, que han tenido quizás sus mejores intérpretes en la Sabana pero que también hacen parte del repertorio de los vallenatos. Sustrato sabanero pero también vallenato, hay influencia sabanera en el vallenato, y es más notable en estas formas que como toda manifestación patrimonial, pertenece adonde tiene apropiación social y estos formatos hoy la tienen en todo el Caribe colombiano. 

No es para nada descabellado pensar como lo hace la mayoría de consumidores de música de acordeón, que tanto el paseaito como el pasebol son parte de la música vallenata. Así lo asumen y si hay algo tozudo son las representaciones sociales populares pues están fundadas en el sentido común. Así que por mucho que discutamos en foros académicos, “Los sabanales” seguirá rotulado como un vallenato y ojalá Chane Meza no se enoje por eso para seguir escuchando su virtuoso acordeón que ha dado estética a tantas canciones vallenatas. 

 

Abel Antonio Medina

 

Referencias

Nieves Oviedo, Jorge. (2006).  Travesías nómadas en la música del Caribe colombiano. En: El Caribe en la nación colombiana. Bogotá: Museo Nacional de Colombia-Observatorio del Caribe colombiano.

Oñate M, Julio. Una genialidad de Calixto Ochoa. (12, 04, 2012). Diario El Pilón. Valledupar
Pérez, V, Fausto. (2012). Aníbal Velásquez: el mago del acordeón. Barranquilla: La Iguana Ciega. 

4 Comentarios


Luis Carlos Ramirez 15-07-2016 07:31 AM

Con todo respeto, no nos podemos ir por el lado fácil de adoptar el sentido común de las mayorías y por ello asumir que todas las musicas de acordeón pertenecen al subgénero vallenato. No podemos meter a las musicas del valle del Río Magdalena en ese mismo saco tampoco ni decir que desde la Provincia de Padilla fue que se extendió la musica de acordeón al resto de la costa. Las primeras grabaciones se hicieron por interpretes Magdalenenses y el acordeón entro por diferentes puertos dando paso a la interpretación de diferentes músicas con el: Usted olvido el porro, la cumbia, los fandangos, las gaitas y demás. Lo que se debe hacer es pedagogía para la diferenciación no para la generalización.

Moisés Morante N. 07-09-2017 06:48 AM

si escudriñas en el tiempo te vas a percatar que fue Amado Cervantes Hernandez de El Carmen de Bolívar, quien donde en Discos Tropical gerenciado y dueño del libanés Fortul grabó un par de temas con el acordeón de Hector Romero entre los temas "Amor Muerto" y "Mala Mujer" . la carrera de Amado fue efímera ya que era paciente psiquiátrico. Contaba Amado que al bajar las escaleras del estudio de grabación subía el conjunto de Anibal Velasquez a quien le encantó el neoritmo y tiempo después grabó en la misma casa disquera. Gracias Moises Morante Narvaez. . cel 3012930105 moisesmoranten@hotmail.com

Moisés Morante N. 07-09-2017 06:49 AM

si escudriñas en el tiempo te vas a percatar que fue Amado Cervantes Hernandez de El Carmen de Bolívar, quien donde en Discos Tropical gerenciado y dueño del libanés Fortul grabó un par de temas con el acordeón de Hector Romero entre los temas "Amor Muerto" y "Mala Mujer" . la carrera de Amado fue efímera ya que era paciente psiquiátrico. Contaba Amado que al bajar las escaleras del estudio de grabación subía el conjunto de Anibal Velasquez a quien le encantó el neoritmo y tiempo después grabó en la misma casa disquera. Gracias Moises Morante Narvaez. . cel 3012930105 moisesmoranten@hotmail.com

Moisés Morante N. 07-09-2017 06:50 AM

si escudriñas en el tiempo te vas a percatar que fue Amado Cervantes Hernandez de El Carmen de Bolívar, quien donde en Discos Tropical gerenciado y dueño del libanés Fortul grabó un par de temas con el acordeón de Hector Romero entre los temas "Amor Muerto" y "Mala Mujer" . la carrera de Amado fue efímera ya que era paciente psiquiátrico. Contaba Amado que al bajar las escaleras del estudio de grabación subía el conjunto de Anibal Velasquez a quien le encantó el neoritmo y tiempo después grabó en la misma casa disquera. Gracias Moises Morante Narvaez. . cel 3012930105 moisesmoranten@hotmail.com

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