Música y folclor

Elogio de la dificultad en el vallenato

Héctor González

03/10/2016 - 09:50

 

Los niños vallenatos de la Academia del Turco Gil / Foto: Archivo PanoramaCultural.com.co

Parafrasear el título del célebre escrito del pensador antioqueño Estanislao Zuleta, quien tiene un apellido que más parecería perteneciente a una de las dinastías musicales vallenatas, me viene como anillo al dedo para ilustrar cómo es posible determinar la mayor trascendencia artística de la expresión tradicional, en contraposición con las nuevas propuestas –a veces ni tan nuevas– impulsadas por los intereses comerciales en subgéneros que se denominan, de forma confusa y genérica, con palabras como Fusión, Nueva Ola y otras.

Con motivo de la Declaratoria del Vallenato como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, fui invitado por la Fundación de la Leyenda Vallenata a participar en un conversatorio sobre el significado de esta nominación y de las recomendaciones que hiciera la Unesco sobre la salvaguarda de los valores estéticos de la expresión que algunos estudiosos, como Daniel Samper, prefieren llamar “clásica”. Mi intervención en ese foro ahora me sirve de base para desarrollar un poco mejor las ideas generales que traté de esbozar allí.

¿En dónde radica la esencia del Vallenato como discurso musical? ¿Existen parámetros que nos permiten medir esa elusiva cualidad relacionada con la idea de “verdadero” o “auténtico” u otros calificativos similares? ¿Es posible afirmar, más allá de la apreciación subjetiva que proviene del gusto por el género, que los usos musicales de la tradición tienen más valor estético que otros propuestos recientemente? La respuesta a todos estos interrogantes no es fácil, pero tampoco imposible. Quizás, uno de los soportes que puede permitirnos hacer una estimación axiológica objetiva, se encuentra en la apreciación de la complejidad de las estructuras musicales que han llegado a caracterizar el Vallenato tradicional, como una suerte de cultivo de la buena dificultad de la que habla Estanislao Zuleta.

La pregunta siguiente sería, entonces, ¿cuáles son los elementos que caracterizan el buen Vallenato que, después de un análisis musicológico, deberían preservarse en la creación actual? Para aclarar este asunto, es necesario hablar de los rasgos estructurales típicos de un universo finito, que traté de describir y analizar en mi libro Vallenato, tradición y comercio. En efecto, desde la perspectiva técnica musical es posible establecer, por ejemplo, que el lenguaje sonoro del Vallenato se inscribe dentro del ordenamiento melódico–armónico del Sistema Tonal europeo, que se ha empleado desde el siglo XVII [1]. Las características morfológicas del acordeón que se utiliza –el diatónico de botones– no permite alejarse mucho del esquema tonal más simple y algunas personas, músicos incluidos, las consideran una limitación del género.

En realidad, a mi modo de ver, se trata más de un prejuicio que otra cosa. El Canto Gregoriano, considerado uno de los pilares de la música de Occidente, también construye su discurso con 7 sonidos ¡y a nadie se le ocurre decir que se trata de un género limitado! Pero, si aceptamos que otras manifestaciones típicas o populares tienen mayores desarrollos en los aspectos melódicos y armónicos que el Vallenato, uno de sus más grandes activos se encuentra en el tema rítmico, al igual que el resto de la música caribe.

En los sustratos de la conformación del Vallenato tradicional, por varias vías, se consolidó un fuerte mestizaje con la rítmica africana. Este atributo es, sin duda, uno de los grandes valores de la expresión típica. Para nadie es un secreto que la cultura musical africana es rítmica por antonomasia. En ese continente se desarrollaron tratamientos complejos de células que parten de estructuras multi–heterométricas y polimétricas [2], que son realizadas con toda naturalidad por los intérpretes de la música de la Costa Atlántica, en general, y los de la música del formato de acordeón, de manera particular.

Esa complejidad rítmica aportada por la cultura de los esclavizados que llegaron a América, reforzó un proceso de mestizaje que había sufrido el discurso musical europeo durante, al menos, 15 siglos de intercambio con los pueblos norte y subsaharianos. España, por cercanía geográfica y por su propia historia de intercambios culturales, no pudo sustraerse a estas influencias que son claramente apreciables en las danzas transculturadas a los territorios de ultramar desde el siglo XVII, cuyos ecos todavía pueden escucharse en las estructuras rítmico–melódicas del merengue, para citar solo un caso evidente.

Los intérpretes del Vallenato, por lo general, aprenden a tocar todos los instrumentos del conjunto base y también del ampliado, es decir, la percusión antillana y, aún, la guitarra bajo. Esta admirable versatilidad ha terminado enriqueciendo el discurso musical en virtud del intercambio de roles instrumentales. En no pocas ocasiones, los diseños melódicos del acordeón consisten en secuencias de pocos sonidos cuya finalidad es construir estructuras de juego rítmico, que carecen de expansión melódica, lo cual confiere a este instrumento melódico una función rítmica. Por su parte, en ocasiones, la caja vallenata llega a ser empleada como instrumento melódico cuando se combinan golpes en varias partes de la membrana y el borde, para obtener sonidos de diferente altura. En el formato vallenato que incluye la guitarra bajo, es admirable el uso de este cordófono en un papel que dista mucho de la concepción de “base de la armonía” del pensamiento europeo, al ser tratado como un refuerzo de la percusión que, al mismo tiempo, puede efectuar extraordinarios desarrollos melódicos.

 

Héctor González

Docente Univalle - Cali

 

Notas:

1-. El Sistema Tonal emplea una escala de 7 sonidos de alturas sucesivas en la que se establece una jerarquía en la relación entre ellos. Se trata de un modelo bipolar en el que dos sonidos de altura diferente representan las ideas contrapuestas de tensión y reposo (dominante – tónica). Como consecuencia de la combinación simultánea de varios de estos sonidos, aparece la noción de “armonía”.

2-. Estas dos palabras técnicas hacen referencia a la combinación de diferentes patrones de medida en el ritmo, una práctica de construcción de estructuras complejas que se tiene en buen aprecio, y ha sido exaltada en la composición de grandes autores del siglo XX como el ruso Igor Stravinsky o el húngaro Bela Bartok.

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