Música y folclor

Los hermanos Benavides Cedeño: cuatro voces que nacieron para alabar a Dios

Samny Sarabia

15/12/2016 - 06:05

 

Escuchar el ensamble de voces de Noemí, Luis Ángel, Ana Sofía y Sarita es toda una experiencia sensorial. Sí, una experiencia donde de manera mágica se acoplan todos los sentidos para restaurar el espíritu, el alma. Los chicos de nueve, ocho, seis y cinco años respectivamente, conforman el único coro infantil a cuatro voces que se conoce en Valledupar.

Desde el punto de vista netamente humano, ‘Alabanza perfecta’, nombre con el cual se conoce este grupo vocal, es pretencioso pero desde el contexto de las escrituras, de la boca de los niños pequeños proviene la alabanza que más agrada a Dios, una sin imperfecciones. El corazón de los niños, puro y siempre dispuesto a perdonar, les permite dar con gozo.

La misión principal del particular coro, según sus padres, Jair Benavides y Sofía Cedeño, es predicar el evangelio en todo el mundo a través de sus canciones; razón por la que consideran que sus hijos fueron privilegiados con esas voces y otras habilidades para la música y la interpretación de diferentes instrumentos.

¡Efectivamente, han empezado a cumplir su misión! Las voces de los niños que no superan los diez años de edad ya se han escuchado en Estados Unidos, país donde en octubre del 2015 llegaron para ofrecer, por primera vez ante el público, cuatro conciertos en La Florida.

Aunque poco se sepa de ‘Alabanza Perfecta’ en el departamento del Cesar, lo cierto es que han realizado presentaciones en diferentes lugares del país como Sogamoso, Bucaramanga, Medellín, Carmen de Viboral (Antioquia) y en Valledupar. La meta es llegar hasta Egipto, logro que puede verse realizado en el 2017; gracias a unos planes misioneros que prepara para el próximo año la iglesia donde los Benavides Cedeño se congregan.

En pocas semanas, ‘Alabanza perfecta’ tiene un vídeo en Youtube que ya alcanza las 9 mil reproducciones. Con él han logrado captar la atención del público de países como Brasil, Estados Unidos, República dominicana, Brasil, Argentina y México. Precisamente, ese vídeo les abrió camino como participantes y posteriores ganadores en un concurso internacional realizado por una productora de música góspel en Texas, USA, a principios de noviembre de este año. El premio consiste en la producción de una canción con el importante sello discográfico.

El valor de resaltar al cuarteto infantil ‘Alabanza perfecta’ radica en la complejidad y en la rareza de encontrar un grupo vocal en Valledupar e incluso, en Colombia, que sea capaz de hacer lo que estos pequeños hacen de manera natural y sin rigurosidad alguna en el entrenamiento de sus voces.

Nacidos y criados en un entorno musical, Noemí, Luis Ángel, Ana Sofía y Sara cantan en español, inglés y francés. Jair, el padre; es un sogamoseño, titulado en música en la Corporación Universitaria Adventistas (UNAC de Medellín); ciudad en la que conoció a Sofía Cedeño, una valduparense que vivió por algunos años en la capital antioqueña mientras se graduaba como licenciada en lenguas extranjeras de la Universidad de Antioquia, claustro donde también estudió un año de canto lírico. Ambos le han inculcado a sus hijos, el amor por la música, por la familia y especialmente, la promesa que Dios tiene para cada una de sus vidas. 

El proceso de este grupo vocal tiene alrededor de cinco años. Todos cantan desde pequeñitos pero no iniciaron cantando a voces sino separados. Al principio, coordinados solo lo hacían Luis y Noemí, Ana y Sara se unieron hace un año. Empezaron haciendo canon, interpretando música que tiene una contestación y en algún momento se cruzaron y surgió una armonización espontanea, un equilibrio nada fácil de lograr para niños tan pequeños y que no poseen la disciplina ni el trabajo vocal necesario.

Más que las instrucciones musicales de sus padres para hacerles sacar las voces, la mayor escuela de ‘Alabanza perfecta’ ha sido escuchar música vocal de excelente calidad, principalmente cuartetos masculinos como ‘Gaither Vocal Band’ y ‘Los heraldos del rey’; grupos con mucha trayectoria y los preferidos por la familia.

“Muchos dirán que ellos tienen esas voces por la disciplina y el esfuerzo pero en verdad, nosotros no somos de sentarnos a practicar durante muchas horas, sino a cantar. Hacemos la lectura del culto de familia, estudiamos juntos las historias de la biblia, sacamos un piano, la guitarra y empezamos. Vamos metiendo voces si nos gusta cómo suena, lo pulimos y así arrancamos”, dice la madre, Sofía Cedeño.  

Noemí toca ventajosamente el piano, la guitarra, la flauta y las campanas. Luis posee una destreza singular para armonizar y sacar voces pero además interpreta el piano, la trompeta, la flauta y las campanas. Ana Sofía toca campanas y el piano; instrumento con el que también la pequeña Sara se está familiarizando hace un tiempo.  

Las voces son su especialidad, los niños están en capacidad de cantar a dos, tres y cuatro voces naturalmente, a capela o con  instrumentos en vivo. No todos los músicos profesionales o con más recorrido tienen la destreza de sacar dos voces espontáneamente pero Luis Ángel es supremamente hábil para eso, para hacer segundas voces. Anita y Noemí también tiene la habilidad, la segunda en menor proporción pero la está desarrollando muy bien, y Sara no saca voces pero es capaz de mantenerla; cualidad que no caracteriza a sus hermanos.

La familia Benavides Cedeño al completo Jair y Sofía, ambos educadores, manejan la teoría que para los niños con destrezas especiales como los suyos, no solo en la música sino en otras artes y el deporte, las largas jornadas escolares se vuelven un obstáculo en su desarrollo por eso han dispuesto una educación de carácter diferente para sus hijos.

Los niños no están actualmente escolarizados, aducen que con el sistema educativo colombiano, los niños terminan agotados a pesar de estar sedentarios la mayor parte del tiempo que están en la jornada de escuela. Están convencidos que la educación se obtiene más por experimentación y el papel del juego libre en el descubrimiento y la curiosidad que es lo que alienta el deseo de conocer y dichas condiciones, son escasas en la vida escolar.

A medida que a Noemí se le acercaba el momento de iniciar su vida escolar, sus padres prolongaron su entrada a la escuela porque su prioridad era pasar el mayor tiempo posible con su hija hasta que conocieron y se inclinaron por la Homeschooling o ‘educación en casa’, un método de educación alternativa, libre de estructuras y supervisada directamente por los padres o tutores del homeschoolers, que en este caso, vendría siendo el estudiante. Aparentemente,  los Benavides Cedeño son la única familia de homeschooling de Valledupar.

En Colombia, la experiencia de la “educación en casa” es una tendencia que no está definida legalmente pero que sigue en crecimiento. Cada vez, más padres que no están conformes con el sistema educativo y que tienen la posibilidad de dedicar mucho tiempo a sus hijos, están eligiendo la educación en familia como opción para sus pequeños. En el país, se encuentran grupos de apoyos en las redes sociales e internet para orientar a los padres que tienen inquietudes sobre este método educativo.

Cuando salen de viaje, aprovechan para llevarlos a museos, parques interactivos y otros lugares donde ellos puedan experimentar el conocimiento que han adquirido de los libros en casa o de internet. Trimestralmente, los niños se presentan en un colegio de la ciudad que accedió a certificarlos, donde les aplican un examen correspondiente al currículo que maneja el plantel educativo, de acuerdo al grado escolar que necesiten certificar. En el caso de los Benavides, los resultados han sido favorables, los niños han demostrado estar académicamente por encima de sus similares que van al colegio diariamente.

“La educación genera mucho estrés. Las cosas que los niños ven en la vida real no están en la escuela y las cosas que ellos viven en la escuela, de alguna manera, son más fáciles de reemplazar en la vida cotidiana porque se supone son experiencias artificiales que emulan a las reales”, dice Sofía.

El estilo de vida que llevan les ha permitido a los niños adquirir por experiencia propia, los conocimientos que podrían tomar en el método de aprendizaje tradicional. Por ejemplo, los Benavides Cedeño son veganos y sus hijos saben por qué no comen alimentos de origen animales y sí vegetales; en ese saber está implícito el conocimiento de la anatomía humana, del comportamiento del cuerpo, de los proceso de la digestión, de la respiración, por qué el cuerpo necesita cierta cantidad de agua, etc. Ellos saben el proceso de germinación de una planta no solo porque la ven en los libros sino porque han hecho huertas.

Otro de los objetivos de la escuela en términos prácticos sería por ejemplo, hacer operaciones matemáticas o estudiar las medidas de peso. Ellos lo que hacen es trasladar la operación matemática a la vida real; los niños son llevados a mercar o a hacer cualquier otra compra que la familia requiera y de esa manera, los niños pueden pesar los alimentos que van a llevar, sumar, restar, dividir y multiplicar pero también experimentar la situación real. Con las monedas que guardan en sus alcancías han aprendidos los múltiplos y los billetes didácticos les han servido para contar y distinguir ágilmente, incluso en dólares.  Los niños hacen cosas jugando y cosas reales, sobre todo, reales.

Sin embargo, el logro más importante que Jair y Sofía han dado a sus hijos es alimentar su parte espiritual, han tenido tiempo para enseñarles a sus hijos las cosas de Dios, “Eso ha sido lo más importante. Ellos han tenido la oportunidad de estudiar la biblia con calma. Si nuestros hijos saben mucho de matemáticas y de las otras áreas, saben muchísimo más de la biblia”, comenta muy orgulloso Jair.  Estudiando la biblia les han enseñado naturales, geografía, matemáticas, geometría e incluso, nociones de arquitectura.

Jair y Sofía abrieron desde finales de 2009 el Instituto para el Desarrollo del Lenguaje Integral ( IDELI), donde dictan clases de canto, piano, guitarra, cuerdas y vientos a niños desde los tres años de edad, entorno que también ha aportado a que los cuatro niños desarrollen habilidades e interés en la música y la interpretación vocal.

El vínculo que los Benavides Cedeño han logrado construir con sus hijos por medio de la música y de su particular estilo de vida es muy fuerte, sin embargo, el comportamiento que presentan no es el de unos niños sobreprotegidos ni dependientes. Noemí, Luis Ángel, Ana y Sofía son completamente autónomos de sus padres y entre ellos; la espontaneidad que manifiestan es de ser niños normales y felices, son  personas que se enfrentan diariamente a la realidad.

 

Samny Sarabia

@SarabiaSamny 

 

2 Comentarios


Pronto. Muchas bendiciones a los niños Benavides Cedeño y a sus dedicados padres. 15-12-2016 02:32 PM

En verdad Dios ha dado un don especial a estos niños y el ministerio que están llevando a cabo es el de recordar que Jesús vuelv

Mireya Flórez Granados 15-12-2016 02:38 PM

Felicitaciones a los niños Benavides Cedeño y a sus padres, estamos seguros de que Dios ha puesto un don maravilloso en su vida y lo están mostrado mediante el ministerio de contar que Jesús viene otra vez

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