Música y folclor

Un ‘paz y salvo’ espiritual para la Nochebuena

María Ruth Mosquera

20/12/2016 - 05:50

 

Juan Segundo Lagos y Rafael Manjarrez / Fotos: María Ruth Mosquera

La brisa de diciembre lo encontró lejos de los suyos, le zarandeó los sentimientos y le alborotó una enigmática melancolía que subyace en él y que se manifiesta cada mes de diciembre. “No sé por qué. Me pongo nostálgico, aunque no tengo razones para ello”. Rafael Manjarrez ya no busca esos motivos porque sabe que se trata de una relación simbiótica que sostienen la Navidad con la nostalgia y que llegan a su ser como algo natural.

Era la década de los ochenta y Manjarrez se encontraba en ese estado. Desde la distancia tomó un lápiz y ‘derramó’ en un papel todo lo que la brisa removió en sus entrañas: Evocó vacaciones pueblerinas, habló de discriminaciones del sistema socioeconómico, se dolió por enemistades inexplicables con los amigos de infancia y dio la bienvenida al año nuevo.

Regresó la imagen de Nelly Movil, su vecina de infancia, que por razones hoy empolvadas por los años se enemistó con él y con toda la familia Manjarrez, al punto de saltarse en los long play las canciones compuestas por él; incluso, no invitarlo a su matrimonio. Vino también el recuerdo de ‘El Negro’ Morón, su amigo asesinado, así como el de una novia que se fue: “Mis vecinos de infancia al tiempo fueron mis enemigos. Ya no van a mi casa, unos murieron otros se han ido; mi novia un día se casa, por circunstancias o por mi olvido”.

Uno a uno fue depositando sus sentimientos y cuando hubo terminado, se encontró frente a un ‘ensayo poético’ que no era otra cosa que la generalización de las cotidianidades humanas. “Diciembre se constituye para mí en un diván. Es como si el ambiente supiera todo de mí y comenzara a contrastarlo conmigo”, expresa Rafael Manjarrez.  

En otro ‘punto del tiempo’ estaba su paisano Juan Segundo Lagos, haciendo planes: “Ahora en diciembre cuando yo esté con mi vieja, voy a decirle a toditos mis hermanos que el aguinaldo más grande es tenerla a ella y que nosotros somos su mejor regalo”. Era un propósito que se alimentaba con lo la simbología que para él tiene esta época del año: “Es una época para poner de presente los afectos más importantes ¿y qué más grande que los padres?”, dice Juan Segundo Lagos.

Era un anhelo urgido por la añoranza de la distancia que se hacía más densa a medida que se acercaba ‘esa fecha’, y que quedó sintetizado en imágenes de ‘su vieja’ rodeada de sus retoños. Estaban todos, menos él, quien debió quedarse en Bogotá, experimentando en carne propia un frío intenso, que era en ese momento la traducción literal de la falta de calor humano que le tocó vivir. “Todos alcanzaban a llegar, menos yo”, pensaba el compositor, quien al igual que Manjarrez escribió una canción que es hoy legado para las generaciones.

Hace poco, Juan Segundo y Rafael rememoraron, en simultánea, las épocas de nacimiento ‘Bendito Diciembre’ y ‘En Navidades’, sentimientos cantados que cobran vigencia en cada diciembre, cuando se convierten en himnos de fiestas y estaciones radiales, en motivos de reconciliación, en un mensaje de esperanza que viaja con la brisa.

De la crítica a la reconciliación

Una canción con trazos de congoja y también de alegría, con tonos satíricos y al tiempo románticos, es ‘Bendito diciembre’; hace un llamado tácito el compositor a la igualdad, y rechaza la discriminación social: “Manda a un papa Noel conocedor que les reparta mejor a los niños su aguinaldo; este que hay aquí es adulador, siempre va al barrio mejor y a otros los deja olvidados”, dice en un aparte de la obra y añade en otra: “Tiemblas de emoción y de color, el pariente ya llegó a pasar su fin de año; de la pirotecnia en la ciudad, al pueblo vino a pasar, pascua el universitario”, hablando de él mismo cuando podía llegar a casa en diciembre.

Las tristezas son hoy asuntos del pasado, aunque Rafael Manjarrez no deja de percibir el espionaje que el viento hace a sus secretos en esta época del año y que es tan normal como los abrazos y la reconciliación que promueve: “Un feliz nuevo año, que sea de todos y para todos. Navidad sin agravios, en paz, en gracia, en buenos modos; de verdad sincerarnos, si por principio hermanos somos”.

Un mensaje de hermandad

La aspiración del bachiller Juan Segundo Lagos era convertirse en un abogado, pero para hacerlo debía embarcarse en la aventura de alejarse de su entorno cálido para radicarse a leguas de distancia de su patria chica. En la Universidad Católica, en Bogotá, se nutrió de los conocimientos que lo hicieron el abogado de prestigio que es hoy, pero también conoció las punzadas de la lejanía y aprendió a entronizar el cariño familiar como lo más grande.

“Me tocaba pasar muchas navidades allá. Esa ciudad es muy sola en diciembre. La gente se va de vacaciones”. Entonces, con los pocos costeños a los que les tocaba quedarse, por falta de recursos para viáticos, armaban un conjunto vallenato y se iban a alegrar las navidades de otros, interpretando las canciones de su entorno, aunque este significara vapulear más sus ‘dolores de terruño’.

En los repertorios de sus diciembres estaban las canciones de otros, como Rosendo Romero, ‘El Poeta de Villanueva’, quien ya había lanzado al espacio vallenato su ‘Mensaje de Navidad’, el cual le sirvió de motivación para hacer su propio mensaje. Así nació ‘En Navidades’, una canción que invita a la reconciliación, a partir de experiencias: “A todos los amigos que se han peleado conmigo les voy a volver a hablar, porque es pecado vivirnos ofendiendo”, dijo, haciendo relación no sólo a una gresca universitaria en la que se había participado.

Y aunque se vaya para siempre el año viejo y haya dejado en nosotros sinsabores,

que en nacimiento de Jesús traiga de nievo la risa alegre que nos cura los dolores”.

(‘En Navidades – Juan Segundo Lagos).

 

María Ruth Mosquera

@Sherowiya 

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