Música y folclor

Una vida impregnada de carnaval

Samny Sarabia

23/02/2017 - 03:45

 

Claudio Cotes  / Foto: Samny Sarabia

 

Con el pasar de los años, el delgado y pálido cuerpo de Claudio Cotes Costa se ha convertido en un santuario por el que decenas de disfraces han peregrinado para venerar a un dios que cada año lo rejuvenece con su “aparición”: el carnaval.

No se puede contar con los dedos de las manos los disfraces con los que ha logrado arrancar miles de carcajadas a los desprevenidos que lo han visto camuflado entre tantos personajes, unos  importantes, algunos molestos y otros jocosos, todos de gran recordación en La Paz.

Con la desaparición de la fiesta de los carnavales del calendario del pueblo, se desdibujó del  imaginario de la mayoría de sus habitantes pero imposible diluirse de la memoria de Claudio Cotes; aún recuerda con detalle los años en que se disfrazaba de doña Alicia Olivella a quien cariñosamente le decían ‘Alicia la del Mungo’ porque así apodaban a su marido.

En su mente tiene un lugar especial el disfraz que incluía a una burra vestida de buldócer pintada de amarillo para simular una máquina Caterpillar; una crítica jocosa que hacían él y otros pacíficos que iban a carnavalear a Valledupar a ‘Pepe’ Castro y José Antonio Murgas, aspirantes a la Cámara de representantes en la década del 70.

En una de sus corridas para exhibir el disfraz, Claudio Cotes casi pierde la vida. En un recorrido de La Paz a Valledupar, la vieja camioneta ´La peresia’ en la que transportaban a la burra, se salió de la carretera y colisionó con un tronco de guayacan. Ni el aparatoso accidente que le dejó múltiples golpes y fracturas mermó el brío carnavalero del ahora octogenario señor. 

En un año en el que no escogieron reina de carnaval, Cotes Costa se inventó junto a sus amigos una comparsa que figuraba al Rey de España y su corte real como crítica a la ausencia de soberana de las carnestolendas. Así, tiene muchas anécdotas con las que manifiesta su devoción y marcado compromiso con la celebración del popular festejo. 

Los disfraces eran seleccionados de manera congruente a las situaciones que se vivían en el pueblo donde se articulaba la creatividad cómica de ‘Tin’, Alirio y Claudio Cotes, Juan Urbina, ‘Lucho’ Acosta, Arquímedes de la Hoz, Juan Carlos Olivella, Gustavo Gutiérrez ‘El Keka’, entre otros con la confección de la señora Ofelina Torres.

Anterior a esa gran camada de seguidores del carnaval, cuando algunos de ellos eran niños y otros picaban la adolescencia, los disfraces cobraban vida en los cuerpos Luis Silvestre, Juan Ramón y ‘Guille’ Gutiérrez, Antonio Torres y Andrés Sierra. Fallecidos ellos Claudio Cotes y sus contemporáneos se abrieron paso con sus llamativos disfraces en los carnavales de la Paz, San Diego, Manaure y Valledupar.

El ambiente era sabroso, se vivía el carnaval en las calles con los disfraces, las comparsas y no faltaban los famosos salones de carnaval como el ‘Central’, ‘El limoncito’ y ‘El polvorín’ distinguidos por sus techos de palmas adornados con cadenetas de papel de colores donde las reinas demostraban sus habilidades para la danza. Un panorama hermoso y colorido que representaba la alegría de un pueblo.

En esa época, cuenta Claudio Cotes que a algunas niñas de sociedad no les era permitido por sus padres ir a los salones de carnaval, entonces, éstas se escapaban y para salvaguardar su anonimato se tapaban el rostro con antifaz y capuchones de colores. Sin embargo, llevaban un número que expedía la Tesorería Municipal, lugar donde el nombre quedaba registrado en caso de presentarse inconvenientes. “Nunca sucedió nada, nunca se abusó de nadie”, dice.

Otra de sus facetas es el recitador de letanía, fue una de las primeras personas que incorporó las letanías a los carnavales de La Paz, inspirado en los letanos que escuchaba a través de las emisoras de Valledupar. Con ellas ha criticado jocosamente a cada uno de los mandatarios que han pasado por el municipio y se ha referido a la cotidianidad que ocasiones es más divertida que cualquier verso que pueda imaginar. Su capacidad y talento para componer letanías sigue siendo punzante.  

Aunque Claudio Cotes Costa nació en Manaure cuando éste municipio aún era corregimiento de La Paz, se considera pacífico ciento por ciento. Seis meses después de aquel 04 de abril de 1940, día en que llegó al hogar de José María ‘Pepe’, Cotes y Rita Costa se fueron a vivir a La Paz y con 76 años de vida nunca se ha ido. Años que solo se reflejan en la cédula porque su vigorosidad florece cuando se trata de celebrar los carnavales o las fiestas patronales de San Francisco de Asís.

“Yo me considero más pacífico que manaurero porque aquí he vivido la mayor parte de mi vida. Soy pacífico y quiero a Manaure porque soy descendiente de allá, aunque los apellidos Cotes y Costa se extinguieron. Ahora voy a Manaure y me siento como extraño”.

Le duele mucho que los carnavales en La Paz hayan desaparecido por voluntad de un alcalde que prefiere no mencionar por no herir susceptibilidades ni entrar en conflicto porque no es un hombre de problemas, al contrario, su vida se ha basado en ofrecer alegría y servicio a su comunidad.

Aunque apenas era un niño –recuerda que- ni siquiera lo sucedido en la Tuna aquel fatídico 02 de febrero de 1952 ni la tragedia acaecida el 05 de febrero de 1972 cuando un avión de la empresa Transportes Aéreos del Cesar TAC se accidentó en el Cerro Azul cerca de Valledupar, donde perecieron 15 pasajeros y 4 tripulantes, entre ellos la distinguida dama de La Paz, María Teresa Araujo, el médico Enrique Ariza y el manaurero Julio Ovallo, fueron motivos para prohibir los carnavales. En la segunda tragedia, se suspendieron por consideración al dolor de las familias caídas en desgracia.

Además de la alegría y el aporte realizado a los carnavales, Claudio Cotes es reconocido en La Paz por su amplio valor cívico. Fue miembro fundador de la Sociedad Amigos de Robles a cuya organización legó importantes aportes sociales a la comunidad. A ella se le debe la gestión del Colegio Ciro Pupo Martínez ante la administración departamental del inolvidable Alfonso López Michelsen.

Con escasos estudios de contabilidad y mecanografía realizados en el Instituto América de Valledupar, Claudio Cotes Costa fue alcalde de La Paz en el año 1984 cuando los mandatarios locales eran nombrados por decreto. Su periodo de once meses frente a la administración municipal fue por voluntad del señor gobernador Luis Rodríguez Valera por recomendación de los doctores Aníbal Martínez Zuleta y Alfonso Araujo Cotes.

Fue un excelente estudiante y un administración ejemplar. Orgulloso se siente al referirse a todos los escritorios por los que ha pasado porque en cada uno de ellos ha desempeñado de manera eficiente sus funciones. Dependiente de la Contraloría General de la República, se ha desempeñado como revisor fiscal de la Lotería La Vallenata, colector de hacienda municipal de La Paz- Robles cuando era departamento del Magdalena, mensajero de la Clínica El Sagrado Corazón de Jesús de Valledupar.

También como cajero, pagador, recibidor y jefe de cuentas corrientes del Banco Cafetero, cajero en el Banco Comercial Antioqueño en Codazzi, cajero del Banco del Comercio en Valledupar, auditor ante Telecom ante Valledupar también dependiente de la Contraloría General de República, auditor del Fondo Educativo Regional (FER) y como concejal de La Paz en cuatro periodos.

Por el momento, mientras alberga la esperanza de celebrar nuevamente los carnavales en La Paz y para no darle cabida a la nostalgia en su corazón, no duda en ir a gozarse los carnavales al vecino municipio de San Diego donde también es distinguido por su alegría y devoción al carnaval porque sandiegano que no lo conoce es porque no ha nacido y así como lo él mismo lo expresa “cuando se ha nacido y vivido lleno de jolgorio y con un amplio don de servicio, difícilmente se tiene miedo a perecer porque la vida bien vivida es la que se vive sirviendo y alegrando los corazones”.

 

Samny Sarabia

@SarabiaSamny 

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