Música y folclor

Sí, vuelvo a Patillal

María Ruth Mosquera

09/06/2017 - 07:50

 

Juan José Corzo / Foto: María Ruth Mosquera

 

Es un buen motivo para regresar, han expresado muchos patillaleros a quienes las dinámicas sociales y laborales mantienen alejados de los entornos de su infancia y juventud, de los vecinos con los que elevaron cometas, cavaron casimbas o se bañaron en La Malena, hoy musa de nostalgias y cuentos, fantásticos para las nuevas generaciones que los juzgan inverosímiles, ya que dan cuenta de un tiempo de aguas abundantes en lo que hoy es un cauce de arenas que son humedecidas por lágrimas esporádicamente robustecidas por los aguaceros.

Sí, volverán a Patillal muchos que nunca han dejado de hacerlo, como Juan José Corzo, un líder natural, con sus raíces y su esencia enraizadas en esa tierra de poetas, con el puentecito pueblerino, la lomita de piedras, los dos cerritos custodios, el entorno bucólico, la fauna cantarina, la magia eterna. Volverá Corzo Lúquez a dirigir por quinto año consecutivo el Encuentro de Canciones y Tradiciones, al que por cariño llama Festivalito, y que se ideó porque sintió insuficiente tener sólo un festival decembrino para honrar la cantera de arte que es Patillal.

Creó entonces un encuentro equidistante de aquel, que convocara de igual manera la fuerza y pasión de las tradiciones, el contenido de las canciones, y que al mismo tiempo le abriera escenarios de circulación, visibilización y fortalecimiento artístico al semillero de arte que allá es tan inagotable como los cotoprices de marzo, los mangos de abril, los mamoncillos de mayo o las aguas del río Badillo cuando llueve en la Nevada. 

“El Encuentro Cultural de Canciones y Tradiciones busca descubrir nuevos talentos de las expresiones artísticas del pueblo patillalero; es un evento encaminado a rescatar, mostrar y abrir espacios de participación a los niños, adolescentes, compositores y artistas nacidos y descendientes de Patillal, para que el nuevo semillero de talentos se siga fortaleciendo, al tiempo que le aportamos a la salvaguardia de nuestra autenticidad Folclórica”, expresa Juan José.

En esos espacios se aprecia el talento, se robustece la esperanza hacia un arte imperecedero, que nace y se reproduce como lo hacen todos los organismos vivos, cuya esencia se va renovando a través de las generaciones, encarnada en nuevos individuos que traen la misma información genética en ellos y también para que los mayores hagan una visita a su pasado, evocando y repitiendo las usanzas de su infancia.

“Será una ocasión para rememorar tiempos de antaño cuando los habitantes del pueblo subíamos el Cerrito de Las Cabras; los niños galopábamos en caballitos de palo y los mayores en sus caballos por todas las calles y sabanas del pueblo”, confirma Corzo, quien hoy se desempeña como promotor cultural del municipio de Valledupar.

Y es que son esas las razones que lo inspiran para año tras año emprender la dispendiosa tarea de tocar nuevas puertas, conseguir los recursos y acondicionar la logística para traerle una alegría nueva al pueblo, para “rememorar esas épocas y encontrarse con esos lindos momentos”, para que las nuevas generaciones conozcan y se conviertan en portadores de la tradición oral, cantada, escrita, pintada y vivida del pueblo.

En consonancia con los objetivos de redimir las costumbres, cada año se exalta a un personaje que haya hecho aportes significativos a la memoria histórica patillalera. En esta ocasión, el escogido es  Emiro Hinojosa Zuleta, un hombre entregado en vida y alma a la cultura musical y deportiva, al que, por la fuerza del afecto y la proximidad terminaron llamando simplemente ‘Miro Zuleta’; siendo hoy en líder de los procesos deportivos que tienen lugar en el pueblo.

Se logra con estos homenajes también hacer los reconocimientos que bien merecen aquellos personajes cuyos nombres no se mencionan hoy en los círculos folclóricos o históricos, pero que están allí escritos, amén de su vida y sus obras; tal como sucede con Julio García, Tombe Arias y otros veteranos héroes anónimos de la cultura que han sido exaltados en este certamen.

Así las cosas, los 17 y 18 de junio, el encuentro será en Patillal. Habrá concursos de canción inédita, cantantes infantil y juvenil, piqueria, pintura y lectura infantil, así como un interesante conversatorio sobre la historia de Patillal y sus personajes insignes.

Será asombroso, pero normal encontrar a pequeños de tan solo cinco años, recitando de memoria los cantos de Octavio Daza o Freddy Molina, contando la biografía de Rafael Escalona y Tobías Enrique Pumarejo – Don Toba, dando cuenta del luto que dejó en Patillal Chema Guerra, contando sobre la preocupación colectiva reciente cuando la salud de Edilberto – Beto Daza se quebrantó, señalando la lomita de piedra donde sigue viviendo la familia de José Hernández Maestre, haciendo relatos de acompañamientos masivos a los Daza (Julio César y Toña) en el rey de reyes o contando episodios de los sentidos regresos José Alfonso ‘Chiche’ Maestre cuando viene al pueblo y no se quiere volver a ir.

Será la ocasión para entender el canto aquel de Freddy Molina cuando –triste y reflexivo– predijo el fin de los tiempos de la cometa, cuando San Lorenzo les mandaba brisas propicias, las mariposas en La Malena, las casimbas que son recuerdo y el profesor Juancho que le pegaba si llegaba tarde al colegio; profesor que hoy se sienta todas las tardes de domingo conversar con su pasado frente al parque de los compositores.

Seguramente todos los que vengan, se despedirán entendiendo también a José Hernández Maestre cuando dijo que “Patillal es como una melodía, que al oírla nos provoca cantar” y se harán una promesa antagónica a la de Armando Zabaleta, pues dirán Sí vuelvo a Patillal.

 

María Ruth Mosquera

@sherowiya

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