Música y folclor

El Vallenato-protesta de Máximo Jiménez

Luis Carlos Ramirez Lascarro

29/08/2017 - 07:05

 

El cantautor Máximo Jiménez / Foto extraída del documental Máximo Jiménez y el Vallenato Protesta

 

En la música vallenata hay una serie de temáticas recurrentes entre las cuales la que menos reconocimiento tiene como vertiente particular compositiva es la de El Vallenato Protesta. En esta rama temática del cancionero vallenato hay artistas muy reconocidos con números destacados que se pueden enmarcar en este estilo, sin embargo ninguno de ellos ha dedicado de manera exclusiva su discografía y su vida misma a cantarle a la tierra, a los campesinos, a los desposeídos y oprimidos, a la violencia y el desarraigo, como si lo ha hecho Máximo Jiménez: el Juglar que no le canta a las mujeres.

El caso de Máximo Jiménez lo conocí en el 2012 cuando fue expuesto en una ponencia del Seminario Internacional de Músicas Prohibidas organizado por la Fonoteca de la RTVC y que pudimos escuchar por medio de la Radio Nacional de Colombia, donde le fue dedicado, también, uno de los capítulos del programa: Grandes Músicos Colombianos.

Este juglar nació en una familia campesina de herencia musical el 1 de abril de 1949 en Santa Isabel, corregimiento de Montería, Córdoba. En su singular actividad musical se dedicó a la reivindicación del movimiento campesino y a la denuncia de las dificultades que afrontaron los miembros de la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos, movimiento que sostuvo una relación conflictiva con los líderes de las élites en procura de una transformación política y económica, dentro del cual el sector más dinámico fue el del campesinado de la costa atlántica colombiana, al cual estuvo vinculado Máximo, animando con sus canciones tomas de tierras, reuniones, congresos y parrandas en las que se invitó a la reflexión y se incitó a la acción, abogando por una reforma agraria como solución para la desigualdad social y económica sufrida por el campesinado colombiano, que golpeaba al agro y repercutía en el creciente conflicto armado.

Por esta actividad fue amenazado, sufrió varios atentados, con fortuna salvó su vida y, finalmente, en 1989, se exilió. Fue atacado por primera vez en 1973, siendo apresado durante dos semanas, sin tener ningún cargo en contra, mientras animaba la celebración de unos campesinos por la retoma de sus tierras.  Las casas discográficas no permitieron grabar sus canciones, por lo que sus trabajos vieron la luz gracias a sus propios esfuerzos o con el apoyo de colectivos agrarios como la casa cultural Víctor Jara de Montería. Sus discos son difíciles de encontrar ya que en muchas ocasiones las fuerzas estatales los rompían o confiscaban e incluso a los radios en los que se reproducían sus canciones.  La censura llegó al punto de que le fue prohibido, por decreto, cantar en un municipio de Córdoba y, también, recibió un mensaje claro desde el Festival Vallenato, el cual no quería que manifestara su visión y camino de vida en tarima y que mostró en sus dos participaciones rastreables: En 1974 en el concurso de Canción inédita con Confesión del Terrateniente, Paseo en el que deja ver, como ninguno antes o después, la concentración de la riqueza, las tierras y el poder de las armas en pocas y déspotas manos. Y en 1977 en el concurso de Acordeonero profesional con los temas: Usted señor presidente, El burro leñero y Productores de algodón.

En 1987 fue requerido en su propia casa por hombres armados, que no lo encontraron, y no pasaban, precisamente, a una visita de cortesía. En 1988, tras varios intentos aleatorios de asesinato, fue allanada su casa por supuesto porte de armas y fue apresado durante 14 días de manera, también, injustificada.

Luego de su salida a Europa, donde estuvo en Austria y Suecia, con la ayuda de Amnistía Internacional y la ACNUR, así como el apoyo de tres mil firmas que apoyaban su exilio, fue asesinado su hermano y uno de sus primos. Durante su exilio también murió su padre, haciendo aún más difícil esta etapa de su vida.

En su discografía, alimentada frecuentemente por composiciones de Luis Felipe Negrete y Andrés Beleño, encontramos más que una mera queja por el estado anómalo de las cosas a una herramienta política vinculada a la izquierda, permeada por su discurso, un instrumento pedagógico para las masas mayoritariamente iletradas, un vehículo de proselitismo en procura de levantar al campesinado deseoso de poder reivindicar sus derechos mínimos y aliviar la opresión histórica a la que se han visto sometidos, tanto entonces como ahora.

Esta convocatoria al levantamiento de los oprimidos se puede encontrar al final del Pasaje El Indio Sinuano, de David Sánchez Juliao, quien toma en la canción la vocería de su pueblo para proponer un ejercicio de reafirmación en lo propio de su cultura y una recreación de la explotación llevada a cabo por los españoles y defender esta tierra, que es su tierra, profetiza:

Oigan, blancos, les advierto, sí señor,

que mi raza volverá a estar como el sol,

a  pintarse los cachetes de color,

y a infundirles a ustedes miedo y temblor.

En el Porro Tapao Mensaje a mis hermanos, siguiendo la misma línea de la canción anterior, Máximo nos habla de la opresión y la segregación sufrida por los aborígenes desde la llegada del colonizador español, desdicha que compartieron y aún comparten con los negros esclavizados provenientes de África:  

Por ser indio saben que no tengo nada,

quinientos años han negado mis derechos,

todo el mundo me ha conocido la fama

y soy golpeado como mis hermanos negros.

Las denuncias de la discografía de Máximo son variadas, permeadas por el discurso de la izquierda, naturalmente, por lo cual se encuentran en ella palabras recurrentes en el léxico de quienes se inclinan por esta ideología, tales como: Imperialismo y Terrateniente, que se repiten con frecuencia en sus canciones.

Usualmente en sus canciones se describe una situación anómala y se promueve su corrección, como en el pasaje Pacho Camberra, en el cual Jiménez inicia enunciando múltiples tipos de abusos que usualmente cometen los terratenientes, aún en nuestros tiempos, aprovechando su posición de poder, como los siguientes:

Como siempre, siempre,

tú eres el mandamás del pueblo

que nombras acaldes

aunque no sepan firmar.

 

Marchan a tu vera

gorilas, víboras y perros,

que con lengua roja

lamen tu mediocridad.

Posteriormente le augura al arquetípico Pacho la venganza de la deshonra causada con el abuso sexual a una menor, además de la retoma de las tierras usurpadas por parte de los campesinos y obreros, organizados y agrupados:

Pacho Miseria mira la sierra

allá en la cumbre se viene organizando

todo el campesinado

pa’ darte la pelea.

 

Todos los obreros

de mi terruño colombiano

junto al campesino

confiscaremos tu tierra.

En el tema Las Escrituras, Jiménez no sólo invita a defender a los pobres, organizándolos, sino que nos muestra en su relato la apropiación indebida de las tierras en muchas ocasiones auspiciada por funcionarios públicos:

Defendamos los intereses de los pobres

Porque nunca nos han dado oportunidad.

Los humildes tenemos la conciencia noble,

pero si nunca nos defendemos el rico siempre nos disfrutará.

***

El pobre que roba por no morir de hambre

le llaman delincuente,

pero el ladrón que roba a sol caliente,

al rico roba tierra lo llaman del INCORA.

Esta no es la única de sus denuncias que toca a los miembros del gobierno. En el merengue La mejor versión, Jiménez señala de manera frontal a los nombramientos indebidos de funcionarios en puestos que no tienen nada que ver con la profesión que estos ostentan y que, en muchas ocasiones, son los culpables de los muchos males que aquejan a la nación:

Por eso yo sigo preguntando

y diciéndole a todos a cada hora:

Será justo que un abogado

tenga que ser director de INCORA.

 

Por eso a mí me nació cantar

pa denunciar las anomalías:

Será correcto en un hospital,

su director sea de agronomía.

****

Los abogados, ¿para qué son?

¿Economistas y los ingenieros?

Soy un ejemplo con mi acordeón,

por eso soy un acordeonero.

 

Todo profesional en su propio campo

puede sacar la mejor versión,

No debe agarrarse de otros campos

que no le permite su profesión.

En el paseo Confesión del terrateniente, no sólo nos muestra la concentración de la riqueza y las tierras en pocas manos, desde la voz de un gamonal, sino que, como ningún otro autor, pone en sus versos la forma en la que estos personajes ponen a su servicio el aparato jurídico y político de la nación:

Para defender mi tradición y propiedad

Redacté las leyes para que todos respeten

Y en el capitolio que le llaman nacional

Tengo un mucahchito que puse de presidente.

A ese gobierno que usualmente sólo existe para cobrar impuestos, pedir votos y repartir recursos en coimas y sobornos, en la participación de 1974 en el Festival Vallenato, le cantaron la tabla en el paseo Usted señor presidente, tema que ya denunciaba los infames grupos paramilitares y sus oscuros nexos con entes gubernamentales:

¿Usted señor presidente si está de acuerdo

que acaben los campesinos de su nación?

Si sabe que es un esfuerzo que están haciendo

para no morir de hambre con su opresión,

y manda su gente armada sin corazón

pa que vean correr la sangre de un hombre bueno.

 

Allá viene el campesino, con su burrito pal pueblo,

viene a cambiar por dinero, los frutos de su cultivo.

 

¿Usted sí se ha dado cuenta cómo es que viven?

Y lo que manda es miseria para esa gente,

eso es lo que hace usted señor Presidente

y así les quita lo poco que ellos consiguen.

Usted apoya un corbatudo terrateniente

el enemigo inmediato que los persigue.

En el paseo El gallinazo, Andrés Beleño continúa los señalamientos al gobierno, en esta ocasión hablando de la gran abstención usual en las elecciones, que termina facilitando el acceso a los puestos a los políticos impuestos por los caciques de cada pueblo o región.

Con el tiempo a los presidentes

Si les vota es la minoría

Porque las grandes mayorías

Ya no están para hacerles frente.

 

Que no digan que el candidato

Es aquél que ha elegido el pueblo,

Fueron unos cuatro lagartos

Que votaron por un pendejo.

Esta costumbre de poner e imponer funcionarios queda reflejada en el paseo La ley de la universidad de José Ángel Jiménez en el cual se habla de los puestos concedidos de manera amañada, con la famosa palanca, y la pocas posibilidades de ubicación laboral con la que se encuentran los recién egresados de las instituciones de educación superior en Colombia:

De qué vale que el tipo esté preparado

Si es que antes de examinar

hay gente seleccionada?

 

Cuando uno sale a hacer una solicitud

Sea para cualquier trabajo,

para poder mantenerse.

 

Dice el Patrón: Hijo de quién eres tú?

No importa qué haz estudiado,

A qué corriente perteneces?

Estos hechos de corrupción, que no fueron tocados antes en el cancionero popular colombiano, Luis Felipe Negrete los señala en el merengue La campana descompuesta, en el cual Máximo presta su voz para hablar, precisamente, de la corrupción develada en la prensa, cada día más creciente y que, a pesar de hacerse cada vez más visible y generar (aparentemente) más indignación, sigue con igual o mayor impunidad, tanto a nivel jurídico como electoral.

En la edición de la tarde el diario ratificó:

Secuestrador el alcalde y traficante el contralor,

Los maleantes andan sueltos, se dejó el juez sobornar,

está todo revuelto y hay gran déficit fiscal,

la policía se reparte la plata con el ladrón.

Jiménez no sólo denuncia y convoca, también conmueve con sus relatos de las consecuencias de la desigualdad y el conflicto que le tocó vivir entre el pueblo y y esa minoría que siempre ha manejado su destino, muchas veces con tiranía y crueldad. En el tema Niño Campesino nos aporta no sólo un claro testimonio de la opresión vivida por el campesinado, que con su trabajo mal pago enriquece a sus patrones, sino un desgarrador relato de las heridas de la violencia casi descontrolada que vivía el país en esa época y que aún no cesa del todo:

Llegó un niño campesino

a casa de don Fulano,

pasando miles martirios

y acompañao de un hermano:

 

Escúcheme don Fulano

Yo le vengo a proponer,

Mi padre me lo mataron

Y no tenemos qué comer.

 

Don Fulano ayúdenos

ahora que estamos chiquitos,

mi padre lo ayudó a usted,

ayúdenos un poquito.

En el paseo Porque no he de nacer, de Delio Romero, se pone en voz del mismo feto que sería abortado la descripción del discurso ofrecido por un médico a una joven pobre en procura de convencerle de practicarse el aborto, preguntándose este por qué si hay dinero para las armas, pero no para su comida:     

Qué desdicha, qué pesar,

qué desdicha, qué os parece,

no he cumplido cuatro meses

y ya me quieren matar.

 

A mi torrente sanguíneo

un veneno ha penetrado,

el que un médico asesino

a mi madre ha formulado.

Nos supo mostrar, también, Máximo, la dureza del exilio en la misma cotidianidad por medio del tema Idioma Español, en el cual muestra un poco de lo que hay que soportar cuando se sale a caminar:

Y ya en Europa central

establecido algún tiempo,

con ganas de trabajar

y no llegaba el momento.

 

Salió un trabajo ilegal

para recoger la nieve,

y me decían las mujeres:

Tienes que aprendé Alemán.

 

Para recoger la nieve

yo no necesito hablar,

necesito es una pala

para poderla quitar.

Finalizando este recorrido por la fascinante obra de Máximo, no se puede dejar de presentar el paseo El retorno, donde se pone de manifiesto la censura que ha sufrido Jiménez debido a su actividad artística y militante. Muchos fueron los comentarios:

“Máximo no vuelve a grabar,

ya se metió con el estado

y al fin le van a vetar”.

………………………………….

Y a mi pueblo sigo cantando

mis canciones ya conocidas.

Escuché ciertos comentarios:

¡Qué me habían quitado la vida!

Máximo Jiménez, cantautor e intérprete del acordeón, dueño de un estilo y una actitud interpretativa únicos en la música de acordeón del Caribe y en el cancionero popular colombiano en general es, ante todo, una víctima. Una víctima del estado que todavía no sabe quién orquestó las amenazas en su contra y quien cometió los asesinatos de sus seres queridos. Los casos quedan irresolutos, no han sido investigados siquiera y, por supuesto, ni él ni su familia han tenido reparación por estos sucesos.

 

Luis Carlos Ramírez Lascarro

@luiskramirezl  

 

Sobre el autor

Luis Carlos Ramirez Lascarro

Luis Carlos Ramirez Lascarro

A tres tabacos

Luis Carlos Ramírez Lascarro, Guamal, Magdalena, Colombia, 1984. Estudiante de Historia y Patrimonio en la Universidad del Magdalena. Autor de los libros: El acordeón de Juancho y otros cuentos y Semana Santa de Guamal, una reseña histórica; ambos con Fallidos editores en el 2020. Ha publicado en las antologías: Poesía Social sin banderas (2005); Polen para fecundar manantiales (2008); Con otra voz y Poemas inolvidables (2011); Tocando el viento (2012) Antología Nacional de Relata (2013), Diez años no son tanto y Antología Elipsis internacional (2021). Ponente invitado al Foro Vallenato Clásico en el marco del 49 Festival de la Leyenda Vallenata (2016) y al VI Encuentro Nacional de Investigadores de Música Vallenata (2017). Su ensayo: El Vallenato protesta fue incluido en el 4to Número de la Revista Vallenatología de la UPC (2017). En el 2019 escribe la obra teatral Flores de María, inspirada en el poema musical Alicia Adorada, montada por Maderos Teatro y participa como coautor del monólogo Cruselfa. Algunos de sus poemas han sido incluidos en la edición 30 de la Revista Mariamulata y la edición 6 de la Gaceta Hojalata (2020). Colaborador frecuente de la revista cultural La Gota fría del Fondo mixto de cultura de La Guajira. 

 

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