Música y folclor

El vallenato se volvió costumbre

María Ruth Mosquera

20/04/2018 - 07:05

 

El acordeonero José Daniel Nieto en la Plaza de Patillal / Foto: Maríaruth Mosquera

 

Ya la gente dejó de preguntarse en qué momento el acordeón, ese instrumento del pueblo, protagonista de ‘episodios incultos’, escaló estratos, llegó a las más altas esferas de la sociedad y logró posicionarse en el corazón de muchos foráneos cercanos y lejanos como la música de su preferencia.

Hace no tantas décadas, años sesenta y setenta, el interior del país estaba influenciado por ritmos europeos, pero a estas alturas el vallenato ha obtenido tal protagonismo en el gusto de las gentes del centro de Colombia y los festivales tanta relevancia, que ya el discurso del presidente de turno es uno de los puntos de la ceremonia inaugural del Festival de la Leyenda Vallenata, líder de estos certámenes.

Y no es extraño que sea así, pues cuando se creó el certamen, en el año 68, uno de sus fundadores fue el entonces Gobernador del Cesar, Alfonso López Michelsen, que más tarde, cuando se hizo presidente, ya tenía el acordeón empotrado en sus huesos y se dedicó a promocionar esa música, la música que llevaba en los genes por parte de su abuela paterna y que lo hacían vibrar. A partir de Alfonso López, los acordeones incursionaron en los círculos capitalinos, sin que fueran a decirle ‘corroncho’ al que los escuchara, pues se trataba del mismísimo presidente.

Entonces, se recuerdan imágenes de Gustavo Gutiérrez viajando en el avión de la Caja Agraria para ofrecer un recital en Palacio, al presidente Ernesto Samper tocando la caja, al candidato presidencial Horacio Serpa tocando acordeón. Cada final de abril se ve a Valledupar repleta de turistas venidos de los lugares más insospechados del país para escuchar los acordeones en manos de los herederos de Francisco El Hombre, Luis Enrique Martínez, Chico Bolaños, para untarse de sus historias con matices de leyendas.  

Al preguntar por foráneos amantes del Vallenato, enseguida surge el nombre de Gildardo Montoya, conocido como ‘El trovador del valle’, pero no de Upar sino de Aburrá, quien compuso en septiembre de 1976, ‘Plegaria vallenata’, uno de los clásicos de la música colombiana, grabada en diversas versiones y géneros. Montoya, oriundo de del corregimiento de Palermo, municipio de Támesis, departamento de Antioquia, compuso otros vallenatos como ‘Las memorias de Imelda’, ‘El guayabo’, ‘La verraquera’, ‘El indio mapuche’ ‘La muerte a caballo’ y ‘La ramita de ciriguaya.’

A lo largo de la historia del Festival de la Leyenda Vallenata se registra una extensa lista de concursantes no solo de todos los departamentos de Colombia sino de los lugares más insospechados del planeta, desde donde hombres y mujeres hacen verdaderas travesías para llegar a la cita de abril en Valledupar. Algunos han logrado cruzar la frontera de regreso triunfantes como el bogotano Beto Jamaica, quien después de varios discos grabados, muchas parrandas tocadas y varios intentos en tarima, regresó a la tierra de los acordeones y jugando de visitante le arrebató el triunfo a los acordeoneros de casa, coronándose rey del Festival de la Leyenda vallenata en el 2006; también Germán Villa, quien se autodenomina el primer rey cachaco de la canción inédita. Éste, un abogado, especialista en derecho tributario, enamorado y estudioso del vallenato, en el año 2012 se coronó rey de la canción inédita del Festival de la leyenda Vallenata, con el merengue el rey del folclor. Y así hay muchos otros ejemplos para mostrar que cuando de vallenato se trata, las fronteras no existen.

Y es que cada año, por la época del festival se genera la expectativa de conocer el listado de inscritos para saber de dónde vienen los acordeoneros que concursan, pues ya han venido de más allá de la frontera colombiana.

Promotores

Para que el folclor vallenato se extendiera a otras latitudes se necesitaron hombres y mujeres que lo promocionaran. Además de López, Escalona, Consuelo Araújo Noguera (la ex ministra de Cultura) cuya presencia era el vallenato mismo, patriarcas del Valle del Cesar como Pedro Castro Monsalvo, Crispín Villazón; los muchachos poetas y músicos de esta comarca como Tobías Enrique Pumajero, Santander Durán, Gustavo Gutiérrez y otros se encargaron de que a su paso por las ciudades centrales del país, mientras adelantaban sus estudios, la semilla del vallenato quedara sembrada en los corazones de sus compañeros de clase y de la vida.

Escalona y Bobea y Fontanilla y Alberto Fernández y Alfredo Gutiérrez en Chile, Argentina y México; y el Binomio de Oro, con su histórica actuación en el Madison Square Garden, y los Zuleta con el Nobel de Gabo y Jorge Celedón y Silvestre Dangond y los Grammy, y Carlos Vives que cuando grabó Clásicos de la Provincia, en 1993, con sus mochos de jean semirripiao y sus abarcas trespuntá, con Egidio siempre de sombrero y los sonidos de su banda La Provincia tan urbanos, tan gaiteros, tan rockeros, cantando cotidianidades tan rurales y de pueblo. Imposible era que el vallenato no trascendiera teniendo tan dignos embajadores en el mundo. Carlos Vives con su estilo, le enseñó el vallenato a muchos que no lo conocían.

Capítulo especial merecen personajes ‘dueños’ de los micrófonos y las plumas de la capital del país, como Enrique Santos Calderón (conocido el cachaco con corazón costeño), Juan Gossain, Daniel Samper, Pilar Tafur y muchos otros que saben y les gusta tanto el vallenato que se lo trasmiten a sus amigos, oyentes, televidentes y lectores por ósmosis.

Y qué decir de Gabo, quien dio vida a Macondo y a sus cotidianidades, escribiendo el ‘vallenato’ más extenso de la historia: ‘Cien años de soledad’, en el que resumió el quehacer y la esencia de esta provincia. No se puede dejar atrás a Álvaro Cepeda Zamudio, Jaime Olivilla, Marina Quintero, Tomás Darío Gutiérrez, Rafael Escalona, Rito Llerena, Julio Oñate Martínez, Consuelo Araújo Noguera, Aníbal Martínez Zuleta, Pepe Castro y otros que han escrito la historia de este folclor y han hecho que a través de sus páginas, el vallenato se lea aquí y en la ‘conchinchina’.

Así, el vallenato ha tomado posición del país, conquistando lugares en las estaciones radiales con muchas que son exclusivas para este género, incluso en Cali, el santuario de la salsa, y en otros países como México, donde ya se hacen festivales vallenatos, y Venezuela y más allá en Miami en España y en el mundo entero. En las páginas de los periódicos, los estantes de las librerías, en las discotecas, los conciertos cachacos, el vallenato es protagonista.

De este modo, el vallenato hace rato dejó de ser la música de la provincia del acordeón porque hace rato ya que ésta pasó a ser la música del mundo, como lo afirma Carlos Huertas Jr. a través de las voces de “El vallenato se volvió costumbre” y hoy es Patrimonio Inmaterial de la Humanidad.

Vallenatos hasta pa’ vendé

No se trata solo de una discotienda. Tal como ocurre con los mariachis, las grandes ciudades tienen sitios exclusivos a los que llegan consumidores de vallenato a comprar vallenato por horas.

Se ve en el Chapinero en Bogotá, en ‘La 70’ y ‘80’ en Medellín, y en otras ciudades donde los grupos se ubican a lo largo de las calles, afuera de los establecimientos públicos y llegan los clientes en carros y se los llevan a tocarles unas cuantas ‘tandas’ (entre cuatro y ocho canciones); luego, cuando están saturados de cantos vallenatos, les pagan y los despachan.

A través de las plataformas como ITunes, Deezer y Spotify los artistas suben sus producciones y los clientes hacen compras en línea. Pero el comercio no termina allí, pues incluso en MercadoLibre se encuentran ofertas de parrandas vallenatas sobretodo en Bogotá y pueblos de Cundinamarca como Chía, Soacha y Cota, con costos desde hasta 90 mil pesos o ‘precio por convenir’.

 

Mariaruth Mosquera

@Sherowiya

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