Música y folclor

El guayabo de un ausente

María Ruth Mosquera

01/05/2018 - 06:35

 

Miguel Ángel Marceles / Foto: Maríaruth Mosquera El que nunca ha estado ausente no ha sufrido un guayabo

Hay cosas que hasta que no se viven, no se saben”

Rafael Manjarrez (Ausencia sentimental).

Ahora lo sabía. Lo estaba viviendo. Podía dar testimonio detallado de cómo es esa sensación que recorre el cuerpo de un ausente, de las nostalgias que transitan por el tejido nervioso y se adhieren al corazón para apretujarlo contra el pecho, como en esos duelos por la muerte de un amigo, tal como lo describe Miguel Ángel Márceles, o Michelo, como ha sido sintetizado por los artilugios del afecto; sin dar más explicaciones, que al fin y al cabo no eran necesarias, para dimensionar cómo es el guayabo de un ausente, de una persona que desde que vino por primera vez a un Festival Vallenato en Valledupar nunca dejó de regresar, pero ahí estaba frente a frente con su primera vez.

El que nunca ha estado ausente no ha sufrido un guayabo. Hay cosas que hasta que no se viven, no se saben” (ver vídeo), corearon los presentes en la inauguración de la gran fiesta, con la alegría untada de melancolías que arrastra el himno del Festival de la Leyenda Vallenata, que no es otra cosa que una descripción de la melancolía de otro ausente: Rafael Manjarrez Mendoza, quien hace 41 años experimentó esa conmoción devastadora en el pecho al tener que quedarse y la única manera que pudo hacer catarsis fue aislarse “encerrado, temblando” a  escribir la letra que detallara su tristeza, su ausencia sentimental, sin ánimo siquiera para escuchar radio que lo enterara de cómo avanzaba todo.

Ahora le tocaba a él, a Michelo. Llevaba meses alistándose para el viaje. Había ensayado tanto la canción inédita, se había imaginado tanto cantándola en la tarima del concurso, con Mancel Cárdenas (el compositor) tocando la guitarra, sonriendo y cantando también aunque sin micrófono. Había anhelado tanto que el día llegara, que la abrupta imposibilidad para viajar lo enfermó más que la afección física que la estaba causando.  No podía ser cierto, se repetía sin dar tregua a asociar aquello como un episodio de serendipia en el que la vida le daba el torturante y maravilloso obsequio de vivir en cuerpo y alma una sensación que él buscó meses atrás.

Fue en febrero cuando, con un grupo de amigos y hermanos que le ha regalado la vida, armó una expedición hacia el contexto de Máximo Movil porque quería experimentar una canción que se le incrustó en el corazón desde que la escuchó, que grabará en una producción musical que está haciendo, pero que necesitaba vivirla antes de cantarla en el estudio. La obra ‘Está de fiesta mi pueblo’ describe el dolor de su autor, en la lejanía de una clínica, mientras en su pueblo tenían lugar las fiestas patronales de San Juan Bautista, y él evocaba todo y a todos, incluso a los amigos que se habían ido a la eternidad; como si en esos momentos se juntaran los pesares de la vida y las congojas presentes convocaran a las antiguas a una convención de estas que suelen consumarse en el corazón de los hombres sensibles.

Durante ese viaje, Michelo mantuvo una expresión de éxtasis, de asombro, como la de un niño cuando después de mucho tiempo por fin lo llevan a conocer a Mickey Mouse. Habló poco, escuchó mucho y cantó con el alma y las lágrimas; recorrió los sitios, imaginó la época, repasó la historia de los personajes de la canción de Máximo Movil y estrechó la mano de los que quedan vivos. También llevaba la intención de experimentar las circunstancias de ‘La canción del regreso’, una poesía melancólica del también compositor sanjuanero Juan Ariel Hinojosa, a quién pudo conocer, abrazar, cantar a dúo la canción y quedar casi sin aliento al cabo de tantas emociones. “Me está temblando hasta el alma a mí aquí”, decía. Así llegó a Patillal y se puso a cantar con su guitarra en la plaza del pueblo, con la luna que subía desde el Cerro de La Falda para iluminar el cúmulo de nostalgias propias y prestadas que llevaba en su humanidad, entendiendo que a veces es más fácil soltar las lágrimas que las palabras.

Así estaba ahora Michelo, siendo ese hombre sensible. En su lecho de enfermo, entre sueños y delirio, conectado a un suero, sin fuerzas ni claridad de ubicación, sintió “un beso y una mano amiga en la sala de emergencia”. Abrió los ojos y vio a Adrián Villamizar, su compañero de sueños y sentires, que como siempre estaba presente; entonces, ahí en medio de esa forma tan bonita que tiene el afecto para manifestarse, se le ocurrió que Adrián –que además es médico- podía ser el enviado que lo salvaría de esa ausencia tan terrible, entonces le hizo una propuesta indecente: “Le dije cuando fue a la emergencia (miércoles 25 de abril a las 8:00pm) que se fuera conmigo al día siguiente, que me llevara canalizado. Mi pensamiento era estar en La Paz acostado con el suero y cuando faltarán tres turnos me pusieran en la puerta de la Feria (lugar del concurso de la canción inédita vallenata). Adrián se salió de la habitación y llamó a Mancel. Le dijo que retirara la canción y se dedicó a consolarme. Fue un velorio de un festival, con muerto vivo, ataúd abierto, sin sacerdote, pero con hombre y guitarra bendita. Y el hueco se abrió en el alma”.

Mancel Cárdenas no lo dudó ni un instante en desistir de su participación en el festival, pues no lo haría sin Michelo, aunque eso lo golpeaba tanto como la salud de su cófrade, “pero muero en la mía. Somos compañeros y su tú no puedes pues yo tampoco. Primero la salud y lo demás es arandela. Vamos a mejorarnos y el año entrante nos desquitamos”.  Le animó a estar firme en su recuperación y le confirmó que había retirado la canción del concurso: “Si no eres tú, nadie la va a presentar”, le dijo.

Es esta la historia detrás del tachón en el listado de canciones inéditas preseleccionadas para participar este año en el festival de la leyenda vallenata que entregaron a los periodistas, ya que ‘Canción del olvido’, de la autoría de Mancel Pablo Cárdenas, fue retirada del concurso, por motivos que tienen que ver con el alma, con la amistad, con la lealtad, la fidelidad y la confianza, pues ¿quién iba a cantar esa canción como Michelo?, ¿qué otro cantante iba a lograr imprimirle tal sentimiento?

“Creo que quise vivir tanto la canción, que hasta me fui para la clínica en un festival:Está de fiesta la tierra mía está de fiesta mi pueblo, mis amigos están bebiendo y yo tan triste y tan lejos, en una clínica enfermo...”, expresa Michelo, ahora más que listo para cantar la canción de Máximo Movil, pues “ya sé lo que sintió”

¿Y qué sintió?

“Lo mismo que cuando muere un amigo”.

 

Mariaruth Mosquera

@Sherowiya

2 Comentarios


marquiturbay 04-05-2018 04:28 PM

Son solo las vivencias las que hacen de las letras almas que hacen vivir los cuerpos. Gracias por las lágrimas que evocaste evocando mis ausencias.

marquiturbay 04-05-2018 04:28 PM

Son solo las vivencias las que hacen de las letras almas que hacen vivir los cuerpos. Gracias por las lágrimas que evocaste evocando mis ausencias.

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