Música y folclor

Canta, canta, Diomedes

Jairo Tapia Tietjen

28/05/2018 - 06:25

 

Diomedes Díaz cantando Mi Biografía en la caseta El Tanganazo de Barranquilla / Foto: web Diomedes Díaz

 

En las fases del mimesis se hallan lo sublime y lo grotesco; sublime es el arte –en pintura, escultura o música- de superar la presentación de la realidad. En el terreno musical tiene lo sublime un papel inconmensurable. Se envuelve, como decía Víctor Hugo en un velo de grandeza o divinidad.

La fantasía ha parido muchos momentos sublimes en la composición vallenata con respetables antecedentes, entre otros, Escalona, Leandro Díaz y Rubén Darío Salcedo. El artista nos dibuja a su albedrío lo externo de sus criaturas, y se permite agregarle muchos atributos acoplando la insistencia de la rima con el tic tac acompasado del ritmo, con formas venustas del mito eterno femenino, mientras transforma lo terrenal del amor con tropos y metáforas que renuevan el lenguaje poético en convenciones que siempre han existido.  

Fue el cine mexicano quien más nos influyó con su visión sobre la pureza de la mujer, recatada y virginal, como la percibimos en boleros, guajiras y el son jarocho de Agustín Lara, García Esquivel y las prestigiosas voces y composiciones de Los Panchos, El Negro Peregrino, Roberto Cantoral, Jorge Negrete, Antonia del Carmen, “Toña la Negra”, y Pedro Infante, donde algunos llegaban hasta extremos caricaturescos de la muerte por amor, preanunciada en: “Cuando se quiere de veras / como te quiero yo a ti / es imposible mi cielo/  tan separado vivir”.

Es notorio el contraste con los versos atormentados y en estética de derrota como lo expresa el guajiro J.A. León: “Mi muerte cual la tuya, ha sido impía / y por eso, al mirarte, a veces me hallo, /  reflejándose en ti, la vida mía”.

Ah, tiempos, cuando el recato y el pudor eran garantes morales en la pareja y sus canciones populares. Nada de manoseos al abismarse las manos cintura abajo, expresada comúnmente por la tensa virilidad del que sonríe a una fémina que aún no sobrepasa límites domésticos o secundarios en la ruralidad ambiental, o aquellos versos que no dan lugar a discusiones: “En mi cama nadie como tú”.

O con plena desfachatez desproblematizada de la composición de Mateo Torres para Diomedes y Juancho Rois: Mi mujer vive enojada / Me dice que no la toque / Que a ella no le importa nada / Que haga lo que me provoque”.

Y a la vez con menor crudeza en José Asunción Silva: “Temblabas y eras mía bajo el follaje espeso; / una errante luciérnaga alumbró nuestro beso”.

Diomedes Díaz tuvo la fortuna del poeta que sabe emplear sus recursos y exaltar las impresiones que saben combinar las palabras para extraer el fuego del sentimiento y asimilarla con la función rítmica que llamamos “metáfora sonora”.

Es el cantante intrépido de talento y orgullo superlativo que aceptaba todos los retos de la vida, hasta conducirlo prematuramente al paso más oscuro que marca la despedida rutilante al lado de sus sentimentales cantos de la vida. Alcanzó a plenitud la belleza y rotundidad de las formas y logró identificar su expresión con una visión poética del Eros que idealiza la contemplación de las formas femeninas en su imaginación creadora, tal como Charry Lara lo expresa en “Adivina el Verano”: “Me hundo en la comarca prodigiosa y distante /  Como en el dulce cuerpo de la noche el amor”.

No está lejana tal aproximación en Marciano Martínez y que sentidamente canta Diomedes: “Por qué siempre me lastimas, / sin clemencia el corazón. / Ay mi vida, ven a curar mis heridas, /te haces la desentendida / sin ti voy es pa’l final”.

En León de Greiff lo notamos más insinuante en “Ritornelo”: “Esta rosa fue testigo /  de ese, que si amor no fue, /  ninguno otro amor  sería”.

Calixto Ochoa en “Gavilán castigador”, marca un contraste de crudeza: “Hace tiempo yo había pronosticado /  Que ella tenía que entregarse por su cuenta /          No es que yo sea ningún profeta /  Pero ya la tengo en mis  manos.”

Lo cual el cacique de la Junta suaviza un poco: “Y hoy que siento que tú me perteneces, /  quisiera  llorar  de la emoción.” Y también matiza en esos versos a su amada: “Acuérdate de ese tiempo tan bonito  / acuérdate de esos besos que nos dimos, hasta enloquecer.”

Diomedes representa al trovador formidable de un lenguaje que expresa sentimientos íntimos con vitalidad y sencillez. Sus composiciones despiertan en sus oyentes entusiasmo profundo y real, hasta extremos delirantes para el intérprete privilegiado que duchos en los secretos del arte amatorio testimonia la complejidad femenina que desata situaciones de reclamo y atenciones envueltas en euforia lírica para las exigencias del sentimiento amoroso.

“Vuelve mi amor, vuelve / te necesito / vuelve por Dios vuelve / sin ti no vivo yo.”

 

Jairo  Tapia Tietjen

tapiatietjenjairo@gmail.com

Sobre el autor

Jairo Tapia Tietjen

Jairo Tapia Tietjen

WikiLetras

Codazzi, Cesar (1950). Bachiller Colegio Nacional A. Codazzi, 1970. Licenciado en Filología Española e Idiomas, UPTC, Tunja, 1976; Docente en Colegio Nacional Loperena, 1977-2012. Catedrático Literatura e Idiomas, UPC, Valledupar, 1977-2013. Director Revista 'Integración', Aprocoda-Codazzi, 1983-2014; columnista: Diario del Caribe, Barranquilla, El Tiempo, Bogotá, El Universal, Cartagena, El Pilón, Vanguardia Valledupar: 1968-2012. Tel: 095 5736623, Clle. 6C N° 19B 119, Los Músicos, Valledupar- Cesar.

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