Música y folclor

Se buscan cien voces para cantar ‘El pájaro amarillo’

María Ruth Mosquera

29/06/2018 - 07:05

 

Rafael Campo Miranda / Foto: Al Día

 

No fue un turpial, ni un canario el pájaro que inspiró a Rafael Campo Miranda a componer el emblemático porro que le cambió la vida. Fue un Toche, conocido como Turpial Montañero, pequeño, de plumaje amarillo con alas, pecho y cara de color negro, dueño de un canto singular, melodioso y variado de tono, semejante a un silbido humano. Ese mismo que venía volando bajo el juncal florido del riachuelo, mientras él, Campo Miranda, escondido en un matorral, fisgoneaba a una pareja de enamorados que estaban sentados a orillas de un afluente en los Llanos Orientales a punto de besarse. “En el momento en que se dieron un beso, el Toche alzó el vuelo, lo que, en mi imaginación significaba que el pobre pájaro había sentido celos. Aunque tal vez el celoso era yo”, describió alguna vez el autor.

Se inspiró el poeta y escribió la letra “Por el juncal florido del riachuelo viene volando un pájaro amarillo; lleva, lleva en su piquito el primer besito que me diste, que se perdió en la llanura…”. Fue tal la aceptación que tuvo su creación, que a Barranquilla fue a dar un grupo de productores de la Paramount Pictures Corporation porque querían contar con los derechos de la canción para incluirla en su película ‘El mundo de los aventureros’. Era una visita tan extraña que Campo Miranda no supo qué responder; buscó asesoría e Sayco (Sociedad de Autores y Compositores) donde le dijeron que pidiera 400 mil pesos; una abultada fortuna, teniendo que corría el año 1945. Al cabo de un momento de conversaciones, el compositor salió del encuentro, en el Hotel El Prado, llevando consigo un cheque por 300 mil pesos (100 mil menos), que le parecía un platal. Fue así como ese episodio del ‘Toche celoso y el poeta fisgón’ le transformó la vida y lo convirtió en un fanático del color amarillo: “Me compré una camioneta amarilla, una casa finca en Caracolí (Malambo) que llamé ‘Pájaro amarillo’, hasta vestí a toda mi familia de amarillo”.

Fue una revolución en el tema de regalías, pues si bien para ese entonces ya había creado canciones como ‘Playa’: “Playa, brisa y mar es lo más bello de la tierra mía. Tierra tropical con un ambiente lleno de alegría. Todas sus mujeres son hermosas, muy bonitas y graciosas que se mueren por querer amar. Son lindas morenas que enloquecen corazones tan sinceros que no saben olvidar”, los dineros que recibía por derechos de autor no eran significativos. En este caso; además de los 300 mil pesos, los productores le garantizaron que recibiría sus regalías como correspondía. Es por eso que a estas alturas, cuando está a punto de cumplir un siglo de vida, Rafael Campo Miranda sigue dando gracias a esa obra, de la que asegura lo que tiene en su casa es producto de ella.

Y es precisamente ese tema, Pájaro amarillo, que será cantado por un coro virtual compuesto por cien voces colombianas, como homenaje al centenario del autor. Para esto, el Ministerio de Cultura, con el apoyo de la Fundación Nacional Batuta tiene abierta una convocatoria, que irá hasta el 12 de julio, en la que invita a colombianos que residan dentro y fuera del país a que hagan parte del Coro Virtual de Colombia, una iniciativa que pone la tecnología al servicio de la práctica coral, siendo a la vez incentivo y fomento de la misma.

Esta es la segunda edición del Coro Virtual y ha dicho el Ministerio que le rinde honores a este compositor, quien el 7 de agosto de 2018 estará celebrando sus 100 años de vida, “por su aporte al acervo musical del país, con más de 80 composiciones musicales. El coro virtual también rendirá un homenaje al arreglista de la obra que interpretará el coro virtual, el maestro Alberto Carbonell, director coral quien falleció el pasado 28 de febrero y es considerado referente de la enseñanza y práctica de la música coral”.

Los coristas colombianos interesados en participar, cuentan con múltiples apoyos para hacer parte de esta convocatoria; deben grabar un video cantando la canción y enviarlo al Mincultura, donde un jurado hará la evaluación y selección de los cien integrantes, resultados que serán publicados el 23 de julio en la web del proyecto. Esta apuesta se desarrolla en el marco de ¡Celebra la Música!, programa que se posiciona cada año como un espacio para el encuentro y divulgación de las prácticas musicales colectivas que se adelantan a partir de los procesos de formación musical en el país y otras actividades musicales, con la participación de la mayor cantidad de artistas y agrupaciones de cada localidad y región en expresión de su desarrollo. Los detalles para participar, la convocatoria, un video tutorial, documento de recomendaciones, así como solicitud de líneas melódicas pueden consultarse en este enlace.  

¿Quién es Rafael Campo Miranda?

Nació en Soledad, Atlántico, el siete de Agosto de 1918. “Desde mi niñez me valía de los instrumentos que se hacen de vegetales, como la papaya, y hacia mis flautas; sacaba mis sones y por ahí me fui perfilando. Cuando llegue a mi adolescencia ya la cosa se hizo interesante”, narra. Cuando terminó sus estudios de secundaria en el Colegio Barranquilla, ingresó a Bellas Artes a estudiar música con grandes maestros como Guido Perla, José Mazzilli Ribon, Pedro Biava y Calixto González, al tiempo que reforzaba con tutorías particulares con el compositor y guitarrista colombiano Adolfo Mejía. Cumplidos sus 18 años hizo el porro ‘Pasión tropical’ con la que inició su periplo como autor. A los 21 compuso Playa, grabada originalmente por la orquesta de Pacho Galán; después ha sido grabada en muchas versiones por orquestas nacionales y extranjeras. “Playa compara a la mujer costeña con la del interior. La mujer nuestra costeña sabe besar, la interiorana es un poco insulsa, porque cuando dan un beso, no tiene profundidad. El beso de las nuestras es profundo, a veces uno se ahoga porque no se puede desprender de los labios”, explicó alguna vez el compositor.

Es reconocido como el poeta del porro, porque primero a su vida llegaron las letras, las poesías, que luego armonizó con la música, logrando una maravillosa mezcla entre melodías y contenidos. Tiene un extenso catálogo de canciones, donde que sobresalen –entre muchas otras- El Pájaro amarillo, Entre palmeras, Unos para todos, El Pescador, Nube viajera, Remando y Lamento naufrago, que él considera su obra cumbre, porque “me recuerda una historia que me enternece cada vez que la escucho. Se trata de una mexicana que conocí en Puerto Colombia, lugar que años anteriores era uno de los favoritos para ir a hacer turismo, ella se llamaba Adriana. Nos hicimos muy amigos y luego salíamos a caminar por las tardes debajo del muelle, había una gran empatía entre nosotros, y luego, con mis dotes poéticas, la enamoré. Este romance es el que da pie a Lamento náufrago: Sobre la arena mojada, bajo el viejo muelle/la besé con honda pasión/ porque era un amor perdido, perdido en la playa/perdido en la bruma del mar. Es una historia muy linda. De hecho, aún conservo un anillo que ella me regaló, lo llevo puesto en el anular izquierdo. Lástima que se trataba de una mujer ajena, sino creo que no la hubiera dejado volver a su país, sino que la seguiría acariciando en la arena mojada donde muchas veces la hice mía”.

Reconoce que fue un hombre enamoradizo, pero que se ajuició cuando conoció al amor de su vida: María Del Socorro Vives, con ella se casó y tuvo tres hijos (Rafael, Margarita y Marta), pero el destino y sus designios lo convirtieron en un hombre viudo hace unos años; su María se fue y dejó en su lugar una ‘bendita nostalgia’ que lo acompaña a todos lados. “Pero yo tengo la receta a la mano para hacer más duras mis penas: agarro un cuaderno y un lápiz y comienzo a componer, eso me mantiene la mente ocupada y hace que no llore”.

 

Mariaruth Mosquera

@Sherowiya

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