Música y folclor

Lirio rojo

Arnoldo Mestre Arzuaga

11/09/2018 - 07:05

 

Lirio rojo
Carmen Lucila, inspiradora del Lirio rojo de Calixto Ochoa / Foto: Arnoldo Mestre

Para la Barranquera Ofelia Gómez Solano, no era fácil perdonar la ofensa que le hizo aquel negrito que un día cualquiera se presentó a Pueblo Bello con una recua de burros comprando naranjas y ahora tenía que verlo saliendo de la iglesia La Concepción en Valledupar, agarrando a su hija de la mano, vestida de novia y en una actitud desafiante como si quisiera decirle con esa acción, ahora no me la puedes quitar, ya es mía, Dios me la entregó.

Por eso se le adelantó a la pareja desposada y mirando fijamente al novio le dijo: “Te la llevas, no te burlaste de mí, te hice casar, pero no la gozas y, después, dirigiéndose a su hija, también la increpó, y tú, elegiste tu destino, serás la burla de la familia, todos te dirán, mosca en leche,” giró sobre sus talones y se retiró de la iglesia.

En la fiesta de celebración del matrimonio Carmen Lucila no se sentía bien, por un lado se encontraba feliz por estar al lado del hombre que amaba pero por otro le incomodaban las palabras de su madre. El solo hecho que no asistiera ningún miembro de su familia a la boda le atormentaba y a veces a escondidas de su esposo irrumpía en llanto.

La familia Ochoa acompañó a su esposo al matrimonio y a la celebración. Mientras los Ochoa bailaban y festejaban con alegría por la unión de la pareja, Los Mestre Gómez lloraban por la pérdida de su hija de apenas 15 años, no lo podían aceptar y jamás lo aceptarían.

Carmen era una hermosa rubia de apenas 15 años de edad, de grácil figura, de ojos verdes, cabellos lacios, copioso y de finos modales, Mientras que Calixto era negro, humilde y no poseía fortuna alguna.  Don Francisco Mestre Pumarejo se daba golpes en el pecho y se repetía para sí mismo una y otra vez, Dios mío, que he hecho para recibir este castigo, mi muchachita casada con un negro. Después de hacer casar a Calixto con su hija para subsanar la afrenta del rapto, se retiró para su finca en Mariangola hasta que pasaran los comentarios contraproducentes de su familia y de los amigos allegados, muchos años después regresó a Aguas Blancas a recoger a su hija abandonada.

Esa noche en la fiesta, mientras Calixto tocaba muy animadamente su acordeón para complacer a su familia y a los pocos invitados, ella hacia remembranzas de la primera vez que lo vio en su pueblo, recordó que estaba ese día con su prima Elisa Villazón Mestre, las dos eran muy hermosas, pero él fijó su mirada en ella, y empezó a cortejarla con versos y piropos, en cada viaje que hacía le traía algún presente, su madre fue informada de lo que estaba pasando y puso al tanto a su esposo Francisco, así que ese año no la matricularon en la escuela, se fueron para la finca de Mariangola para alejarla de aquel hombre que no era del agrado de la familia.

Pero esto no amilanó al intrépido negrito, quien se ingenió la forma de mantener el contacto valiéndose de un trabajador que sabía escribir. Papeles iban y papeles venían, de este modo el amor fue tomando fuerzas, hasta que un día su abuela Elisa Pumarejo se enfermó y toda la familia regresó al pueblo. Calixto, por su complicidad con el trabajador de la finca, estaba al tanto de todo lo que pasaba alrededor de Carmen. Se fue para Pueblo Bello y la buscó, de nuevo estuvieron juntos, la rodeó de besos y caricias aprovechando que toda la familia se encontraba donde la abuela Elisa enferma. Ese día le dijo: “Reina sé que tu tío Rafael Mestre Pumarejo tiene un acordeón que le compró a un indio, dile que me la venda”. Ella le hizo gustosa la vuelta, era un acordeón que tenía el fuelle remendado con esparadrapo por todas partes. Calixto pagó por ella 25 pesos. Otro día se encontraron en el plan de salas, ella estaba de vista en la finca de Andrés Araujo y su esposa Francia Mestre. Él le suplicó que se escaparan, que no lograba vivir sin ella, pero el miedo y respeto que sentía por sus padres impidieron que se fugara con su amado.

Con el restablecimiento de su abuela toda la familia regresó de nuevo a la finca de Mariangola, donde también se renovaron los mensajes en complicidad con el trabajador.

Algo sucedió para mal de la familia. Fue también un momento de dicha para ellos, Doña Ofelia cayó enferma y tuvo que irse a Aguas Blancas, donde Don Francisco tenía una casa. Calixto se enteró de la llegada de Carmen a través de Vitalia una amiga de su entera confianza, ésta lo buscó y le dijo: “Aquí está la mona de tus sueños”. Esa misma noche se vieron y planearon el escape, se fueron de Aguas Blancas a Valencia de a pie por el monte, eludiendo la carretera para no ser vistos por nadie. Llegaron muy tarde de la noche, donde los padres de Calixto, Don Cesar Ochoa y Doña María Campos, los atendieron muy bien, sin embargo, al día siguiente, su padre lo despertó muy temprano y le dijo que tenía que irse. la madre de Carmen Lucila andaba como loca buscándolos con la policía y lo había denunciado por rapto de menores.  

De la casa de sus padres Calixto se llevó a Carmen Lucila para la finca de su hermano Juan, con tan mala suerte que allá también llegó la policía, que pese a las suplicas de su amada y las explicaciones del caso, donde les decía que se había ido libremente sin presión alguna, lo capturaron.

Después del matrimonio se establecieron en Aguas Blancas, donde vivieron pobremente pero muy felices, Calixto consentía a su reina con mimos y regalos que estaban a su alcance. Todo marchaba bien, se podía decir que era una pareja feliz. En una ocasión Nola Mestre, un reconocido músico  que interpretaba música tropical en guitarras, se presentó donde Calixto con el propósito que le entregara alguna de sus canciones, éste le tocó y cantó varias, Nola se quedó tan deslumbrado, que le sugirió a Calixto que se fuera con él a una gira por la costa Atlántica, como así fue.

La gira duró algo más de tres meses, Carmen Lucila lo esperó en su casa contenta y feliz. Pero las giras se hicieron más continuas y más demorado el regreso. Hasta que su padre enterado de esta situación recogió a su hija y de nuevo la llevó al seno familiar.

Desde ese día no volvieron a verse más, cuando regreso al no encontrarla pensó que lo había abandonado. Solo y sin acompañamiento alguno empezó a cantar la canción que inmortalizó aquel gran amor:

“Yo tenía mi lirio rojo, / bien adornado / con una rosita blanca / muy aparente 

Pero se metió el verano / y lo ha marchitado / por eso vivo llorando / mi mala suerte.

Se marchó mi lirio rojo / y fue por culpa del verano / por eso estoy desconsolado / al ver que me dejó tan solo…”

Mientras tanto, Carmen Lucila, allá allá en su natal Pueblo Bello, lloraba desconsolada sintiéndose abandonada por el hombre que amó con toda su alma. Entonces, recordó las palabras de su madre en el pasillo de la iglesia y pensó que era una maldición: No te burlaste de mí, te hice casar, te la llevas pero no la gozas.

 

Arnoldo Mestre Arzuaga  

nondomestre@hotmail.com

Sobre el autor

Arnoldo Mestre Arzuaga

Arnoldo Mestre Arzuaga

La narrativa de Nondo

Arnoldo Mestre Arzuaga (Valledupar) es un abogado apasionado por la agricultura y la ganadería, pero también y sobre todo, un contador de historias que reflejan las costumbres, las tradiciones y los sucesos que muchos han olvidado y que otros ni siquiera conocieron. Ha publicado varias obras entre las que destacamos “Cuentos y Leyendas de mi valle”, “El hombre de las cachacas”, “El sastre innovador” y “Gracias a Cupertino”.

5 Comentarios


Maria v MESTRE 11-09-2018 11:45 AM

Muy linda historia había oído la canción pero no sabía su origen gracias por compartir

Zoraya 11-09-2018 12:43 PM

Bonita historia Felicidades noldo

Rafael Agustín 11-09-2018 01:11 PM

Tuvieron hijos?

Miguel 12-09-2018 05:34 AM

Que historia , gracias por compartir .

NOHORA E PLAZAS 12-09-2018 10:28 AM

Bella historia!!! me gustaría saber qué pasó después....

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