Música y folclor

El Bullerengue y la génesis de la música de la Costa Caribe colombiana

Manuel Antonio Pérez Herrera

07/02/2019 - 05:00

 

El Bullerengue y la génesis de la música de la Costa Caribe colombiana
Muestra de baile de bullerengue / foto: artesfolkloricas.com.co

Precisamente, las regiones costeras de Colombia, y con mayor ahínco la región Caribe, se nutren de fiestas populares, músicas folclóricas, rituales en innumerables manifestaciones de la tradición oral, las cuales influencian significativamente a las mentalidades de los pobladores quienes desde tiempos remotos han convivido con estos estilos de vida que para nadie es innegable que se vive con marcada intensidad en las costas del Caribe, donde la comunidad expresa plácidamente a través de los rituales con Bullerengue la creatividad genérica e idiosincrática de imaginarios iluminativos y cosmovisiones de la sociedad popular “folk” del Caribe.

El Bullerengue es un rito a la vida, su música, la danza, la poesía, ceremonias melancólicas, románticas, fúnebres y recreativas. Transversalizan los ambientes de los moradores de las localidades donde se manifiesta esta expresión de la tradición oral que nutre las costas de mares, ríos, embalses hídricos y montes del Caribe colombiano. En consecuencia, es importante resignificar que el Bullerengue es parte actuante del cuerpo y la mente y se vale de la expresión corporal – danzaria – sonora - palabras y ritos, logrando hacer representaciones simbólicas, y concretizando asi que: “El canto, la música bocal e instrumental y el baile, se integran como un solo cuerpo armónico - integral, difícil de separar, y al cual hay que estudiar en su conjunto.

La interpretación comprensiva de los factores integradores de la música y baile “canta’o”, Bullerengue, dejan indicios fundamentales que visibilizan la teoría que concretiza a este ritmo como la génesis de la música folclórica de la Costa Caribe colombiana. Es por eso, que “muchos de los cantos que hoy se escuchan inclusive en la música popular–comercial parten de esa realización de ritos ceremoniales y de lenguas rituales que desarrollan los cabildos tanto indígenas (mamo – chamanes)” [1], como comunidades negras y la etnia palenquera y sobre esto último, no nos queda más que la inaplazable tarea de interpretar el sentido y significado de las músicas de rituales del Bullerengue.

Si “el arte y la historia, constituyen los instrumentos más poderosos de la naturaleza humana”[2] . Desde esta lógica, se puede inferir sobre la necesidad que tuvieron los antepasados de valerse de la tradición oral para compartir sistemas de vida y como medio de comunicación tanto de lo espiritual como de la actividad recreativa placentera con los demás. De este modo, los humanos ancestrales haciendo uso de la expresión corporal–dancística musical figurada, en correpondencia con la memoria y el sistema de palabras reveladoras de su expresión dialógica, logran reproducir la sonoridad que embarga a sus contextos y forma “onomatopéyica” [3] asimilan sonidos que les brinda la madre naturaleza.

La Onomatopeya en el Bullerengue está representada en esa amalgama de lenguajes rítmico, sonoro, creativo, metarepresentativos, gesticular, danzarios, etc, con lo cual hombres y mujeres recrean los diversos escenarios, rituales y formas de vida cotidiana. Lo onomatopéyico inculturada en la concreción del nuevo legado histórico del hombre Caribe colombiano, se hace con mayor fortaleza en el ritmo y el movimiento, y, sobre esta posición hipotética encontramos posiciones declarativas de estudiosos que referencian que:

Los cientos de miles de personas africanas que fueron desembarcadas en el puerto de Cartagena de Indias conocían el arte del cuerpo en movimiento. Para las sociedades de la costa occidental de África todo lo que tiene que ver con el cuerpo está cargado de un profundo valor simbólico y ritual. De ahí que los gestos, las posturas y las actitudes presentes en las danzas afrocolombianas se hayan constituido a partir de la herencia de un lenguaje complejo que aún está por descifrar. Desafortunadamente no existen estudios comparativos que nos permitan discernir de manera específica cuáles de los atributos gestuales y danzarios de los africanos sobrevivieron en cada una de las regiones del país a donde fueron llevados. Los analistas sólo ofrecen apreciaciones muy amplias acerca de estas particularidades”.

Los movimientos de las danzas de denominación Afrodescendiente marcan fronteras afectivas y estéticas, manipulan y distribuyen las fuerzas vitales, transforman la naturaleza en la escena, describen los itinerarios de la creación y la destrucción. Permitidos o censurados, los gestos danzarios afrocolombianos son símbolos que nos hablan de temas muy variados: las convulsiones del parto, los estados del alma, la alegría del matrimonio o del nacimiento, el goce sexual. “Según las tradiciones africanas heredadas por los descendientes de los primeros esclavizados, el cuerpo en movimiento describe cuatro ejes corporales fundamentales que están presentes en todas sus danzas. Se trata del eje vertical, el plano frontal, el eje horizontal y el plano sagital. Estos ejes articulan la coreografía y la gestualidad de las danzas y están en relación directa con la manera como estos pueblos conciben la vida y la muerte”.

El gesto negativo es dirigido hacia abajo, lugar de la muerte, del caos y de la debilidad. De este modo, los gestos que indican levantar, lanzar al aire, alzar sobre los hombros, lanzar o atrapar objetos en un eje vertical encierran deseos positivos, de vida…El plano frontal es el plano o del equilibrio que se traza en posición de pie, erguido, inmóvil, con los brazos tendidos a lo largo del cuerpo, los cuales reparten sus energías entre el lado derecho y el lado izquierdo. Dentro de esta forma de expresar con el cuerpo, el lado derecho es el lado de la fuerza, mientras que el lado izquierdo es el costado de la debilidad. En este caso el gesto frontal describe la relación fuerza-debilidad, en tanto que el eje vertical describe una relación entre lo benéfico y lo maléfico” (www.colombiaaprende.edu.co/html/.../articles-83211_archivo.pdf)“.

Son todos estos vestigios históricos recontextualizados, los que ayudan a comprender a la música y al rito que ella encierra y tal como aun se vive en las fiestas de “Bullerengue o Bunde”, es decir: fiestas de comunidades negras e indígenas, a la cual confluye desde la antigüedad diversos grupos humanos y sociales, emprendiendo en su recorrido ceremonial (fúnebre–festivo y recreativo), etc, la búsqueda de la integralidad social, como de placer y entrega en el goce pleno de retribución a la vida, al trabajo y a la creatividad.

 

Manuel Antonio Pérez Herrera

Profesor investigador – Universidad del Atlántico

 

Referencias:

[1] Carlos, Miñana Blasco (2009). Investigación sobre Músicas Indígenas en Colombia.

[2] José, Ortega y Gasset (1972). El hombre y la gente. Espasa- Calpe, Madrid, España.

[3] Onomatopeya (del griego ὀνοµατοποιΐα: nombre imitativo; anoma: nombre y pueden: crear, imitar, como en: poeta) es la imitación lingüística o representación de un sonido natural o de otro fenómeno acústico no discursivo. Wikipedia.

Acerca de esta publicación: El artículo titulado “ El Bullerengue y la génesis de la música de la costa Caribe colombiana ”, de Manuel Antonio Pérez Herrera, corresponde a un extracto del ensayo académico titulado de la misma manera y publicado anteriormente en la revista El Artista.

1 Comentarios


Miguel Ángel Picón Sánchez 26-02-2019 06:53 PM

Interesante, no conocía así definido y claro, esa teoría de los cuatro ejes descritos por el cuerpo en movimiento.

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