Música y folclor

La esencia musical y canto en Chiriguaná

Luis Alcides Aguilar Pérez

04/02/2019 - 03:15

 

La esencia musical y canto en Chiriguaná
Tambora La recorcoma/Foto.Dr. Jaime Tortello

De niño tenía la idea que nuestra esencia de pueblo y respecto a orígenes de nuestras iniciativas musicales y canto, estaban enmarcadas en el folklor vallenato. Y si un foráneo nos preguntaba acerca de nuestro origen musical, inmediatamente expresábamos “¡el Vallenato!”, como si fuera nuestra música única.

Ya grande, acudiendo como es lógico a las memorias de la historia y tradición oral, se comprende sobre nuestras raíces y tradiciones musicales, y es desde ahí que se tiene una información que nos a próxima a la realidad de nuestros pueblos y su folclor.

No se pretende exponer una cátedra sobre las raíces musicales en nuestro amplio recorrido histórico, mucho menos de menospreciar la altura en importancia que hoy ha logrado el género musical vallenato; sólo se trata de comprender la equivocación que se tuvo en un tiempo. Al igual que muchos jóvenes de mi tiempo, aludiendo a un posible error histórico que ningún maestro o entendido de la materia corrigió en el momento, quizás porque nunca se realizó la pregunta precisa a la persona indicada.

Iguales circunstancias se han notado en algunos jóvenes de hoy que, al preguntárseles sobre la música originaria de nuestro municipio, coloquialmente responden: el reguetón o la champeta. Todas estas manifestaciones son producto de la creencia del joven partiendo de la música que escucha en su momento, sin detenerse al análisis de la realidad cultural de su entorno.

Escudriñando la historia me encuentro con La Cumbia: un baile folclórico y tradicional, es decir una danza y ritmo. De acuerdo a la experta en música costeña Pilar Jiménez González, sitúa su origen al rededor del siglo XVIII, en la Costa Caribe de Colombia, describiendo su formación como el resultado de un largo proceso de fusión de tres elementos etnoculturales como son los indígenas, los blancos y los africanos, de los que adopta las gaitas, las maracas y los tambores, esto debido a que se fue fundamentado en el transcurso del mestizaje durante la llamada “conquista” y colonia.

Según Fals Borda: “La cumbia nació en Colombia en el país de Pocabuy, conformado por El Banco, Chiriguaná, Mompox, Tamalameque, Chilloa, Guamal, Chimí, Guataca. Pocabuy era un país indígena que se extendía a todo lo largo del río Tucurinca (actual Magdalena)”.

Es así que va adquiriendo fuerza y forma al mezclar los sonidos de la flauta de millo o bambú (aporte indígena), la gaita, el guache, las maracas y los tambores que incluyen al Tambor llamador (macho), Tambor alegre (hembra), y la tambora. Algunos expertos argumentan que la “relación de aportes, en algunos aspectos, puede considerarse arbitraria, ya que es difícil significar que la melodía e interpretación de los instrumentos sean exclusivas de una u otra cultura”. 

Banda de los hermanos Cuadro / Foto: Familia Cuadro

El aporte del blanco español está en la poética de sus cantos y coplas, además del atuendo de sus danzantes: largas polleras con encajes y lentejuelas, candongas, adornos de flores y abundante maquillaje en las mujeres; camisa y pantalón blanco, pañolón rojo anudado al cuello y sombrero en los hombres.

Al ir avanzando para comprender más sobre nuestra naturaleza musical encuentro una expresión muy propia en nuestro sentir del carnaval, como lo es la Tambora. Es un “baile cantao”, y dentro de sus cantoras en Chiriguaná existieron Mónica Herrera, Bartola Herrera entre otras.

De acuerdo a A Larsón (2003): “Como muchos otros tipos de música, comidas y tradiciones culturales, la tradición de la tambora viajó a través del Atlántico con los esclavos del oeste de África, que eran llevados por los europeos a trabajar en plantaciones del Caribe y Latinoamérica. En África, la tambora había sido utilizada en rituales y ceremonias, pero se convirtió en un recordatorio del hogar para los esclavos que habían sido sacados de sus hogares. Algunos objetos llegaron con los esclavos, pero muchos decoraban la tambora hecha de barriles de ron.”

“Con el sentido tradicional, en Chiriguaná se conserva la música, a través de la interpretación de la tambora en sus cuatro aires o sones; La Tambora, La Guacherna, El Berroche o Pereque y Pajarito o Chandé (iguales a los de Tamalameque)”.

En el Corregimiento de La Sierra -en Chiriguaná- han tenido gran influencia los bailes cantaos. En este municipio se encuentra un grupo formalmente constituido llamado “Tambora la Recorcoma”, creado en 1983 y liderado en la actualidad por el Dr. Jaime Tortello; un inquieto personaje amante del folclor.

Según Pino Ávila (2008), “Nuestra Tambora es un canto vivencial, donde nuestros juglares narra su propia cotidianidad, las vivencias de su mundo mágico, como una especie de sedante para disipar la dura vida de pescador o sembrador de hombre de río. El canto es muchas veces un lamento de épocas pasadas, o la queja de algo que se fue y nunca volverá”.

Es importante recalcar que la práctica musical en el municipio y gran parte de la región del Cesar, se inicia con la interpretación de los cantos y bailes derivados de los ritmos autóctonos (cumbia y tambora) como riqueza de un antepasado triétnico.

Más adelante por la influencia de viajeros que visitan estos pueblos y medios tecnológicos, se va acentuando  la música de bandas o de viento. Sin olvidar que a comienzos del siglo XX, según datos históricos ya existía en la región de Chiriguaná, más exactamente en Rincón Hondo el Juglar Sebastián Guerra, contemporáneo de Francisco Antonio Moscote Guerra “Francisco el hombre”, los cuales eran dignos exponentes de la expresión de música interpretada con el acompañamiento del acordeón.

Según recuerdos de Evis Cuadro, hija de Máximo Cuadro, maestro de música y músico en Chiriguaná, refiere lo siguiente: “Mi papá, Máximo Cuadro Argote, era como un profesor de música, a la casa de mi mamá llegaban personas de La Jagua, del valle, para que él los orientara o enseñara. Mi papá tenía cuadrilla de jóvenes para enseñarles música; él era músico de letras, no de oído, mi papá escribía música. En la banda estaban sus hermanos; Miguel Cuadro, Camilo Cuadro y Generoso Cuadro, también Cástulo Van Straahlen, un señor de apellido Aroca, Daniel Padilla, Magalo García y otros que no recuerdo muy bien”.

Continuando la charla con doña Evis, evoca los disfrutes de su tiempo de juventud al lado de la música de ese entonces: “Antes de las bandas, la música que se escuchaba era la gaita, la cumbia. Por aquí lo que daba golpe eran las cumbias y gaitas, era así como la “corronchera”, –haciendo alusión al común de la gente- disfrutaba de los momentos de diversión acompañados con el baile, venían mujeres de La Sierra y Rincón Hondo; ¡esas mujeres cantaban bonito! También recuerdo el baile “burrero” o bailes de cuadra; las orquestas tocaban en un determinado lugar y los vecinos se agrupaban en sus respectivas casas y así iniciaban sus fiestas aprovechando el toque del momento. Para los actos especiales de la gente acomodada económicamente, los bailes los hacían acompañados con las bandas. Cuando llegó Lucho Bermúdez a Chiriguaná, mi papá aprendió mucho de él, e hizo parte de una banda organizada por el señor Bermúdez”.

A mediados de 1940 se creó la banda 8 de septiembre, distinguiéndose en ella los hermanos Cuadro, banda que en 1945 fue dirigida por Lucho Bermúdez durante su estadía en este municipio, fue una banda de gran influencia por los alrededores o poblaciones vecinas.

Después, las bandas pasan a un segundo plano con la llegada a nuestro medio de la música ranchera, música que cada día adquiría gran importancia por la difusión de la misma a través de películas mejicanas que llegaban a los teatros o cines locales, como Veracruz y la Esmeralda.

Marcial Pava y su conjunto / Foto: Luis Alcides Aguilar

Tiempos después llega para posesionarse hasta hoy a lo largo y ancho de estos pueblos y Colombia la música vallenata, -siendo parte de ella también componentes propios de nuestro pasado triétnico- surgiendo a su lado las agrupaciones o conjuntos vallenatos. Saliendo, entre otros, en nuestro medio exponentes o compositores del folclor vallenato como los difuntos Guillermo Pallares, Che Mejía, Miguel Pérez, Rafael De Armas, Leonardo Carreño. Rafael De Armas fue el primer chiriguanero a quien le grabaron una canción vallenata.

Si detenemos o escondemos nuestra realidad histórica respecto a nuestra esencia musical, nuestros niños o jóvenes, es posible que partan hablando de lo que están viviendo y sintiendo en el momento, por ello se hace necesario abordar aspectos que permitirán comprender nuestra musicología convencional partiendo de lo fundamental de nuestros orígenes como pueblo en evolución.

 

Luis Alcides Aguilar Pérez.

@Luisaguilarp

Sobre el autor

Luis Alcides Aguilar Pérez

Luis Alcides Aguilar Pérez

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Luis Alcides Aguilar Pérez (Chiriguaná- Cesar). Lic. En Ciencias Sociales de la Universidad del Magdalena. Docente de secundaria. Fiel enamorado del arte de escribir. Publicaciones: La Múcura de Parménides – Compendio de cuentos, poesías y reflexiones; Sueños de libertad – Cuentos, poemas y diez reflexiones; Chiriguaná. Historia y Cultura. Novela inédita “¡Y la culpa no es de Dios!”

@LuisAguilarPe

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