Música y folclor

El trepidante fluir del Vallenato

Alberto Muñoz Peñaloza

12/03/2019 - 07:15

 

El trepidante fluir del Vallenato
El maestro Alejo Durán acompañado por un joven guacharaquero / Foto: Mestra Arminio y Albio Martínez, Alejo Durán. Su vida y su música (Domus Libri, 1999).

Hace cincuenta años, en 1969, Valledupar se movía hacia adelante, con determinación institucional, dinamismo cívico e indetenible crecimiento, de la música local, con fuerza ascendente, a partir de la realización del primer Festival de la Leyenda Vallenata, realizado a finales de abril del año anterior. El filósofo, historiador, compositor, escritor, compositor e investigador, Simón Martínez Ubarnez, se ocupa del antecedente histórico y del Uno: “En memoria de esos acontecimientos, la región que sirvió de escenario a los sucesos de la laguna comenzó a llamarse Sabanas del Milagro. Allí se erigieron las fiestas anuales del 29 de abril que tiempo después se convirtieron en una tradición, no solo en Valledupar, sino en otras poblaciones de la región (…) Las primeras actividades de este Festival se ejecutaron en una tarima improvisada colocada en la hoy emblemática Plaza Alfonso López. Allí se realizó el primer concurso de acordeoneros profesionales (…)”.

Por su parte, la bellísima, diligente y promisoria, Diana Molina Carvajal, alguna vez escribió para la revista Semana: “(…) Corría el año 1967. Una tarde de suave brisa y de tinto caliente, en el patio de una casona del viejo Valle, él (el Dr López, entonces gobernador) reunió a sus amigos, la periodista y escritora Consuelo Araújo Noguera, y el compositor Rafael Escalona Martínez, para cimentar lo que hoy es nuestro acervo cultural (…) Consuelo Araújo aplastó prejuicios, apatías y abucheos para construir un patrimonio que hoy es de todos (…).

El asunto es que el primer festival fue una gota oceánica, ciclónica en el mejor sentido de la expresión y gran siembra, cuya cosecha, permanece en el tiempo. La historia es conocida, los que tuvimos el privilegio de presenciar, y disfrutar, su curso, vitoreamos al maestro Alejo, pese a que, desde antes de iniciarse el evento, todos los vaticinios pregonaban que nuestro querido viejo Emiliano Zuleta Baquero, sería erigido como primer rey, pero ni siquiera pudo participar en la final, lidiándose así mismo, en medio de fenomenal rasca, en magistral parranda vallenata.

A pesar de mis diez años de entonces, recuerdo todos los detalles y las cuatro canciones que le bastaron al hijo de El Paso para coronarse como primer rey del Festival de la Leyenda Vallenata: “La cachucha bacana’, ‘Elvirita’, ‘Alicia adorada’ y ‘Mi pedazo de acordeón”, pese a la participación, brillante y prodigiosa de, el hijo de Mariangola, Ovidio Granados.

Seis meses después del primer festival vallenato, entre el 12 y el 27 de octubre, se celebraron en Ciudad de México, los XIX Juegos Olímpicos de México 1968. Participaron 5516 atletas, 4735 hombres y 781 mujeres, de 112 países, que compitieron en 172 eventos de 20 deportes -dieciocho del programa olímpico y dos de demostración-. La delegación oficial d Colombia, contó con 43 deportistas, 38 hombres y 5 mujeres, que lo hicieron en cinco deportes: fútbol, ciclismo, atletismo, natación y buceo, sin obtener medallas. Además, en la delegación nacional viajaron, el cantante Antún Castro, Los Gaiteros de San Jacinto, la Estudiantina de la Universidad Nacional y el negro grande, Alejandro Durán, en representación de la música colombiana para competir en las justas culturales paralelas a la competición olímpica.

El Dr. López Michelsen, logró sumarle al premio de cinco mil pesos, por haber ganado el Festival Vallenato, su participación en el periplo olímpico. Fue acompañado por, Pastor Arrieta en la Caja, José Manuel Tapias Fontalvo en la guacharaca, no obstante, durante la participación el maestro Pablo López se hizo cargo de la percusión, como cajero insigne. Barrieron, el maestro Alejo se alzó con la primera medalla olímpica, ganándoles a delegaciones de más de noventa países y, luego de vencer en la final a los alemanes, quienes como fabricantes del acordeón “Honner”, también celebraron. Su regreso fue triunfal con medalla de oro al pecho y la internacionalización del rey, apenas meses después del primer Festival de la Leyenda Vallenata.

El 8 de marzo de 1969, la Cacica, Consuelo Araújo Noguera, en su encumbrada columna “La Carta Vallenata”, publicada en el diario El Espectador, respondió a la diatriba de la crítica de arte Martha Traba, refiriéndose al Vallenato: “(…) El día que nuestros compositores salgan de las aulas universitarias con una gramática y una enciclopedia bajo los brazos a “elaborar” que no a componer la música vallenata…ese día desapareceremos de la vanguardia del folclor nacional que ahora estamos ocupando, y que ocuparemos mucho tiempo, gracias precisamente a la sencillez, la autenticidad, la originalidad rudimentaria de nuestros cantos. Ten la seguridad que nosotros sabemos exactamente lo que somos y estamos orgullosos de ello sin vivir añorando cosas ajenas ni falseando el gusto natural para presumir de culto. Dejemos así, pero te prometo que será con vallenatos y no con los espacios ambientales y las obtusas conferencias sobre arte, con lo que nos tomaremos el mundo”.

Premonición con precisión. Apenas, 49 días después inició el II Festival de la Leyenda Vallenata, esa vez en categoría profesional con participantes de diversos quilates, nuevas categorías, “acordeón aficionado” y el concurso de la Canción Inédita. Fue histórico. Se ubicaron kioskos, con techo de paja, alrededor de la Plaza Alfonso López.

En la fase eliminatoria se presentó el ‘rebelde del acordeón’, Alfredo Gutierrez, quien pese a tener asegurado su tiquete a la final, porque Enrique Diaz y Nafer Duran no se presentaron en su grupo, prefirió retirarse y fue lo mejor, porque la preparación era insuficiente. Ganó Nicolás Elias ‘Colacho’ Mendoza, en franca líd, frente a la enjundia, el carisma y la elegancia del hijo de Los Palmitos, Lisandro Meza. Se produjo la primera pedrea del festival, dada la protesta de un grueso sector del público por el resultado. Antes, Poncho y Emilianito, los hermanos Zuleta, barrieron en la categoría aficionado, con solvencia y con el aliento unánime del público.

La fase eliminatoria del concurso de la Canción Inédita, se llevó a cabo debajo del palo e’ mango’ y hubo también una confrontación interesante entre la canción presentada por ‘el flaco de oro’ Gustavo Gutierrez Cabello y la del cantor del Cañaguate, Victor Camarillo. Gano “Rumores de viejas voces, de Gustavo y en segundo lugar, “La leyenda vallenata”, de Camarillo. Gustavo cantó: “…ya se alejan las costumbres, del viejo Valledupar, no dejes que otro te cambie, el sentido musical…”. Fue llevada al disco por Alfredo Gutierrez. Y Camarillo aportó: “…Después de una diversión, llega la inspiración, con alegría y con bulla; los sentimientos conmueven al compositor con gran tema o deseo; fue entonces que nació el son, en la misma ocasión el aire de la pulla, de’lla derivó el merengue, y también del son hicieron el paseo; así fue como nació este folclor, música que hoy el Festival nos canta, y con esta pequeña explicación, conformo a la leyenda vallenata”. Fue grabada por Lisandro Meza y su conjunto. Poco después, el rey Colacho Mendoza y el novel Poncho Zuleta, grabaron un disco LP de 33 r.p.m.

El disco de Poncho y Colacho fue antecedido en 1968 por el de Emilio Oviedo, con doce canciones de la autoría del abogado y compositor, Alonso Fernandez Oñate, de las cuales Jorge Oñate cantó seis y, entre esas, el éxito “Campesina vallenata”.

El rey Colacho Mendoza cantó los siguientes temas: la gota fría, No te aflijas corazón, Cuando el tigre está en la cueva, Despedida, Los montes no tienen llave y El alacrán. Poncho, por su parte, vocalizó las siguientes canciones: amor querido, la diosa coronada, el regreso de Carmen Diaz, el milagro, mis pocos días y sus ojazos,

En 1969, para ese segundo festival, se vino el maestro Adolfo Pachecho Anillo, acompañado de su amigo, Ramón Vargas, también con el gran Toño Fernández y los gaiteros de San Jacinto, y su majestuosa Hamaca grande, pa’ que el pueblo Vallenato meciéndose en ella cante.

De la misma manera en que el acordeón encajó en el conjunto Vallenato, tal cual como los Juglares organizaron los aires primigenios, así mismo, el Festival Vallenato se constituyó en el cabo cañaveral nuestro, de cuya plataforma partió, regresa y se relanza, nuestra amada música vallenata, sitiándose en un lugar de privilegio por su aceptación nacional, internacional y, como diría Armandito Muegues: va pa’rriba. ¡Universalizándose!

La victoria de Nicolas Elías no afectó a Lisandro Meza, quien siguió adelante con su labor en los Corraleros de Majagual y en su carrera musical exitosa siempre. Lisandro, en su repertorio para competir en el Festival, presentó canciones antológicas como la puya Upa ja y el bello paseo “Canta vallenato”: “…yo felicito a Escalona por su gesto muy aplaudido, lo que has hecho por tu pueblo es hacer patria, lo de un buen hijo; colombiano canta colombiano, Vallenato canta vallenato”.

Este año, cincuenta años después, dos nuevos concursos se estrenan: acordeón Vallenato femenino, en categorías infantil y mayores. Otro paso en la dirección correcta hacia el rescate, la preservación, la promoción y la divulgación de nuestro patrimonio cultural inmaterial. Mientras tanto, sigue consolidándose la sentencia moral de mi madrina: será con vallenatos y no con los espacios ambientales y las obtusas conferencias sobre arte, con lo que nos tomaremos el mundo. Faltan pocas semanas para el Festival… ¡Vallenato para el mundo!

 

Alberto Muñoz Peñaloza

Sobre el autor

Alberto Muñoz Peñaloza

Alberto Muñoz Peñaloza

Cosas del Valle

Alberto Muñoz Peñaloza (Valledupar). Es periodista y abogado. Desempeñó el cargo de director de la Casa de la Cultura de Valledupar y su columna “Cosas del Valle” nos abre una ventana sobre todas esas anécdotas que hacen de Valledupar una ciudad única.

@albertomunozpen

2 Comentarios


Hugo Diaz 12-03-2019 10:26 PM

Exelente maestro, lo felicito, que bonito que se cuente la historia de nuestro folclor vallenato.

Luis Alberto Torres Camero 13-03-2019 09:29 AM

Maestro felicitaciones. La historia untada de lo cotidiano y anectodico que tanto la enriquece. Homenaje a quienes han forjado nuestro folclor y lo han enaltecido. Un abrazo.

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