Música y folclor

Hace cincuenta años

Alberto Muñoz Peñaloza

29/04/2019 - 05:40

 

Hace cincuenta años
El acordeonero Colacho Mendoza se corona Rey Vallenato en 1969 / Foto: FFLV

Hace cincuenta años completos, en tormentosa jornada, fue erigido como segundo rey vallenato Nicolás Elias “Colacho” Mendoza, uno de los acordeoneros más completos de su generación. Esa noche, se produjo una pedrea descomunal en la Plaza Alfonso López, como señal inequívoca del desacuerdo de asistentes con el fallo del jurado. No obstante, cabe señalar que, Nicolás Elias ganó en franca lid pese a la brillante actuación del hijo de Los Palmitos, el muy querido Lizandro Meza.

Se completan los primeros cincuenta y un años físicos del Festival de la Leyenda Vallenata y en 1969, realizándose el II, se produjo un resultado histórico de la competencia, tanto por el tiempo transcurrido como por la importancia de la obra de quienes ganaron entonces, en bien de la dignificación, del vallenato como género musical, del reconocimiento de la música vallenata tradicional y del aporte individual y colectivo, que representan para para el auge imparable, desde entonces.

Colacho Mendoza interpretó los cuatro aires con determinación, maestría y sujeción a los cánones establecidos. Situó su interpretación por encima del miedo escénico personal, la aversión de franjas del público presente conmovidos por el esnobismo, la elegancia y la calidad de las canciones que presentó al evento, del maestro Lisandro.

En la categoría semiprofesinal, diluida después en la de “aficionado”, el novel Emilianito Zuleta Diaz, quien ganó en forma categórica e impresionó al conglomerado con sus notas y con el canto certero, potente y claro de su hermano Tomás Alfonso. Al año siguiente se presentó en la categoría profesional ubicándose en los tres primeros.

En el Concurso de la canción inédita, Gustavo Gutierrez Cabello, se alzó con el primer lugar y, pese a que ya recorría el camino del vallenato romántico, atribuible a su egida, ganó con la canción rumores de viejas voces, elegía al “viejo Valle”: “(…) rumores de viejas voces, de tu ambiente regional, no se escucharán las voces, de tu sentido cantar, ya se alejan las costumbres, del viejo Valledupar, no dejes que otro te cambie, el sentido musical (…)”.

El Festival creció a partir del primero y para el segundo fueron tres las categorías pero, más que eso, atrajo segmentos de público, que no concurrieron el año anterior, lo mismo que medios de comunicación y un mayor número de participantes. Precisamente, por la cantidad de participaciones, fueron instalados kioscos alrededor de la plaza, en los cuales se asignaron grupos, en las dos categorías para acordeoneros. Debajo del palo e’ mango, se ubicó el jurado calificador e hicieron su presentación los participantes en el naciente concurso de la canción inédita.

Frente al almacén Venecia, en el lugar asignado, debían presentarse, en profesional, Nafer Duran, Enrique Diaz, Andrés Landero y Alfredo Gutierrez. Los dos primeros no se presentaron, circunstancia que daba lugar a que Andrés Landero y el rebelde del acordeón, pasaban directo a la final. Hicieron su presentación inicial ante el jurado y al término de la misma, Alfredo se retiró del evento. Un grupo significativo de niños y adultos lo seguimos hasta la tarima donde interpretó algunas canciones y, bajándose, manifestó con dolor evidente: “volveré, volveré y ya veremos.”

Durante la jornada final, Nicolás Elias se creció en su presentación: “(…) Soy la guacamaya verde, soy el perico y el loro, los desprecios que me hiciste, lo siento pero no lloro.”/ “Cuando el tigre está en la cueva, ronca y sopla la maná’, culebra verde con patoquilla, guardacamino y cola rayá’ (…)”. Se enfrentó a un gran contenedor, que le dio lidia, que anidó con su participación en el corazon del público, que mostró gran respeto hacia el certamen y al pueblo Vallenato, Lisandro Meza: “De música de Colombia la que canto es la Vallenata, aunque extenso tu Folclor como tu tierra querida patria; colombiano canta colombiano, Vallenato canta Vallenato (…)”/ “Comenzó la fiesta, comenzó la bulla, y mi negra suelta juepa ay baila esta puya; la puya vallenata va’gustá’, mi negra se destaca ay upa ja(…)”.

Después de la lectura del fallo, pasó lo que pasó e inició el ascenso de la música vallenata tradicional, en gracia del rescate, la preservación, la promoción y la divulgación, posibles y cada vez en mayor proporción, desde el Festival

Vallenato. Poco a poco nacieron festivales en pueblos y ciudades, sumándose a la sinergia cultural cuyos frutos se mantienen en grado sumo de madurez y vigor.

En esa oportunidad, Emilianito mostró y desmostró sapiencia musical, como gran promesa de la música, con 25 años de edad y el bagaje de la dinastía Zuleta, acompañado por Poncho, su hermano, en la guacharaca y como cantante, cuya voz ‘tronaba’ con la fuerza de sus pulmones, para modular se situaba a distancia, mayor de la habitual, del micrófono

Colacho Mendoza era un veterano del acordeón cuando ganó el festival, tenía un largo recorrido en parrandas, había grabado con Bovea y sus Vallenatos, también con su conjunto típico era muy conocido como el compañero de faenas del maestro y Rafael Escalona. Él había llegado a Valledupar, procedente de Caracoli sábanas de Manuela, en La Guajira y se dio las manos con los hermanos Pavajeau, Hernando Molina Cespedes y otros defensores de la música autóctona, parranderos y amantes del bien tocar.

Después de ganar, Colacho Mendoza fue a los estudios de grabación e invitó a Poncho Zuleta, quien cantó seis de los temas. Fue un buenísimo trabajo discográfico: “cuando el tigre está en la cueva, amor querido, los montes no tienen llave, no te aflijas corazón, la diosa coronada, la gota fría, el alacrán, despedida, mis pocos días, el milagro, el regreso de Carmen Diaz y sus ojazos.

Continuó adelante con capacidad de entrega, denodados servicios a la vallenatia, como animador de la parranda y de la música vallenata tradicional. Mientras tanto, desde 1970, el Vallenato tomó el camino que lo tiene donde está, a través de las primeras grabaciones de los Hermanos López, con la voz de Jorge Oñate y, luego, con Poncho y Emiliano, sin desconocer lo realizado hasta entonces por Bovea y sus vallenatos, Colacho, Alberto Pacheco, Alejo, Calixto Ochoa, Alfredo Gutierrez, Pedro Garcia Diaz, los Playoneros del Cesar, entre los más, más lo que siguió después.

En 1975, se produce la separación musical de Poncho y Emiliano. Ante tamaña dificultad, Poncho sin pensarlo dos veces llamó al “consagrado” Colacho Mendoza e hicieron tremendo disco de larga duración “Una voz y un acordeón”, cuyo contenido fue coherente con la línea musical del grupo y el aporte incuestionable de la calidad interpretativa del segundo rey Vallenato. En junio, del mismo año, grabaron Jorge Oñate y Emilianito Zuleta, un extraordinario disco y sobrevino entonces el reencuentro de Poncho y Emiliano, en virtud de lo cual se “unieron” Jorge Oñate y Colacho Mendoza, sociedad musical que produjo excelente producción es discográficas y actuaciones excelentes en los pueblos y ciudades de Colombia.

En 1979, al separarse de Jorge Oñate, Colacho Mendoza atiende el llamado del Cacique de La Junta -Diomedes Diaz- y llevan a cabo un periplo musical de amplio espectro y magníficos resultados en los mejores frentes. Hasta 1984, cuando decidió salir del grupo, cumplido lo cual hizo pareja musical con Silvio Brito, y después de algunas escaramuzas musicales llegó a unirse con Ivo Diaz, con quien conformaron un grupo sólido en doble propósito: amenizar parrandas y hacer presentaciones públicas, con muy buenos resultados en ambos casos.

Colacho Mendoza fue un hombre vertical, que no logró hacerse al cariño pleno de los vallenatos, cuando algunos decían que era el acordeonero de los ricos, lo cual hizo papilla en la medida en que demostró con creces su sencillez, la reciedumbre que lo caracterizaba. Fue un hombre de carácter y aprendió a ocupar su puesto, dada la grandeza mágica del maestro Escalona a quien acompañó con lealtad y presteza, de la Cacica Consuelo Araújo Noguera, de quienes hicieron pareja musical con él, de sus colegas y de cualquier persona.

Colacho Mendoza fue un acordeonero sobrio, pero no por eso menos aportante de cosas buenas cuando fue necesario salirse del formato Vallenato como en el caso de su participación en la grabación e interpretación del tema de Diomedes “saludo a Barranquilla”.

Uno de los pilares en los que Nicolás Elias, fundó su prestancia musical, la constituyó su integralidad interpretativa, antes de su salida a la palestra con Poncho Zuleta en 1975 y durante su vida musical: se sabía todas las canciones del maestro Tobias Enrique Pumarejo, del maestro Escalona, de Armando Zabaleta, de Lorenzo Morales, del maestro Leandro Diaz, de Toño Dalas, del Viejo Mile Zuleta, de Isaac “Tijito” Carrillo, de Rafael “Wicho” Sanchez y de muchos más, considerados esenciales en aquel momento.

Hace cincuenta años, después del primer año exitoso del maestro Alejo, como rey del Festival de la Leyenda Vallenata, Colacho Mendoza continuó la marcha triunfal que no se detiene, de una música como la vallenata cuyo principal sostén reside en la sinergia compositor-intérpretes-cultores, en el entendido de cultores, no compositores ni intérpretes, pero con la vastedad cultural, argumentativa y coloquial, de Consuelo Araújo Noguera, Alfonso López Michelsen, La Polla Monsalvo, Dario Pavajeau Molina, Ricardo Gutierrez Gutierrez y los demás de una fila que no es muy larga.

Bien lo dijo Poncho Zuleta, en su canto sentimental: “(…) de un acordeonero como Colacho Mendoza que cuando oigo su nota emoción me hace sentir (…). Emilianito, en su canción A un colega, lo describió sin vaguedad, dedicada para Nicolás Elias:

“(…) quien nació fue pa’ sabe’ tocá’ acordeón (…)

ser artista tiene sus complicaciones

y es difícil sostenerse en buena altura

tú has vencido todas esas situaciones

apoyado por tu nota veterana

y a pesas de hacer famosas mío canciones

no has sufrido los complejos de la fama

por eso es que tienen tantos seguidores (…)

y a través de los años

que tu imagen sea siempre el ejemplo pa’ nuestros colegas (…)”.

Su egida musical continúa, en sus canciones y en la nota heredada a su hijo Wilber Mendoza Zuleta.

 

Alberto Muñoz Peñaloza

@albertomunozpen

Sobre el autor

Alberto Muñoz Peñaloza

Alberto Muñoz Peñaloza

Cosas del Valle

Alberto Muñoz Peñaloza (Valledupar). Es periodista y abogado. Desempeñó el cargo de director de la Casa de la Cultura de Valledupar y su columna “Cosas del Valle” nos abre una ventana sobre todas esas anécdotas que hacen de Valledupar una ciudad única.

@albertomunozpen

3 Comentarios


Esther Cristina 29-04-2019 09:38 AM

Muy buenas memorias Dr.Alberto Muñoz Peñosa. Conocer la historia es revivir las epocas. Gracias por dedicar un tiempo para recordarnos que la cultura es la existencia de la civilizavion humana...

Benito Avila 30-04-2019 05:38 AM

Excelente descripción recordar es vivir esos momentos inolvidables del gran Colacho Mendoza gracias Alberto Muñoz Peñaloza por deleitarnos con tan manifica descripción.

José Luis González Mariano 30-04-2019 06:21 AM

Muy buena pero necesitamos mas historias como estas y de seguro que el festival vallenato y los reyes vallenatos las tienen...

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