Música y folclor

El boom de lo bailable en la Cuba de los 90

Victoria Eli Rodríguez

06/05/2019 - 05:25

 

El boom de lo bailable en la Cuba de los 90

 

La profusión de nuevas agrupaciones de música bailable constituyó un verdadero “boom” desde la década de 1990 en Cuba, convirtiéndose algunas de ellas en protagonistas indiscutibles de los centros nocturnos y las pistas de baile.

Las agrupaciones ampliaron su formación instrumental –ya sean charangas o conjuntos- hasta alcanzar en ocasiones alrededor de 16 instrumentistas. Ciertos patrones de orquestación se impusieron entre los músicos. En la formación instrumental predominó la utilización de los ejes tímbricos rectores de la jazz-band o derivados de ésta.

La sección de instrumentos de viento la formaron por lo general trompetas, trombones y saxos; la percusión podría estar integrada por combinaciones diversas de batería, tumbadoras, pailas cubanas con bombo añadido, bongó, cencerro, claves, chekeré, maracas, güiro y otros, e incluir en las cuerdas, según el caso, violines y bajo. El formato se completó con el piano y los teclados electrónicos, y se sumaron tres o cuatro cantantes.

La intensidad sonora aumentó considerablemente con sintetizadores, secuenciadores, máquinas de ritmos u otros instrumentos electrónicos y la utilización de aparatos de amplificación y salida de sonido. Se prestó una mayor atención a la coreografía y la escenografía, los efectos de luces y el diseño de vestuario, en tanto los conciertos en directo de las nuevas agrupaciones se aproximaron cada vez más al concepto del gran espectáculo promovido por el rock y sus derivaciones multitudinarias. La sonoridad que obtuvieron estas agrupaciones se fue acercando cada vez más entre sí, debido a la convergencia de compositores e instrumentistas en un medio social, formativo y artístico –una buena cantidad de los músicos eran jóvenes con un dominio técnico-musical alcanzado en las escuelas de música del país- donde todos y cada uno de estos factores funcionan con una fuerte relación.

En este momento destacaron Juan Carlos Alfonso (1962), José Luis Cortés “El Tosco” (1951), Giraldo Piloto (1962), David Calzado (1959) y sus respectivas agrupaciones, entre otros. Cada uno de ellos, por sólo citar algunos ejemplos, hicieron nuevas ofertas al bailador-receptor, generando un estilo de creación, interpretación y recepción que demandaba y proponía intensamente otras innovaciones, en esta esfera de la actividad creativa y de ocio.

La orquesta de Elio Revé fue de nuevo uno de los espacios que marcó en los momentos iniciales el interés y el gusto popular durante el trabajo realizado por Juan Carlos Alfonso en la agrupación como pianista, compositor y arreglista. Sobre todo en los conciertos en directo, el tratamiento de los estribillos ocupó una gran importancia; sus elementos reiterativos y las improvisaciones se alargaban más de lo usual con la utilización de tres o cuatro estribillos de diferentes dimensiones. Esta sección considerada como la expansión del son y su momento climático reforzaba el lucimiento de los cantantes y de casi todos los instrumentos, generando un verdadero éxtasis entre los músicos y el público.

Desde el punto de vista de la comunicación las improvisaciones se convertían en narraciones de significativa extensión donde el estilo interpretativo era más parlado que cantado. El disco La explosión del momento (1988) marcó un resurgir exitoso de la orquesta de Elio Revé esta vez en colaboración con Juan Carlos Alfonso. Rumberos latinoamericanos, El ron es pa’depué y La boda en bicicleta, fueron algunas de las piezas favoritas en aquel momento.

También como una regularidad dentro del acontecer de la música popular, los éxitos alcanzados por Alfonso le hacen independizarse y crear su propio grupo al que llamó Dan-Den (1989). La orquesta trató de dejar su impronta novedosa con el “nuevo ritmo” dan-den. Esta variante de fácil ejecución reforzaba con dos golpes de campana (cencerro) el final de una especie cercana a la conga cubana, muy próxima en sus interpretaciones al estilo festivo de las agrupaciones de carnaval y con una amplia variedad temática en los textos. Siempre hay un ojo que te ve, dio título a uno de sus discos del momento y se convirtió en un verdadero acontecimiento popular.

José Luis Cortés, “El Tosco” emergió con una fuerza inusitada en el panorama de la música bailable en estos últimos años de la década de 1980. Flautista, compositor y arreglista, integró la orquesta Van y Van y después el grupo Irakere, y ya había alcanzado popularidad dentro de esta última formación con obras para el baile como Rucu rucu a Santa Clara.

La Banda Nueva Generación, conocida como NG La Banda, fundada por “El Tosco” se integró inicialmente para la realización de grabaciones para la Empresa de Grabaciones y Ediciones Musicales de Cuba (EGREM) en 1987, de ahí el título The New Generation Cuban All Star: Antes de Nuestro Tiempo (Volumen I) y Nuestro Tiempo (Volumen II). Posteriormente se estableció como grupo de música más estable con los cantantes Tony Calá e Isaac Delgado. El disco En la calle (1993) marcó un momento de impacto entre los bailadores con piezas como La expresiva y Necesito una amiga.

Las orquestaciones de NG La Banda irrumpieron con una fuerza inusitada de base jazzística y aún crecieron más los niveles de improvisación en los integrantes de la agrupación. Más tarde se produce una separación dentro del grupo e Isaac Delgado reunió a varios músicos para fundar otra orquesta bajo la dirección de Giraldo Piloto. Las composiciones de Piloto, interpretadas por Isaac Delgado, imprimieron un nuevo impulso al repertorio dentro de un estilo vocal apegado a la línea de la salsa, que se diferenciaba de lo que se escuchaba en otras orquestas de la isla. Varias obras, cuyos textos poseían un aliento lírico mayor, se reunieron en el disco Con ganas (1994): Qué pasa

Loco, de Cortés; Dime tú que lo sabes, de Cándido Fabré; y Son cubano a Puerto Rico, de Pablo Milanés con arreglo de Gonzalo Rubalcaba, entre otras; dieron un buen acabado a este disco que se situó en lo mejor de la música bailable del momento y fue premiado por Egrem. El proyecto Delgado-Piloto identificó la música cubana con algunas influencias de los compositores salseros y produjo resultados muy significativos para la música bailable latina del momento.

Otra escisión produjo la creación del grupo Klimax dirigido por Giraldo Piloto. El buen acabado profesional de sus orquestaciones, la efectiva concepción en el tratamiento de la percusión, en especial de la batería -instrumento que interpreta Piloto-, así como textos y temáticas jocosas en sus obras, unido a un esmerado trabajo vocal en los solistas, sumó otro resultado de impacto en el panorama bailable cubano, llamando la atención a empresarios y consumidores fuera de las fronteras de la isla.

La aparición de David Calzado y la Charanga Habanera fue considerado un verdadero escándalo sonoro que transgredía los modelos comunes de las orquestas cubanas. Los instrumentistas, de excelente formación académica y profesional –como ya era una constante en las orquestas de aquel momento que ascendían a los sitios de preferencia-, eran muy versátiles al tocar varios instrumentos y hacían del escenario una verdadera pista de baile con coreografías espectacularmente preparadas, mientras que los cantantes, en algunas de sus obras, asumieron el estilo vocal parlado del rap. En la década de 1990, esta agrupación que había iniciado su andar en 1988 dejaba atrás un repertorio de chachachá, boleros y guarachas para abrirse a la difusión con un trabajo musical dado a conocer a partir de 1993 con el disco Hey you, loca, caracterizado por una gran saturación rítmica y la explotación tímbrica de los registros instrumentales más extremos.

El formato de esta agrupación se caracterizó por la incorporación de varios teclados junto al saxofón, la trompeta y el trombón. Los textos se hacían eco de comportamientos calificados de indecorosos, relaciones sentimentales traicionadas por el interés material y estribillos cargados de doble sentido; las coreografías poseían una gestualidad sensual y provocadora, de acuerdo con el fuerte sonido de orquestaciones masivas e hirientes.

Esto fue el sedimento que trazó las líneas de creación y sirvió de modelo a varias propuestas surgidas posteriormente y cada vez se hizo más evidente la competencia interna ante los medios de difusión nacional entre las distintas orquestas y conjuntos y un interés mayor por alcanzar los escenarios internacionales. Entre las figuras y agrupaciones surgidas más tarde se encontraron Manuel González Hernández, conocido como Manolín “El Médico de la Salsa”, Paulito FG (Fernández Gallo) y su Élite, Pachito Alonso y sus Kini Kini, Manolito Simonet y su Trabuco, Yumurí y sus Hermanos, Bamboleo dirigido por Lazarito Valdés, Carlos Manuel y su Clán y otros como Danny Lozada y la Timba Cubana, La Charanga Forever, Tamayo y su Salsa Mayor, etc., cuyo ascenso a la popularidad se vieron rápidamente fortalecidos por la respuesta del público bailador.

En la década de 1990 estos intérpretes colocaron en las listas de éxitos varias obras como: Encima de la bola del “Médico de la Salsa” cuyo texto alude a situaciones nacionales inherentes tanto a los músicos que actuaban en el exterior como indirectamente a los procesos migratorios que vive la isla: “Te fuiste / si tú te fuiste perdiste / yo no/ yo me quedé... Ahora soy el rey / si te gusta bien y si no también”. Sofocación, interpretada por Paulito FG y el disco El bueno soy yo, de este mismo intérprete que alcanzó el premio Egrem de 1997.

Estas y otras agrupaciones ya establecidas y de renombre como Juan Formell y Los Van Van y Adalberto Álvarez y su Son, se insertan en el mercado musical internacional bajo la etiqueta comercial de salsa, como posibilidad para alcanzar un sitio preferente en la oferta y competir internacionalmente en el entorno de las orquestas de baile de entonces.

 

Victoria Eli Rodríguez

Acerca de esta publicación: El artículo publicado bajo el título “ El boom de lo bailable en la Cuba de los 90 ”, de Victoria Eli Rodríguez, corresponde a un capítulo del ensayo académico “ La música bailable de Cuba: del son a la timba ¿ruptura o continuidad? ” de la autora mencionada.

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