Música y folclor

La diosa coronada, de Leandro Díaz

Óscar Montes

05/07/2019 - 07:30

 

La diosa coronada, de Leandro Díaz
El juglar Leandro Díaz

Como la historia reciente del país la están escribiendo los libretistas de televisión con sus ‘narco-novelas’, es bueno dejar constancia de cómo ocurrieron los hechos en realidad. Ya nos pasó con la vida del Joe Arroyo y con la de Rafael Orozco, dos de los más grandes artistas del Caribe, cuyas vivencias terminaron en manos de ignorantes, quienes sin ningún rubor les inventaron amigos con quienes jamás compartieron y episodios que nunca vivieron.

Ahora le tocó el turno a la obra del Maestro Leandro Díaz, llamado nuestro Homero por la Cacica Consuelo Araujonoguera, quien fue, sin duda, junto con Rafael Escalona, la gran promotora de la obra del compositor ciego. Una de las canciones más hermosas y difundidas de Leandro es La diosa coronada, tanto que hasta el mismísimo Gabriel García Márquez utilizó una de sus frases como epígrafe de su novela El amor en los tiempos del cólera: En adelanto van estos lugares/ya tienen su diosa coronada…

La diosa coronada es una de las canciones más reconocidas del Maestro Leandro, al igual que Matilde Lina, El verano, Los tocaimeros, Tres guitarras, La gordita, El cardón guajiro y tantas otras que han deleitado por décadas a los colombianos, especialmente a quienes vivimos en la Región Caribe. La obra de Leandro es admirada y respetada por todos los amantes de la música vallenata, sean seguidores o intérpretes.

De hecho, casi todos los cantantes de los clásicos vallenatos tienen su propia versión de La diosa, como es el caso de Poncho y Emilianito Zuleta, Diomedes Díaz, Jorge Oñate, Iván Villazón y hasta Ivo Díaz, hijo del Maestro y su mejor intérprete.

A quienes empiezan a creer que La diosa coronada es una reina de belleza que terminó envuelta con un narcotraficante, hay que decirles que en realidad se trató de una de las musas de Leandro Díaz, quien la conoció en Tocaimo, corregimiento de San Diego, Cesar, cuando el Maestro, pese a su juventud, ya era una figura reconocida en la comarca, gracias a su enorme talento musical. La Diosa, la original, se llamaba Josefa Guerra Castro y era hermana de Julio Guerra Castro, un joven acordeonero y compañero de parrandas de Leandro. Cuando el compositor la conoció tenía 21 años y ella apenas 18. “Y era tan bella como engreída”, según contó tiempo después el propio Leandro cuando, por cuenta del epígrafe de El Amor en los tiempos del cólera, todo el mundo empezó a indagar por la vida, obra y milagros de la ya inmortal Diosa coronada.
Josefa Guerra era la niña consentida de una de las familias pudientes de Tocaimo.

Leandro, en cambio, tenía sobre sus hombros dos grandes males: era ciego y músico, que en ese momento era tanto como decir borracho, vago y mujeriego. Josefa, por supuesto, jamás le paró bolas, pero Leandro se enamoró perdidamente de ella, quien llegó, inclusive, a despreciarlo.

Leandro aprovechaba la menor oportunidad para ir a la casa de los Castro en Tocaimo, pero Josefa no solo lo ignoraba, sino que se dedicaba a atender a otros jóvenes del pueblo, entre ellos uno que, al parecer, sí contaba con la aprobación de Josefa y de su familia. Cuando el Rey querido llega de tarde por la serranía/hay que ponerle gallina rellena que el Rey es fino, ¡Madre mía…!, tarareaba Leandro a orillas del río Tocaimo. Corría el año de 1949.

Cuando tuvo lista la canción, entonces llamó a su ‘cuasi cuñado’ Julio Castro, su compañero de parrandas, para que lo acompañara a cantársela a Josefa en su ventana. A pesar del empeño de Leandro y de los méritos de la canción, Josefa ni siquiera se asomó. Al día siguiente, cuando le preguntaron el porqué de su grosería, ella simplemente respondió: “¡Y yo por qué tenía que asomarme, cuando a ese señor ni siquiera lo conozco…!”.

Hasta ahí llegó el ‘romance’ de Leandro con La diosa coronada. Y aunque ella nunca le puso atención, Leandro se vengó inmortalizándola con su canto. Dulce venganza.

Ahora las nuevas generaciones empezarán a hablar de otra Diosa coronada, muy distinta, sin duda, a la musa que inspiró a Leandro. La de ahora es una narco-reina de esas que, por desgracia, se han propagado a lo largo y ancho del país como hierba mala y que por cuenta de las narco-novelas se han convertido en referentes sociales.

Pero que quede claro: La diosa coronada de Leandro no tiene absolutamente nada que ver con la protagonista de esta versión mafiosa y loba que empiezan a ver los colombianos por cuenta de un libretista ingenioso y sin rigor. Debería, al menos, respetar la obra del Maestro Leandro Díaz. Pero parece que eso es mucho pedir. Yo por mi parte dejo está constancia histórica. Me sirve al menos para dormir tranquilo.

 

Óscar Montes
@leydelmontes

2 Comentarios


Vicmendez 05-07-2019 03:06 PM

Agradezco esa historia y sin duda alguna UD es tan culto como pocos que se dejan llevar por las narcoseries felicidades aquí lo leo oyó? Siempre

Lourdes Vergara 06-07-2019 08:32 AM

Interésnte ilustrar la realidad de esa pasión amorosa de Leandro, no nos engañarán

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