Música y folclor

Justiniano Guillermo Pallares de Armas: juglaría y tradición en Chiriguaná

Luis Alcides Aguilar Pérez

09/07/2019 - 06:15

 

Justiniano Guillermo Pallares de Armas: juglaría y tradición en Chiriguaná
Justiniano Guillermo Pallares / Foto: archivo Lic. Yesid Pallares P.

A mí no me duele morir,

lo que les digo yo no es mentira

porque yo he sido un hombre feliz,

bastante que he gozado en la vida”.

 -Guillermo Pallares-

(Chiriguaná, 1932-2001)

Nació el 14 de mayo, de padres Justo Pallares y Teresa de Armas; los cuales murieron cuando Justiniano contaba con tan solo doce años.

A sus doce años de edad, se empleó como lechero en una finca de Chiriguaná, con lo cual pudo ayudar a sus tres hermanos menores huérfanos que permanecían a su cargo, ya que su padre murió al mes de muerta su madre.

Pronto, Justiniano respondería a la definición académica del “juglar”, es decir aquella “Persona que en la Edad Media iba de pueblo en pueblo divirtiendo a la gente con sus canciones, bailes o juegos a cambio de dinero o dádivas.

Fue muy grato encontrarnos con un juglar que gracias a su profesión de chofer deleitaba a las personas que requerían su servicio para trasladarlos a un lugar determinado. Su carro no contaba con el llamado “pasa-cinta”, pero no lo necesitaba, porque él, don “Guille”, hacía uso de su silbar melodioso y muy particular. Además de todo, ¿quién se perdería de la última inspiración de su autoría?

Su diario recorrido por las carreteras del Cesar (San Roque, Curumaní, Santa Isabel, La Loma, San Sebastián. etc…) era un viaje lleno de magia que, mientras recorría los pueblos con su canto, su alegría y su tratar escueto y amigable, hacían de él un personaje humilde.

En Chiriguaná era frecuente verlo en parrandas de reconocidos personajes del folclor vallenato. Algunos de ellos pernotaban en su casa; entre ellos podemos mencionar a Luis Enrique Martínez; el pollo vallenato, Enrique Díaz, Alejo Durán, Nafer Durán y Marcial Pava. Era habitual verlo en piquería con el juglar de San Roque (Cesar), Leonardo Carreño.

En entrevista a uno de sus hijos, el licenciado Yesid Pallares, esto nos dice: “Al hablar del viejo guille; se vienen a la mente sus canciones, con las cuales parrandeaba, alegraba a sus pasajeros y dándole una pisca de humor y alegría a sus viajes. Ellas recapitulan lo que sentía y pensaba. Cantaba a las mujeres, musas de muchas de sus canciones, a los amigos, a un fraude electoral, la Chiquinquirá, a la madre de Alejo, al maestro Mejía, al mandato caro del presidente Alfonso López Michelsen, a los políticos, malos servicios; a todo lo que le inspiraba le componía una canción, llegando a tener aproximadamente unas treinta, de las cuales le grabaron: El rico millonario; por Emilio Oviedo y Rafael Orozco, Amor de Madre; por Enrique Díaz, El parrandero y mujeriego, Mandato caro, La mujer de los dos esposos; por Alfredo Gutiérrez, La muerte y Mi caballito; por Julio de la Osa, entre otras. Era un hombre de un carácter placible por lo cual agradaba su presencia y compañía. Pese a todo lo defendió hasta el final, el amor por sus hijos, por su pueblo y amigos. Desde niño compuso canciones a las diversas circunstancias que la vida le propinaba. Es así que le compuso una canción a su hermano mayor, quien al haberse enamorado los abandonó por mucho tiempo, consiguiendo que su hermano después de escuchar esta canción volviese arrepentido”.

En medio de la charla con su hijo se nota un dejo de tristeza y continuando expresa: “Al biografiar su existencia terrena, parece válido comenzar por su muerte -pues solo se conoce a alguien totalmente en su morir-; su obra, es decir, su verdad y pensamiento; detenernos un poco en sus alegrías y pesares por donde todo inicia, por su vida.”

El profesor Yesid relata apartes de los últimos momentos de su padre, momentos trágicos producto del caos y desasosiego en una sociedad. Tomando la continuidad de sus palabras nos dice: “La sorpresa que me llevó, al enterarme del secuestro del viejo guille; era algo enteramente descabellado, absurdo y sin sentido, la muchedumbre en los corrillos de las plazas y del mercado, susurraba sorprendidas el insólito hecho, todos apelaban al principio de ser una confusión, no cabía en la cabeza de nadie la repentina desaparición del viejo de cantos alegres y sonrisa perpetua.

Las investigaciones realizadas por la autoridad y por algunos amigos cercanos, confirmaban lo que se temía; pero ¿Por qué? O ¿Por quién? O tal vez, ¿Para qué? Eran las preguntas que divagaban sueltas y pérdidas en las cabezas de todos.

Estábamos en la casa aquel 29 de marzo, cuando de manera inesperada y sin ninguna preparación, llegó lo temido: “¡Mataron al viejo guille! Es tan difícil describir ese momento… Las lágrimas y sollozos de desconsuelo y resignación fueron el único lenguaje de aquel dolor.”

El maestro Guillermo Pallares – “El viejorro”, como cariñosamente le llamaban sus hijos, cuando en vez de decirle viejo, apelaban al anterior seudónimo– muere el 28 de marzo del 2001. Dejando un legado cultural muy amplio y de interés para las siguientes generaciones. Se le recordará, entre otras cosas, por su silbar, sus cantos y su trato, con los que alegró el corazón de muchos chiriguaneros.

 

Luis Alcides Aguilar Pérez.

@LuisAguilarPe

Sobre el autor

Luis Alcides Aguilar Pérez

Luis Alcides Aguilar Pérez

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Luis Alcides Aguilar Pérez (Chiriguaná- Cesar). Lic. En Ciencias Sociales de la Universidad del Magdalena. Docente de secundaria. Fiel enamorado del arte de escribir. Publicaciones: La Múcura de Parménides – Compendio de cuentos, poesías y reflexiones; Sueños de libertad – Cuentos, poemas y diez reflexiones; Chiriguaná. Historia y Cultura. Novela inédita “¡Y la culpa no es de Dios!”

@LuisAguilarPe

2 Comentarios


Ligia Gómez H. 09-07-2019 03:56 PM

Todo un Señor el Viejo Guille. Inolvidable.

Yovanis mendez vega 10-07-2019 07:46 AM

Inolvidable cuando visitaba a mi casa ubicada en saloa cesar dónde difrutaba de una viuda de pescao con su cuñado Guadalupe Rodriguez romero . Su canto y su silvar eran inmancable en cada visita. Gratos recuerdos del viejorro

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