Música y folclor

Julio Vanega, un cultivador de talentos musicales

Johari Gautier Carmona

10/09/2012 - 11:40

 

Pabel Ortiz y Julio VanegaSu nombre apareció en los periódicos de la región en pleno mes de agosto junto a una lista interminable de elogios. Y las razones eran fundamentadas: Julio Cesar Vanega, el director de la banda musical de Valledupar, volvía triunfante y sonriente de Sincelejo con sus “pelaos”.

La banda que dirige desde el año 2004, ya había ganado trofeos destacables en el pasado, pero nunca uno de semejante tamaño. Por ese motivo, quisimos conocer más de su persona y entender cuáles eran los motivos de esta victoria abrumadora.

En el patio de la Casa de la Cultura, Julio acepta detener unos minutos una clase con el joven Pabel Ortiz, a quien imparte clases de trombón, y se sienta a la sombra, debajo de los arcos. El recuerdo de la victoria le ilumina inmediatamente el semblante. No hay nada como esos dulces momentos.

“No íbamos con las expectativas de ganar y aprender –asevera el entrevistado–. Pero, desde el instante en el que arrancamos la presentación, el jurado se quedó asombrado”.

La victoria no fue fácil. Todo lo contrario. Las circunstancias dejaban entrever una posible cancelación.  “Se nos fue la luz, y nos quitaron la acreditación –explica Julio–. Éramos la última banda y, por eso, se nos complicaba la competición”.

Entonces, el director de la banda decidió asumir el reto. No había recorrido todos estos kilómetros para regresar con los brazos cruzados. “Respondí que veníamos a concursa sea con sonido o sin sonido –comenta Julio Cesar–: nosotros vamos a tocar así, dije”.

Los organizadores respetaron la actitud del director de la banda, dieron su aprobación, y tras un leve silencio, se asombraron ante la belleza del sonido que manaba de los 25 músicos. “Arrancamos con un porro del maestro Cesar Cano y la impresión fue muy grande –exclama el director–. La gente se esperaba a que tocáramos un vallenato y cuando empezamos a tocar se fue formando un alboroto.”.

Los presentes, oriundos de todas las partes de Colombia, liberaron un rumor  que fue intensificándose. “Se notó la diferencia en cuanto a dinámica, matices, sonido, expresión, afinación e incluso baile”, argumenta el director.

Y esa diferencia de nivel tiene una explicación. Desde muy temprano, Julio Cesar promueve que el músico sienta y viva la música. No puede sólo aspirar a la perfección técnica o ser un autómata, sino que también debe buscar la compenetración, moverse con la música y fluir con ella.

Tras la interpretación de las distintas bandas, la espera del veredicto del jurado se hizo interminable. “Cuando anunciaron el ganador, dijeron el nombre del porro pero dijeron otro compositor y nos quedamos mirándonos las caras”, comenta el director con una sonrisa. El recuerdo todavía le genera un sentimiento de alegría.

“Ah ah, pensamos. ¿Será que hay una banda que tocó otro porro y se llaman igual”, comenta el músico. Y ante el silencio tenso y prolongado, el jurado volvió a repetir el veredicto pero esta vez mencionando la ciudad de Valledupar.  “Saltamos todos de alegría –exclama Julio–. ¡El bullicio fue muy grande!”.

El desenlace ya lo conocemos. El regreso de la banda fue celebrado a lo grande y Julio Cesar sintió que su dedicación recibía un reconocimiento de carácter nacional. “Con esta victoria –sostiene Julio–, la banda ha ganado en prestigio. Hemos llegado a un nivel tremendo. Otras ciudades del país nos están mirando e invitando a eventos.

Después de este viento de frescura y alegría, Julio Cesar espera que se incremente el acompañamiento de las entidades locales a su grupo de músicos. “Me gustaría que esta banda hiciera conciertos en Bogotá o en el exterior, Venezuela o Panamá. No quiero que estos jóvenes se queden estancados. ¡Que sigan pa´lante!”.

Con esta nota esperanzadora cerramos el encuentro. Profesores así de dedicados no son tan comunes y, sin lugar a dudas, son una bendición para Valledupar.

Johari Gautier Carmona

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