Música y folclor

Ana Matilde, una cantadora para recordar

Diógenes Armando Pino Ávila

29/11/2019 - 04:40

 

Ana Matilde, una cantadora para recordar
La cantadora Ana Matilde Alvarado / Foto: Diógenes Armando Pino Ávila

 

Hay un “territorio de aguas” donde habitan gentes buenas y sencillas. Un territorio de contrastes de pesca, oro y ganadería, una subregión bañada por cuatro grandes ríos: Magdalena, Cesar, Cauca y San Jorge los que alimentan un sin número de humedales, caños y ciénagas que hacen de nuestro territorio una potencia piscícola inexplotada. Un pedazo de la geografía de Colombia, una hondonada enmarcada entre la llanura Caribe y las estribaciones de las serranías de Ayapel, San Lucas y Perijá. Agua y tierra se puede decir, llena de vida y esperanza con una magia especial heredada de sus ancestros, es la Depresión Momposina.

En ese “territorio de aguas” nació Ana Matilde Alvarado de Sajonero, creció posando sus pies descalzos en la fresca arena de sus calles y en su infancia debió vivir el asombro de una noche de guacherna, y con ojos dilatados debió observar la danza hipnótica de sus mayores, que en acompasados pases bajo el son mágico de los tambores, las palmas y la voz de la cantadora, deleitaban a los presentes en una especie de ceremonial bailado y cantado donde remembraban a sus ancestros.  Ana Matilde creció rodeada de la magia de nuestras tamboras, bajo la tutela de sus tías y madre portadoras de una tradición que ella heredó y conservó hasta el final de sus días.

Tuve noticias de ella por allá en los años 78-79, cuando fui invitado por una paisana que fungía de secretaria de planeación en Ríoviejo, llegué a ese pueblo a dar una charla sobre la cultura del río y alguien me habló de ella y de su grupo, no tuve tiempo de visitarla, pero su nombre y el del grupo nunca se borraron de mi memoria y en el segundo Festival de Tamboras en Tamalameque, la invité a participar. Su grupo presentó de salida una riqueza folclórica y una forma muy peculiar de bailar las tamboras con un característico “bricao”.

Su grupo no utilizaba la tambora hembra (la de dos parches), tocaban un instrumento diferente, un híbrido entre caja y currulao que no se tocaba con las manos, se tocaba como la tambora con dos mambacos, ella cantaba con el alma, tamboras y chandé cuyos versos salían de su mente con un repentismo admirable.  Desde ese día, no la perdí de vista y, en los siguientes festivales, era invitada, convirtiendo el grupo Tambora la Candelaria que ella regentaba en mi grupo favorito. Ese primer año, me dedicó una tambora: “Llegamos a Tamalameque a Diógenes a saludar/ sabemos que eres el jefe de éste bello festival…”

Ana Matilde era una cantadora que hacía juglería con una desenvoltura y una gracia tal que daba ganas de conocer al personaje de su historia, y al paraje donde ocurrieron los hechos, tal impresión sentí cuando le oí cantar la tambora “Perro negro”, donde contaba la historia de «“Santiago de Buenaseña”, el que en su bote “La razón”, llegando a “La Quinquirilla” perro negro lo tumbó», no deja uno de imaginarse el espanto de Santiago y el arranque despavorido sobre su bote para apartarse del paraje donde se llevó tremendo susto.

También le escuché algunos cantos en tambora que mencionan pasajes de la política colombiana de antaño, en los años aciagos de la violencia, donde en el canto hacía reminiscencia a la muerte de Gaitán, magnificando al caudillo dándole el estatus de General: «Ay si, ay no, que me quieran con afán/ que muera Santodomingo y viva el General Gaitán», demostrando la tradición liberal de su estirpe que sentaba posición política en la agitada controversia que suscitó la muerte de ese hombre colosal que motivaba las masas liberales.

Ana Matilde, la mujer, la madre, la cantadora, dedicó gran parte de sus 93 años al canto de las tamboras, manteniendo viva la cultura de la Depresión Momposina, deleitando a propios y foráneos con su voz y sus cantos, acompañada de un grupo de personas que la idolatraban y la seguían, pues tal era el carisma de esta mujer maravillosa, que su grupo, incluso le componía canciones y le cantaba a ella: «Oye Ana Matilde canta con tu voz/ suena el currulao que bailando voy/ Ana Matilde canta con todita inspiración/ y el resto de grupo le responde con amor». Estos versos sencillos dedicados a ella denotan la devoción, no solo de su grupo, sino de todos los grupos de tambora de la Depresión Momposina.

Ana Matilde era respetada por todos, público, cantadoras y cantadores, tocadores de tambora y ganó gran prestigio, admiración y respeto en todos los pueblos de este “Territorio de aguas”. Ana Matilde se despidió de la tambora terrenal a los 93 años, en la tarde del día 22 de noviembre de éste año, dejando un vacío inmenso en el sentimiento de los que la conocimos y amamos como figura icónica de nuestra cultura y nuestro folclor. ¡Hay luto en las tamboras!

 

Diógenes Armando Pino Ávila

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Sobre el autor

Diógenes Armando Pino Ávila

Diógenes Armando Pino Ávila

Caletreando

Diógenes Armando Pino Ávila (San Miguel de las Palmas de Tamalameque, Colombia. 1953). Lic. Comercio y contaduría U. Mariana de Pasto convenio con Universidad San Buenaventura de Medellín. Especialista en Administración del Sistema escolar Universidad de Santander orgullosamente egresado de la Normal Piloto de Bolívar de Cartagena. Publicaciones: La Tambora, Universo mágico (folclor), Agua de tinaja (cuentos), Tamalameque Historia y leyenda (Historia, oralidad y tradición).

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