Música y folclor

La Guillermina y el travestismo en el Son de Negro

Álvaro Rojano Osorio

21/02/2020 - 03:55

 

La Guillermina y el travestismo en el Son de Negro
La Guillermina del grupo de danza Son de Negro Cimarrón de Mahates

 

“Mi nombre no es común, Abilio, no sé de donde lo sacaron mis papás porque nadie en mi familia se llama así, y creo que en este pueblo no tengo tocayo.  La gente acostumbra a llamarme Abi. Nací acá en Mahates, Bolívar, hace 40 años, y desde hace cuatro años soy la Guillermina del grupo de danza Son de Negro Cimarrón de Mahates”.

Me lo dice mientras comenzamos a ver cómo una tenue llovizna se va convirtiendo en un fuerte aguacero. Estamos sentados debajo de un improvisado techo de un pequeño restaurante ubicado en la calle de ese pueblo que hace de carretera que va hacia Cartagena. En ese sitio fuimos a hablar, después de habernos conocido a través del gestor cultural Francisco Sarabia.

Abilio Antonio Beltrán Sará es un mulato de casi un metro con ochenta centímetros de estatura, de risa fácil y cuando lo hace en su rostro se hace más visible su mentón. Al hablar denota la existencia de algunos giros lingüísticos de marcada influencia afroamericana, lo que resulta común en algunos pueblos ubicados en el Canal del Dique y Mahates es uno de ellos. Esta localidad fue un importante puerto de Cartagena en esa cuenca, era el lugar donde estaba una balsa en la que los pasajeros iban, o venían, hacia esa ciudad.

Cercano al pequeño e informal restaurante permanece un grupo de jóvenes apostados en la calle y quienes, por ser once de noviembre, detienen, con una cabuya o sus cuerpos, a las personas que, en carro, moto, bicicleta, burro, caballo o cualquier medio de locomoción, circulan por donde están. A los que detienen les piden una retribución económica o en especie para dejarlos seguir transitando por la calle. Los intervinientes en esta práctica festiva visten con atuendos carnavaleros, algunos están disfrazados de mujer. En la medida en que arrecia la lluvia les resulta difícil seguir en su tarea, por lo que optan por recoger la cabuya, aunque permanecen bañándose con el aguacero.

Nos acompaña en la mesa Francisco Sarabia, gestor cultural local, y quien, al preguntarle cuál es su rol en la danza Son de negro Cimarrones de Mahates, señala que en ella se encarga de todo. En nuestro diálogo conozco que Abilio es mototaxista, pero cuando esa actividad no le resulta productiva acompaña a su mujer, Aminta Rodríguez, haciendo bollos de mazorca y de limpio con maíz duro, así como caballitos de papaya. Sus hijas, Kelsy Luz de 10 y Kendri Patricia de14 años de edad, son quienes venden estos productos en las calles de esa localidad.

“Mis hijas son estudiantes y les gusta el baile, creo que ambas sienten lo mismo que yo cuando era un niño y escuchaba el sonido de un tambor. En un día como el de hoy, que llaman el del bando, donde salen carrozas, disfraces, y danzas a recorrer el pueblo, sentía ganas de bailar. Sentía una rara alegría, cuando escuchaba la música. Yo no sabía de donde me venía eso, para ese tiempo vivía con mi abuelo que era un hombre de pocas respuestas y de fuerte carácter. Papá y mamá se fueron a trabajar en Venezuela y me dejaron a cargo de él”.

“A los once años salí a averiguar porqué me gustaba la música, porqué me alegraba tanto el sonido del tambor, fue cuando supe que mi abuelo, el regañón y el que quería que todo estuviera ordenado, cada vez que se emborrachaba era alegre, risueño y bailaba son de negro. A él le debo dos cosas: el amor por el baile y la rectitud”.

A esa edad, impulsado por su maestra de primaria, creó un grupo de danza que llamó “Semilla de Cristo Rey”, de quien es devoto, en el que bailaban cumbia.  Se hizo líder del grupo y recuerda que, debido a su activa participación en aquella expresión cultural, no iba a más de 30 días de clases al año a la escuela primaria. Fue cuando que le dieron el remoquete de la culebra, por lo delgado y la forma de moverse mientras bailaba.

Me volví conocido como bailador y por ese me llamaron a formar parte de la danza de son de negro, por allá por los años 2000. Era la primera vez que iba a bailar este ritmo, me orientó Eugenio Ospino, quien actualmente es la voz líder del grupo Son de Negro Cimarrón de Mahates.

Hasta 2014 estuve de bailador, ese año me llamó el cacique de la danza y me dijo que quería que yo fuera la Guillermina. En ese momento se me ocurrieron dos cosas: consultar con mi mujer y mis hijas la propuesta y, de aceptar, procurar hacerlo de la mejor forma porque la Guillermina que iba a reemplazar lo había hecho muy bien.

Le pedí al cacique que me esperara mientras hablaba con mi familia, me reuní con ellos y les dije que para hacerlo debía vestirme con una falda, es decir como una mujer. Les hablé para evitar que le fueran a decir a mis hijas que por hacerlo yo era gay. Porque usted sabe que apenas lo hicieran iban a decir eso y, no señor, yo no soy gay, soy macho donde me pongan. Entonces una de mis hijas me dijo bueno papi póntela que nosotros te apoyamos. Mientras que mi mujer me dijo: yo sé que esa es tú pasión y yo te apoyo. Además, sé que por hacerlo no vas a perder tú hombría.  Por primera vez me vestí de mujer y lo hice delante de ellas.

La decisión de que fuera la Guillermina nació del hecho que quien hacía ese papel en la danza no podía ir al festival de Son de Negro en Santa Lucía, Atlántico. No me preocupaba hacerlo porque yo me acomodo donde me pongan, aunque pensé que iba a serlo de forma pasajera. Y se quedó ahí, dice Pacho Sarabia quien sonriendo se dirige a Abilio. Y me quedé respondió Abi lanzando una carcajada que rompió el sonido de la lluvia que aún no menguaba y seguía desgajándose por el alar del techo del lugar donde dialogábamos.

Después de reunirme con el cacique y decirle que aceptaba comenzamos a practicar mi nuevo papel en la danza. Yo tenía una mentalidad fuerte, basada en que si al que reemplazaba le había ido bien, a mi debía ir mejor. Él ganó en Santa Lucía y yo también tenía que ganar, por eso apenas salí al ruedo en el festival, fueron cámaras para acá, cámaras para allá, filmándome y tomando fotografías”.

La Guilermina en plenas celebraciones

En algunas danzas de Son de Negro, la Guillermina reemplaza a la mujer y asume la función de ésta que es la de bailar con todos los parejos. Varias son las explicaciones del por qué la mujer fue excluida de algunas danzas del Caribe colombiano. Entre la más importante está la visión impuesta por la sociedad patriarcal, desde la Edad Media, sobre ellas, confinándolas a un solo escenario, el hogar.

La mujer debía representar la idealización de la pureza, la obediencia y la virginidad, imitar la figura de María Inmaculada, y al hacer parte de este tipo de expresiones, aunque cultural, era irrespetar esos símbolos morales-cristianos; a más de las consecuencias sociales que le traía a quien se atrevieran a controvertir tan rígidos preceptos.

El travestismo fue la manera de sustituir a la mujer en algunas danzas tradicionales del Caribe nuestro, para eso el hombre que lo hacía y aun lo hace, utiliza atuendos que le pertenecen, por disposición de la sociedad de consumo, a quien caracteriza. Travestismo, aunque cultural, que aún es rechazado, entre otros argumentos, por la utilización de la ropa asignada al género que no pertenece quien se disfraza. Transformismo que es visto, por la apariencia o los artificios corporales, como homoerotico.

Además de las consideraciones de orden moral-cristiana, otra de las razones por la que la mujer es reemplazada por hombres travestis, era la característica de nómada que tenía la danza de Son de Negro en el Caribe colombiano. Era usual verlos andar por caminos de herradura, yendo a bailar o a robar a la reina o su trono a otras localidades, sin que la distancia los detuviera en ese propósito. La mujer no era dada a exponerse a esas caminatas y si mostraba algún interés ya sea el organizador de la danza o su marido no le permitían que participara en esas aventuras.

Otro argumento que impidió la llegada de la mujer a la danza, es la característica de guerrera que tiene esta expresión cultural. Peculiaridad que se desplegaba cuando iban de un lugar a otro a robarse la reina del carnaval o su trono o cuando participaba en las conquistas; actualmente la lucha es por la bandera y por la Guillermina, para evitar que se las roben. Al tener mujeres en el grupo de danza se exponen a que ellas también sean robadas, lo que implica, según algunos organizadores de danzas de son de negro, un mayor esfuerzo físico para el cacique y los negros encargados de su custodia.

Explicaciones todas que han servido para seguir excluyendo, en algunos lugares del Caribe, a las mujeres de algunas danzas al considerarlas como perteneciente al sexo débil. Fortaleza que aseguran tiene la Guillermina, por tratarse de un hombre que se viste de mujer para imitarla. Sin embargo, es importante aclarar que este personaje no hace parte de todas las danzas de Son de Negro, ni en todas las danzas de este tipo son excluidas las mujeres.

Las características gestuales de la Guillermina son las de una mujer torpe, tosca, grotesca, coqueta, aunque sea la reina de la danza. En su puesta en escena se busca que sus poses, sus gestos, su manera de bailar, no sean confundidas con el de un travesti homoerotico.

Esta, al bailar, jamás abandona su característica de ruda, lo que se manifiesta, especialmente, en algunos momentos de su presentación. Momentos que inician después de que ella baila hamaqueado y cuando el cantador principia a interpretar algunos versos. Para entonces el danzante que la acompaña debe estar atento a los movimientos de ésta para evitar que lo golpeé con sus glúteos.

La Guillermina es la reina de la danza por lo tanto debe ser protegida por el cacique para evitar que se la roben, y si sucede como responsable de su custodia debe pagar una multa o la recompensa que exijan para liberarla.  Reinado que tiene el carácter de paródico lo que se muestra a través de gestos y expresiones propias de las mujeres, pero debido a la forma tosca como lo hace se convierten en una imitación humorística.

La característica de una buena Guillermina es que en la mimesis se muestre como un hombre disfrazado de mujer, es decir sin perder completamente su masculinidad. A eso se refiere Abì al narrar la anécdota de lo que le sucedió cuando llegó por primera vez a Santa Lucía para participar en su festival como Guillermina. Sonriente recuerda que cuando la vieron dijeron: ¡Carajo! Que Guillermina tan grande, tan tablua. Algunos se me acercaron para preguntarme si era hombre o mujer-

Pese a la manera como asume y desarrolla su papel protagónico en un escenario, el que use atuendos, como ropa, que están asignados por la sociedad de consumo a las mujeres, hace que sea asociado con el travestismo homoerotico. Creencia que ha llevado a que la Guillermina de Mahates, en algunas oportunidades, haya sido acosada con propuestas amorosas, sexuales, incluso manoseado en sus nalgas por parte de algunos hombres. Frente este tipo de suposiciones y actitudes Abi tiene una respuesta: “Cuando subo a un escenario dejo sentado que en el grupo hay una Guillermina, no una mujer ni un gay”.

Esta Guillermina usa pocos atuendos de mujer, falda y blusa, peluca y su rostro es coloreado con polvos faciales. Atavíos como los brasieres no hacen parte de ese inventario debido a que no utiliza senos postizos. Tampoco acostumbra a rellenar sus nalgas con trapos u otro material, por eso siente cuando, extraños o bailadores de la danza, le pellizcan esta parte del cuerpo.

La puesta en escena de este personaje implica ser coqueteada y deseada por todos los bailadores con los que tiene que danzar, demostrando su capacidad física. Pero, pese al galanteo de estos, la Guillermina está destinada para el cacique del grupo.

Ha dejado de llover y el grupo de jóvenes, que obstruían el tránsito por la calle, se han ubicado a un lado de esta vía. Han instalado un equipo de sonido que utilizan para bailar champeta y consumir un licor de baja calidad común en los pueblos del Caribe, que seguro han comprado con lo que recogieron pidiendo dinero a los que transitaron por donde estuvieron ubicados. Para entonces han comenzado a pasar disfraces, personas con instrumentos musicales, rumbo al lugar de donde más tarde partirá el bando.

Mientras Francisco Sanabria debate, vía celular, con otros miembros de la danza Son de Negro Cimarrón si participan o no en las festividades de Cartagena, Abi me comenta que nadie es profeta es su tierra. Le pregunto por las razones que tiene para señalarlo y me responde que cuando la danza va a Cartagena, a Barraquilla donde van a participar en el carnaval de la 44, y en otros lugares de la costa Caribe, el personaje que representa recibe halagos de hombres y mujeres. Algunos enamorándolo, otros reconociendo su trabajo cultural. En Santa Lucía cuando la ven le dicen: “qué negra hermosa, qué negra grande. Quédate conmigo, hermosa”.

Otra cosa sucede en Mahates, acá me dicen: ¡qué mujer tan maluca ¡¡Tú si eres maluca!

 

Álvaro de Jesús Rojano Osorio

Sobre el autor

Álvaro Rojano Osorio

Álvaro Rojano Osorio

El telégrafo del río

Abogado y escritor de los libros: La Tambora Viva, Musica de la Depresion Momposina. La Musica del Bajo Magdalena, Subregiòn rio. Libro ganador de la beca para la publicación de libros de autores colombianos por parte del Ministerio de Cultura y su Portafolio de Estímulos 2017. El río Magdalena y el canal del Dique: poblamiento y desarrollo en el Bajo Magdalena. Bandas de viento, fiestas, porros y orquestas en el Bajo Magdalena. Coautor de los libros Cuentos de la Bahía. Magdalena, territorio de paz.

@o_rojano

1 Comentarios


Bridys Muñoz 22-02-2020 01:54 PM

Interesante cronica la escrita por Alvaro Rojano, a quien sigo su trabajo cultural, cada vez que escribe nos deja una enseñanza de nuestra cultural, de la historia. Felicito a este periodico por haberle dado la oportunidad de tener su columna.

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