Música y folclor

Ruben Darío Salcedo, un hombre con el corazón de acero

Eddie José Dániels García

24/03/2020 - 05:15

 

Ruben Darío Salcedo, un hombre  con el corazón de acero
El compositor y acordeonista Ruben Darío Salcedo / Foto: RCN

 

Éste es el mejor calificativo que podemos tributarle a Rubén Darío Salcedo, el genial compositor sincelejano, que, desde finales de los años sesenta y durante varias décadas, ha puesto a bailar a los amantes de la música de acordeón con su repertorio de hermosas y recordadas canciones. Y lo llamo un hombre con el “Corazón de acero”, porque ésta fue la metáfora que sirvió de  título a la canción estrella, grabada por Alfredo Gutiérrez, que le abrió las puertas de la posteridad y situó a Rubén Darío como uno de los más grandes y renombrados compositores de la música vallenata o, más concretamente, de la música sabanera, si es que nos arriesgamos a establecer alguna diferencia entre los aires que se ejecutan en la fecunda región del valle de Upar con aquéllos que se interpretan en las sabanas sucreñas.

Recuerdo que apenas habían transcurrido dos o tres meses de 1969, y nos encontrábamos en la antesala del segundo festival de la Leyenda Vallenata,  cuando la voluminosa fanaticada costeña y de otras regiones del país, devota de Alfredo Gutiérrez, por supuesto, fue sorprendida  con la aparición del long play “Romance Vallenato”, un fabuloso álbum de doce canciones, cuyo título fue puesto a propósito por el insuperable acordeonista sabanero, para con él despejar algunas dudas y comentarios adversos que se tejían sobre su forma de ejecutar el acordeón, y con ello demostrarles a Consuelo Araujonoguera, a Rafael Escalona  y demás pontificadores de Valledupar, que él sí sabía ejecutar a cabalidad los cuatro aires  vallenatos que se exigen en la participación del festival.

Y dentro de las doce piezas antológicas que adornaron el “Romance Vallenato”, donde aparecieron “Ay, Elena” y “Capullito de Rosa”, en ritmo de pasebol, también de Rubén Darío Salcedo, fue “Corazón de acero” la canción que logró calar con más profundidad en el sentimiento popular y la que más ha trascendido en el folclor vallenato a través de sus cuarenta y tantos años de existencia. Otras composiciones perdurables de este álbum, que le hicieron la corte a “Corazón de acero” y le siguieron en fama y popularidad fueron “Ojos indios” y “Cabellos cortos” de Alfredo Gutiérrez, “Los novios” de Freddy Molina Daza, “Me dejaste solo” de José Garibaldi Fuentes y “Confidencia”, la canción más representativa de Gustavo Gutiérrez Cabello, según él mismo lo ha certificado en diversas oportunidades.  

“Corazón de acero” es un hermoso y brevísimo paseo de tono romántico, en el cual Rubén Darío utiliza la dureza de este metal como recurso metafórico para significar el carácter inquebrantable de una mujer que no se decide a quererlo a pesar de su insistencia. Esta actitud firme de la pretendida esta patente desde la entrada afirmativa de la composición: “Tienes que tener el corazón de acero / porque no te das cuenta el desprecio que me haces/ como sabes que te quiero / te burlas de mis pesares / si tu corazón es fierro / yo forjaré a conquistarte / pero existe aquel proverbio que de un bien pagas con males”. Y enseguida, en el coro, continúa el autor, a manera de reclamo, cuestionando a la mujer: “Corazón de acero/ por qué eres así? / Tienes alma de indio guerrero, / pero te quiero a ti.

En la estrofa siguiente, el compositor considera que su actitud insultante obedece a la fuerza de su amor, le pide perdón a la mujer y le promete,  de manera hiperbólica, si ella lo acepta, conseguirle los tesoros más inalcanzables que hay sobre la tierra: “Tienes que tener el corazón de acero / perdona vida mía que yo te esté insultando / pero es que te quiero tanto / por mi Dios santo del cielo / que si pides los tesoros/ que dejó el rey Salomón / te prometería hasta el trono / de la tierra el faraón”.  Nuevamente entra el coro, el cual se repite, para cerrar la composición: “Corazón de acero/ por qué eres así?, Tienes alma de indio guerrero/ pero te quiero a ti”. Y finaliza la composición un concierto de notas embrujantes y melodiosas, creadas con toda destreza y maestría por “El rebelde del acordeón”.

Asimismo, no puedo desconocer que, cuando apareció “Corazón de acero”, ya Rubén Darío Salcedo era conocido ampliamente en el medio musical costeño. Su canción “La colegiala”, grabada unos años antes por Julio de la Ossa, había logrado una profunda aceptación y se mantenía inalterable en el fervor popular. Y para honrar más su nombre, en 1968, Alfredo Gutiérrez había titulado “La cuñada”, también de Rubén Darío, el primer larga duración que grabó con la casa disquera Codiscos de “La capital de la montaña”. En esta canción, considerada como una respuesta a “La colegiala”, el autor deja entrever un aire de venganza y de satisfacción al manifestar que, a pesar de los desprecios que sufrió por parte de la joven estudiante, logró  conquistar y enamorarse con la hermana.

También, en el segundo elepé lanzado por “El rebelde del acordeón” a finales de 1968, titulado “La cañaguatera”, aparecieron el paseo “La hija del millonario” y el pasebol  “Ojos verdes”, dos éxitos muy recordados de Rubén Darío Salcedo. Esta última fue la canción base para que Alfredo Gutiérrez compusiera más tarde “Ojos indios” y “Ojos gachos”, y las tres letras dieran origen la “trilogía de los ojos”, como se conocieron en ese tiempo. En el álbum “Romance vallenato, volumen 2”, lanzado a finales de 1969, el nombre de Rubén Darío siguió conquistando la fama con el paseo “Golondrina” y los paseboles “Paraíso” y “Tus amores”, tres canciones que lograron ubicarse con mucha preferencia y simpatía en la inmensa fanaticada vallenata que a diario coreaba las canciones de Alfredo Gutiérrez.

A finales de ese mismo año, Alfredo Gutiérrez lanzó el álbum “Fiesta en corraleja”, de corte tropical, con la agrupación titulada “Los caporales del Magdalena”, que había fundado en 1968 con algunos de los antiguos integrantes de “Los Corraleros de Majagual”. El título del elepé hacia honor a la canción “Fiesta en Corraleja” de Rubén Darío Salcedo, compuesta en ritmo de porro y la cual fue cantada por el mismo autor, gracias a la insinuación que le hiciera el fabuloso acordeonista. Con el paso del tiempo, esta canción ocupó el primer lugar en ventas y simpatía en toda Colombia, fue grabada por varias orquestas internacionales y desde entonces pasó a convertirse en una especie de himno oficial de las tradicionales fiestas enerinas de la capital sucreña.

El debut de Rubén Darío Salcedo con Alfredo Gutiérrez se extendió hasta 1970, cuando el prodigioso acordeonista sabanero graba los elepés titulados “El rebelde del acordeón, volumen 1” y “El rebelde del acordeón, volumen 2”. En ellos, el compositor sincelejano siguió demostrando su maestría en el cultivo del pasebol, considerado en los aires vallenatos como su ritmo primigenio. En el primer álbum apareció la hermosa canción “Adolescente doncella” y el segundo, otra similar, titulada “Princesita”. Ambas composiciones, con letras magistrales y de profundos tonos románticos, dedicadas a mujeres como todas las canciones de Rubén Darío, alcanzaron inmensa admiración en el sentimiento colectivo y perduraron durante mucho tiempo en el ambiente vallenato.

Tuve la oportunidad de conocer a Rubén Darío Salcedo en los albores de 1977 cuando recalé en Sincelejo como profesor del glorioso Instituto Simón Araújo. El afortunado encuentro sucedió gracias a la intervención de don Remberto Montes Hernández, propietario del Liceo Juan XXIII, plantel donde también me desempañaba como docente en la jornada matinal.  El artista se había presentado al colegio porque allí estudiaba su primogénito Giovanny Salcedo Mendoza, un consagrado muchacho de trece años que cursaba primer año de bachillerato y en corto tiempo se había ganado el aprecio del profesorado por ser el mejor estudiante de su grupo. Mística que conservó inviolable y con un puntaje sobresaliente hasta 1982, cuando alcanzó su título de bachiller académico.

Evoco aquella mañana abrileña y soleada cuando don Remberto con un vocativo enfático, y casi en un tono solemne, me dijo: “venga, profesor Daniels, para presentarle al compositor de “Corazón de acero”. La curiosidad me asaltó de inmediato, pues el nombre de Rubén Darío Salcedo lo tenía grabado en la memoria desde mis años escolares en el prestigioso Colegio Pinillos de Mompós, ciudad donde había hecho mis primeros pinitos en el baile con las canciones de Rubén Darío y de los otros compositores que en esa época eran interpretadas magistralmente por Alfredo Gutiérrez. Con una inmensa satisfacción estreché la mano del compositor, al tiempo que le profesaba mis respetos y admiración, y aproveché para cantarle algunos retazos de sus canciones inmortales. 

La admiración que sentía por Giovanny se incentivó más cuando supe que era el hijo del reputado compositor sabanero, y muchas veces, invitado por el joven estudiante, tuve la oportunidad de visitar su residencia en el barrio Majagual y charlar más a fondo con Rubén Darío. Desde entonces he mantenido una sincera amistad con él, relación que siempre he traducido en respeto y veneración por sus canciones. Como caso curioso, siempre que me lo encuentro suelo tararearle alguna de sus composiciones predilectas, o cualquier otra, que me asalte súbitamente la memoria, de aquéllas que nos llenan de nostalgia y que fueron interpretadas con mucha elegancia por Alfredo Gutiérrez. Menciono, sólo por citar algunas, a “Sorayita”, “El troyano”, “Los novios”, “Te juro” y “Papel quemado”.

La última vez que me encontré con el compositor fue a comienzos del pasado mes de noviembre. Transitaba con un amigo por la Carretera Troncal de Occidente, en los alrededores del Simón Araújo, y apenas lo vi atravesé la calzada para abordarlo. Como solía hacerlo, mi presentación de rigor fue la estrofa inicial de “Mariposita chiriguanera”, aquella hermosa canción con que también nos deleitó en los mejores años Alfredo Gutiérrez. Rubén me acompañó en los versos y, tras algunas breves palabras, le pregunté por Giovanny. Su respuesta me fulminó en el acto: “Profesor, ¿usted no sabe?  Giovanny falleció. Murió en Montería, hace cuatro varios, a causa de un paro cardiaco”. Desconcertado por la noticia, lamenté profundamente este suceso y le expresé mis condolencias.

Nos despedimos al rato, y lo vi alejarse con su andar lento y parsimonioso, al lado de su acompañante, por el sendero izquierdo que flanquea la carretera. En ese corto saludo tuve la oportunidad de apreciar nuevamente la sencillez, la humildad y el carisma musical que siempre lo han caracterizado.  Por un momento recordé los tiempos lejanos en que bailaba, con la primeras noviecitas de la adolescencia, sus hermosas canciones en los salones populares y fiestas navideñas de mi pueblo. También cruzó por mi mente aquella remota mañana, hace ya 37 años, cuando don Remberto Montes, en los patios del Juan XXIII, me pidió que me acercara para presentarme al autor de “Corazón de acero”, sin duda alguna, uno de los compositores que más había y he admirado desde los graciosos años de los bancos escolares.

 

Eddie José Daniels García

Sobre el autor

Eddie José Dániels García

Eddie José Dániels García

Reflejos cotidianos

Eddie José Daniels García, Talaigua, Bolívar. Licenciado en Español y Literatura, UPTC, Tunja, Docente del Simón Araújo, Sincelejo y Catedrático, ensayista e Investigador universitario. Cultiva y ejerce pedagogía en la poesía clásica española, la historia de Colombia y regional, la pureza del lenguaje; es columnista, prologuista, conferencista y habitual líder en debates y charlas didácticas sobre la Literatura en la prensa, revistas y encuentros literarios y culturales en toda la Costa del caribe colombiano. Los escritos de Dániels García llaman la atención por la abundancia de hechos y apuntes históricos, políticos y literarios que plantea, sin complejidades innecesarias en su lenguaje claro y didáctico bien reconocido por la crítica estilística costeña, por su esencialidad en la acción y en la descripción de una humanidad y ambiente que destaca la propia vida regional.

2 Comentarios


Raúl Alberto Cantillo Parias 24-03-2020 09:24 AM

Excelente narrativa muy bien argumentada Felicitaciones

Edgardo Mendoza Guerra 02-04-2020 10:59 AM

Un gran saludo maestro usted escribe cosas que si el corazón era de acero termina en algodón. Un abrazo. Edgardo Mendoza Guerra, Valledupar

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