Música y folclor

Historia del formato de gaitas y tambores: el ejemplo de San Jacinto

Jéssica Rosalba Villamil Ruiz

10/07/2020 - 05:25

 

Historia del formato de gaitas y tambores: el ejemplo de San Jacinto
Algunos de los integrantes de los Gaiteros de Nutibara / Foto: Donaldo Zuluaga

 

El conocimiento musical migra de un lugar a otro, a través de por lo menos un músico que se desplaza y lleva consigo su conocimiento cultural, ya sea para compartirlo, exponerlo e incluso incluirlo en otras prácticas musicales.

El caso de la música tradicional de gaitas y tambores es un claro ejemplo del proceso de construcción de conocimiento cultural, en el que históricamente las migraciones han permitido la mezcla de saberes musicales hasta conformar el formato instrumental que se conoce en la actualidad.

Las gaitas, por ejemplo, son instrumentos ancestrales que provienen de los indígenas cunas, koguis y zenúes que han habitado la costa norte colombiana. Según Manuel Huertas Vergara, el origen de la gaita o chuana es el caracol, instrumento ancestral que los zenúes llamaron shua. Por su parte, los kogui tienen unas flautas a las que llaman kuisi, que están hechas en pares —hembra y macho—, se tocan simultáneamente y son usadas en los rituales indígenas.

Este conocimiento indígena hace parte del legado cultural de la región Caribe colombiana, y ha venido a constituirse en una práctica musical campesina en zonas como los Montes de María, donde el centro gaitero más destacado es San Jacinto. Allí, existe una tradición gaitera que tiene sus raíces en el contexto rural, en el que los gaiteros tocaban solitarios en el monte o le enseñaban a algún joven para que acompañara con la gaita macho a su gaita hembra. Debido a que estas prácticas se daban en el campo, en el casco urbano solo se oía la gaita cuando estos músicos bajaban al pueblo en época de fiestas.

A principios del siglo XX, la población negra de Palenque, San Cristóbal, Paraíso y el Biso, todos ellos pueblos de herencia africana ubicados a lo largo de las estribaciones de los Montes de María, empezó a migrar y, con solo cruzar los montes, se encontraba con el pueblo de San Jacinto. Allí se establecieron muchas familias de raza negra, que llevaban consigo su legado musical, caracterizado por la interpretación de los tambores. Entonces empezaron los tamboreros a salir a las calles a acompañar a los gaiteros que tocaban en la plaza, dándole un nuevo sentido rítmico a la gaita, y constituyendo, así, un primer formato instrumental de tambores con gaitas.

Toño Fernández, el más reconocido cantante que le incluyó letra a la música de gaita —pues tenía una gran habilidad para improvisar letras y versos sobre la cumbia que tocaban los gaiteros— nació en San Jacinto en el año 1912. Con Toño como voz principal, el par de gaitas, un tambor y un llamador, se constituyó el primer grupo de Los Gaiteros de San Jacinto, quienes en los años cincuenta por medio de Delia y Manuel Zapata Olivella salieron por primera vez a Bogotá.

Yo soy el buen heredero del negro, el indio y el blanco: del negro heredé el tambor, del indio heredé la gaita y del español su canto. (Tema musical “El heredero”)

En Soplaviento, un pueblo al norte de Bolívar, nació Catalino Parra, un humilde pescador a quien le gustaba hacer toda clase de música, tocaba el bombo, cantaba zafra, vaquería y décimas, conocimiento con el que llegó hasta Cartagena, perfilándose como un buen cantante y bombero3. Gracias a sus virtudes musicales fue contactado por Delia y Manuel Zapata Olivella, quienes le propusieron irse para Bogotá a trabajar con la música tradicional. Su mayor aporte para esta fue la música de gaita, pues como él mismo cuenta: “al doctor Manuel le gustó como yo tocaba la tambora y él sentía la gaita más sabrosa cuando yo le tocaba el bombo” (Catalino Parra, entrevista: 2009).

Así fue que Catalino Parra le incluyó la tambora a la música de gaita que hacía el grupo Los Gaiteros de San Jacinto. La tambora entonces se popularizó y ahora es parte fundamental del formato de gaitas y tambores que se conoce hasta nuestros días.

Hacia el año 1980, llegan a Cartagena el maestro Catalino Parra y José Lara, provenientes de Soplaviento y de San Jacinto respectivamente, quienes comienzan a abrir espacios de enseñanza de la música de gaita en instituciones educativas. Así fue como se inició la siembra de la música de gaita en los barrios, colegios y universidades y entre los amantes de la música folclórica en la ciudad de Cartagena (Ariel, entrevista: 2009).

San Jacinto: un pueblo de tradición gaitera

San Jacinto está ubicado en las estribaciones de los Montes de María, departamento de Bolívar, a dos horas de Cartagena, a una distancia de 92 km por la carretera Troncal de Occidente, cercanía que genera fuertes relaciones comerciales y de intercambio cultural entre los lugares.

Actualmente en San Jacinto viven más de 30.000 habitantes, un 30% en la zona rural y el resto en el casco urbano, lo cual se explica, en buena medida, por el fenómeno de migración del campo a la ciudad producido por los fuertes conflictos armados que han agobiado históricamente los Montes de María, además de la necesidad de buscar mejores oportunidades laborales.

Las condiciones climáticas de la zona son típicas de las antiguas sabanas de Bolívar, donde la temperatura promedio es de 27 ºC, un clima cálido y agradable, que permite a la gente vestir ropa ligera y andar en abarcas por las polvorientas calles del pueblo.

Una de las formas de subsistencia más comunes en San Jacinto es la producción de artesanías, pues tras haber consolidado sus tradiciones, la población ha encontrado posibilidades para constituir microempresas, a partir de la elaboración de productos como mochilas tejidas en croché o macramé, hamacas elaboradas en telares verticales, productos de madera, abarcas e instrumentos musicales. Todas estas reconocidas artesanías se exponen a lo largo de la carretera en el sector de la variante y se venden a altos precios para los turistas, haciendo de este municipio el primer centro artesanal de la costa Caribe.

San Jacinto es cuna de la cumbia, ritmo tradicional —que ha llegado a ser en la actualidad reconocido como el ritmo nacional y madre de otros ritmos como la gaita, la chalupa y el bullerengue—. La cumbia se interpretaba con las gaitas y en época de fiestas ésta era la música con la que se bailaba. No existía radio ni pickup4, por lo que durante mucho tiempo se parrandeaba al son de la gaita, se bailaba con faldas largas y con velas encendidas que dejaban la huella de la cera alrededor de los músicos que la interpretaban.

La tradición gaitera en San Jacinto es bastante fuerte y se ha hecho evidente en las continuas generaciones de músicos que han conformado grupos de gaitas y tambores, lo cual ha sido fomentado por los mismos maestros gaiteros, las escuelas de enseñanza como el SENA y las apoyadas por la alcaldía (Carmelo, entrevista: 2009), así como, por el Festival Regional de Gaitas, que genera un sentido de apropiación y reconocimiento de esta música como parte de la tradición del pueblo.

La música de gaita se ha aprendido por tradición oral, oyendo las melodías y fijándose en el movimiento de los dedos, para poder después reproducir los temas. En la actualidad, las nuevas generaciones aún aprenden la gaita a puro oído5, pero también se están dando nuevos procesos de enseñanza, en el que se usan materiales pedagógicos y técnicas enfocadas a las capacidades musicales de las nuevas generaciones (Miguel, Iván; entrevista: 2009).

En la tradición musical de San Jacinto, son los mismos músicos quienes aprenden a hacer los instrumentos, por la necesidad de buscarle su propia sonoridad. Así, los tamboreros se especializan haciendo tambores y los gaiteros, sus gaitas, conocimiento que se hereda de generación en generación, manteniendo la tradición y encontrando en esto una buena forma de subsistencia familiar.

 

Jéssica Rosalba Villamil Ruiz
Universidad Nacional de Colombia, Bogotá

Acerca de esta publicación: El artículo titulado “ Historia del formato de gaitas y tambores: el ejemplo de San Jacinto ”, de Jéssica Rosalba Villamil Ruiz, represente un capítulo del ensayo “La reconstrucción del territorio en la ciudad: un estudio de la música de gaita de la costa Caribe colombiana en Bogotá", de la misma autora.

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