Música y folclor

Soy, de Leandro Díaz

Gustavo Martínez Rubio

07/07/2020 - 04:20

 

Soy, de Leandro Díaz
El compositor y juglar Leandro Díaz Duarte

 

Leandro Díaz fue un compositor de música folclórica colombiana, específicamente de Vallenato. Entre sus temas más conocidos destacan “Matilde Lina”, tema que ha sido versionado en muchísimos otros ritmos como la salsa, por ejemplo. Otros temas que le son muy conocidos: “La gordita”, “El Aventurero”, “El Cardon Guajiro”, “Quiéreme”, “La Diosa Coronada”, sólo por nombrar algunos.

Quien haya leído la obra de Gabriel García Márquez, “El Amor en Los Tiempos del Cólera”, debe recordar el siguiente epígrafe: “En adelanto van estos lugares, ya tienen su Diosa Coronada”. El mismo, lo extrajo el autor del libro de la recién mencionada canción “La Diosa Coronada”, tema grabado en un sinfín de ocasiones y que responde al aire de paseo. Cabe la ocasión para hacer del conocimiento del lector que este ritmo originario de la costa Atlántica colombiana se compone de 4 aires musicales como son: Paseo, Merengue, Son y Puya.

A principio de los 80, la agrupación vallenata denominada “El Doble Poder”, conformada principalmente por Ismael Rudas en el Acordeón y Daniel Celedón en voz, le graban al gran Leandro el tema “Soy”, que entre sus estrofas dice cosas como éstas:

“Yo soy amigo del labrador,

que mal le pagan por su trabajo

que en carne propia sufre el dolor

igual que a mí que me han explotado”

También:

“Yo soy el hombre que ha perdido el miedo

para decirle a los de arriba lo que son

de fiesta en fiesta mantienen al pueblo

para que nunca estalle la revolución”

Y continúa:

“Aquí en Colombia todo lo bueno

esta planeado pa` los de arriba

y los de abajo siguen viviendo

sin paz, sin techo y sin medicina”

Leandro José Díaz Duarte nació en Hatonuevo, departamento de La Guajira en 1928. Ciego de nacimiento, pero la pérdida de tal sentido no le hizo mella ni una esquirla para tener intacto su reflejo de clase. Hace unos años en un programa de radio le escuché decir lo siguiente: “Mi aporte a la música colombiana ha sido mis canciones, son avanzadas y en cada verso he logrado plasmar mi pensamiento. He hecho un homenaje a la naturaleza, a la mujer y a los amigos; el vallenato es la esencia de una región que le cuenta a la humanidad todo lo que hace a través de sus canciones, por eso podemos decir que es la historia de nuestro país hecha música. Les quiero pedir a las nuevas generaciones que se preocupen más por nuestra música y que no la mezclen, que manejen la autenticidad y que defiendan sus raíces”.

El compositor expresaba una preocupación, una realidad que va más allá de la música, es una realidad que mina y deriva los valores de una sociedad. Para los años 60, 70 y aun en los 80, Colombia era el país de América Latina que más leía. Era una condición que se tradujo entre otras cosas en una enorme conflictividad intelectual, política y social. Era una condición a la que la oligarquía más reaccionaria de América Latina tenía que ponerle el ojo, y vaya si se lo puso. No solo con el precio de los miles de vidas que han sido segadas de las formas más viles posibles, sino también que siendo Colombia un país tan desigual, al ciudadano común que ya “no tiene nada que defender, ni cómo hacerlo” solo le va quedando el lánguido estancamiento inconsciente de estar horas y horas pegado ante el televisor viendo RCN y CARACOL. Y si de algo se puede denunciar a la oligarquía de aquel país, es de segregar a los valores culturales, folclóricos, sociales, que en gran medida eran de un pueblo, “al que de fiesta en fiesta le mantienen” como dice Leandro.

Escuchar un tipo de vallenato (que en realidad de vallenato nada) como el que tanto auge tiene comercialmente en nuestro país Venezuela y otros del continente, de agrupaciones con renombre que no merecen señalar ahora acá, es un reflejo o muestra de un resultado tan lamentable, tan doloroso. Talentos innatos como el de Leandro Díaz y tantos otros grandes músicos, no solo de la Costa Atlántica colombiana, sino del mundo, no pueden ser reconocidos como se debe, pues en un sistema como el capitalismo se privilegia el capital privado en contra del trabajo, en contra del talento, en contra de los valores originarios, es decir, en contra de los pueblos y somos inoculados por la pérdida de identidad. Una muestra de ello puede ser el caso de la famosa Shakira, que ni siquiera su propio himno se sabe.

“Yo soy el hombre que compongo verso cuando el pensamiento me trae melodía

 soy el suspiro que se lleva el viento soy el sentimiento de la tierra mía

 yo soy el hombre que vive en tinieblas porque negro es el color de mi destino

 yo soy aquel que emprendió un camino por donde pasa se encuentra con la miseria

yo soy un grito, soy una pena

soy una queja, soy un suspiro… “

“Soy”

Autor: Leandro Díaz

 

Gustavo Martínez Rubio

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