Música y folclor

El lírico evocador de las Reminiscencias

Eddie José Dániels García

12/08/2020 - 04:30

 

El lírico evocador de las Reminiscencias
El compositor Antonio Serrano Zuñiga y algunos de sus grandes temas

Tuve la fortuna de conocer al doctor Antonio Serrano Zúñiga a mediados de 1973, el año que se desempeñó como rector del histórico y prestigioso Colegio Nacional Pinillos de Mompós, el plantel donde yo había terminado mi bachillerato en 1971. Yo estudiaba en la Universidad de Tunja y, encontrándome en Talaigua, mi pueblo natal, disfrutando de unas vacaciones, viajé a la Ciudad Valerosa y me acerqué a mi querido colegio para saludar a mis antiguos profesores y recordar mis salones preferidos. Enseguida me enteré de que había un nuevo rector, que había llegado de Villanueva (Guajira), y que era un excelente compositor de música vallenata. Después de mi saludo protocolario, el doctor Serrano fue muy amable conmigo, me habló de su pasión por la música y me comentó ligeramente algunos proyectos que tenía pensado desarrollar durante su permanencia en el Pinillos. Pero, su estadía en Mompós sólo alcanzó ese año, porque a comienzos de 1974 fue designado rector de la Universidad Tecnológica del Magdalena, un cargo, lógicamente, de mayor categoría, y, sin pensarlo dos veces, renunció del Pinillos y se trasladó a Santa Marta. Años después me enteré de que había pasado a la rectoría del muy renombrado Colegio Loperena en Valledupar.

Al año siguiente de su permanencia en Mompós, es decir en 1974, el nombre del doctor Antonio Serrano Zúñiga saltó a la celebridad cuando apareció como autor del tema “Reminiscencias” que figuró en el álbum “Río crecido” que lanzaron los Hermanos Zuleta, culminando el primer trimestre de ese año. La canción causó revuelo en la Ciudad Valerosa, e inmediatamente surgieron toda clase de especulaciones y comentarios. Muchos decían que “Charito”, la mujer que se menciona en el disco, era de Mompós, y otros sostenían que era de San Sebastián, Magdalena, un municipio cercano, que el doctor Serrano solía visitar. Y en el mismo Mompós, varias mujeres de nombre Rosario, a quienes cariñosamente se les llama charito, se consideraban dueñas de la inspiración. “Reminiscencias” apareció acompañado de otros temas extraordinarios que hicieron historia, como: “El indio Manuel María” de Emiliano Zuleta Baquero, “Mi salvación” de Poncho Zuleta, “Juana Bautista” de Tobías Enrique Pumarejo, “Mi Rosalbita” de Alvaro Cabas Pumarejo, “La muerte del buen amigo” de Julio Oñate Martínez, “Nostalgia de Poncho” de Rafael Escalona Martínez y “La celosa” de Sergio Moya Molina.

“Reminiscencias”, la canción que hizo famoso al doctor Antonio Serrano Zúñiga, es un hermoso paseó lírico, que presenta la satisfacción que siente el autor por haber conseguido un nuevo noviazgo. En él contrapone la felicidad que le proporciona el nuevo amor, con las penas y el dolor que le causaban el antiguo noviazgo. La canción se estructura en tres estrofas de cuatro versos compuestos, generalmente alejandrinos, y tres estrofas de cuatro versos simples que sirven de coro y se intercalan en las mayores. El primer apartado presenta la felicidad que experimenta el protagonista por haber conseguido el nuevo amor: “Ya se terminó esa tristeza grande / que consumió mi amor y mi vida muchos años. / Conocí a Charito que me entregó su amor, / ahora si soy feliz y no sufro desengaños”. Sigue la estrofa menor de cuatro versos: dos cantados por el coro y dos, por el vocalista estelar. Ambos versos se repiten y este recurso hace que la melodía se torne más placentera: “Reminiscencias viejas / de un amor traspasado. / Reminiscencias nuevas / ay! de un amor conquistado”.  Como vemos, hay oposición en los términos  viejas/nuevas y traspasado/conquistado.

En el segundo apartado estrófico, el autor narra la confesión que le hizo al nuevo amor y la respuesta comprensiva que recibió por parte esta mujer: “Ella supo comprender la tragedia de mi vida / al entregar mi amor a una mujer incomprendida, / le conté mis penas con sufrimiento lento / y lo que fue mi amor con este tormento”. La estrofa menor que sirve de coro, resalta las dos situaciones: “Que grande es el amor, / cuando es bien comprendido. / Que triste es con dolor / lleno de penas y olvidos”. Como vemos, hay oposición semántica en los dos versos, marcada con las palabras amor/dolor. El tercer apartado narra la felicidad plena que siente al autor con el nuevo amor y manifiesta todo lo bello que éste le proporciona: “Ahora si soy feliz con este nuevo amor / se olvidaron las penas y se ausentó el dolor. / Qué bello es querer con este amor bonito / y sentir el placer y las caricias de Charito”. Aquí el segundo verso presenta oposición semántica con los restantes. Y, en la última estrofa menor, continúa marcada la oposición, también,  desde el punto de vista semántico: “Sufriendo una condena / con un ingrato amor, / ahora si soy feliz / se me olvidaron las penas”.

Ese mismo año, como complemento de “Reminiscencias”, el doctor Serrano Zúñiga fue honrado con el tema “Tristeza india” que apareció en el álbum “Vendaval”, el primer trabajo discográfico publicado por el recordado conjunto “Los Cañaguateros”, con la melodiosa voz del compositor atanquero Pedro García Díaz. Esta canción, junto con “La negra Carmen” de autor desconocido, “La provinciana” de Gustavo Gutiérrez Cabello, “Noche clara” de Freddy Molina Daza, “Caño lindo” de Adriano Salas Manjarrés y “Canto a la sabana” y “Vendaval” de Pedro García Díaz, se convirtieron en canciones antológicas que hoy son muy recordadas por los vallenatófilos. El tema de “Tristeza india” narra el sufrimiento de una pareja indígena que ve morir a su hijo. Las primeras estrofas dicen: “Por el cardonal guajiro / un indio muy entristecido / se lamenta con nostalgia / en la tierra donde ha nacido”. Sigue: “La india en su yotojoro / arrulla en agonía a su hijo / que muerto de hambre se extingue / yo en su memoria una oración le imploro”. Y continúa el coro: “Y cuando, cuando llegará / la revolución y la libertad / y cuando, cuando llegará / la redención y la libertad”.

Sentado ya en el puesto de honor que alcanzó con la publicación de “Reminiscencias” y “Tristeza india”, el doctor Serrano Zúñiga era consciente de que había contraído un compromiso grandioso con la fanaticada costeña y lo esperaba un gran reto frente a la música vallenata. Debía, lógicamente, en una tercera composición, mantener la misma calidad de las anteriores. Y logró conseguirlo, porque a comienzos de 1975 apareció “Despertar de un acordeón”, un estupendo paseo que figuró el álbum “Una voz y un acordeón”, lanzado por la fugaz agrupación de Poncho Zuleta con Colacho Mendoza. Apenas apareció el long play, “Despertar de un acordeón” arrastró con la simpatía popular, sobre todo, por la belleza de las notas y la temática costumbrista que presenta: los parranderos que llegan en la madrugada a buscar a un amigo para llevárselo y seguir la parranda. Su estrofa introductoria dice: “Ay, oye Poncho, qué bonito es escuchar / en la madrugada el sonido de un acordeón / si me despierto, me palpita el corazón / y me lleno de ganas por salirme a parrandear”. Y continúa la confesión: “Pero mi mujer no me deja levantar / pa’ pedirte Poncho que me cantes un paseo. / Ella sabe muy bien que ese es mi deseo / y tú que es un pretexto pa’ salirme a parrandear”.

Casi al mes de haber salido el álbum de Poncho y Colacho Mendoza, Los Hermanos López con Jorge Oñate lanzaron “Canto a mi tierra”, el último trabajo discográfico de esta agrupación. En este álbum, apareció el tema “Delirios de acordeón” del doctor Serrano Zúñiga, que se equilibró en sintonía con “Cerro de Murillo” de Santander Durán Escalona, “Sólo por ti” de Alvaro Cabas Pumarejo, “Rumor lejano” de Julio Oñate Martínez, “Remembranzas” de Emiro Zuleta Calderón y “Canto a mi tierra” de Freddy Molina Daza. “Delirios de acordeón” es un hermoso paseo sentimental que narra las vivencias del autor. Su estrofa inicial dice: “Yo no sé lo que me pasa / cuando escucho un acordeón, / el alma se me enloquece / con delirios y con pasión, / diciendo que por mis venas corren los momentos / de una nueva inspiración / y al compás de la nota melodiosa / que sale de su cuello arrugado, / me siento en un mundo transportado / de lindas vallenatas que parecen diosas”. También a mediados de ese año, la agrupación de Rafael Orozco y Emilio Oviedo, lanzaron el álbum “Con sentimiento” y en él figuró “Bellos tiempos”, otro hermoso paseo del doctor Serrano Zúñiga, que se convirtió en uno de los temas más aclamados de este excelente trabajo discográfico.

A finales de 1975, la expectativa vallenata se centró en el nuevo álbum de los Hermanos Zuleta, quienes, después de una separación momentánea, se habían unido nuevamente. Lanzaron “El reencuentro”, donde el paseo “Mi viejo guayacán”, del doctor Serrano Zúñiga, fue uno de los temas más exitosos. Figuraron también otras letras excelentes, como “La pimientica” de Emiliano Zuleta Baquero, “Diosa de la serranía” de Santander Durán Escalona y “El encuentro con Simón” de Julio Oñate Martínez. “Mi viejo guayacán”, alude a un viejo árbol de ese nombre que presenció en tiempos pasados muchos noviazgos del autor. Su letra, cargada de recursos poéticos, y su cadencia musical son excelentes. La primera estrofa presenta la muerte del árbol: “Ya se secó, ya se secó mi guayacán / el árbol corpulento que me daba sombrío / aquel que en la finca y muy cerca del río / fue un fiel testigo de mis grandes amoríos”. Continúa el coro, aludiendo a un amor acabado: “Como los amores que vienen y se van / el tuyo se secó como mi viejo guayacán”. La segunda estrofa explica como fue la muerte del añoso árbol: “Cuando sus verdes hojas se tornaron amarillas / mi vida presentía su trágico final / y de nada sirvió mi lucha y gran afán / por conservar vivito a mi viejo guayacán”.

A mediados de 1976, Los Hermanos Zuleta lanzaron el álbum “Los maestros” y en él apareció “Enamorado corazón” un paseo romántico del doctor Serrano Zúñiga, que al lado de: “Talento artístico” de Poncho Zuleta, “La conquista” de Edilberto Daza Gutiérrez, “La guayabalera” de Isaac Carrillo y “Amor apasionado” de Romualdo Brito López, fueron los temas más escuchados de este recordado trabajo discográfico. La primera estrofa de “Enamorado corazón” dice: “Oye enamorado corazón / ay! dime  qué te está pasando / por qué ahora vives llorando / enamorado corazón”.  La  última canción del doctor Serrano Zúñiga, grabada por Los Hermanos Zuleta, fue el paseo “Serenata decembrina”, que  figuró en el elepé  “El cóndor legendario”, publicado a finales de 1977. Es un tema romántico donde el autor se le declara a una mujer a través de una serenata. Su introducción expresa: “Ya vuelven nuevamente mis cantares, / ya vuelve a despertarte mi acordeón, / y en esta noche de diciembre y luna llena, / al pie de tu ventana / te canto esta canción, / en esta noche de luceros tan bonita / ay! linda morenita te canta mi corazón”. Y continúa: “En esta serenata que te traigo / vengo a ofrecerte mi declaración / y espero que comprendas y me entiendas / no llores morenita porque me das dolor”.

Antonio Francisco Serrano Zúñiga era natural de Santa Marta, la bellísima ciudad caribeña fundada por Rodrigo de Bastidas en 1525.  Su nacimiento se produjo en 1934, cuando la nación disfrutaba con entusiasmo la llegada de Alfonso López Pumarejo a la Presidencia de la República y se iniciaban los primeros pasos de “Revolución en Marcha”, impulsada por el nuevo mandatario.  Era miembro de una familia distinguida y muy apreciada por la sociedad samaria, cuyos ancestros se remontan al ilustre político José María Campo Serrano, quien estuvo encargado de la Jefatura del Estado desde el 1 de abril de 1886 hasta el 6 de enero de 1887, por ausencia del presidente titular Rafael Núñez Moledo. Desde muy niño manifestó grandes aptitudes para la música, que siempre demostraba vocalizando las canciones de la época y simbolizando la ejecución de algunos instrumentos musicales. Tras haber cursado la escuela primaria, ingresó Liceo Celedón, donde obtuvo el título de bachiller a mediados de los años cincuenta y, también,  encontró el ambiente propicio para exhibir sus virtudes musicales, las que demostraba cantando en los centros culturales que se realizaban en esa prestigiosa institución. 

Apenas culminó el bachillerato, y con la intención de alcanzar una carrera profesional viajó a la Capital de la República y obtuvo el título de Economista en la reputada Universidad Jorge Tadeo Lozano en 1962. En la Atenas Suramericana también le dio salida a su talento musical, y, con algunos amigos de la Costa, hizo parte de un conjunto improvisado, que se divertía tocando en los claustros universitarios, en las parrandas sabatinas y en las invitaciones ocasionales.  Para ese momento ya tenía algunas composiciones menores que solía interpretar y que nunca contaron con el privilegio de la grabación. En 1963 contrae matrimonio con la dama villanuevera Beatriz Dávila Dávila, a quien había conocido en Bogotá, y frente a las dificultades que encontró durante algún tiempo para ejercer la economía, decide ingresar a la docencia, actividad que siempre ha sido la salvación de muchísimos profesionales. Entonces se radica en la Ciudad Heroica y comienza a laborar, inicialmente, como catedrático y después como Decano de la Facultad de Economía de la celebérrima Universidad de Cartagena, cargo que desempeña durante cinco años. 

Consciente de que La ilustre Villa del tuerto López no le brindaba el medio apropiado para dedicarle tiempo a su pasión musical, ni mucho menos para tener contactos con los compositores vallenatos, y, también, deseoso de experimentar otros cargos, en 1969 decide trasladarse a Villanueva para asumir la rectoría del Colegio Nacional Roque de Alba, que para esa época tenía cinco años de fundado y la cual le habían sugerido muchos personajes de esta población. En este plantel permaneció tres años, tiempo que aprovechó para aprender a tocar el acordeón y dedicarse a perfeccionar las letras de sus canciones. También conoció a muchos acordeonistas y compositores, que apenas se iniciaban en el arte, y que después resultaron exitosos y trascendentales. En 1973, pasó a ejercer la rectoría del Colegio Pinillos de Mompós, donde, se supone, conoció a Charito, luego estuvo en la Universidad Tecnológica del Magdalena, entre 1974 y 1976, después desempeñó la rectoría del Colegio Loperena de Valledupar, desde 1977 a 1980, y finalmente, pasa al Colegio Nacional de Codazzi, donde labora hasta 1982, año en que decide retirarse definitivamente del magisterio colombiano. 

Durante sus años de permanencia en las tierras del Cesar, el doctor Serrano Zúñiga se desempeñó en varias ocasiones como jurado de las distintas categorías que presenta el Festival de la Leyenda Vallenata. También participó en el concurso de la Canción Inédita en los años 1978 y 1979, logrando en ambas oportunidades el tercer lugar. Asimismo, en 1978 obtuvo el primer puesto en el Festival Nacional de Compositores de San Juan del Cesar con el tema “Los funerales”, que aún permanece inédito. Tras haberse retirado de la docencia, en 1983 se radicó en la Capital de la República, junto con su esposa, Beatriz Dávila Dávila, y sus hijos Rafael, Clarena, José Antonio y Carlos Andrés. En esos años, ocupó un cargo en la Contraloría General de la República y ejerció como fiscal de Sayco, siendo presidente de esa Sociedad el maestro Rafael Escalona Martínez, con quien tenía un lejano parentesco familiar. Con alguna frecuencia regresaba a la Costa, bien a Santa Marta para reencontrarse con sus familiares, bien a Valledupar para revivir los tiempos de sus glorias musicales. El 7 de agosto del 2010, aquejado por algunos quebrantos de salud, falleció en la Capital de la República, la ciudad de sus recuerdos y donde alcanzó a celebrar los 76 años de vida, pues había nacido el 20 de enero de 1934.

 

Eddie José Daniels García  

Sobre el autor

Eddie José Dániels García

Eddie José Dániels García

Reflejos cotidianos

Eddie José Daniels García, Talaigua, Bolívar. Licenciado en Español y Literatura, UPTC, Tunja, Docente del Simón Araújo, Sincelejo y Catedrático, ensayista e Investigador universitario. Cultiva y ejerce pedagogía en la poesía clásica española, la historia de Colombia y regional, la pureza del lenguaje; es columnista, prologuista, conferencista y habitual líder en debates y charlas didácticas sobre la Literatura en la prensa, revistas y encuentros literarios y culturales en toda la Costa del caribe colombiano. Los escritos de Dániels García llaman la atención por la abundancia de hechos y apuntes históricos, políticos y literarios que plantea, sin complejidades innecesarias en su lenguaje claro y didáctico bien reconocido por la crítica estilística costeña, por su esencialidad en la acción y en la descripción de una humanidad y ambiente que destaca la propia vida regional.

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