Música y folclor

Una ausencia sentimental diferente

Álvaro Yaguna Nuñez

28/09/2020 - 04:05

 

Una ausencia sentimental diferente

 

Debido a la terrible amenaza epidemiológica del Covid-19, el Festival de la Leyenda Vallenata, en su quincuagésima tercera versión, sufrirá sustanciales cambios y modificaciones en su desarrollo y celebración anual, la cual tiene lugar casi siempre a finales del mes de abril hasta inicios del mes de mayo.

Esta vez su realización será a finales de septiembre, pero su himno, el clásico vallenato de la autoría de Rafael Enrique Manjarrez Mendoza, no sonará lo mismo ni tendrá el acostumbrado eco entre turistas, asistentes propios y consagrados contendientes en los diferentes concursos, debido a la innovación de su realización virtual, aprovechando el desarrollo tecnológico en las comunicaciones y medios de difusión bien aplicados en la adopción del moderno “abecé”.

Referirse específicamente a “Ausencia sentimental” en un periodo atípico como éste del 2020, es reconocer, aunque no queramos, que su resonancia será diferente como himno insigne del magno evento cultural de la música vallenata; tal concepto es compartido con Rafael Manjarrez, su autor, originario de La Jagua del Pilar, recordada población del Sur de La Guajira, dividida por El Arroyito, perenne divisorio de las dos sub-poblaciones, La Tranquilidad y la propia Jagua del Pilar, tutelada por la idílica iglesia de antaño, albergue de la Virgen del Pilar, resaltada por el compositor en muchas de sus  canciones insignes. En ese entorno de pueblo romántico, humilde, nació el gran cantautor, en el hogar del señor Manuel Enrique y la señora Sabina.

La canción” Ausencia Sentimental”, hoy coyunturalmente diferente, fue producida discográficamente en 1987 por la exitosa agrupación de Silvio Brito y Orangel “el pangue” Maestre, luego de resultar ganadora en el Festival Vallenato de 1986, donde fue laureado por tercera ocasión, Alfredo Gutiérrez. En dicho certamen, llegó al primer lugar de la contienda bajo el seudónimo “Uno de Tantos”. Desde esa época, se convirtió en un estandarte especial y el heraldo de un certamen que paulatinamente se fue convirtiendo en un referente apoteósico, a nivel regional, nacional e internacional.

“Rafa “Manjarrez, como siempre lo llamamos cariñosamente, después de trasegar por la escuela primaria en su población de origen, hizo un peregrinaje académico para obtener su grado bachiller, así: Fonseca, El colegio El Carmelo en San Juan del Cesar, Institución educativa donde compartió aulas con el insigne acordeonero Juan Humberto Rois, durante tres años, finalizando en el Liceo Caribe de la ciudad de Santa Marta. Luego, se traslada a la ciudad de Barranquilla, lugar en el cual culminó sus estudios de formación académica superior, obteniendo el grado de abogado en la destacada facultad de Derecho de la Universidad Libre. Allí compartió los éxitos académicos, grandes y enriquecedoras tertulias, serenatas y alegres parrandas con los mismos compañeros que iban a invitarlo en el preámbulo del festival Vallenato, como lo menciona la canción, sus grandes amigos del corazón, Hugo Aroca (QEPD), José Molina, Chiche Ávila, Juancho Becerra, Jesús Torres Ospino, Robe Calderón, José María Armenta, su paisano, entre otros.

Conocí a “Rafa” Manjarrez en Barranquilla, a mediados de 1987, cuando laborábamos en la Corporación Eléctrica De La Costa Atlántica-CORELCA-; nuestro primer sitio de encuentro fue exactamente en la Carrera 44 con calle 58 del Barrio Boston, donde una agradable mañana barranquillera, esperaba pacientemente el paso de un bus de la ruta Boston-Boston, que me dejara en la esquina del Hotel El Prado. Vi con sorpresa un vehículo Toyota color azul grisáceo, que se detuvo a mi lado, preguntándome el conductor: “Compadre, ¿va para Corelca?”. Le respondí afirmativamente. Al ver mi cara de desconcierto, me expresó: “Compadre, le paré porque tiene usted una cara de provinciano como la mía, que se reconoce a leguas”. Hoy, después de muchos años evoco la situación infiriendo que ese recuerdo grato es análogo al epilogo fantástico de Casablanca, la famosa película protagonizada por Humphrey Bogart e Ingrid Bergman: He aquí el principio de una gran amistad.

Fue la capital del Atlántico el epicentro de las actividades laborales de nuestro ilustre compañero, alternadas con las culturales y folclóricas; en el periodo entre 1980-1991, con gran acierto, profesionalismo, dedicación y autonomía dirigió en un espacio de difusión los días domingos, en horas de la mañana “Estelares del Vallenato”, por el canal regional Telecaribe; en este importante medio de difusión, en muchas oportunidades realizó la presentación de las finales del Festival de La Leyenda Vallenata. De esa gran experiencia vivencial en “Estelares del Vallenato”, guarda la gran anécdota, referida con ocasión de la muerte trágica de Rafael Orozco Maestre, su gran amigo y compañero en las lides de la composición y grabación de muchas de sus canciones. Cuenta “Rafa” Manjarrez que el famoso cantante, originario de Becerril (Cesar), le tomaba el pelo con frecuencia, aludiendo al atuendo y vestuario utilizado dominicalmente en el programa: ”¡Compadre! Ya está bueno que le dé vacaciones a esa ropita. Cambie de vestuario porque se le van a aburrir los televidentes”. Dicho pasaje anecdótico, lo llena de mucha tristeza.

Su gran obra musical es amplia, profusa y reconocida en cualquier dimensión y espectro que se analice; inicia su experiencia en la composición vallenata con los temas “Traición” (paseo) y un merengue, “El Dengue”, grabados por la agrupación conformada por Daniel Celedon Orzini y Norberto Romero, en 1978.  Grandes éxitos como Ausencia Sentimental, Señora, Benditos Versos, Dios lo Sabe, Simulación, Dilema de mi vida (Alma Rosa), Amiga de mis Penas, Indecisión,  Provincianita, entre otros, constituyen una selección de canciones vallenatas, perfiladas en el género romántico, sin perder de vista la autenticidad, esencia, inspiradas por la mujer provinciana, Linda, segura, recatada, muy pueblerina, de belleza singular comparada con un territorio ancestral rico en minerales, pero también desafiante y orondo mirando impetuosamente hacia las zonas inmensurables y hermosas del Caribe Colombiano. Otra particularidad en sus contenidos musicales son los sitios emblemáticos de su región, como El Ramal de la Jagua, la belleza peninsular de su departamento, La vela de Marquesote, sin olvidar la gran devoción por la Virgen de Chiquinquirá, la del Pilar, La Santa Cruz y San Juan Bautista con su terco dedo levantado.

Recientemente, a nivel nacional, Rafael Enrique, ha dejado bien clara su posición respecto a la Asociación de Autores y Compositores –SAYCO-, donde desempeñó un cargo de importancia; es un convencido que dicha organización, permanentemente debe estar al servicio de los beneficios y protección de los autores y compositores del territorio colombiano. Quienes piensen lo contrario, están equivocados, manifiesta enfáticamente. Los temas de la organización, siempre los encaré con objetividad y sensatez, concluye.

Con respecto a la contienda festivalera de este año, está de acuerdo con las disposiciones gubernamentales para su celebración atípica, reconociendo que su Ausencia Sentimental sonará en forma diferente, en el sistema virtual y plataformas establecidas; se extrañarán muchas cosas, indica, como el reencuentro con los amigos de siempre, las inolvidables parrandas en Patillal, al lado de Armando Morelli, Juancho Becerra, Aquiles y “el chegue” Aroca, Tito Fuscaldo, principalmente, al igual que los sancochos épicos, estandartes de la cocina criolla. Por mi parte, quizá no tendré la oportunidad de reencontrarme con Rafa Manjarrez, con el fin de indicarle cual es el argumento convincente para que Armando Barros Daza cumpla su compromiso del famoso sancocho, prometido desde 1987, en la antigua Corelca. Ni crea que esa invitación va a ser virtual, remata “Rafa “Manjarrez, con una significativa y sonora carcajada.

 

Álvaro Yaguna Nuñez

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