Música y folclor

Los versos de Cabas

Alberto Muñoz Peñaloza

14/10/2020 - 05:35

 

Los versos de Cabas
El compositor Álvaro Cabas Pumarejo / Foto: Zuleteros.com

 

Desde el 1964 hasta el 68, pasábamos mañana y tarde por la casa de la familia Cabas Pumarejo, a pocos pasos de la escuela parroquial, de la entrada posible por la séptima -que entonces era la quinta- al callejón de la Purrututú, con el patio del gran Borrego a la derecha. Ahí, siempre estaba en fragor el anafe de la queridísima Pascuala, cuyas arepas no sólo eran blanquitas con incrustaciones redobladas de queso, también menuditas y cargadas de datos e información como el mapa mundi que engalanabó la vitrina de serviequipos, el nicho del señor Matiz.

Era una casa alegre, parrandera y acogedora. Cuando hubo oportunidad, entrábamos a degustar lo que allí sonaba, se hablaba y se compartía, desde un nivel de cariño, una buena parranda y la insoslayable decisión de acercarse al rito musical que, a pesar del orillismo sometido, en los años precedentes y en tiempo futuro, como en los versos de Emilianito, “sabíamos que algo podía suceder”.

Muchos años después, el cantor de Fonseca, Carlos Huerta, lo registró en  impronta musical para la historia, con versos sublimes en su eterno abrazo guajiro: “en pleno festival necesito encontrar, unos amigos míos, a Enrique Cabas P., a Tobias Daza si, Pavajeau Darío; para hacer una parranda donde Tina, con Alvarito con Adán y con Colacho;  con Poncho Cotes y con el pintor Molina, que son valores de la tierra’e Pedro Castro; ay ombe, entonces si me despido, de todos los vallenatos, dejándoles el abrazo, de este guajiro”.

Pasar por ahí era plácido y reconfortante, la gran Tina Cabas, agradable siempre, cordial y saludable. Pero, constituía también oportunidad inestimable para entrar un rato y degustar esas parrandas inolvidables que, disfrutábamos de muchachos, en gracia de la sapiencia musical, la cordialidad de amigos, el ferviente valor del costumbrismo raizal y el encuentro maravilloso de talentos narrativos, narracionales y algo de ‘comestina’ que jamás faltó. El introito de “tiempos idos”, el merengue antológico del patriarca Poncho Cotes Queruz, es bien claro en ese sentido: me ha quedado la nostalgia, de aquellos tiempos pasados, de una vida de parrandas, de mujeres y de trago, ya se fue la juventud, y se acerca la vejez, y el amor también se fue, con toda su ingratitud; de’sos bellostiempos idos, me quedan unos amigos, que son el reflejo fiel, de mi manera de ser.

Muy cerca estaba “el matracazo”, la tienda esquinera en la séptima con catorce, donde los ‘pingüinos’ de limón eran apetecidos, sin desconocer la preeminencia de los de kola, convencidos como vivíamos de su maridaje eterno con las ‘lenguas’, esas delicias que apenas las hicieron más larguitas les pospusieron la frase “de suegra”.

La familia Cabas Pumarejo, a lo mejor no pensaron que su vivienda, acogedora y fraterna, se convertiría en sede genuina de formas de vida, que, en paralelo, se erigieron como ejemplo de buen vivir, honesto proceder y sano disfrute de la Cultura vallenata, a partir de la música tradicional y la parranda como eje dinamizador del afecto, la repentización, el poder narrativo y el infaltable comistral.

El ‘cabaso’ de entonces

Poncho y Emiliano, luego de varios años de lucha, sacrificio y esperanza, presentaron su primer trabajo discográfico con el cual, pese a su buen contenido, poco pasó. Poquito tiempo después llegó el segundo, La Cita, en el cual incluyeron una canción -recuerdos inolvidables- de Álvaro Cabas Pumarejo: tu recuerdo inolvidable, me llena de sentimiento, por eso en este momento recordarte, te llama mi pensamiento…

En 1974, mientras el Papi Zuleta, Papa Montero y Juancho Castro Daza amansaban la sazón incompleta de Juancho, el alquitrán de Piñeres, en el San Carlos, los Hermanos Zuleta, irrumpieron para siempre con “rio crecido”, un rácimo de éxitos en el que “Mi rosalbita”, de Cabas Pumarejo, brilló con luz propia. Interpretada con maestría y cantada a dos voces, con el acompañamiento insustituible de Gabriel “peluquín” Chamorro: “a veces escucho esos cantos lastimeros, a ti te comparo con un mar de sentimientos, Poncho y Emiliano mis amigos parranderos, son fieles testigos del amor que por ti siento…existen en la vida motivos de gran nostalgia, y de sentimiento cuando uno es sentimental, cuando un ser humano se enamora con el alma, son cosas compadre que jamás se olvidarán”.

Siguió, en “Río seco”, con ‘el cantor del Valle’, paseo ingenioso, sentido y costumbrista, con el cual Álvaro Cabas, sacó la cara por Valledupar: ya había pasado la historia de dos canciones, bonitas composiciones de Calixto y Carlos Huertas, reconocidos respectivamente autores, uno el cantor de Valencia y otro el cantor de Fonseca, esto demuestra que el folclor de la provincia, es sin duda el más bonito que han podido conocer, se narran temas cómo estos costumbristas, también otros populares de sentimiento y querer; como ha sido costumbre que el gallo canta en su gallinero, y eso es lo que han seguido esos dos grandes compositores, claro también el Valle tienen pensantes que son creadores, de calidad se encuentran conjunto’y grandes acordeoneros; reconociendo siempre el gran valor de estos dos autores, que meritoriamente cantan al pueblo donde nacieron…me llamo Alvaro Cabas y me considero el cantor del Valle, ya todos me conocen soy del Cesar tierra preferida, ¡la tierra que jugga!

“El Trovador sentimental, en el disco dos estrellas, fue incluida y con esta Álvaro Cabas, aplicó una inyección de romanticismo y finura en esos tiempos de consolidación del inicio feliz del Vallenato, tengo un amorcito que lo quiero, y también me quiere con el alma, y a pesar de ser un parrandero, he dedicado primero toda mi vida en amarla, porque cuando estoy en las parrandas, la llevó en mi pensamiento y es que no puedo olvidarla, y ha correspondido la muchacha, que es de noble sentimiento, y eso es digno de admirarlo, por eso la escogí de corazón, porque es que me ha gustado de verdad, yo soy un trovador sentimental, que añoro la nobleza y el amor”.

De ahí en adelante, unas cuantas en álbumes de “fiesta vallenata”, pero con otros grupos musicales también tuvo apariciones exitosas. Con Jorge Oñate: convivencia, silencio del pasado, orgullo y sentimiento, La pajarita, sendero de ilusiones, corazón atormentado, tus ojos negros y solo por ti. Con Beto Zabaleta: deseos de tenerte, ignoran que te quiero, oye corazón; con Rafael Orozco, el conquistador; con los hermanos López: serenata de ilusiones, huella de un amor, María Cleofe; con el Cacique de La Junta Diomedes Diaz, ay ombe morenita, por un beso de amor, entre otros.

La permanencia del verso

Después de un receso musical, Poncho y Emiliano, presentaron al público otro tremendo disco, 039, con obras de altísimo nivel, entre las cuales se produjo el regreso de Álvaro Cabas. “A través del tiempo”, esos ojazos reflejan pasión, a lo que correspondí morenita, ya que mereces eso y mucho más; sentí que palpitaba el corazón, un aliciente tú eres en mi vida, no vagaré como sombra perdida, como nubes que el viento llevará; no no no negra consentida, no no no yo te quiero tanto, no no no porque eres mi vida, yo te vengo a entregá el corazón, deja que te entregue yo mi amor, que perdure por años y años; porque aquel que tiene compasión, necesita de la comprensión, y atesore lo que me has guardado”.

Pasan los años y Álvaro sigue campante, ha cantado más canciones, pero sus versos al tiempo que permanecen en el universo vallenato, alargan la ausencia en los nuevos cancioneros de Zuleta, en virtud de lo cual tocará plebiscitar para hacerles caer en cuenta, a Cabas y a Zuleta, que ellos no se gobiernan en esa parte, que ya está bueno de firuletes, que es tiempo de endulzar estos tiempos difíciles con otro buen canto, que nos devuelva la florescencia de mi rosalbita y los de su cosecha.

A Piópole, que hace esfuerzos para componer canciones, le recomiendo escuchar la discografía de Cabas Pumarejo, nutrirse de la fuerza costumbrista, la carga literaria y del sabor parrandero que la caracteriza, en pro de emular sus creaciones y afianzar su trasegar mediante nuevas composiciones que ameriten un trago doble, de old parr, de chicha o de guandolo.

Por cierto, “Sólo por ti”, es una de sus mejores creaciones. Álvaro Cabas, brujuliza el camino del amor, sin ruborizarse: “morena por tu mirar, hasta la vida daría, está triste el alma mía, y no te puedo olvidar, por eso vengo a cantar, está bella melodía, que nació cuando quería, solo por ti, pa’poderme consolar; y así abandonar las penas y el sufrir, a cambio e’felicidad

En ese sentido, como en la literatura, la mejor recomendación a quienes inician su camino inspiracional, en nuestra muy querida música vallenata, es la de nutrirse, de manera suficiente, al escuchar, degustar, saborear e interiorizar los clásicos: “…vivo convencido con el pasar de los días, que solo en ti encuentro el amor que me hace falta, si tus sentimientos son de una buena muchacha, mi noble cariño también te lo merecías, si algún día te canto solo al pie de tu ventana, una serenata con todo mi corazón, creo no alcance el tiempo para poder terminarla, porque emocionado lloraría hasta mi acordeón..Y más alantico: “Alvaro Cabas, ¡hermano mío!

La vida pasa, el tiempo corre. Hace pocos días, se cumplieron los primeros cíen años del natalicio de la queridísima vieja, “Tina Cabas”, ¡no es mera coincidencia!

 

Alberto Muñoz Peñaloza

@albertomunozpen

Sobre el autor

Alberto Muñoz Peñaloza

Alberto Muñoz Peñaloza

Cosas del Valle

Alberto Muñoz Peñaloza (Valledupar). Es periodista y abogado. Desempeñó el cargo de director de la Casa de la Cultura de Valledupar y su columna “Cosas del Valle” nos abre una ventana sobre todas esas anécdotas que hacen de Valledupar una ciudad única.

@albertomunozpen

2 Comentarios


Jorge Zuleta 14-10-2020 05:37 PM

. Mi amistad con Alvaro ha sido de toda la vida. Desde niños hemos caminado juntos. Con el acordeón de 2 hileras que le regaló su padre estrechamos nuestra relación al conformar con el y Augusto Daza tal vez el primer conjunto vallenato juvenil cuya sede natural fué el patio de Tina, donde los ensayos se convertían en verdaderas parrandas. El sonido de los instrumentos era el campanazo que los vecinos y traseúntes del Cañaguate obedecían para entrar al famoso patio sin ser invitados formalmente y armar las parrandas que empezaban a volverse famosas. Todo esto continuó después en Bogotá, a donde Alvaro y yo nos fuimos a estudiar y por qué no decirlo a seguir la parranda. Soy testigo presencial de la inspiración de las canciones de Alvaro. Lo que dices en tu escrito está muy bien narrado y argumentado. Alvarito Cabas si es el Cantor del Valle.

edison cabas diaz 15-10-2020 09:21 AM

Primo Álvaro cabas. Un afectuoso un saludo. Un abrazo.

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