Música y folclor

Canciones grabadas el mismo año por distintos intérpretes: el caso de Jorge Oñate

Orlando Molina Estrada

03/03/2021 - 05:45

 

Canciones grabadas el mismo año por distintos intérpretes: el caso de Jorge Oñate

 

La cultura vallenata está llena de historias que no pasan desapercibidas para sus críticos y amantes. Desde la misma leyenda que la legitima, en la que un bohemio campesino enfrenta al diablo, un pícaro párroco intenta embolatar una reliquia o las diátribas personales entre seres terrenales, en el folclore de Francisco El Hombre conviven datos que hacen más atractivas las circunstancias que rodean sus canciones.

En esta oportunidad, el dato curioso lo protagonizan aquellos temas que en un mismo año fueron grabados por dos o más artistas a la vez. Jorge Oñate ocupa un sitial de respeto, ya que por lo menos en cuatro ocasiones su versión gozó de mayor popularidad frente a la de otros intérpretes. El fenómeno, que no es exclusivo en el vallenato, ha dejado un par de anécdotas dignas de apreciarse, sobre todo cuando se trata de medir en la arena mediática qué artista tiene más carácter a la hora de imponer un éxito.

Se estima que, en promedio, de 200 a 300 canciones reciben los conjuntos vallenatos a la hora de anunciar la escogencia de temas para un nuevo trabajo discográfico. Esta cifra puede fluctuar dependiendo de la popularidad y el momento del artista. Es bien claro que la tarea no es fácil; y por mucho que el valor intrínseco de un tema resalte, para nadie es un secreto que el compadraje o la categoría predeterminada de algunos compositores prevalece a la hora de elegir los temas. No quiere decir esto que Leandro Díaz, Gustavo Gutiérrez o el mismísimo Escalona no hayan sido descartados de alguna producción musical. Lo que causa cierta inquietud es que, entre tantas canciones que aplican para una producción, algunas tengan la fortuna de ser escogidas y grabadas de manera simultánea, lo que está sujeto a polémica y merece ser explicado más allá de las intenciones expresas de los intérpretes.  

Desde que la cultura del disco se toma al vallenato, la exclusividad de tener lo mejor de cada compositor se volvió prioridad para los intérpretes. El mismísimo Oñate, todo un señor ya consagrado hacia mediados de los 70, recuerda con agrado, cuando. en compañía de Colacho, llegaba donde Diomedes, el joven espanta pájaro, a buscar canciones para su nuevo larga duración. Cuando no era presencial, llegaban casetes, que bien podía mandar el mismo compositor, ofreciendo un mismo tema a varios cantantes, lo que en consecuencia daría la doble o triple grabación del mismo.

Habría que analizar qué alcances tenía esta práctica de acuerdo a las disqueras, cuando la primicia de los artistas dependía de temas inéditos que conservaran cierta exclusividad. El caso es aún más llamativo cuando una misma disquera aceptaba publicar para dos intérpretes una misma pieza. Lo cierto, es que el autor, más allá de componer la letra y gerenciar sus canciones a voluntad propia, no tenía dominio de aquellos canales que le eran ajenos, pero que él mismo propiciaba, como los simpatizantes de su obra que la memorizaban o grababan en parrandas y festivales y que más de un curioso lograba obtener. Y cuando ya el género se hizo transnacional, la cuestión se complicó más, como le sucedió a Juan Segundo Lagos con su tema “Con los crespos hechos”, grabado originariamente por Los embajadores en el año 1990, pero que el 94 la volvería a publicar en modo bachata el dominicano Luis Vargas sin apenas pedir autorización alguna.

No se sabe en qué modo la dirección musical de los estudios manejaba estos inconvenientes, que significaba para dos conjuntos llevar al acetato en el mismo año una misma pieza, teniendo en cuenta que el público también era compartido.

En algunos casos, como sucedió con Oñate en sus distintas disputas con Rafael Orozco, Jairo Serrano, Iván Villazón y en tiempos recientes con Silvio Brito, bien podemos deducir que primó el capricho y la autoridad. En el primer caso, no era la primera vez que entre ambas agrupaciones compartían una canción, pues en el 78 coincidieron con El copete, de Escalona, que el Binomio tituló Lindo copete. Hasta la fecha, parece no haber anécdotas ni una conciencia explícita de la coincidencia, pero parece que el malestar empezó con “Canasta de ensueños”, tema de Fernando Meneses que, por diferencias personales, Rafa no quiso grabar y que Oñate, sin desperdiciar la oportunidad, fue a la casa del mismo compositor a pedir con nombre propio el tema que Orozco había declinado. Pero la copa la rebozó “Figuras de amor”, tema en el que Oñate había tomado la delantera y que terminó grabando el Binomio también, pero no sin ocultar su enojo hacia el Ruiseñor del Cesar. En un viejo audio que circula recientemente en las redes, se escucha a Octavio Daza, a capela y en la segunda voz acompañado por el mismísimo Orozco. Una tercera canción tienen en común, pero parece ser que esta vez el hijo de Becerril se ahorró la molestia y terminó incluyendo “Sanjuanerita”, de Hernando Marín en el álbum Por siempre, once años después que Oñate la hiciera éxito en el 81.

Cuenta Chiche Maestre, que al grabarle Villazón “Que siga la fiesta”, su ópera prima, Rafael Orozco asombrado le pidió una canción igual, petición imposible porque bien es sabido que la obra de arte es irrepetible. En su lugar le dio otro de sus grandes éxitos, “El llanto de un rey”. Nada hubiese extrañado que de conocer antes la canción y sin Villazón hacerla pública otra polémica de seguro nos ocuparía aquí. Aunque para la fecha la industria no era incipiente, lo que hoy llamamos covers colaborativos pasaron a ser una tendencia hace poco y con frecuencia se dan con artistas de otros géneros. Además, el mayor impedimento lo imponía que ambos artistas trabajaban para disqueras diferentes. Pero todo tiene su momento, desde mediados de los 70 lo más crossover que ofrecía la industria del disco era Fiesta vallenata y tuvo que pasar mucho tiempo para que una canción fuese interpretada entre dos o más artistas. Si la dirección musical que hacía posible los Lps desde un inicio media las disputas por una misma canción o las hubiese resuelto con un track colaborativo no tendríamos la molestia de Orozco o Villazón, pero no fue así. En los dos casos y por partida doble también hubiese ganando el folclore.   

De Jairo Serrano con la canción “Marta” (1983) de Calixto Ochoa se sabe poco, lo cierto es que las dos versiones tuvieron una popularidad acorde a los alcances de cada artista, para Oñate, otra canción mesurada de su gran catálogo, para El Opita de oro, quizá su éxito más recordado. Pero con el “Sí si” de Juancho Polo, que tenía a Villazón en la otra orilla la polémica no se hizo esperar, habiendo material que documenta la disputa. Al parecer, a Villazón le molestó que alguien en ese mismo año grabara la canción y en pleno Festival de orquesta las pullas de Oñate no se hicieron esperar. En este repaso de acontecimientos, en lo que concierne a la popularidad de cada éxito, parece que Oñate quedó con la mejor parte, sin decir que sus versiones hayan sido mejor interpretadas. 

La canción que cierra el ciclo es “Seductora”, de la autoría de Efrén Calderón, tema que llegó a contar con pista montada y todo, pero que debido a los desacuerdos de Silvio Brito con Pangue Maestre llegó Oñate con Álvaro López y les madrugó, como ha sido costumbre. Está de más trascribir la respectiva molestia de Brito.    

En la lista, hay muchos temas que merecen analizarlos y establecer si se dio polémica o no. Las canciones “Aquel amor” y “Ya no es igual” de Rafael Manjarrez, bajo distintos títulos fueron grabadas por Los Betos y Daniel Celedón en años consecutivos 1981- 1982; “La pueblerina” de Joaquín Salazar interpretada por Los Betos y Otto Serge en 1983 y 1984; “Bendita duda”, también de Manjarrez, interpretada primero por Otto Serge en 1981 y luego por Adaniez Díaz en el año siguiente y con dos años de distancia “Si tú sientes” de 1994 y “No quiero perderte2, de la autoría del mismo Rafa Manjarrez e interpretadas por Marcos Díaz y Beto Zabaleta respectivamente.  

En la actualidad, los estudios discográficos están más organizados y cuentan con cláusulas que salvaguardan la exclusividad del compositor con los intérpretes, pero no evita lo anterior impases entre las agrupaciones, como el sonado rifirrafe entre Peter Manjarrez y Felipe Peláez por la canción “Bella” (2018) y su versión remix, que Peláez, desautorizó en su momento. Se rumoraba mucho en las emisoras que “La cosita” de Rolando Ochoa la peleaban Peter y Silvestre, razón por la cual una vez salido al mercado en No me compares con nadie (2011) contó con un remix que integraba a los dos vocalistas. Martín Elías, evitando lo anterior, se cuidó mucho en sus clásicos de no repetir los que habían consagrado a Peter; y sin una aparente discusión, Silvestre en el 2005 grabó La indiferencia, de Lucho Alonso, canción que un año antes y sin resonancia alguna ya había cantado Luifer Cuello en su álbum La nueva Ola. 

Queda por aclarar, siendo el vallenato un género tan prolífico en canciones, sin descartar que todo intérprete quiere garantizar de antemano sus éxitos, por qué se han dado estos fenómenos más allá de las razones aquí esbozadas.

 

Orlando Molina

Sobre el autor

Orlando Molina Estrada

Orlando Molina Estrada

Sal y sol

Orlando Molina Estrada (1985), nacido en San José de Saco, Atlántico, Licenciado en Humanidades y Lengua Castellana y Maestrante en Literatura hispanoamericana y del Caribe de la Universidad del Atlántico. Investigador de la cultura vallenata y temas relacionados con la música como eslabón en el proyecto Estado-nación. Actualmente, se desempeña como docente y adelanta estudios sobre la obra del compositor Rafael Manjarrez Mendoza en calidad de tesis de maestría.

3 Comentarios


Jorge ramos 03-03-2021 03:49 PM

Exelente desarrollo y Aún hay más

Alexander 28-03-2021 09:55 AM

Elegante mi Hermano. Bien plasmado... Sigue adelante.

Kelly Acevedo 28-03-2021 07:13 PM

Mejor expuesto, imposible. Seguiré leyendo tus publicaciones, sin duda alguna.

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