Música y folclor

Máximo Movil: el talentoso campesino de la “Mujer conforme”

Eddie José Dániels García

01/09/2021 - 05:10

 

Máximo Movil: el talentoso campesino de la “Mujer conforme”
El compositor Máximo Movil Mendoza nació el 29 de mayo de 1935 en la Guajira / Foto: créditos a su autor

 

La fabulosa unión del cantante Jorge Oñate con Emilianito Zuleta en 1975, tras la separación del “Ruiseñor del Cesar” del conjunto de los Hermanos López, con quienes había formado una llave singular durante cinco años, fue un acontecimiento sorprendente que constituyó un episodio inolvidable para la música vallenata. En ese momento, ambos artistas gozaban de un amplio reconocimiento ciudadano que los hacía merecedores de los más honrosos calificativos.  A mediados de ese año, la nueva agrupación lanzó el elepé “La parranda y la mujer”, en el cual, “Mujer conforme”, un paseo del compositor sanjuanero Máximo Movil Mendoza se ganó la bienvenida de la fanaticada y se ubicó como la canción estelar y más significativa del Larga Duración. También gozaron de amplia simpatía los temas “Terco corazón” de Ildefonso Ramírez Bula, “Bello lunes” de Enrique Calderón Medina y, por supuesto, la canción que le dio el título al elepé, de Alfonso Cotes Junior. Sin embargo, la dupleta de Jorge con Emilianito fue efímera, pues, al terminar el año, los Zuleta se unieron nuevamente y Jorge Oñate pasó a cantar con el consagrado Colacho Mendoza. 

En el álbum se incluyó, además, el tema “Mal entendimiento”, un merengue de Jorge Oñate, donde el cantante aclara el comentario generado por la letra de “Muero con mi arte”, una canción, también merengue, de Poncho Zuleta, y que éste había grabado con Colacho Mendoza  por  la misma época. Se decía, o más bien se especulaba, que el tema de Poncho eran puyas contra Oñate, porque éste no era capaz de componer una canción. En el argumento musical, Jorge Oñate comenta que la fanaticada deseaba que se repitiera una polémica similar a la que habían tenido años antes los músicos Enrique Díaz y Rúgero Suárez. Sin embargo, a pesar del favoritismo que presentaron los otros temas incluidos en el álbum, la canción de Máximo Movil, que fue la preferida desde un comienzo, logró imponerse por su mayor aceptación y difusión en los medios radiales. Muchos la cantaban, otros la silbaban, y era el tema preferido en los hogares, en las cantinas y en las parrandas callejeras. Y en las presentaciones caseteras de Jorge con Emilianito era casi una obligación interpretarla varias veces para complacer a la enloquecida fanaticada.

A propósito, la aparición de Máximo Movil Mendoza como autor de una canción de arquitectura impecable, causó una sorpresa generalizada en toda la región Caribe, la cual no vaciló en darle los créditos que merecía por su estupenda composición. A partir de entonces, su nombre y su persona entraron a formar parte de la connotada lista de compositores que hoy honran la insuperable música vallenata. Y sus méritos se desbordan más cuando sabemos que la formación escolar que tuvo fue bastante rudimentaria, ya que sólo alcanzó los dos primeros grados de la educación elemental. Pues, eran los tiempos en que la asistencia a los pocos colegios existentes se tornaba difícil y las necesidades económicas impedían el acceso a los estudios. A esto se sumaba la violencia que vivía el país, generada por el enfrentamiento entre liberales y conservadores, la cual impedía la apertura de aulas escolares y la gente de las veredas y pueblos pequeños, prácticamente, permanecían en el analfabetismo. No obstante, el talento y la disposición musical de Máximo Movil Mendoza se mantuvieron a la defensiva y, merced a ellos, logró tallar el  camino y abrirse paso  en el medio musical.

“Mujer conforme”, sin duda alguna, su canción más representativa y la que le dio la fama y el estatus de gran compositor, es un hermoso paseo de tono costumbrista, donde el autor narra un episodio cotidiano que sucede en cualquier región colombiana: el campesino que sale de la sierra para llegar al pueblo, vender su carga y regresar al lado de su mujer y sus hijos. El uso del adjetivo “conforme”, tiene una connotación polisémica, pues con este atributo, el autor dignifica el carácter de su compañera: tolerante, humilde, sencilla, honesta y, sobre todo, solidaria con él. Además, como los verbos están utilizados en la primera persona, es fácil suponer que se trata de un relato autobiográfico, como suele ocurrir con la gran mayoría de las composiciones líricas. La parte inicial, encierra un fabuloso costumbrismo: “Vengo de la montaña / de allá de la cordillera / allá dejé mi compañera / junto con mis dos hijitos. / Yo me traje bien cargado mi burrito / vendo mi carga y me alisto / porque mi mujer me espera”. Esta narración, es un cuadro vivo del campesino humilde o del pescador ilusorio, que lucha por conseguir el sustento alimenticio para fortalecer a la familia.

En los versos siguientes, se refleja la responsabilidad del protagonista frente al compromiso familiar y también los sufrimientos que padecen por las necesidades económicas: “Tengo pensado regresarme muy temprano / porque ella me está esperando con algunos alimentos. / Mi pobre compañera que, con tanto sufrimiento, / amarguras y tormentos / me acompaña en esta tierra”. Más adelante, después de un intermedio musical, adornado con las notas de Emilianito, el autor continúa enfatizando su ilusión de alcanzar una prosperidad en el trabajo, al tiempo que motiva a su compañera con algunas promesas: “Pero mujer del alma, / mi compañera de tanto tiempo, / pueda ser que este año / nuestra cosecha salga mejor”. Y remata con unas expresiones aún más halagüeñas para despertar el interés de la mujer y fortalecer la fidelidad de la relación conyugal: “Que te llevaré al pueblo / para que cambies de situación / te colmaré de amor / lo haré en cambio de tu sufrimiento”. Tras un corto espacio melódico, siguen las promesas, ahora soñando con una felicidad completa: “Te daré una vida sabrosa, / tu felicidad será doble / porque la mujer conforme / se merece muchas cosas”.

El desarrollo final de la composición es una pintura expresiva, felizmente lograda, donde la humildad de la mujer es el símbolo que contrasta con las ilusiones del autor. Además, a medida que describe, la narración se torna más conmovedora y deleita más a los oyentes: “Lo que hay en la montaña, / mujercita de mi alma, / metida en esa cabaña, / para ti fue soledad. / Al llegar al pueblo te será felicidad / pa’ que puedas olvidar / lo que allá te atormentaba”. Para elevar su autoestima, a manera de remate, el autor, así como suele ocurrir con muchos hombres, especialmente, campesinos, manifiesta su vergüenza  por la situación crítica  en que viven, la cual desafía con la esperanza de lograr un bienestar futuro, que es el sueño  marcado en todo el transcurso de la composición: “Ya tengo pena por lo que tú estás pasando / por estarme acompañando / por allá en esos adentros./ Por  eso  quisiera bien colmarte de contento / pa’ que olvides el tormento / que te está martirizando”.  En el cierre, nuevamente se repiten las estrofas que se introducen a manera de coro, donde el autor ruega una bonanza en la cosecha para salir al pueblo y mejorar la situación.

Con toda seguridad, si el tema de la “Mujer conforme”, por el cuadro vivo que presenta, no es del todo autobiográfico, es posible que para esta composición, Máximo Movil se haya inspirado parcialmente en lo que fue su modus vivendi o también el de su padre. Porque, está demostrado con muchísimos ejemplos que la gran mayoría de los artistas se inspiran para sus obras en las vivencias o experiencias personales. Además, es de conocimiento generalizado, que Máximo Movil jamás negó su origen campesino y también se sentía muy orgulloso de ser descendiente de la raza wayuu, uno de los grupos étnicos que tienen existencia en la península de la Guajira. Esto lo manifestaba en cualquier parte, abiertamente y sin remilgos, cada vez que los infaltables curiosos de asomos o cualquier periodista le formulaban interrogantes sobre sus ancestros. Y el origen se apreciaba más por sus facciones, las cuales lo identificaban con facilidad. También, la sencillez, el carisma y la humildad que lo rodeaban eran admirables, y fue precisamente por estos atributos que su gente no dudó en llamarlo “El indio de oro”, calificativo que lo enorgullecía.

El nacimiento de Máximo Rafael Movil Mendoza, como fue bautizado, ocurrió un 29 de mayo de 1935 en la vereda Ranchería de Cornelio, muy cerca de San Juan del Cesar, estando en pleno apogeo el mandato de “La Revolución en Marcha”, el modelo gobiernista impulsado por el presidente Alfonso López Pumarejo, quien  había llegado a la Jefatura del Estado en 1934 y tenía un  nexo familiar con la Costa Caribe, pues su madre Rosario Pumarejo Cotes era oriunda de Valledupar. Curiosamente, fue el único hijo que alegró el hogar formado por Máximo Manuel Movil y Rosa Ermelina Mendoza, dos humildes campesinos, de extracción indígena, dedicados de tiempo completo a las faenas del campo. En este ambiente bucólico, y ayudando a su padre en algunos quehaceres agrícolas menores, transcurrió su infancia, siempre rodeado por el inmenso amor que le prodigó su madre, motivado tal vez por su condición de unigénito. Su pasión por la música la despertó siendo muy niño y, desde entonces, le gustaba aprenderse las canciones que oía y las entonaba en todo momento. Después, comenzó a hacer sus propios versos, los memorizaba y los cantaba con mucha sonoridad.

La aparición de Máximo Movil Mendoza como compositor destacado de la música vallenata se produce en 1972, cuando Los Hermanos López con Jorge Oñate le grabaron el paseo “Mujeres que me dejaron”, una hermosa canción incluida en el elepé “Reyes Vallenatos” e inspirada, es posible, en su espíritu mujeriego. Al año siguiente le publicaron “Mi huerto”, un bellísimo tema motivado por su idiosincrasia campesina. A partir de esa fecha y durante muchos años, sus cantos estuvieron presentes en casi todos los trabajos discográficos de “El Ruiseñor del Cesar” con distintos acordeonistas, entre ellos Juancho Rois y Alvarito López. Después de “Mujer conforme”, su canción estrella, aparecieron una serie de composiciones, donde la fuente inspiradora estuvo motivada por el amor, las mujeres, el sufrimiento y las costumbres. Entre ellas sobresalen: “Compartiendo una pena”, “Penas de mi tierra”, con la que ganó el Festival de Compositores de San Juan del Cesar, su pueblo querido. “Gallo de riña”, un merengue pintoresco, “Amor en silencio”, “Mujeres de mi recuerdo”, “Así es como vivo yo”, “El sobrecito” y, finalmente, “El hombre bueno”, grabado en 1986.

También, por esa misma época, los Hermanos Zuleta lo honraron con los temas: “Cecilia Mercedes”, “Tormentos de la vida” y “El firme”, este último, un paseo autobiográfico donde reafirma sus grandes cualidades de compositor. Rafael Orozco con Emilio Oviedo le grabaron “Presentimiento”, compuesto en honor de su padre, y Elías Rosado con los hermanos Meriño le proclamaron “En realidad me quiso”, en memoria de Rosa Ermelina, su madre. La agrupación de Silvio Brito y Osmel Meriño le popularizaron “Entre mi padre y mi padre”, donde evoca sus años de infancia. Miguel Herrera y el Chiche Martínez le lanzaron “Mujer de mi alma”, inspirada en María Esther Gil, su fiel compañera. La antigua unión de Beto Zabaleta y Emilio Oviedo le grabaron “Aunque sufriendo te olvido”, motivado por un desengaño amoroso. Iván Villazón y el Pangue Maestre le publicaron “El pájaro pescador”, un título metafórico para referirse a sus virtudes mujeriegas. EL Binomio de Oro le popularizó “Carmencita”, un tema de corte romántico dedicado a una sanjuanera. Y la magnífica agrupación de Juan Piña y Juancho Rois le grabaron “Viernes cultural”, un paseo de corte festivo y folclórico.

De todas las composiciones de esta época, el tema “Aunque sufriendo te olvido” alcanzó una fama singular y mantuvo vigente, por mucho tiempo, la fama y la popularidad de compositor que enaltecía a Máximo Movil Mendoza. La canción es un paseo de estructuración heterométrica, cuyo fondo lírico traduce la tristeza que siente el autor ocasionada por un abandono amoroso. En la parte introductoria, el autor expresa el dolor que le causó la partida del amor querido: “Ay, como haré para olvidar esos ratos tan legal que pasé contigo. / Ay, como haré pa’ convencer a este amor tan fiel que ya lo olvidaron / que aquellos tiempos pasaron / y por el tiempo volaron / por distintos caminos / que lo que aquí fue un cariño / entre los dos un idilio / hoy nada más es un dolor”. En la estrofa siguiente, el autor manifiesta su consolación a través del llanto: “Llora, llora, ay! Llora corazón / porque llorando / ay! nos descansa el alma. / Y hay un proverbio y dice / que el que llora hoy / si sufre con paciencia / puede cantar mañana. / Y hoy la pena que me embarga / más tarde me puede ser diversión”. Y sigue una estrofa, donde se refleja la crítica al comportamiento de la mujer: “Porque difícil de cambiar es un corazón / y verla cada rato que lo cambia. / Difícil de cambiar es un corazón / y ella fácilmente que lo cambia”.

Otros temas inolvidables, como “Que me mate el dolor”, “El errante”, “Siempre contigo”, “Ni lo intentes”, “Mensaje aventurero” y “Mi primera novia”, interpretados por Diomedes Díaz, alcanzaron gran popularidad y se tornaron antológicos. Como se puede apreciar, la producción musical del maestro Máximo Movil Mendoza es interminable, y se cree que muchas canciones se perdieron o quedaron inéditas, debido a que él sólo las memorizaba, pues jamás fue gustoso ni tuvo por estilo escribirlas. Y son muchos los que comentan que tenía una facilidad asombrosa para generar las letras y crear la melodía. Además, se caracterizaba por ser un gran observador de las costumbres, de la belleza natural y de los quehaceres cotidianos. Aparte del paseo, que era el ritmo que lo apasionaba, también compuso puyas, merengues, sones, tamboras y porros, para demostrar con ello la maestría y la versatilidad que lo acompañaban en el embrujo del arte musical. Y un detalle curioso de su extenso repertorio fue la cantidad de canciones dedicadas al sexo opuesto, lo que le valió el bien merecido título de “El cantor de las mujeres”, el cual celebraba con agrado y con marcada naturalidad.

Siempre aferrado a su tierra, el genial compositor de la “Mujer conforme”, quien también se caracterizó por ser un hombre bastante prolífico, jamás se separó de su querido San Juan del Cesar, la población donde vio crecer a su tremenda descendencia, pues tuvo más de veinte hijos y casi setenta nietos. En este salubérrimo pueblo, muy pródigo en valores musicales, coronó sus 66 años de vida, dedicados también a los trabajos agrícolas y a la producción y venta de madera. Sin embargo, lo que más lo satisfacía y mantenía feliz era el aprecio y estimación que le profesaban sus admiradores. Los últimos años de vida los pasó al lado de su compañera María Esther Gil Fuentes, con toda seguridad, una “mujer conforme” con la felicidad que él le había brindado, y también sus tres hijos, Yajaira María, Yomaira Esther y José Armando. El 4 de enero de 2002, apenas iniciado el siglo XXI, tras unos ligeros quebrantos de salud, partió para la vida eterna, llevándose la satisfacción de haber cumplido con su pueblo y con su región. Pero, sobre todo, dejando un fabuloso legado artístico, que será la viva presencia de su talento musical en la posteridad del folclor vallenato.

 

Eddie José Daniels García

Sobre el autor

Eddie José Dániels García

Eddie José Dániels García

Reflejos cotidianos

Eddie José Daniels García, Talaigua, Bolívar. Licenciado en Español y Literatura, UPTC, Tunja, Docente del Simón Araújo, Sincelejo y Catedrático, ensayista e Investigador universitario. Cultiva y ejerce pedagogía en la poesía clásica española, la historia de Colombia y regional, la pureza del lenguaje; es columnista, prologuista, conferencista y habitual líder en debates y charlas didácticas sobre la Literatura en la prensa, revistas y encuentros literarios y culturales en toda la Costa del caribe colombiano. Los escritos de Dániels García llaman la atención por la abundancia de hechos y apuntes históricos, políticos y literarios que plantea, sin complejidades innecesarias en su lenguaje claro y didáctico bien reconocido por la crítica estilística costeña, por su esencialidad en la acción y en la descripción de una humanidad y ambiente que destaca la propia vida regional.

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