Música y folclor

La música del Bajo Magdalena y el vallenato

Álvaro Rojano Osorio

21/01/2022 - 05:50

 

La música del Bajo Magdalena y el vallenato
Estampas del folclor del Bajo Magdalena, en Colombia / Foto: archivo PanoramaCultural.com.co

 

El río Magdalena es la mayor despensa musical de Colombia y una de las más importante del Caribe. En él encontramos una lista extensa y variada de géneros musicales que se pueden clasificar por regiones o sub regiones. Tal y  como sucede en una de las zonas geográficas de la que se compone, el Bajo Magdalena, donde, haciendo un inventario de ritmos folclóricos en él existentes, encontramos al pajarito, al zambapalo, al son de negro y sus variantes, al bullerengue y sus variantes, al rúmbale, la chalupa, la maestranza, la cumbia, la gaita, la vulgaria, al fandango de lengua, el merengue, por mencionar algunos de los ritmos existentes en esta área geográfica; y que se interpreta los géneros que ha sido incluidos en el término vallenato.

Estos aires musicales vienen siendo interpretados desde el siglo pasado por agrupaciones nacionales e internacionales, así como han servido de base musical para la creación de ritmos como el Merecumbé, que está conformado por la cumbia y el merengue del río Magdalena, el Jalaito, que lo está por la vulgaria y el pajarito. Una canción identificatoria de algunas fiestas que celebran en Colombia y el Caribe, “Las cuatro fiestas” originalmente fue grabada como una maestranza.

El vallenato no ha sido ajeno a esta influencia, lo que es de viaja data, pues, antes de 1968, cuando a raíz del primer Festival de la Leyenda Vallenata este se limitó al paseo, la puya, el son y el merengue, los entonces principales intérpretes del vallenato, habían interpretado o grabado canciones en ritmos relacionados con esta área geográfica. Tal como sucedió con juglares como Pacho Rada, Abel Antonio Villa, Alejandro Durán, Juancho Polo Valencia, nacidos en la zona de influencia del río Magdalena, Luis Enrique Martínez, Fermín Petro y Andrés Landero.

La cumbia

Abel Antonio Villa fue el primero en hacerlo, tras grabar la cumbia Manita Uribe, y lo hizo, en 1952, para el sello Discos Tropical de Barranquilla. En 1956, volvió a grabarlo con el nombre de Remolino de Oro, lo hizo para el sello Fuentes. Fue interpretando este mismo género cuando comenzó a ser conocido Luis Enrique Martínez, sucedió tras grabar La Cumbia Cienaguera.

Del origen de la cumbia existen tres versiones que señalan que es hija de la parte Baja del río Magdalena. En El Banco hay una tesis sustentada en conceptos dados por investigadores como Orlando Fals Borda, Gnecco Rangel Pava, José G. Daniels, del compositor José Benito Barros y de la folclorista Delia Zapata Olivella, que plantea que la cumbia nació en la depresión momposina, para ser exactos en el denominado país del Pocabuy, conformado por El Banco, Chiriguaná, Mompox, Tamalameque, Guamal y Chimí.

Mientras que, en el delta del río, que inicia en Calamar, encontramos dos lugares donde reclaman el nacimiento de la cumbia, en El Piñón, y Soledad. En el primer lugar, la tradición oral se ha encargado de mantener vigente la historia que fue allí donde comenzó a escucharse un golpe de tambor y una flauta de lata, que producía un ritmo al que le dieron el nombre de cumbia. Sostienen, además, que la interpretación de los primeros cantos se dio cuando Simón Bolívar, en 1812, estuvo en esa localidad. De ese momento refieren que fueron tres negros los que tocaron un tambor, un pito atravesado y una guacharaca.  

En Soledad, a pocos kilómetros de la desembocadura del río Magdalena, según el cumbiambero Efraín Mejía, en 1877 ya se tocaba cumbia. Asegura, además, que, en ese tiempo, se produjo la génesis de la afamada agrupación, La Cumbia Soledeña, que grabó un número importante de éxitos musicales que se mantienen vigentes en el gusto musical de los colombianos. Sin lugar a dudas, es en ese lugar donde existe el mayor número de grupos de cumbia, compositores y bailadores.

En el Canal del Dique, ubicado en la zona geográfica del Bajo Magdalena, encontramos la existencia de grandes cultores de la cumbia, incluso, el último y representativo cumbiambero ubicado a orilla del río, Manuel "Mañe" Arrieta, quien era residente en Plato, era originario de Mahates, Bolívar. Municipio donde existe un grupo de cumbia, el de Evitar, cuya existencia posiblemente sobrepasa los cien años. Aun en el Bajo Magdalena encontramos grupos y ruedas de cumbia, los que nos sirve para entender cuál es la importancia que esta ha tendido en el gusto musical de los ríanos.

El pajarito y el rumbalé

Juancho Polo Valencia también grabó canciones relacionados con los géneros musicales que hacen para de esta zona geográfica y cultural. Lo hizo con el pajarito conocido con el nombre “Pájaro del monte.” Esta es una de las expresiones folclóricas con mayor arraigo en lo que podemos definir como la sub región río, comprendida dentro del Bajo Magdalena, que va de Plato y Zambrano, hasta Bocas de Cenizas. Juancho Polo, nacido en esa subregión, bebió de las fuentes musicales y poéticas de este aire, incluso, en Pivijay lo recuerdan bailando, cantando e interpretado su acordeón en rondas de baile de este género musical.

Aunque de la forma como interpreta esta canción existen algunas divergencias, pues conocedores del folclor nuestro la clasifican como un rumbalé, el que es mencionado en Ciénaga como una expresión musical creada por Eulalio Meléndez. No obstante, en Robles, que está a orillas del río Magdalena, esta expresión musical hace parte de su tradición folclórica.

El son de negro y la Chalupa

Una de las canciones de mayor aceptación entre coleccionistas urbanos de música del Caribe colombiano es el son de negro, Plátano Maduro y Queso, que interpretó Juancho Polo Valencia, y que en uno de sus versos dice:

Se perdió el carita e tabla

Con doscientas tonelá

Y los coristas le responden: Cuando volverá a venir, el domingo e carnaval.

Del son de negro podemos señalar algunas generalidades: es una expresión dancística musical de tradición en las orillas del río Magdalena y del Canal del Dique. Actualmente, es del mayor reconocimiento en festivales y en los carnavales de Barranquilla, y es del que se ocupan, preferencialmente, los investigadores sobre música tradicional del Caribe nuestro.

Uno de los cantos tradicionales del son de negro es “La Rama del Tamarindo” cuya interpretación es obligatoria en los festivales regionales. El cantante Farid Ortiz toma algunos versos de esta canción y con el nombre de “Tamarindo Seco” los interpreta en ritmo de chalupa, que es uno de los tradicionales en algunos lugares del Bajo Magdalena.  De este aire se puede decir que es rápido, jocoso, y soportado en la marcación del ritmo que hace el tambor alegre, mientras que la tambora lleva la cadencia del bajo. La chalupa pertenece a lo que en el Canal del Dique llaman ritmos jalaos en los que incluyen a la maestranza, el bullerengue fiestero y la vulgaria.

Fueron cantadoras como Irene Martínez, La niña Emilia, Marta Herrera, Petrona Martínez, quienes, tras grabar canciones, teniendo como marco sonoro este aire musical, lo popularizaron. Actualmente lo hace una cantadora del río Magdalena, Manuela Torres.

La tambora

Alejandro Durán grabó a mediados de los años cincuenta la canción “La Candela Viva”, la que por años escuchó, cantada por su madre y otras cantadoras, de tambora en la zona comprendida en parte del Medio y Bajo Magdalena. No fue la única que interpretó, también lo hizo con temas como “Mi compadre se cayó”, “Volá Pajarito”, “Bonita es la vida mía”, entre otros.

El número de canciones interpretadas por este juglar ha llevado a algunos investigadores a señalar que éste ha sido el género que más le ha aportado al vallenato. Lo hace Tomás Darío Gutiérrez en su libro: Cultura vallenata: origen, teoría y pruebas, al mencionarla como una especie ancestral del vallenato actual. Sin embargo, algunos conocedores de la manera como Alejo interpretó estas y otras canciones, señalan que están relacionadas con el bullerengue, que es de los aires de mayor importancia en el Canal del Dique.

De este podemos indicar, citando a Antonio Pérez y su texto El Bullerengue, la génesis de la música del Caribe Colombiano, que se trata de un ritmo lento y pausado, además, es considerado como un culto a la labor agrícola, la fertilidad en la mujer en estado de embrazo, a la productividad pesquera.

Es uno de los aires de tambora, el chandé, entre los del Bajo Magdalena, el que mayormente es interpretados en el vallenato actual. El cantante riano, Poncho Olmedo reclama que fue él, y no Farid Ortiz, quien comenzó a cantar utilizándolo como marco musical. Del chandé, asegura el tamborero Janer Amaris, que es el mismo género con el que se interpreta: “Te Olvidé”, pero con peculiaridades sonoras distintas, canción que es un referente musical de los carnavales de Barranquilla.

Frente al vallenato debemos señalar, a manera de corolario, que éste no solo está basado en los que se consideran como aires tradicionales, también tiene como sustentos distintos géneros musicales que son considerados como pertenecientes al Bajo Magdalena.

 

Álvaro de Jesús Rojano Osorio

Sobre el autor

Álvaro Rojano Osorio

Álvaro Rojano Osorio

El telégrafo del río

Autor de  los libros “Municipio de Pedraza, aproximaciones historicas" (Barranquilla, 2002), “La Tambora viva, música de la depresion momposina” (Barranquilla, 2013), “La música del Bajo Magdalena, subregión río” (Barranquilla, 2017), libro ganador de la beca del Ministerio de Cultura para la publicación de autores colombianos en el portafolio de estímulos 2017, “El río Magdalena y el Canal del Dique: poblamiento y desarrollo en el Bajo Magdalena” (Santa Marta, 2019), “Bandas de viento, fiestas, porros y orquestas en Bajo Magdalena” (Barranquilla, 2019), “Pedraza: fundación, poblamiento y vida cultural” (Santa Marta, 2021).

Coautor de los libros: “Cuentos de la Bahía dos” (Santa Marta, 2017). “Magdalena, territorio de paz” (Santa Marta 2018). Investigador y escritor del libro “El travestismo en el Caribe colombiano, danzas, disfraces y expresiones religiosas”, puiblicado por la editorial La Iguana Ciega de Barranquilla. Ganador de la beca del Ministerio de Cultura para la publicación de autores colombianos en el Portafolio de Estímulos 2020 con la obra “Abel Antonio Villa, el padre del acordeón” (Santa Marta, 2021).

Ganador en 2021 del estímulo “Narraciones sobre el río Magdalena”, otorgado por el Ministerio de Cultura.

@o_rojano

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