Música y folclor

Mane Arrieta Iriarte, el intérprete de la caña de lata o corozo

Álvaro Rojano Osorio

11/03/2022 - 05:15

 

Mane Arrieta Iriarte, el intérprete de la caña de lata o corozo
Mane Arrieta, reconocido intérprete de la caña de lata / Foto: créditos a su autor

 

Manuel “Mane" Arrieta fue un destacado intérprete de la caña de lata o corozo, instrumento en el que se apoyó para llevar la cumbia a distintos rincones del Caribe colombiano, incluyendo al carnaval de Barranquilla, donde hizo parte de varios cumbiones. Importancia musical que le valió para que la cuarta versión de “La noche de Tambó” que organizan en esa ciudad, en 1998, fuera dedicada a su vida musical.

Este había muerto diez días antes en Plato, donde vivía desde los años cincuenta, tras haber sido contratado por Augusto Alfaro para que animara, en la plaza, frente a la iglesia, las cuatro noches de las fiestas en honor a la Inmaculada Concepción. Después de esa fecha, recuerda el investigador plateño Darío Bolaño, le dijeron: “Mane quédate para el quince, para que animes la octavita, espera el veinticuatro, el veinticinco de diciembre y el primero de enero. Permanece hasta los carnavales.”  

Los Arrieta y sus influencias musicales 

La familia Arrieta estaba conformada por músicos que tuvieron en la palenquera y cantadora de bullerengue, María del Tránsito Santana Tejedor, su más antiguo referente musical. Además de intérpretes de cumbias, eran bailadores de son de negro, bullerengue, chalupa, merengue, así como organizadores y participes en danzas que bailaban en las fiestas del once de noviembre y los carnavales. El instrumento que usualmente interpretaron fue la flauta atravesada. Uno de ellos, Roque Arrieta Romero, estuvo en Europa y Asia en compañía de los hermanos Delia y Manuel Zapata Olivella. 

Entre sus familiares, según Mane, fue Erasmo Arrieta quien influyó en su vida musical; mientras que por fuera de este núcleo José María Blanco, a quien por años mencionó cuando cantaba unos versos compuestos en honor a este intérprete de la caña de lata. 

Fue con ellos y con miembros de la Cumbia 20 de enero de Evitar, con los que aprendió a ubicarse la flauta de caña en la boca, a resistirse al dolor que producía mantener un objeto duro entre sus labios. Con los que adquirió la técnica para acrecentar su capacidad pulmonar y fortalecer los músculos torácicos y abdominales, para, de esa manera, prolongar, cuando tocaba el instrumento, las notas agudas y graves. 

Para contactar con los miembros de la Cumbia 20 de enero, se trasladaba a Evitar, lo hacía, especialmente, a partir del 20 de enero, cuando esta agrupación musical sonaba sus instrumentos durante tres días. Aunque, interesado en escuchar, para aprender, a los piteros Santiago y Janino Ospino Caraballo, iba cualquier día a esa localidad. 

A este último lo mencionaba Miguel Severo Arrieta Llerena, como uno de los primeros profesores de su padre, al que, luego, cuando se volvió diestro, superó en la interpretación del pito de lata. Fue por ellos, y por los otros que también referenciaba, por los que abandonó el primer instrumento que interpretó, la dulzaina. 

Pero, hubo un tiempo de su juventud en la que dejó la música, fue después de la muerte de su madre. Este hecho siempre lo entristeció, tanto que embriagado acostumbraba a contar a personas cercanas a su corazón, que después de que murió su padre le pidió a su progenitora que no se fuera a vivir con un hombre que la cortejaba, porque la iba a matar. Aunque su fallecimiento no fue un crimen cometido por el amante, siempre lo culpó de ese hecho.  

Muerte que lo llevó a enloquecer, a andar desnudo por las calles de Mahates, hasta que su familia lo recogió y, tras recuperarse, volvió a la música, lo que, hizo siendo un hombre mayor de ochenta años, incluso, después sufrir la caída de una hamaca partiéndose la cadera. 

Mane se toma a Plato 

“A papá le gustó Plato y a los plateños su música”. La aseveración es de Miguel Severo Arrieta, la que sustentaba sobre el hecho de que el pitero fue uno de los preferidos por los habitantes de esta localidad, especialmente después de que se radicó, en compañía de parte de sus músicos, en el barrio Juan XXIII, sector que han denominado África. 

En esta localidad continuó dedicado a la agricultura y la música, yendo con su grupo musical denominado Unión Colombia a los lugares donde lo contrataban para que animara las noches en las fiestas patronales, lo que sucedió hasta principios de los años noventa cuando la cumbia, bailada en la plaza, fue sustituida por modernos medios de difusión. 

Pero hubo un hecho fundamental en lo que han llamado la toma de Plato, la asociación que hizo con el comerciante y promotor musical, Augusto Ribón, quien ideó un sistema de sonido conformado por dos bocinas colgadas en un trozo de caña brava, con el que llevaba la interpretación musical del grupo de Mane a distintos rincones de esta localidad.  Sostiene Darío Bolaño que esa práctica puso en contexto a Mane Arrieta y su grupo musical en Plato, en detrimento de las agrupaciones musicales existentes en este lugar, incluyendo a la orquesta de Manuel Saumeth, debido a que los bailes de salas dejaron de tener importancia frente a la novedosa manera de animar el final del año.  

Cada noche y por ocho días este grupo se ubicaba a tocar cumbia en cualquier esquina de algunas calles de esta localidad. Bailes que culminaban el 31 diciembre frente a la iglesia, pero que continuaban en la madrugada del primero de enero en el mercado público.

Su llegada al carnaval de Barranquilla 

Fue desempeñando una labor agrícola, recolectando algodón en Codazzi, como conoció a Carlos Camargo, al que llamaban Malambo, tamborero barranquillero, quien lo llevó a Barranquilla, en 1957, para que en unos carnavales tocara su pito en el grupo musical que acompañaba al cumbión El páramo de las Nieves, cuya sede se ubicaba en el barrio Las Nieves. Luego lo llevó a la cumbiamba La Revoltosa. 

Para entonces, según Ubaldo Mendoza, director de La Revoltosa, Mane había grabado, en 1954, cuatro temas para discos Fuentes: “La zorra”, “La virgen del Carmen”, “Llora el niño” y “El grillo”. Tanto “La zorra” como “El Grillo” hacen parte del trabajo discográfico llamado La Caña de Millo: voz histórica y silenciada de la cumbia, de 2021, en la que participa la cumbia 20 de enero de Evitar. 

Después, hace parte del grupo musical que acompañaba la cumbiamba llamada La sin fin, orientada por Teresa Peñaranda, cuya sede estaba en el barrio San Roque, la que se desintegró por una trifulca entre sus componentes. Circunstancia que lo llevó al Cañonazo de Luis Altamar del barrio Abajo, donde permaneció hasta que esta organización se dividió. Luego hizo parte de La Candela Viva, después fue al Cumbión de Oro, en el que permaneció hasta un año antes de su muerte. 

Las reglas de Mane 

Mane solo interpretaba música de su autoría o la que desde niño aprendió y más nadie tocaba. Así lo indica Gabriel Marriaga, director de la cumbiamba El Cumbión de Oro, quien, además, asegura: “Una de sus composiciones, “La gallina enana”, fue el himno de esta organización dancística, y, también, gustaba un tema llamado Guaranda. Una de sus reglas era que no interpretaba lo que llamaba música de Barranquilla, porque decía que no lo necesitaba para animar la fiesta donde intervenía, pues su repertorio le permitía tocar la noche y la madrugada sin repetir una canción.” 

Este era un hombre de un metro con noventa centímetros de alto. Recuerda Marriaga. Con una amplia y fuerte contextura caja torácica que le permitía tocar la flauta de lata de corozo sin descansar. La única exigencia que hacía era que no se acabara el ron y cuando sucedía se le escuchaba decir: “No hay nada que beber, quién va a mandar.” 

Esa entrega sin descanso a la música era la que llevaba a su socio en Plato, Augusto Ribón, a exigirle que descansara para que los intervinientes en la rueda de la cumbia consumieran el ron o la cerveza que este vendía. Fuerza que permitía que lo interpretado guiara a los bailadores de los cumbiones de los que hizo parte. Para el Cumbión de oro tocaba un son alegre, con una rítmica acelerada que marcaba el paso de los danzantes. 

A Barranquilla llegaba días antes de los carnavales, lo que le permitía participar en actos relacionados con estas fiestas, incluso, lo hizo un año antes de su muerte cuando se le vio yendo en una silla de ruedas por las calles donde participaba el Cumbión. 

Tras su muerte su hijo, Gerónimo, asumió la interpretación de la flauta de lata de corozo; sin embargo, fue por poco tiempo porque también falleció. Hoy son escasos los intérpretes de este instrumento que llegan de Bolívar, Magdalena y Atlántico a los carnavales de Barranquilla, y quienes lo hacen no utilizan pitos del material que usualmente empleó Mane Arrieta. Solo lo hace el Niño Ramos, de quien se puede indicar que es el último alumno del pitero del río Magdalena y del Canal del Dique. 

 

Álvaro Rojano Osorio

Sobre el autor

Álvaro Rojano Osorio

Álvaro Rojano Osorio

El telégrafo del río

Abogado y escritor de los libros: La Tambora Viva, Musica de la Depresion Momposina. La Musica del Bajo Magdalena, Subregiòn rio. Libro ganador de la beca para la publicación de libros de autores colombianos por parte del Ministerio de Cultura y su Portafolio de Estímulos 2017. El río Magdalena y el canal del Dique: poblamiento y desarrollo en el Bajo Magdalena. Bandas de viento, fiestas, porros y orquestas en el Bajo Magdalena. Coautor de los libros Cuentos de la Bahía. Magdalena, territorio de paz.

@o_rojano

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