Música y folclor

El folclor vallenato y sus rituales de antaño

Nicolás Méndez Galvis

02/05/2022 - 05:30

 

El folclor vallenato y sus rituales de antaño
La parranda es uno de los grandes rituales del folclor vallenato / foto: créditos a su autor

 

El folclor está directamente relacionado con los rituales, la composición de una cultura, los bailes, cantos, etc.; por ello, es interesante ver cómo a pesar de que el vallenato se mantiene como una cultura, específicamente popular, no termina siendo un folclor debido a sus variantes y el choque con la modernidad.

Por ejemplo, desde una perspectiva generacional, hay un punto no exacto donde el vallenato ya dista de ser un folclor porque se pierden las tradiciones. Un aspecto claro y conciso de eso es la pérdida de la parranda vallenata como ritual. La parranda, en principio, era el momento más importante de la composición del vallenato, debido a que era el espacio en el que se mostraba a los otros compositores o amigos las canciones que el autor había escrito, mientras que los otros, a su vez, lo retroalimentaban o lo halagaban.

La mujer también tenía un papel muy importante en este ritual, debido a dos componentes en especial, el primero era la comida, debido a que la esposa en donde se estaba realizando el festejo tenía que hacer la comida sin importar la hora que fuera y, por lo general, se hacía un sancocho de gallina o pescado para que también ayudara a aguantar a los invitados el efecto del alcohol. Dicen leyendas urbanas que Rafael Escalona iba a timbrarles a sus compadres a las tres de la mañana para mostrarles alguna nueva canción.

El otro papel de la mujer era cuando estaban como invitadas. “Sin mujeres no se hacía la parranda, porque pa’ qué”, asegura Santander Durán, refiriéndose a que las mujeres debían estar presentes porque eran a quienes había que cortejar con las canciones, a ellas iban dedicadas, pero si alguna iba con su pareja, esa mujer ni se miraba.

La parranda hoy en día casi que se ha olvidado, son muy esporádicas las reuniones que se dan con este fin, debajo de un palo de mango, en cualquier patio de cualquier casa. Se ha perdido por culpa del tocadiscos, por el MP3, por los CD, por YouTube inclusive, aseguran algunos, pero lo cierto es que esta tradición folclórica ha migrado como concepto; se tiene en el imaginario popular por parranda alguna festividad donde haya alcohol y se baile en todo momento, cosa que en la parranda era casi que un pecado. “Los presentes no podían bailar porque esto significaba irrespeto hacia los músicos, porque era como decir que no les importaba lo que ellos estaban tocando”, afirma Durán Escalona. Casi que no podían hablar ni despegar los ojos del acordeón, hoy en día, se podría decir que ni mirar el celular sería permitido.

El trago era importante en el sentido que mostraba el estatus social del grupo, se podía encontrar desde chirrinchi (aperitivo tradicional en la región, de bajo costo) hasta ron, o los más adinerados whiskys; aunque muchas veces se conseguía por contrabando, por lo que en la región era más asequible su precio. Se servía en copas, de acuerdo al grado de importancia, por lo que el juglar siempre era el primero en tomar y el que más bebía.

Ya la parranda se ha perdido en la región de donde nunca salió. Y es acá interesante ver uno de los casos analizados, como el de Peter Manjarrés, que demuestra por qué el significado de la parranda cambia para esta generación. Por ejemplo, Manjarrés a pesar de que vivió su infancia en Valledupar, se trasladó en su etapa más importante a Bogotá en un momento donde el vallenato era escuchado en cada esquina, por lo que empieza a realizar ‘parrandas’ en apartamentos universitarios y fiestas de hasta 500 personas para mostrar su música y cantar composiciones de otros autores; algo impensable en tiempos de los juglares, pero esto no se debe a Peter ni a su llegada a Bogotá exclusivamente, sino a un pensamiento en donde los padres de esa época creían que lo único valioso que le podían dejar a sus hijos era la educación y, por ello, muchos llegaban al interior del país a hacer carreras profesionales, lo que influía en su cultura y su forma de ver el mundo, en donde terminaban mezclándose no solo culturas sino ritmos de otras regiones del país y del mundo.

El vallenato se dio a conocer cuando las clases altas de Valledupar empezaron a sentirlo como su identidad y ver en los juglares el alto componente cultural y folclórico que había en ellos. Personajes como Consuelo Araujo Noguera o Alfonso López Michelsen, que provenían de familias acomodadas, dedicaron gran parte de su vida a invertir en el vallenato desde las facultades que tenían como profesionales. “La Cacica”, como se conoció a Consuelo Araujo, investigó y documentó la importancia de este folclor para la región y para el país, en un momento donde el vallenato aún era un entretenimiento popular. A esta mujer se le atribuye el mayor apoyo al género y la creación de la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata, organizadores del Festival Vallenato más importante de este género y quienes velan por conservar el vallenato como folclor.

Poco a poco llegaron otros investigadores interesados en el tema, a tal punto que se empezó a crear una rama en las ciencias sociales (en parte por Consuelo, debido a que una obra lleva ese nombre) la Vallenatología, el estudio del folclor vallenato. Investigadores como Julio Oñate Martínez, quien escribió El ABC del vallenato, libro que explica aspectos claves del folclor y detalla la importancia del mismo. Pero sin duda, la investigación que impuso un paradigma fue Cultura Vallenata, teoría, origen y pruebas, debido a que nunca antes se había hablado de teorías vallenatas.

Según argumenta Tomás Darío Gutiérrez Hinojosa, autor del libro, se vio en la necesidad de estudiar su folclor desde las teorías, porque los estudios folclóricos precedentes señalaban que el vallenato surgía por otras corrientes musicales y otros folclores de la región Caribe, cuando para muchos era claro que el vallenato era autóctono de esta región del Valle de Upar, y que había nacido con las costumbres y necesidades de la propia región y por la interpretación de instrumentos propios.

Recientemente, la Unesco declaró al vallenato como Patrimonio Cultural e Inmaterial de la Humanidad, hecho que conmocionó y llenó de orgullo a los colombianos, pero en especial a los vallenatos de la costa Caribe, lo que ellos mismos consideraron, más que un reconocimiento, como un llamado a las nuevas generaciones a conservar la tradición y las costumbres.

 

Nicolás Méndez Galvis

Acerca de esta publicación: El artículo publicado bajo el título “ El folclor vallenato y sus rituales de antaño ”, de Nicolás Méndez Galvis, corresponde a un capítulo del ensayo académico “ De los juglares a la nueva ola del vallenato: un acercamiento a los cambios generacionales del folclor ” del autor mencionado.

2 Comentarios


Álvaro Rojano 03-05-2022 11:12 AM

La afirmación de que el vallenato se dió a conocer cuando la clase dirigente de Valledupar se apersonó de él, desconoce una conjugación de factores que impulsaron su comercialización.

Luis Carlos Ramírez Lascarro 03-05-2022 11:33 PM

Asegurar que la "Vallenatología" es una rama de las ciencias sociales, es decir una ciencia, es un despropósito.

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