Música y folclor

Historia de la Salsa en Colombia: su llegada y desarrollo en Bogotá

Raúl Sánchez

11/05/2022 - 04:50

 

Historia de la Salsa en Colombia: su llegada y desarrollo en Bogotá
El interior de la salsoteca El goce pagano, lugar ilustre de la Salsa en Bogotá / Foto: cortesía

 

Colombia es salsa. Lo fue por completo desde los años 70 hasta mediados de los 90, y desde entonces, nunca ha perdido sabor.

Sus emisoras de radio, que fueron las que introdujeron el sonido en el país, siguen encargándose de generar arraigo. Radio Caracol tiene una sección de Salsa. Los goles de la selección se celebran bailando, como cualquier otro evento que provoque alegría.

La mayor parte de su población sabe moverse con su ritmo, y como país, ha dado miles de músicos y de bailarines. De sus muchas influencias, la caribeña es la que más ha marcado su tendencia artística.

La llegada de la Salsa a Colombia

En Bogotá, capital de Colombia y receptora de emigrantes de toda ella, la Salsa ha dejado un importante legado social y cultural.

A principios de los 60, recibió una intensa inmigración desde zonas rurales, que se estableció en la periferia de la ciudad, creando nuevos barrios. De esta forma, entre los 50 y los 60 se duplicó la población, llegando a más de 1.500.000 habitantes. Luego, este número pasó a más de 2.500.000 a mediados de los 70.

Al igual que en Cali, también hubo una importación cultural y musical procedente del Caribe, que convirtió la ciudad en un crisol de culturas que promovió que en Bogotá se diese lugar a una música distinta a la tradicional hasta entonces, concretamente los ritmos antillanos.

Y de igual forma, las fiestas populares permitieron una fusión de público de diferentes razas y clases sociales.

El locutor Miguel Granados Arjona junto a Willie Colon / Foto: créditos a su autor

La Salsa entra en Bogotá a finales de los sesenta por el Puerto de Buenaventura, Barranquilla, y Cucutá, gracias a programas de radio conducidos por Miguel Granados (Viejo Mike). Eran centenenares los discos importados desde Venezuela y desde Nueva York, con la dificultad que conllevaba en aquella época por la carencia de infaestructuras y exceso de trabas legales.

Granados, original de Barranquilla, arranca como locutor en Bogotá en los 50, en emisoras focalizadas entonces en sonidos andinos, propios de la época. Es él quien introduce la identidad caribeña en las emisoras con bandas como Sonora Matancera en los años 50, programas como El rincón costeño. En la década de los 60 (salsa swing, salsa criolla y otros estilos costeños, como la cumbia o el vallenato), y salsa de Nueva York en los años 70, recibida inicialmente entre críticas.

Fueron programas como “El show de Miguel Ángel Granados Arjona” en Radio Continental, “Salsa y picante“ en Radio capital, los que utilizó para ese cambio de tendencia.

En los 60, en los barrios más populares, se empezó a bailar en las casas aprovechando las celebraciones y eventos de todo tipo, aunque bazares (mercados populares) y verbenas también eran sitio de baile. En ambos escenarios, se fomentaba el sentimiento familiar y el de comunidad.

Posteriormente, arrancaron las discotecas salseras en formato matiné (horario vespertino, desde después de comer hasta última hora de la tarde) y en sesiones nocturnas a partir de las 9-10 de la noche. En estas últimas se incluía ya el consumo de alcohol. Estas fiestas, especialmente en casas, se prolongaban durante días.

La gente joven, se escapaba de casa durante horas, a espaldas de sus mayores, para ir a discotecas salseras que abrían toda la noche. A las fiestas en casas y en discotecas, se sumaron las Coca-Colas bailables, que eran eventos organizados por los padres para que sus hijos adolescentes bailasen sin consumir alcohol, y donde la única bebida disponible era la gaseosa.

Era normal que esta gente joven, a escondidas de sus padres, ensayase movimientos en casa delante del espejo. Fueron muchos los que se lanzaron al mundo de la salsa como bailarines profesionales o participantes en concursos. Dichos concursos eran numerosos y se hicieron tremendamente famosos, sacando a la luz montones de bailarines que cobrarían renombre a través de ellos.

Se hacían rondas de distintos estilos, por ejemplo mambo, pachanga, son y descargas (salsa), y el público iba eligiendo quien se iba quedando, hasta llegar a un ganador. En un principio, se hacía más piso (pasos libres), para ir evolucionando hacia las acrobacias (figuras), y porras (acrobacias estilo cheerleeaders).

Las fiestas populares posibilitaron un encuentro entre generaciones, donde los más jóvenes aprendían de la vieja escuela mientras ellos mismos creaban su propio estilo y nuevas tendencias. En ellas, se dio pie a la rumba salsera de los años 70 y 80.

La vestimenta salsera también fue una parte de la identidad salsera en Bogotá, donde los colores vivos y llamativos cobraron fuerza. El rumbero pasó a vivir para y por su causa, limitando su entorno a ese micromundo, dándole la mayor de sus prioridades.

Varias discotecas salseras que abrieron en Bogotá a partir de los años 1970 / Foto: archivo del autor

A principios de los 70, abrieron las discotecas Mozambique, El tunjo de oro, El goce pagano, La gaité, o La alfombra mágica, entre otros, en el barrio latino (actual barrio de Santa Fe), que sería el núcleo de la rumba salsera, y a la vez sería la zona más bohemia, comercial, y canalla (en todos los sentidos) de la época. La gaité incluyó la novedad de hacer actuaciones en directo, y para muchos se erigió como el mejor local de la ciudad.

Por su parte, la Calle Hollywood (hoy Calle 19) acogió las casetas de venta de música en forma de acetatos de todos los géneros. El trabajo para mantener la calle con un aspecto uniforme y atractivo ayudó a su auge.

Cabe destacar a Mamboloco, bailarín destacado de la época que se inició su carrera con diez años (mediados-finales de los 50), teniendo propia caseta de música (La matancera), y que fue un icono del baile tanto en Bogotá (promoviendo discotecas como Palladium, en Bogotá, y coca-colas bailables) como en Estados Unidos, donde era bien conocido por el entorno musical latino en los 80. Aprovechaba sus viajes para llevar cassetes con música norteamerica a Bogotá. tendría un trágico final marcado por problemas legales y de otra naturaleza.

La rumba salsera, y posteriormente la Salsa en sí, entró por la zona sur, pero en paralelo creció por toda la ciudad, incluido el barrio chapinero, de tradición cultural y salsera.

En dicho sector sur, es donde arrancó con más fuerza la salsa alrededor de los jóvenes, con la apertura de las discotecas salseras, donde eran también vistas como un espacio de socialización. La zona norte también tuvo sus sitios, quizás para gente más pudiente, como la Sala catatumbas.

El 8 de agosto de 1980, Fania All Stars tocó en Bogotá dos veces, la primera para 1.000 presos de la cárcel modelo, la segunda para 20.000 salseros en el estadio El campín, donde hubo problemas eléctricos que no dejaron terminar el concierto y provocaron graves altercados en toda la ciudad.

De los años 80 y hasta mediados de los 90, la Salsa logró ser hegemónica. De aquella época, sitios como El sol de medianoche, Independencia, Escalinata, o la famosa Caseta internacional de las estrellas. Noches enteras bailando, que terminaban con los bailarines desayunando juntos en bares. Posteriormente, entrarían otros géneros competidores, que tampoco han terminado nunca de desplazarla.

Con el boom de los 80, en algunos locales elitistas en cuanto a público (nivel económico) surgieron los derechos de admisión, ya que parte del público no se sentía cómodo con la gente de menor nivel social bailando con ellos, con ropa excesivamente deportiva, especialmente el calzado. Pero era tal la pasión que se sentía por la causa, que la gente iba a su casa a cambiarse de ropa y volvía al local con zapatos.

La salsa se vivía como un estilo de vida. Mucha gente apenas admitía otros géneros musicales. En ciertos sectores, las nuevas generaciones están retomando, en parte, la pasión por sus raíces salseras, quizás con un estilo diferente, pero manteniendo su esencia, dejando un poco a un lado el factor comercial y sacando su parte más sentimental.

Para el recuerdo quedarán grupos que sonaron (y siguen sonando) a raíz de aquel boom de más de dos décadas: Grupo Niche, Orquesta Guayacán, Willie Salcedo…

 

Raúl Sánchez

Autor del blog Relatos Salseros

@RelatosSalseros

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