Música y folclor

Mil sustantivos, una locura sabia del Ángel bohemio

Carlos Llanos Diazgranados

11/05/2022 - 04:55

 

Mil sustantivos, una locura sabia del Ángel bohemio
El compositor Adrián Villamizar Zapata, también conocido como el Ángel Bohemio / Foto: Comisión de la verdad

 

Los que no conocen a Adrián Villamizar Zapata deben saber que fue quien motivó al Clúster de la Cultura y la Música Vallenata para solicitar el reconocimiento de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Nación para la Música Vallenata Tradicional del Caribe Colombiano, logro que sirvió de argumento para el mismo reconocimiento internacional por parte de la UNESCO con el llamado de atención de estar en necesidad urgente de salvaguardia.

Ganador del concurso de la Canción Inédita en la versión 44 del Festival Vallenato del año 2011 con la canción “Ciegos nosotros” en homenaje a Leandro Díaz, Adrián Villamizar puede presentarse como un compositor excelso de esta manifestación, en sus 2/5 partes de su sentir musical (como él mismo lo expresa), con temas como “Madera bendita”, declaración de amor a la guitarra vallenata, ganadora del Festival de Codazzi; “Caja de mi corazón”, relevancia del instrumento en el formato musical vallenato y tercer puesto en Canción Inédita del festival Vallenato en 2012 y “Mil sustantivos”, finalista sin podio en el reciente Festival Vallenato versión 55.

En su haber están diferentes primeros puestos en festivales de menor renombre como San Juan, La Junta, La Peña, Urumita, Sincé y San juan de Nepomuceno. “Sólo la Verdad”, en aire de cumbia, ganadora del Festival Nacional Autóctono de San Jacinto, Bolívar, en el año 2018, merece un aparte especial: adoptada como himno de la Comisión de la Verdad, su contenido refleja los principios de esta Comisión y, sin que se lo haya escuchado, mi apreciación, muy personal, es un clamor del porqué carajo Adrián se convierte en víctima inocente del conflicto armado, por el asesinato de su padre, sin tener claro ese porqué de ese fausto episodio. Su padre, médico salvador de vidas sin distinción de credo activista, fue, a mi parecer, objeto de una equivocación crasa del paramilitarismo de la época, relacionada con el apellido Villamizar: el doctor Jorge Villamizar, su padre, regresa con su prole de Argentina, con Adrián de meses, en un barco que atraca en Santa Marta, quedándose un tiempo instalado donde un familiar, mientras organizaba su morada en San Juan del Cesar, en la época de alto registro de medios que generó Jaime Bateman Cayón, el cual tuvo un biógrafo del M19 de apellido Villamizar y, su tío Tomás Cayón tenía un socio con el mismo apellido con quien tuvo que salir de Santa Marta con su negocio, un bingo que trasladaron a la ciudad de Valledupar. Mi apreciación es que se relacionó el apellido con cercanías a la guerrilla del momento.

En las otras 3/5 partes, se ha encaminado, con una fuerte influencia de la música cubana, en lo que ha dado por llamar “La Nueva Trova Vallenata”, que acompaña con acordeón, guitarra y la sabrosura de su dulzaina, con la que embelesa a los asistentes de sus presentaciones y parrandas. Es un estilo de trova, a partir de la música vallenata, que trata de sobresalir, como movimiento, en compañía de otros exponentes de esta nueva propuesta musical.

Hecha esta pequeña reseña sobre Adrián en la música, trataremos de analizar lo que, literariamente significa la composición de la canción vallenata “Mil sustantivos”, que llegara a la final del reciente Concurso de la Canción Inédita Del Festival Vallenato versión 55. Adrián, antes de su participación, me puso el reto de identificar el valor literario que encierra esta obra, escudándose en que yo, según él, soy “escritor y un gran lector”, le contesté que vale lo de “gran lector” pero lo de escritor me quedaba grande.

El mensaje, es un recuento de momentos infantiles y juveniles, características, gastronomía, tradición y costumbres, en el que se encierra el concepto de patrimonio cultural. Debo confesar que me timbró la referencia “. . .12 con 14 piano de Rita”; debía estar Adrián de muy corta edad (estoy hablando de hace 42 años aproximadamente) para haber vivido estos momentos que tuve la oportunidad de gozar en mis primeras visitas a Valledupar; recuerdo un selecto grupo en tertulias de Rita Fernández con su piano acompañada de Santander Durán, Stella Durán, Cecilia Meza y el doctor Ricardo Salcedo, de los que me llegan a la mente, tengo un registro en video de mi hija mayor, Lía, macanqueando el piano de Rita sin haber cumplido los dos años de edad; carrera 12 con calle 14 esquina, dirección urbana en Valledupar, rescate de un referente valioso en la historia de la cultura musical vallenata.

Ya entrando en materia del valor gramatical que encierra esta composición, el cual, a pesar de su segura trascendencia y valor literario, no fuera debidamente calificada, en lo artísticamente cultural, por el jurado calificador de la final integrada por Fernando Dangond, Guillermo Mazuera, Tomás Darío Gutiérrez, Víctor Ariza y Carlos Aramendiz. La primera observación que me llegó fue la del acercamiento a la composición en cuaderna vía que se aprecia en las dos primeras estrofas, que fuera llamada mester de clerecía cuyo significado es “oficio de hombres cultos”, movimiento poético de la poesía narrativa culta creada en el siglo XIII, literatura poética medieval en la que resaltan Gonzalo de Berceo y Juan Ruíz, Arcipreste de Hita. ¿Recuerdan a Juan Gossaín y a Daniel Samper con su ponencia sobre el particular en la Academia de la Lengua? En el chat que sostuvimos sobre el reto que me impuso, me contesta Adrián que estuve cerca de dar en el clavo, pero no es este el segmento de rima obstinada, el valor que tiene la composición. El orgullo retado me lleva a continuar el análisis y aquella a quien llamo “mi enemigo” me da una luz que permite lograr la identificación de este valor gramatical de alto nivel cultural, en el que se registra la ausencia total del verbo en la construcción gramatical de todas las oraciones, lo que supone un gran esfuerzo intelectual enriquecido por el aire de merengue en que se compone; nada fácil expresarse así.

Por eso el título “Mil sustantivos”. Se conoce como “enunciado sin verbo” u “oración averbal”, más técnicamente como “Frase nominal”, que según Hermanz y Suñer (1999), es “un enunciado de carácter independiente en el que concurre un sujeto junto a un predicado no verbal”, “es una oración que actúa como un sustantivo” siendo el núcleo de la oración; de ahí el título de la canción; encuentro en Google que se denomina “Sintagma Nominal”.

Todas estas connotaciones para invitar, sobre todo en el nivel intelectual de los que calificaron, que los jurados se detengan un poco en la composición gramatical en sí, en su mensaje, en su estructura, en su contenido y sobre todo en su valor artístico cultural, antes de basarse en lo chévere que suena.

Se atreve a decir Adrián que este esfuerzo gramatical basado en el “oficio de hombres cultos” es único en el ámbito musical Iberoamericano. Si se conoce algo parecido, que se comparta.

 

Carlos Llanos Diazgranados

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